A lo largo de este análisis comentaremos los aspectos legales y fiscales que se deben considerar ante las autoridades correspondientes en relación con el concepto de apropiación. Uno de los problemas más comunes en la sociedad, hoy en día, es que no existe una planeación patrimonial con anticipación a cualquier eventualidad, aunque en la mayoría de los casos, la gente piensa que, al darse la muerte de algún familiar o amigo, se acaban todas las deudas u obligaciones que dicha persona había contraído; sin embargo, esto no es del todo correcto.
La Apropiación: Un Concepto Multidimensional y su Origen
Tanto la filosofía hegeliana como la psicología, la literatura, el arte, el hábitat humano, entre otros espacios, utilizan el término apropiación como motor de procesos significativos. La variabilidad de los significados que se le asignan al término apropiación suelen estar determinados por el ámbito, disciplina y perspectiva desde donde se utiliza la expresión. Esta situación lleva, sin duda, a preguntarnos por el origen de la utilización del término, más allá de su significado etimológico y lexicográfico.
En esta búsqueda, se destacan ciertas posturas, la primera de las cuales indica que el surgimiento del concepto apropiación estaría presente en varios discursos filosóficos, que van desde las doctrinas de la Escuela Estoica griega (300 a. C.) hasta los postulados de Hegel (1821 d. Neüman, 2008), hasta ser retomado por Karl Marx (1818-1883) para explicar el funcionamiento del sistema capitalista. No obstante, a pesar de no existir un acuerdo formal sobre el origen del término, existe un entrecruzamiento de posturas al momento de trasladar el significado de la apropiación a un nuevo orden epistémico. Así pues, el significado de la apropiación se va matizando en las distintas instancias y disciplinas en la que es empleada, tomando en ciertas ocasiones una presencia tangencial o referencial, mientras que en otras se constituye como un elemento importante que dirige y acompaña determinadas perspectivas. Lo cierto es que la relevancia y propagación del concepto apropiación da cuenta de su importancia como catalizador y motor de procesos de transformación a nivel individual o colectivo.
Apropiación Cultural: Uso y Protección del Patrimonio
La apropiación cultural es un fenómeno que se manifiesta cuando alguien toma elementos propios -en especial de tradiciones vulnerables- y los usa fuera de contexto, sin dar crédito, sin entender su significado y, sobre todo, con objetivos comerciales. No siempre se ve la línea entre admirar una cultura y explotarla. La apropiación cultural ocurre cuando personas ajenas a una comunidad adoptan aspectos tradicionales, sin respeto a su significado: ropa, peinados, música, gastronomía, tejidos, símbolos, rituales.
Para México es muy importante proteger el valor simbólico. Pero atención, no se trata de prohibir la difusión del patrimonio intangible, sino de entender el desequilibrio que existe en su promoción. Por lo general, las culturas que son apropiadas pertenecen a pueblos originarios históricamente oprimidos. Quienes toman los bienes culturales sin autorización, suelen tener más visibilidad, recursos. De hecho, la mayoría obtiene ganancias económicas, con lo que para otros es identidad y herencia. En México, este es un tema delicado por la presencia de pueblos indígenas, los cuales han visto cómo sus diseños y hasta celebraciones son replicados sin consentimiento, tanto en el ámbito nacional como internacional.
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Consecuencias de la Apropiación Cultural
Al ver la magnitud del problema, es sencillo comprender que no se trata solo de copiar un estilo. Las consecuencias son más profundas.
- Uno de los efectos más preocupantes es la pérdida de valor simbólico que sufren expresiones culturales cuando se comercializan. Es común ver productos con diseños indígenas sagrados reproducidos en masa y vendidos sin que las comunidades creadoras reciban ningún beneficio. Esto, además de ser injusto, vulnera el patrimonio cultural de México.
- Otra consecuencia grave es la tergiversación. Tomar elementos culturales sin comprender su historia puede provocar interpretaciones erróneas. Un claro ejemplo es utilizar símbolos tradicionales en contextos que nada tienen que ver con su significado, distorsiona la percepción de una cultura y, en lugar de educar, desinforma.
