Ejemplos Impactantes de Anécdotas: Narrativas que Inspiran y Divierten a Todospost-template-default single single-post postid-46 single-format-standard et_pb_button_helper_class et_fixed_nav et_show_nav et_secondary_nav_enabled et_primary_nav_dropdown_animation_fade et_secondary_nav_dropdown_animation_fade et_header_style_left et_pb_footer_columns4 et_cover_background et_pb_gutter et_pb_gutters3 et_right_sidebar et_divi_theme et-db
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Todos los días nos pasan cosas, pero a veces nos pasan cosas graciosas. ¿Te imaginas esa anécdota escrita en forma de historieta? Toda buena historieta, parte de una buena historia. Puedes, sin embargo, pensar en cosas que te hayan pasado. Y contarlas. Al hacerlo, estás narrando una anécdota.

Para escribir un hecho o anécdota humorística que le haya sucedido, es fundamental incluir el mayor detalle posible que permita saber: cuándo sucedió, qué sucedió, quiénes participaron y dejar clara la parte humorística. Recuerda que lo que cuentas debe resultar verosímil y que debes emplear un punto de vista narrativo: puedes utilizar la 1ª persona en las formas verbales (“Cuando llegué y lo vi…”), si lo que cuentas, te ha ocurrido a ti; o la 3ª persona, si lo que relatas, le ha ocurrido a otro (“Cuando llegó y lo vio...”). Haz una breve referencia al espacio en el que ocurren los hechos que permita a tu interlocutor “situarse”. En este segundo párrafo se desarrollan los acontecimientos. Este último párrafo funciona como cierre de nuestro relato de lo sucedido.

Anécdotas Personales y Divertidas

La Mano Equivocada en la Casa Natal de Mozart

Estaba escuchando tranquilamente a la guía como nos describía la Casa Natal de Mozart, de repente, me da por coger la mano de mi novio que en “teoría” estaba detrás de mí y oigo una vocecilla como salida de ultratumba diciendo: “perdona, pero creo que mi mano no es la que quieres coger” me giro y TIERRA, TRÁGAME!!!!

Billetes Falsos y una Persecución en Pekín

Para volver del Silk Market y cómo íbamos un grupillo de 6 decidimos coger un taxi de estos piratillas que te llevan en una furgoneta con los cristales tintados al estilo Jack Bauer de 24. El caso es que durante el camino la mujer del conductor nos empieza a sacar calcetines y gallumbos de una bolsa de basura diciendo que los vendía muy baratos así que ni cortos ni perezosos y como somos muy consumistas allá que cargamos con un arsenal de ropa interior. Acto seguido nos fuimos a cenar al Hard Rock Pekín. Cuando llega la cuenta, pagamos y nos marchamos y detrás nuestro, una de las camareras persiguiéndonos, gritando en chino cosas que no lográbamos descifrar, parecía la niña del exorcista. El caso es que la furgoneta pirata nos había endiñado billetes falsos y nosotros, pardillos todavía en la moneda del país no nos habíamos dado cuenta y se lo dimos a la camarera para pagar la cena.

El Misterioso Panel del Baño Japonés

Mientras estábamos en la estación de tren de Osaka me entraron ganas de ir al baño a mear, cuando fui a tirar de la cadena: HORROR!!!! Aquello parecía un panel de la nasa y todo estaba escrito en japonés. Solución: Puse en marcha mis dotes de deducción, pensé para mí, vamos a ver, aquí hay mogollón de botoncitos escritos en un idioma que no entiendo y como yo fijo que hay un montón de gente que tampoco los entiende y hay un botón gordo resaltado de color rojo y que pone en inglés PUSH así que esto debe ser para algo importante. Ni corta ni perezosa y pensando que había escogido bien le doy al botoncillo rojo, de repente empieza una sirena: ninoninonino….madreeeee!!!! ya la he liado!!!! Como ya no tenía mucho que perder empecé a tocar todos los botones escritos en japo y allí empezó a saltar agua, a sonar pajarillos, etc, etc… así que salí para fuera y todas las japonesas que estaban espolvoreándose la cara con maquillaje se me quedaron mirando, yo me dije: piernas para qué os quiero así que salí escopetada para fuera y le dije a mi marido: corre!!! Él me pregunta: ¿has sido tú la de la alarma? No necesitó una respuesta…lo peor: policías salían como champiñones de todos los lados !!!

