Descubre la Impactante Evolución del PRI: Análisis Profundo del Partido Revolucionario Institucionalpost-template-default single single-post postid-46 single-format-standard et_pb_button_helper_class et_fixed_nav et_show_nav et_secondary_nav_enabled et_primary_nav_dropdown_animation_fade et_secondary_nav_dropdown_animation_fade et_header_style_left et_pb_footer_columns4 et_cover_background et_pb_gutter et_pb_gutters3 et_right_sidebar et_divi_theme et-db
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El Partido Revolucionario Institucional (PRI) es un partido político mexicano con una historia que abarca nueve décadas y media, fundado el 4 de marzo de 1929 bajo el nombre de Partido Nacional Revolucionario (PNR) por el expresidente Plutarco Elías Calles. A lo largo de su existencia, el partido ha transitado por una amplia variedad de ideologías, a menudo influenciadas por el presidente en turno. En sus inicios, se definió con ideales de izquierda, marcados por la recién terminada Revolución Mexicana. Actualmente, su plataforma partidaria busca implementar un ingreso básico universal y la educación de tiempo completo en materia de sociedad, así como el acceso universal a servicios de salud. En economía, el PRI aboga por una economía social de mercado, promoviendo el aprovechamiento de la deslocalización cercana, el rescate del campo y la seguridad alimentaria. Respecto al medio ambiente, busca fomentar las energías limpias, la desaceleración del uso de combustibles fósiles y la movilidad sostenible en el transporte público.

Orígenes y Consolidación del Partido (1929-1960s)

En 1928, el presidente Plutarco Elías Calles propuso la creación del Partido Nacional Revolucionario (PNR) con la intención de generar un espacio donde los supervivientes de la Revolución Mexicana pudieran responder a la crisis política suscitada por el asesinato del presidente Álvaro Obregón. El 22 de noviembre de 1928, políticos afines a Calles se reunieron en la casa de Luis L. León en la Ciudad de México para iniciar los trabajos de organización, con Plutarco Elías Calles como primer presidente del comité directivo. El 5 de enero de 1929 se convocó a una convención para formalizar los estatutos y presentar al candidato presidencial, consumándose la creación del partido en marzo del mismo año.

El PNR surgió en 1929 como un partido de corrientes y fuerzas políticas distintas pero afines, provenientes del movimiento de 1910. Fue concebido como un partido de masas, con la intención autodeclarada de tutelar los derechos de los trabajadores, promoviendo un creciente ascenso en la participación política por medio de movilizaciones populares que reclamaban mayor participación en los asuntos del Estado y una distribución equitativa de la riqueza. Durante los primeros años del partido, se tenía un carácter netamente socialista, que iba en contra de los elementos de centro derecha y extrema derecha que proliferaban en el país a raíz de los movimientos fascistas en Europa. En 1936, se creó la Confederación de Trabajadores de México (CTM) como aglutinante del movimiento obrero y, dos años después, para el ala ejidal, la Confederación Nacional Campesina (CNC).

Nueve años después, en 1938, tras la ruptura entre el general Plutarco Elías Calles y el entonces presidente Lázaro Cárdenas, se realizó un cambio en las directivas del partido a nivel nacional, incluyendo en sus filas a varias centrales obreras que hasta entonces estaban oficialmente fuera del partido. En la misma década, surge el sistema partidista en México, ya que la presencia absoluta del PRI en el escenario político nacional se vio disminuida a partir de 1939 con la entrada de nuevos partidos políticos como la Unión Nacional Sinarquista y el Partido Acción Nacional (PAN), cuya presencia ha perdurado. En sus primeras etapas, el PRI (junto con sus antecesores directos PNR y PRM) mostró una ideología nacionalista, reflejada en la expropiación petrolera, la formación de una industria eléctrica nacional y la expansión de las empresas del Estado.