Ejemplos Notorios de Apropiación Cultural
Textiles Indígenas en la Moda
La apropiación cultural en la moda es una de las más evidentes. Marcas internacionales han sido señaladas por copiar diseños tradicionales de Tenango, Hidalgo, Santo Tomás Jalieza y Oaxaca. Estos bordados cuentan historias, reflejan cosmovisiones y forman parte de la identidad de sus pueblos. Por lo general, se reproducen sin permiso para la industria textil. De esta forma, se invisibiliza a quienes los crearon. Por mencionar algo reciente, en 2021, el gobierno mexicano envió cartas a empresas extranjeras Zara, Anthropologie y Patowl por utilizar patrones similares a los de comunidades indígenas mexicanas sin reconocer su origen, ni compartir beneficios económicos. Este tipo de apropiación cultural indígena generó indignación en el público, quienes hicieron un llamado urgente a respetar el patrimonio colectivo.
Día de Muertos en la Cultura Pop
Otro caso es la apropiación cultural del Día de Muertos. Esta celebración mexicana, simbólica y espiritual, ha sido utilizada como estética de disfraces en Halloween, en campañas publicitarias, envases de productos en diferentes rubros y en producciones cinematográficas que, aunque visualmente bellas, a veces simplifican su significado. ¿Has visto el personaje de La Catrina transformado en una máscara decorativa? Cuando este elemento se toma y se vende sin respeto, es un ejemplo de apropiación de cultura.
Protección contra la Apropiación del Patrimonio Cultural en México
Aún falta mucho por recorrer. Sin embargo, las autoridades mexicanas han dado pasos importantes para frenar esta situación y proteger el patrimonio que nos identifica. En 2020, se propuso en la Cámara de Diputados la Ley General de Protección del Patrimonio Cultural de los Pueblos y Comunidades Indígenas y Afromexicanas. Esta legislación busca garantizar que cualquier uso de elementos culturales tradicionales cuente con el consentimiento previo de las comunidades. Además, cuida que los autores obtengan beneficios económicos si autorizan su uso.
El Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas (INPI) y la Secretaría de Cultura han lanzado campañas para promover el respeto a los saberes ancestrales y fomentar relaciones justas con los diseñadores de moda. Uno de los retos es lograr que los productos tradicionales sean reconocidos legalmente como propiedad colectiva, lo que evitará que sean registrados por terceros como marcas comerciales. También hay que destacar la labor de universidades e investigadores que, desde el ámbito académico, analizan estos fenómenos y buscan soluciones éticas. Estudiar una Maestría en Gestión del Patrimonio Cultural te da las herramientas para participar en ese cambio, con conocimientos sobre legislación, políticas culturales y estrategias de conservación.
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Apropiación Artística e Intelectual: Entre el Crédito y el Robo
El concepto de ética general llamado apropiación y atribución es fundamental en el ámbito artístico e intelectual. La atribución significa dar crédito donde el crédito es merecido. En teoría, el autor de cualquier obra publicada tiene el derecho de controlar cómo se utiliza su propiedad intelectual. A veces, todo lo que es requerido legal y éticamente al utilizar material es una citación para explicar sus orígenes. Todos sabemos que no debemos plagiar nuestros papeles.
Pero ¿qué pasa con los artistas o músicos que aprenden su oficio copiando predecesores famosos? ¿Son estas obras «originales» si están infundidas con el estilo de los maestros? ¿Podríamos llamar a ese robo? El profesor de música y científico en computación David Cope ha creado un programa informático que produce composiciones «originales» en el estilo de los compositores anteriores. La música generada por computadora suena como Mozart o Bach, por ejemplo, pero no lo es. En otro caso, el Compositor John Oswald creó collages sonoros, utilizando muestras de obras grabadas previamente. Afirmó que los collages sonoros eran composiciones originales. Hizo una lista de todas sus fuentes, pero no obtuvo permiso para utilizarlos. Las compañías discográficas presentaron demandas, y en última instancia, las copias no vendidas de sus álbumes fueron destruidas. Por lo tanto, en algunos casos, los tribunales han permitido el uso ilimitado donde el muestreo ha llevado a la creación de nuevos éxitos pop.
Éticamente hablando, el uso de la propiedad intelectual de otras personas para la propia ganancia sin permiso es robar. El creador original se le niega el crédito y se le priva de control sobre su creación. Pero la apropiación es más compleja. Apropiación puede significar las ideas de endeudamiento, imágenes, símbolos, sonidos y la identidad de los demás. A veces, la apropiación es éticamente admisible y otras veces no. Por ejemplo, muchos de nuestros edificios del gobierno y los bancos se han apropiado de los antiguos elementos arquitectónicos griegos, como columnas y capiteles, a las imágenes que asociamos con la democracia, la riqueza y la libertad de los proyectos.