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Un Salpicón Inesperado en un Havelí

Visitando uno de los havelis de la ciudad me puse a sacar una foto a la fachada, de repente oigo un ruidito misterioso de agua y empiezo a notar cómo me salpicaba algo en las piernas. Para más detalles: estábamos a más de 40 grados y hacía mucho bochorno. Pensé: qué guay, un poco de agua fresquita.

La Caída del Árbol de Ernesto

Hace como un año, estábamos jugando todos en el patio de la escuela. ¡De pronto, sentí como que el árbol se hacía de lado! ¡Cada vez más rápido! No me había dado cuenta de que era un árbol viejo y seco, así que con mi peso nos fuimos abajo. Que buena anécdota, ¿Verdad? Ernesto y al árbol cayendo lentamente.

Anécdotas Históricas y Curiosas

Lo que es necesario poner de relieve es que son las anécdotas personales las que mejor revelan las relaciones concretas, efectivas, que mantenían entre sí, en la vida cotidiana, los distintos grupos envueltos en el conflicto, a la vez que nos dejan ver con mucha precisión algunos componentes estables de la cultura local y los procesos sociales que tienden a generar algunos cambios. La anécdota anterior procede de un texto literario.

El Enfrentamiento de Ulises con Escila

A un lado, Escila, monstruo de torso de mujer y cola de pez. Circe le había aconsejado acercarse más a Escila. Así lo hicieron. Se acercaron más a la cueva de Escila, que no se veía por ninguna parte. Aunque Circe le había advertido que toda defensa era inútil, le había aconsejado que pasase muy rápido y ligero, le había dicho que lo único que podía hacer era invocar el amparo de Creteis, madre de Escila, Ulises se puso su refulgente armadura y cogió dos lanzas, presto al combate, y olvidó invocar a Creteis. Escila seguía sin aparecer. Pero, de pronto, mientras observaban el estruendo y la espuma formada por el remolino de Caribdis, espantados, Escila le arrebató seis de sus hombres. No pudo hacer nada, salvo ver cómo Escila devoraba a sus compañeros al pie de su gruta. Ese fue el espectáculo más triste y horrendo que vieron sus ojos en su viaje. Con el corazón compungido, siguieron el viaje.

El Accidente en Gran Vía

Ayer por la tarde, cuando iba por Gran Vía, se produjo un accidente. Un coche, al girar en una rotonda, se dio un trastazo con otro que venía muy rápido. La policía y una ambulancia llegaron enseguida. Por suerte, ninguno de los dos conductores murió, aunque la verdad es que fue muy aparatoso y tenían heridas serias. Se los llevaron al hospital. Como los coches se habían quedado hechos una pena, tuvieron que llamar también a una grúa para que se los llevara. Menudo lío. El atascazo que se formó fue enorme.

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La Estrategia del General Quintanilla con sus "Brújulos"

El general Quintanilla hace poco más de un año era jefe de la importante plaza de Toluca, Capital del Estado de México. Ordenó el general Quintanilla que sus huestes se alistaran para la lucha. -Muchachos: estamos en las afueras de El Oro y vamos a ocuparlo a sangre y «juego». Ya saben ustedes que en El Oro hay mucha plata y que las minas las vamos a trabajar nosotros para hacernos fondos para la revolución y mandarle dinero a mi general Zapata. Háganse leones muchachos, háganse leones. Es lo que pide su general. Háganse leones y... Provisto de los anteojos de campaña, el general Quintanilla se detuvo a observar. Sus hombres lo observaban deseosos de que él les explicara a qué se debía que los recibieran a tiros. Después de unos diez minutos de estar observando el general creyó que la marca que tenían los anteojos en el aro que sostiene los cristales, era un apunte del número de hombres que estaban posesionados de la plaza. -Muchachos: son catorce mil siete los carranclanes; lo acabo de descubrir con mis «brújulos». Vámonos...

La "Misa Inconforme" del General Pacheco

Le comunicaron al general que ya iba a dar principio ésta, y Pacheco se dirigió a la parroquia, seguido de algunos de sus hombres. Cuando entró, el sacerdote estaba ya oficiando en el altar. -«Siñor», permítame que lo mande «afusilar», pues no estoy conforme con su misa.-¿Pero por qué señor general?