Conforme la época de guerrillas quedaba atrás, la construcción de una amplia red de carreteras facilitó el abaratamiento de alimentos y el suministro de productos diversos. La organización sindical, el reconocimiento de los derechos obreros, el estatus jurídico para los empleados y la institución de pensiones civiles de retiro dieron una seguridad laboral hasta entonces desconocida. A partir de los años 1940, el partido fue testigo del crecimiento económico en México. La estabilidad política y económica fue el origen del término milagro mexicano. Por estas razones y por una débil oposición, el dominio del PRI fue casi absoluto tanto en el ámbito federal como en los ámbitos estatal y municipal en todo el país. Durante las primeras cuatro décadas de gobiernos emanados de los Partidos Nacional Revolucionario, de la Revolución Mexicana y Revolucionario Institucional, el país logró altas tasas de crecimiento económico.

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El PRI (junto con sus antecesores directos PNR y PRM) logró retener para sí el gobierno de México desde el gobierno de Plutarco Elías Calles, controlando el Congreso de la Unión, la Presidencia de la República e incluso el Poder Judicial. Este sistema, donde no existía una separación de poderes efectiva, se mantuvo en el poder a base del corporativismo que aglutinó movimientos obreros, organizados por figuras como Fidel Velázquez Sánchez. En los estados de la unión el PRI logró retener el poder de la misma manera que lo había hecho a nivel federal. Pero debido a su larga estancia en el poder, los medios estaban estrictamente controlados como en otros países.

Represión, Crisis y Apertura (1960s-1980s)

En 1947, el gobierno del PRI reconoció el voto de la mujer en las elecciones municipales, y en 1953, el derecho de las mujeres de votar y ser votadas en cualquier elección a nivel federal y local. Sin embargo, estas medidas no impidieron el surgimiento de movimientos de inconformes que fueron tornándose más violentos, notables ya en los años cincuenta y más aún durante los años sesenta. En las elecciones federales de 1952, Miguel Henríquez Guzmán denunció falta de limpieza, produciendo una oleada de protestas que provocaron represiones con violencia por parte del gobierno de Miguel Alemán Valdés.

En un intento de dar salida legítima a la oposición, finalmente el PRI permitió la pluralidad de partidos en 1963, cuando el presidente de México, Adolfo López Mateos, apoyó la introducción de los Diputados de minoría, por lo que los nuevos Diputados integrados al congreso pudieron aportar en la legislación electoral, de inversión extranjera y laboral. No obstante, las medidas tomadas para con la pluralidad política no contentaron a todos los sectores de oposición, y el gobierno continuó con la represión violenta durante la década de los sesenta, provocando, a finales de ese decenio, la masacre de Chilpancingo donde resultaron muertas 20 personas.

Finalmente, el clima de represión y violencia rebasaría la civilidad del PRI de antaño, desembocando a finales de 1968 en la matanza de estudiantes del 2 de octubre en Tlatelolco, cuya orden de ejecución y responsabilidad directa se atribuye al presidente Gustavo Díaz Ordaz. En esta matanza fueron masacradas oficialmente entre 200 y 300 personas, sin embargo la mayoría de las fuentes actuales hablan de 1000 a 2000 muertos tan solo en ese hecho y otros 200 en hechos posteriores. Este hecho es ampliamente recordado aun en la actualidad y todavía fue mencionado en las elecciones de 2012. En ese momento, murió el viejo PRI conciliador y de dictablanda y nació un PRI represivo y desconectado con la población. La muerte misteriosa de Carlos Madrazo, expresidente en pugna con Gustavo Díaz Ordaz el 4 de junio de 1969 en un accidente aéreo, desató dudas de un posible asesinato.

La polémica más grande entre estas épocas fue el Movimiento de 1968 en México o la «Masacre de Tlatelolco», un movimiento social en el que participaron estudiantes, profesores, intelectuales, amas de casa, obreros y profesionales. El movimiento contó con un pliego petitorio del CNH al Gobierno de México de acciones específicas como la libertad a presos políticos y la reducción o eliminación del autoritarismo. El Movimiento de 1968 fue reprimido continuamente y, para terminarlo, el 2 de octubre de 1968 se perpetró la «matanza en la Plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco», logrando disolver el movimiento en diciembre de ese año. El hecho fue cometido de manera conjunta como parte de la Operación Galeana por el grupo paramilitar denominado Batallón Olimpia, la Dirección Federal de Seguridad (DFS), la Policía Secreta y el Ejército Mexicano, en contra de una manifestación convocada por el CNH.

