Profesor emérito de El Colegio de México y miembro emérito del Sistema Nacional de Investigadores del CONACYT, Lorenzo Meyer es un analista del sistema político mexicano que ha centrado su reflexión en las formas autoritarias del poder y en los procesos de democratización del siglo XX. Con una trayectoria de más de 40 años en la docencia en México y en el extranjero, sus artículos semanales aparecen en diversos periódicos. A través de su agudo análisis, Meyer aborda tanto las complejidades históricas como las intensas confrontaciones del México contemporáneo.
La "Guerra" en el Presente: La Intensificación de la Confrontación Política Actual
Lorenzo Meyer observa una profunda polarización en la escena política actual. Para los enemigos de la 4T el Covid19 no es tragedia mundial sino una inesperada oportunidad para agudizar la confrontación con AMLO y acelerar el fin de un intento democrático y pacífico por modificar la inicua naturaleza de un sistema político corrupto en extremo. En este contexto, que en medio de una pandemia una TV nacional aconseje desoír a la máxima autoridad política y CIENTÍFICA en materia de salud es una infamia y un sabotaje al esfuerzo colectivo en contra de la enfermedad. Según Meyer, esto merece una reacción de parte de la autoridad y, sobre todo, de la sociedad.
La confrontación se manifiesta en diversos frentes. No vale la pena discutir al escritor que propone quemar vivos en el zócalo a los de MORENA, pero sí hay que tener en cuenta la furia irracional de la derecha mexicana. Frente a “los grandes problemas nacionales” esa derecha no tiene propuestas constructivas pero sí destructivas. Incluso en el ámbito de la justicia, se destaca la incongruencia: Sarkozy, ex presidente de Francia, ya fue condenado por corrupción y gasto electoral ilegal en 2012. Si en México la justicia tuviera estándares similares no habría ex presidente libre. Puede haber razones de conveniencia política para que MORENA aceptase que Manuel Velazco sea, a la vez, gobernador de Chiapas y legislador federal, pero es un sin sentido y una vergüenza.
La lucha por PEMEX es, a la vez, contra la corrupción y el crimen organizado. Es frontal. Si AMLO se impone, el Estado mexicano empezará a tener sentido real. Si se perdiera, tendremos un Estado fallido sin remedio. La red de robo de combustible es compleja y enorme: Pemex (administración y sindicato), gasolineras, grandes empresas consumidoras, huachicoleros. Tomó años tejerla. Lograr deshacerla sería un gran golpe a la corrupción institucional. Además, el arresto del Gral. Cienfuegos y de García Luna muestra que el actual gobierno heredó una estructura descompuesta en grado extremo en el núcleo mismo del aparato de seguridad del Estado. Si así estaba el centro del sistema, cómo estaría, y aún está, el resto de la estructura.
La salud de AMLO toca el corazón de un proyecto en marcha: la 4T. “Nadie es indispensable”. Es cierto, salvo en coyunturas como la actual; la 4T aún no echa raíces y por ahora nadie puede remplazar el liderazgo carismático de AMLO, porque nadie tiene una biografía equivalente. Asimismo, el índice de democracia de The Economist, que considera al México de Calderón más democrático que el de AMLO, dice más, mucho más, sobre la naturaleza de la revista inglesa que de la democracia mexicana. Las conferencias presidenciales matutinas son un novedoso y muy útil ejercicio democrático, pero los periodistas deben cuidar las formas, facilitar el flujo de información y evitar transformarlas en campo de confrontación. Incluso el subsecretario H. López-Gatell, equivalente actual a la paciencia de Job, cada tarde en la conferencia de prensa en Palacio sobre la pandemia es sometido a preguntas reiteradas, tontas o de mala fe y mantiene la calma. El inicio de la lucha por el litio de México se asemeja a la del petróleo en el siglo XIX. En ambos casos se dijo: no hay mucho, solo el capital extranjero puede hacerlo y debe legislarse para atraerlo y no para desalentarlo.
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Mirada Histórica: La Independencia de México, Raíces de Conflictos y Construcción Nacional
El historiador y politólogo Lorenzo Meyer analiza los recovecos del suceso histórico con motivo del segundo centenario de la Independencia de México. El proceso de Independencia de México fue algo insólito y plagado de contradicciones y paradojas. Mientras que Simón Bolívar o José San Martín lideraron verdaderos ejércitos, el caso mexicano fue un levantamiento genuinamente popular.
Motivaciones y Naturaleza del Levantamiento Popular
Meyer remarca que, efectivamente, fue un levantamiento popular, algo singular en relación a las otras experiencias de la región. Campesinos, trabajadores y familias enteras marchando en defensa de la religión católica -”¡Viva nuestra madre santísima de Guadalupe!”- y en nombre del Rey -”¡Viva Fernando VII!”- espoleados por un cura criollo. Bolívar reconoce que el mexicano es un movimiento sui generis con un fuerte respaldo popular, aunque ese respaldo popular se da en una región, el Bajío, no en toda la vastedad de la Nueva España. El Bajío era una región con una densidad de población alta para la época, donde se concentraba el negocio de las minas. Era una región ya capitalista, que surtía de plata a España y desde allí a Inglaterra y al resto de Europa. Era parte del capitalismo global del siglo XVIII y XIX y, por tanto, era una sociedad ya no tradicional, sino muy revuelta comparada con las otras regiones de México. Una sociedad en disposición de que algo la movilizara.