El General Caballero y la Locomotora Estancada

En estas condiciones, Caballero quiso que retrocediera el tren en que iba a atacar a su adversario; por más que dictaba órdenes, la locomotora no se movía. -¿Por qué no camina la máquina? Lo voy a mandar fusilar a usted.-Señor -respondió el maquinista- yo no tengo la culpa. Los inyectores...-Ah, son los inyectores.

El General W. y su Nula Geografía

De la falta de instrucción de un general carrancista, un tal W. -¿Usted, mi general, por tantos viajes, debe saber mucha geografía, verdad?-Hombre, no -replicó W.

La Lenta Elocuencia del Señor Carranza

El señor Carranza es tardo para hablar; de comprensión muy lenta; cada oración gramatical que sale de sus labios es precedida de una larga pausa. Carranza había llegado a un humilde pueblo de la sierra de Coahuila cuando se detuvo el largo convoy en que viajaba y los indígenas de los alrededores salieron a ver quién con tanto boato venía a la región. A estas palabras, el señor Carranza permaneció mudo, en espera de continuar su oración, pues no le acudían las palabras con la prontitud deseada.

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El "Radicalismo" del General Fortunato Maycote

El «radicalismo» de otro General carrancista, el señor Fortunato Maycote, se expresó en una ocasión cuando las turbas que mandaba arribaron a la ciudad de México. -Señor Calpini, o como se llame usted -le dijo- me va a quitar en estos momentos ese letrero que dice aparatos científicos.

El Plan del General Quintanilla para Aniquilar a Villa

El general Quintanilla explicó un plan para aniquilar al guerrillero de Durango si se levantaba en armas. -Para darle su «agua» a Villa yo me cargo mis mañas y no cuento con ustedes los carrancistas, porque no los necesito para nada. Son muy «gallones» mis muchachos y se bastan y se sobran solos.-Me parece -exclamó un coronel de calzón blanco y águila calada de moneda de oro en el sombrero de petate.-«Pos» algo -añadió Quintanilla-. Mire «usté» la palma de mi mano, «siñor» Obregón, y váyase fijando que nosotros no sabemos de «estratología»..., o como se llame, pero en cambio sabemos ganar las batallas. «Afíjese» usted; mi dedo gordo es el «Menuto», que es muy «gallón»; el que sigue es Rosita la Coronela, que también es hombre, y no...; después este dedo es Don Genovevo, el de la letra redonda; «aluego» viene Pacheco que es muy «nalgón» (valiente) y «aluego» Don Regino, que también las «puebla». Como verá, somos seis, porque yo no soy dedo, sino la canilla de la mano. -Pues los carrancistas no necesitamos derrotar a Villa; nos basta mandar cinco yaquis de mi escolta para que me lo traigan vivo.