Siempre que sea posible, hay que seguir las reglas que aprendimos en la infancia sobre el respeto a los derechos de propiedad de terceros: Si lo que quieres usar no te pertenece, entonces sólo utilízalo en la manera que lo permite el propietario. Si es imposible pedir permiso, entonces pregúntese cómo le gustaría que la creación fuera utilizada o atribuida si fuera suya. Y si la propiedad en sí es el objeto de debate, el uso debe ser sometido a un análisis moral sistemático para determinar qué daños la apropiación puede causar y si estos son justificados. Asuntos de atribución intelectual y artísticos se relatan a los derechos del autor y la póliza sobre propiedad intelectual. Apropiando o usando el trabajo de otra persona sin atribución propia podría causar daños de reputación o finanzas. El caso “Apropiación artística y la imagen ‘Hope’ de Shepard Fairey” detalla el caso sobre el retrato de Barack Obama hecho por Shepard Fairey y hasta qué medida puede un artista usar y modificar el arte de otros.
La Apropiación del Legado en la Marca Pública y Colectiva
Durante años, el discurso profesional ha repetido una premisa casi incuestionable: una marca personal (y por extensión, la identidad de una persona moral o entidad pública) no se consolida por lo que declara, sino por lo que hace. El storydoing se presentó como antídoto frente al artificio del relato, como prueba de autenticidad y como fundamento de confianza. Sin embargo, esa misma lógica contiene un riesgo que el entusiasmo estratégico ha tendido a subestimar: cuando el significado de una identidad pública se apoya sobre acciones convertidas en símbolo, esas acciones pueden ser extraídas, reinterpretadas y reutilizadas por actores ajenos.
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El valor del storydoing reside en su promesa de credibilidad. Una persona o una marca gana legitimidad cuando hay coherencia entre lo que afirma y lo que encarna. Cuanto más visible, contundente y memorable es una acción, más fácil resulta convertirla en emblema. Y todo emblema está expuesto a procesos de simplificación, recorte e instrumentalización. Eso es exactamente lo que hace posible la apropiación cultural o ideológica de una marca personal o de una identidad colectiva. No se toma a la persona o entidad en toda su densidad histórica, moral o biográfica. Se selecciona un fragmento significativo, se lo separa de su contexto y se lo integra en una agenda presente. La figura de Isabel I, por ejemplo, resulta especialmente reveladora porque concentra una enorme potencia de representación: Monarquía, unidad, religión, autoridad, nación, femineidad, poder. Lo relevante no es solo que una corriente política la invoque, sino el modo en que una figura histórica termina operando como marca personal retrospectiva.
Mecanismos de Apropiación del Legado
Su legado es sometido a una selección interesada de atributos hasta adquirir un valor funcional en el presente. Desde una perspectiva de branding, el mecanismo es nítido: Primero se identifica un capital simbólico reconocido. Después se filtran los rasgos que convienen al propósito actual. Finalmente se empaqueta esa figura como referente, modelo o legitimación. No estamos ante una anomalía periférica, sino ante un patrón estructural. Toda marca personal de alta carga simbólica corre el riesgo de ser apropiada por sistemas de interés que necesitan autoridad prestada. A veces serán intereses políticos, otras veces serán intereses empresariales, culturales o sociales; cambia el actor. La apropiación no siempre adopta formas agresivas o explícitas. Con frecuencia se presenta como homenaje, recuperación, actualización o reivindicación. Pero el envoltorio no altera el fondo del proceso. Por eso el riesgo no es solo político; también es corporativo, mediático y social.
Desafíos para la Gestión del Legado
En branding personal se habla mucho de consistencia, autenticidad y diferenciación. La incoherencia daña una marca. Pero la apropiación de su sentido puede alterarla de una manera más profunda y duradera. Porque una incoherencia todavía puede corregirse, explicarse o amortiguarse. En cambio, cuando terceros logran instalar una interpretación funcional de tu legado, la cuestión deja de ser reputacional en sentido clásico. Eso obliga a revisar una idea excesivamente optimista del trabajo de marca personal y colectiva.