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El sistema de partidos y la afirmación de la pluralidad política no se asentaron definitivamente hasta la reforma electoral de 1977. A partir de entonces se trató de encauzar la resistencia política por una seudolegalidad, y los partidos fueron reconocidos en la Constitución como entidades de interés público. Esta medida tuvo lugar cuando la oposición entró en conflicto al no presentar candidato alguno contrario al postulado para la elección presidencial por el PRI en 1976, presentando un riesgo serio para la legitimidad del mismo. Esta reforma electoral fue aprobada precisamente cuando el viraje hacia las dictaduras de derecha se encontraba en pleno auge en el sur del continente, con sus dramáticos saldos de represión y violación de los derechos humanos, similares a los acontecidos en México en la década anterior.

En 1982, ocurre una masiva devaluación de la divisa mexicana, provocando una crisis severa y un riesgo de impago de la enorme deuda nacional. El desempleo, la inflación y la corrupción detectada tras este hecho, socavó no solo los esfuerzos del PRI por mostrarse democrático, sino también su prestigio a nivel internacional. El candidato ganador en las elecciones, Miguel de la Madrid, tuvo la intensa tarea de subsanar los errores y desaciertos de su antecesor, el presidente José López Portillo.

Desafíos Electorales y Transición (1988-2000)

En 1988 el PRI enfrentó por primera vez en su historia una competencia seria en el terreno electoral, ante las candidaturas del Frente Democrático Nacional con Cuauhtémoc Cárdenas y Manuel Clouthier del Partido Acción Nacional. Hacia la tercera parte del siglo XX, el poder del partido fue disminuyendo a consecuencia de episodios como la Matanza de Tlatelolco. En 1988 sufrió la primera amenaza electoral real a nivel federal por parte del Frente Democrático Nacional, una alianza formada por líderes de izquierda y exmiembros del partido que internamente formaron lo que se conoció como la Corriente Democrática, entre los cuales destacaban Cuauhtémoc Cárdenas, Porfirio Muñoz Ledo e Ifigenia Martínez y que con los años formarían el Partido de la Revolución Democrática (PRD). El dominio casi total del PRI obedecía a su capacidad para controlar tanto la legislación como la organización y los procesos electorales. En la década de los sesenta, el PRI perdió elecciones municipales, en capitales de estados del norte de la República, que dieron inicio a un largo ciclo de reformas electorales iniciando en 1963 con la creación de los «diputados de partido» y concluyeron en 1997. En 1994 el PRI postuló como candidato a la presidencia a Luis Donaldo Colosio, quien el 23 de marzo de 1994 sería asesinado en Lomas Taurinas, Tijuana.

El PRI en la Oposición y la Era Reciente

El 2 de julio de 2006, el PRI sufrió su más grave crisis política al perder por segunda ocasión consecutiva la Presidencia de la República, quedando en un tercer lugar con 9.3 millones de votos. El candidato, Roberto Madrazo Pintado, no fue capaz de ganar en ningún estado del país pese a tener gobernadores en 17 entidades. Tras las grandes derrotas que sufrió en las elecciones de 2006, el PRI fue capaz de recuperarse electoralmente en el 2007 mediante las elecciones de algunos estados de la República: Tabasco (donde mantuvo la gubernatura), Yucatán (donde recuperó el gobierno), Chihuahua, Oaxaca, Durango, Aguascalientes y Veracruz. Para el año 2009, el PRI contaba con 20 gobiernos estatales, el 60 por ciento de la población del país y una mayoría en 20 de los congresos estatales.

Desde hace muchos años, el Estado de México ha sido una especie de laboratorio electoral nacional debido a su gran población y el padrón electoral más alto del país. Desde la década de 1920, se formaron ahí dos de los grupos más poderosos del país que, salvo excepciones, retuvieron la presidencia de la república. Desde 1929 hasta 1945, el PRI solo tuvo oposición interna y desde 1975 hasta 2017 enfrentó oposición externa. A pesar de eso se impuso en todos los comicios, contando con toda la fuerza y recursos del Estado.