La Austeridad del Licenciado Pascual Morales Molina como Gobernador

De humildísima cuna, el licenciado Pascual Morales Molina, fue protegido del extinto general don José Vicente Villada cuando éste gobernaba el estado de México. El joven Morales Molina llegó a concluir, gracias a un empeño loable, su carrera de abogado y ahorrar unos cuantos pesos que le dieron la posesión de una casa de un solo cuarto. En estas condiciones y despertada en su alma el ansia de poseer, compró una vaca, seguro de que aquel ejemplar de ser irracional iba a darle el dinero suficiente para levantar otros cuartos a su casa. Como verán nuestros lectores, hasta aquí parece que nuestra anécdota va enderezada a cantar las virtudes de la economía de este extraño tipo; pero en la segunda parte de nuestra anécdota descubrirán algo que, por inusitado, mucho les sorprenderá. En efecto, en una ocasión el doctor Vilchis, de Toluca, fue llamado con urgencia por algún vecino que supo que el señor licenciado Morales Molina se moría. ¿Qué tenía el enfermo? -¿Y qué alimentos toma usted, generalmente?-Como poco, señor doctor.-Pues debe ser demasiado toda vez que padece una debilidad muy grande.-En efecto, le seré franco: para ahorrar y ponerle unos cuartos a la casa en que me ve usted y que se la ofrezco, he dejado de beber la leche que acostumbraba tomar en la mañana. El señor Carranza lo nombró general carrancista y lo envió al Gobierno del estado de México. Triunfante el movimiento que encabezó el señor Carranza, llegó al estado de México, en calidad de gobernador, el señor licenciado Morales Molina; y llegó, naturalmente, rodeado de un gran séquito de militares que formaban su Estado Mayor. Entró a la casa del Gobierno y protestó indignado por el despilfarro que los gobernantes anteriores tuvieron en sus administraciones. ¡Cómo era posible que se empleara a diez mozos! ¡Cómo que se barriera diariamente y se limpiaran las alfombras! Había que hacer economía desde luego. El señor gobernador no tenía cocineros franceses como otros generales; prefería la comida mexicana. Y esto por un amor patrio desenfrenado. Y bien, el señor Licenciado, que gustaba de ir personalmente a la plaza a comprar sus provisiones, para con ello velar por los dineros del pueblo, adquirió un guajolote. Iba a ser sacrificada dicha ave de corral la víspera del día del santo del señor gobernador, y por eso con anticipación llevolo a la casa de Gobierno y ordenó «que se engordara al animal con todos los desperdicios». La cocinera cuidaba al guajolote con un empeño digno de mejor causa. Pero, eso no obstante, murió el animal víctima de alguna enfermedad para la cual no fueron suficientes todos los remedios que le aplicó la cocinera. El jefe de Estado Mayor del general y gobernador, al saber la muerte del guajolote, protestó enérgicamente contra la cocinera. Ésta declaró que no se sentía culpable y que por ningún motivo comunicaría al «señor» gobernador lo que había pasado. Los oficiales que recibieron órdenes para comunicar la noticia se negaban, igualmente a hacerlo. -¡Caramba!

El Último Día del Oficial José García

Aunque omite el nombre el corresponsal, podemos decirlo nosotros: se trata del oficial del Ejército Federal José García, sacrificado en las inmediaciones de Querétaro. Una partida mexicana captura al jefe de otra partida. -Yo no hubiera hecho otra cosa tratándose de vuestro propio jefe -dice éste simplemente. ¿Pero quieren ustedes concederme un último día? Parte. El empleado se inclina respetuosamente. -No me detengo en el precio. -Lo tendrá usted así. -Si quisiera usted colocarse ante el árbol que está aquí.-Sin duda, pero permítanme que les diga adiós.Es aquello lo más cortés y los enemigos se estrechan la mano.-Estrecharé también la mano de vuestros hombres. Todos somos iguales ante la muerte, ¿no es verdad?Después de lo cual, reparte su dinero entre los mismos, e inmóvil contra el árbol, cierra los ojos.El oficial ordena:-¡Fuego!Doce balas parten. No tiene esta anécdota, lector, la ironía que nuestros personajes han dado a las anteriores.

La Crueldad de Santos Dávila con los Villistas

Santos Dávila es originario de Coahuila, según se nos dice, y muy allegado a don Venustiano Carranza, de sus más adictos hombres y de los más empleados para los fines que perseguía el señor Carranza con su movimiento armado. Saboreaba la sangre; en arrancar la vida a los hombres se recreaba. Ocurrió que, después de librar un combate contra los villistas en Huizachito, pueblecillo norteño, quedaron en su poder unos cuarenta soldados villistas a los que ordenó colgar de los árboles. Dávila estaba empeñando en colgarlos y como no podían cumplir sus órdenes tuvo que pensar la forma. La imaginación del general carrancista le permitió no pensar mucho en esta ocasión, como no pensaba mucho casi nunca o nunca, y decidió que el lazo fuera firme en los pies de cada infeliz y corredizo en el cuello.

La Venganza de Santos Dávila por la Locomotora

En otra ocasión marchaba el general carrancista Santos Dávila al auxilio de su amigo íntimo Álvaro Obregón que se batía en Silao. En el camino se descompuso la locomotora. Santos Dávila sacó su pistola y dio tres balazos en la cabeza al infeliz operario. Inmediatamente la viuda, que venía en el mismo convoy, corrió a increpar al general carrancista por el crimen consumado. Dávila la amenazó con matarla si seguía «injuriándolo». Los dos cadáveres, el de la mujer sobre el del hombre y el de éste con el rostro vuelto a tierra, fueron colocados sobre la vía.