Muchas veces se transmite que, si una trayectoria está bien construida y bien expresada, su percepción quedará razonablemente bajo control. Esa idea responde a una visión lineal del mercado simbólico. En otras palabras, una marca personal no compite solo por atención. Hay un punto a partir del cual una marca personal deja de funcionar solo como identidad y pasa a operar como infraestructura cultural disponible. En ese estadio, la marca personal se vuelve especialmente valiosa para actores que necesitan condensar ideas complejas en una figura reconocible. Un movimiento ideológico no quiere explicar desde cero una visión completa del mundo si puede anclarla en una imagen ya cargada de prestigio, autoridad o resonancia histórica. Una empresa puede querer asociarse a un referente con el fin de absorber parte de su legitimidad.
El storydoing ha sido útil para combatir la inflación discursiva de la comunicación contemporánea. Ha recordado algo esencial: sin conducta consistente no hay confianza duradera. Se ha asumido que hacer basta. Que la acción se explica sola. Que los hechos son inmunes a la manipulación semántica. Los hechos no hablan solos. Hablan dentro de marcos interpretativos. Hablan a través de instituciones, medios, comunidades, adversarios y sistemas de poder. Hablan en culturas donde la disputa por el significado es permanente. Desde ese punto de vista, el storydoing no elimina la necesidad de relato. Porque cuando una marca personal renuncia a gobernar activamente la interpretación de sus acciones, deja un vacío. La paradoja es evidente. El intento de huir del exceso de relato puede desembocar en lo contrario de lo que prometía: una pérdida de control sobre la propia lectura pública.
Conviene distinguir entre trayectoria y legado. La trayectoria es lo vivido, lo decidido, lo ejecutado. El legado, en cambio, es la forma en que todo eso queda disponible para el juicio posterior. El legado es una construcción diferida. Se compone con el tiempo, pero también con intereses, instituciones, coyunturas y necesidades de reinterpretación. En el terreno histórico, esa distancia resulta todavía más evidente. Una figura del pasado no puede responder, corregir ni disputar. Su nombre queda expuesto a un trabajo de relectura que a menudo dice más sobre el presente que sobre la propia figura invocada. Quien alcanza influencia entra en una zona donde su identidad puede ser absorbida por relatos que no ha elegido.
La primera implicación es incómoda: una marca personal (o entidad) no debe gestionarse solo para ser recordada, sino para resistir formas previsibles de captura. No basta con construir notoriedad, ni siquiera con consolidar prestigio. La segunda implicación es que la claridad no consiste en reducirse, sino en definir con precisión aquello que no puede separarse del conjunto. Muchas marcas personales se vuelven fáciles de apropiar porque están construidas sobre atributos demasiado genéricos, demasiado heroicos o demasiado funcionales: Fuerza, valentía, liderazgo, visión, disciplina. La tercera es que el relato sigue siendo una responsabilidad estratégica, no como maquillaje, ni como aparato publicitario, sino como trabajo de delimitación. Una marca personal madura no solo expresa lo que hace. La cuarta es que el branding personal necesita una conciencia histórica que rara vez incorpora. La mayoría de las estrategias se piensan en clave de posicionamiento inmediato, visibilidad y crecimiento reputacional, mucho menos en términos de legado, transferencia de sentido o usos futuros de la identidad construida.
Existe una tendencia a suponer que cuanto más instalada está una marca personal en la cultura, más robusta se vuelve. En realidad, la visibilidad extrema no solo otorga reconocimiento. Una marca muy visible puede ser admirada, pero también simplificada. Puede ser celebrada, pero también requisada. Puede adquirir centralidad pública al precio de dejar de pertenecer del todo a quien la originó. En ese punto, el problema ya no es comunicativo. Por eso algunas de las marcas personales más influyentes terminan convertidas en campos de batalla cultural. La reflexión más exigente que deja el caso de Isabel la Católica no concierne solo a la historia ni solo a la política. Puede orientarse, trabajarse, acotarse y defenderse. Puede construirse con rigor y sostenerse con coherencia. Pero cuando una marca personal alcanza densidad cultural suficiente, entra inevitablemente en una circulación donde otros intentarán usarla. La pregunta, entonces, ya no es solo cómo construir una marca personal sólida, sino cómo proteger y gestionar su legado en un entorno de constante reinterpretación y posible apropiación.