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Las elecciones para gobernador en el Estado de México durante el proceso de 2023 presentaron características históricas importantes: fue la primera ocasión en que únicamente participaron dos opciones políticas representadas por mujeres; se estableció una alianza entre partidos antagónicos como el PAN, PRI y PRD; se presentó como una oportunidad para medir fuerzas con vistas a la renovación de la Presidencia de la República; y fue la primera ocasión en la que el priismo mexiquense se enfrentó a un poder ejecutivo con alta aceptación social. El 4 de junio de 2023 se llevó a cabo la elección de la gubernatura del Estado de México para el periodo 2023-2029, evento en el cual compitieron dos coaliciones de partidos. El Estado de México ha conseguido su primera alternancia en 2023, sin embargo, los indicadores democráticos se han ido condensando, en congruencia del nivel federal, desde principios del siglo XXI. La entrada de Morena a la competencia política ha reconfigurado el sistema de partidos de los últimos 30 años, lo que tornó expectantes las elecciones de 2023 en el Estado de Coahuila y el Estado de México, dos entidades representativas del poderío priista inalterado.

En las elecciones presidenciales de 2024, el PRI fue la cuarta fuerza política nacional, recibiendo el 9.54 % de los votos emitidos a favor de su candidata no afiliada al partido, Xóchitl Gálvez. Dentro de la LXVI Legislatura del Congreso de la Unión, tiene 37 diputados federales y 13 senadores de la República. Actualmente posee las gubernaturas de Coahuila y Durango.

Perspectivas Analíticas sobre el PRI: Contribución de Gabriel Corona y Otros Autores

A pesar de que el Partido Revolucionario Institucional (PRI) es el partido político más estudiado en México, generalmente se ha abordado su análisis desde el punto de vista histórico. El libro Partido Revolucionario Institucional: crisis y refundación, coordinado por Francisco Reveles Vázquez, presenta una novedad importante al analizar al PRI tanto en el poder presidencial como en la oposición, abordando el tema desde 1988 -cuando inicia la crisis electoral, orgánica, ideológica y estructural del partido- hasta la actualidad.

Además de analizar al PRI actual y las razones de su crisis, el libro estudia su estructura interna, lo que Giovanni Sartori denomina el partido por dentro: la conformación de sus diversas fracciones, la forma de selección de candidatos presidenciales y dirigentes nacionales, la participación de las bases, su ideología y su proceso de transformación. Se incluye una cronología de 1986 al año 2000, una sección con bibliografía comentada y una selección de fuentes para su estudio.

Como señala el coordinador del libro, Francisco Reveles Vázquez, con este trabajo se contribuye al estudio del PRI en su complicada fase de crisis y renacimiento de su organización. En el capítulo "PRI: crisis y refundación", Reveles maneja la tesis de que el PRI ha sido más que un partido político, ya que "fue pilar del régimen político autoritario y eje del sistema electoral no competitivo. Nació como partido gobernante y, por ende, su principal objetivo fue conservar el poder". El autor analiza quiénes y cómo han abordado el estudio del PRI, señalando aportaciones y vacíos, como la falta de explicación sobre los procesos internos de selección de dirigentes, las discusiones sobre la identidad ideológica o el papel de los liderazgos locales y nacionales.

Reveles encuentra que los estudios previos indagan si el PRI era realmente un partido político, una maquinaria electoral, una secretaría de Estado o simplemente una agencia de colocaciones, o bien, si era un partido de Estado o del régimen político, un PRI-gobierno, un partido hegemónico, dominante o predominante. En su referencia al PRI, Reveles adopta la noción de "partido del régimen político autoritario", afirmando que el PRI fue una institución fundamental para el funcionamiento y conformación de dicho régimen, ya que sin él no se podría entender el predominio de la institución presidencial, la cohesión de las élites, el control corporativo de los trabajadores, la falta de una cultura política democrática o la realización de elecciones sin que estuviera en juego el poder político. De ahí que el autor afirme que el PRI no fue la institución central de dicho régimen, sino que nació y se desarrolló bajo el ascendiente del poder presidencial, haciendo de él un partido débilmente institucionalizado y subordinado a las reglas del presidente en turno.