La Venganza del Señor Samuel de los Santos

El señor Samuel de los Santos era hermano del diputado don Pedro Antonio Santos, muerto con las armas en la mano por las tropas del gobierno de Huerta en un combate después de combatir a dicho gobierno. Fue diputado don Pedro Antonio en la época del señor Madero y se hizo notable por su impulsivismo que lo obligó a pronunciar estas frases contra las galerías de la Cámara de Diputados: «Si el público interviene en los debates de la Cámara voy a emplear en su contra mi pistola». Don Samuel de los Santos, al saber la muerte de su hermano, juró vengarlo; y en esa empresa ha gastado parte de su tiempo, y en ella ha manchado sus manos con la sangre de cuarenta y tantas personas que, a juicio del vengador, tuvieron alguna participación en la muerte de su hermano. Con un empeño digno de mejor causa, el señor de los Santos, durante todo el tiempo que anduvo agregado a las fuerzas revolucionarias, se dedicó a interrogar a los prisioneros de las fuerzas federales para ver si tenían alguna participación en el asesinato de su hermano. Solía ocurrir que, por ignorancia o por otra causa, los federales no fueran muy explícitos en sus declaraciones, lo que equivalía a una sentencia de muerte. En el desempeño de esta misión, a la que el alma de don Samuel se acostumbraba y en cuya práctica no encontraba la mano del vengador ninguna fatiga, tropezó con un oficial federal que, según rumores públicos, tuvo una injerencia directa en la muerte de don Pedro Antonio Santos. Inmediatamente pidió don Samuel que se le llevara a su presencia, y después de brevísimo interrogatorio, ordenó que el prisionero fuera conducido al patio de la casa de su hermano. - Todavía no concluyo mi labor -ha dicho en los escaños del Congreso de Querétaro el señor de los Santos. Como verás, lector, el señor Carranza, para hacer las leyes de México, ha empleado a hombres como el señor de los Santos.

La "Creatividad" Horripilante de Maximiliano Klos

Hasta la fecha se ignora dónde encontró el señor Álvaro Obregón al más singular de los tipos que tiene el carrancismo. Que fue el señor Obregón quien lo dio a conocer, o más bien que lo sacó de las tinieblas donde vivía, no hay la menor duda, pues que lo llevaba en su combate de Celaya con el título de coronel jefe de la Artillería. El señor Maximiliano Klos, que así se llama el tipo singular a que se refiere nuestra anécdota, ¿es mexicano o es alemán? Nadie lo sabe. Él asegura que mexicano, hijo de padres germanos; pero como asegura muchas otras cosas que no son verdad, nadie quiere creerlo. Y bien, el señor Maximiliano Klos es el hombre que puede jactarse de haber ideado el espectáculo más horripilante de cuantos dieron los revolucionarios carrancistas. En la forma de llevar a cabo tal ejecución, fue donde el señor Klos dio muestras de ser un habilísimo, un sorprendente imaginativo. Era costumbre ejecutar a los prisioneros de un tiro o colgándolos de un poste de telégrafo o de cualquier árbol. Pues bien, en esta ocasión, el señor Klos hizo encerrar en un corral a todos los prisioneros, que eran alrededor de unos doscientos entre soldados, mujeres y niños de muy corta edad que acompañaban a éstas, y en uno de los vértices del rectángulo que formaban dos de las paredes del precitado corral, ordenó que se colocara una ametralladora. En el vértice opuesto fue colocada otra de estas terribles armas. La ametralladora del vértice 1 (la designaremos así para mayor claridad) empezó a funcionar y los infelices prisioneros corrieron horrorizados a refugiarse bajo ella, presa de un terror indecible. Cesó su fuego la máquina de guerra cuando ya todos los prisioneros que quedaban salvos estaban bajo ella, protegidos. Recordarás, lector, los cuadros que pintan a los cristianos del siglo de oro en el circo romano; ante las fieras se hacinan en pequeños grupos, y mientras las madres protegen a sus hijos, los hombres arrojan todo el peso de sus cuerpos sobre las desventuradas mujeres, como si en ello encontraran su salvación. Cesó el fuego esta ametralladora número 1, y la número 2 inició el suyo. La persona que nos da estos datos no nos dice qué resultado dio el recuento, pero eran bien pocos los muertos si se les comparaba con el número de prisioneros que se habían vuelto locos. El terror les arrebató la razón y algunos reían desesperadamente en tanto que otros, convulsos, sollozaban.

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