Durante muchas décadas, el PRI fue el espacio para el reclutamiento y renovación de cuadros, para cohesionar a las distintas fracciones políticas, para subordinar y controlar a las corporaciones obreras y campesinas, para socializar la ideología dominante y para canalizar las demandas sociales, pero siempre bajo la tutela del jefe del ejecutivo. Todo esto comenzó a debilitarse y a entrar en crisis a partir de 1987 cuando, con miras a las elecciones presidenciales de 1988 y la postulación del candidato del PRI, se rompen las reglas no escritas de la sucesión presidencial, el proyecto ideológico ya no es compartido por todos, se dan rupturas en el interior del partido tanto entre los dirigentes como entre las bases, con la consabida pérdida de votos y espacios electorales que condujeron al PRI a su máxima derrota electoral cuando perdió la presidencia de la república. "Como parte del régimen político autoritario, el PRI llegó a su fin en el 2000 para pasar a ser simplemente un partido de oposición", que para poder sobrevivir e intentar reconquistar el poder debe refundarse.

En el capítulo "La estructura de un partido corporativo en transformación", Francisco Reveles estudia la estructura interna del PRI a partir de 1987 para analizar el funcionamiento de sus principales órganos de dirección y la forma de participación de sus bases en la toma de decisiones, especialmente en lo que se refiere a la selección de candidatos y dirigentes, además del paulatino distanciamiento entre el partido y el presidente de la república. El resultado es que ante la mayor debilidad del PRI hacia el exterior se ha ido dando en el interior un proceso de democratización en que los espacios para las bases se han incrementado. También de Francisco Reveles es el capítulo "La lucha entre fracciones priístas en la selección de candidatos presidenciales (1987-2000)", donde se estudian las fracciones políticas del PRI tomando en cuenta los procesos de selección de candidatos presidenciales para las elecciones de 1988, 1994 y 2000.

La selección de dirigentes nacionales según Gabriel Corona

La selección de los dirigentes nacionales del PRI es abordada por Gabriel Corona, quien señala la escasez de investigaciones sobre la vida interna de los partidos, particularmente en lo que se refiere a la elección de sus dirigentes. A lo largo de su historia, el PRI ha utilizado diversos procedimientos formales para la elección de sus candidatos, los cuales no han sido ni los más pertinentes ni los más transparentes, ya que muchas veces han sembrado desconfianza, decepción y división entre su militancia. Corona plantea la hipótesis de que en el periodo de estudio (1988-2000), en la era priísta, el presidente de la república en funciones -haciendo uso de facultades metaconstitucionales- era quien realmente decidía la elección de los dirigentes nacionales del PRI, en función de situaciones coyunturales generadas por las condiciones electorales del momento y no con base en proyectos políticos de largo alcance. Es por ello que el jefe del ejecutivo cuidó la designación de los dirigentes nacionales del PRI, dándole el mayor secreto posible al proceso con el fin de controlarlo y colocar a dirigentes afines a su proyecto y a las circunstancias políticas del momento.

Por su lado, Guillermina Baena analiza "La participación de las bases en el Partido Revolucionario Institucional", intentando llenar un vacío en los estudios sobre este partido, ya que la historia del PRI solo se ha conocido desde su cúpula y no a través de sus militantes. Desde distintos enfoques, Carmen Solórzano y Rafael de la Garza analizan la ideología del PRI. En "El régimen y la ideología priísta", Carmen Solórzano presenta tres etapas del fenómeno ideológico del México del siglo XX retomadas por el PNR-PRM-PRI: la ideología de la Revolución mexicana, el nacionalismo revolucionario, y la ideología priísta que consolidó las instituciones. A partir de los ochenta, se inició un proceso de desmembramiento progresivo de la ideología priísta. Finalmente, en el artículo "Del nacionalismo al liberalismo: la transformación ideológica del Partido de la Revolución", Rafael de la Garza esboza y discute los cambios ideológicos contenidos en los documentos básicos del PRI. Concluye que si bien el viraje ideológico del PRI se apoya actualmente en el liberalismo social, el nacionalismo y el populismo no han desaparecido completamente, reconociendo la responsabilidad del Estado frente a los individuos.

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