Ese algo fue el golpe de Estado de 1808. Hidalgo no quería una revolución, un levantamiento. Quería más o menos un golpe rápido, como había ocurrido en 1808 cuando Gabriel de Yermo, un español acaudalado, depone al virrey porque tiene miedo de que se una a la élite criolla. Aquel fue un golpe preventivo, pero que supone también la quiebra de la legitimidad. Hidalgo piensa que se puede hacer lo mismo. Los militares criollos tuvieron un papel crucial durante la rebelión; Hidalgo está en unión con dos capitanes criollos de la zona, hijos de familias de comerciantes. La rebelión es descubierta y no tienen más que una alternativa: o aceptan que los prendan, los juzguen y los sentencien a muerte; o llaman a una clase que no estaba pensada, que es la clase popular. ¿Y quién hace el llamado? Un cura y oficiales del Ejército. Para los pobladores del Bajío, para las clases trabajadoras es una llamada de la autoridad. Pero a la vez, la llamada es en nombre del Rey, de Fernando VII. No es una llamada a la Independencia. El grito es en puridad un engaño. Y prendió como no prendió en ningún otro lugar. Así que es indudable el carácter popular, pero no fue pensado así. Brotó de manera sorpresiva para todos.
Las razones para que se levantaran en defensa del Rey eran por la amenaza protestante, que realmente no era para tanto. Pero se supone que desde afuera, en particular los franceses, querían introducir un elemento inaceptable en la colonia: el protestantismo, que retaba a dios y al rey a la vez. La rebelión es en favor de lo más tradicional que hay. Aunque, y esto complica más las cosas, es contra las autoridades existentes, precisamente porque están traicionando al rey y poniendo en peligro a la religión. Van a pasar años, ya muertos Hidalgo y Aldama, hasta que, con Morelos, la Independencia tiene un contenido realmente de separarse de la Corona. Pero, eso sí, asegurando siempre de una manera tajante que se defienda a la Iglesia, que no hay más que una religión que es la católica. La América española se separa de España pero no de su religión. Es muy ilustrativo que el estandarte del levantamiento es la Virgen, algo que no sucede en otros movimientos. Aquí el levantamiento se hace religioso desde el primer momento, parte del fanatismo religioso.
El Legado de Morelos y las Paradojas del Proceso
Morelos es importante porque es un cura mestizo, ya no criollo, y además, era de la gente de a pie. Antes de ser cura fue arriero y trabajador. Se hace cura ya de viejo como una salida para la movilidad social. Uno de los 14 puntos de la Independencia dice que es disminuir la distancia que separa a la opulencia de la indigencia. Parece simple y sencillo pero es realmente un principio revolucionario para una colonia como la Nueva España que estaba basada en la diferencia racial de grupos sociales. Era brutalmente clasista. Un objetivo central es que el peón gane el salario adecuado. Este énfasis en reducir la desigualdad social también es singular y viene de Morelos. Porque a diferencia el resto de América, salvo Perú, en México había gran riqueza.
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El miedo de las clases altas y medias a la baja viene por la naturaleza inicial del levantamiento. Se genera un pánico porque inmediatamente se toma el corazón de Guanajuato, el centro de la riqueza y hay una matanza de españoles y de gente rica criolla. La matanza de Guanajuato horroriza a toda la clase alta, criollos y españoles, y parte de la media. Se genera una reacción muy dura. Aquí se hacen muy conservadores por miedo. Se vuelve una guerra civil particularmente dura: reaccionarios contra insurgentes. Y van a ser derrotados inicialmente porque los criollos en su gran mayoría se niegan a seguir con la Independencia. Las clases populares fueron metidas poco a poco en Venezuela, en México llegan de golpe e Hidalgo no los puede controlar.
Una paradoja clave es el acuerdo con el Ejército cuando la rebelión estaba ya casi condenada. La Independencia la gana la parte que no quería la Independencia. Agustín de Iturbide es un coronel que ha sido durísimo con los insurgentes y que no es precisamente muy honrado. Pero en España viene el levantamiento de Riego y la idea de que los liberales tomarán el Gobierno. En América, y en particular en México, esto provoca otra vez el miedo. Es la oportunidad de Iturbide, al que le habían encargado que buscara a Vicente Guerrero para acabar con él y su guerrilla. Iturbide ve la posibilidad de ser no un peón militar más sino el que tome el poder. Se lo estaban poniendo en bandeja de plata. Con el apoyo de los que no deseaban para nada que los liberales españoles impusieran un gobierno liberal aquí después de una guerra tan dura, se da la vuelta. Es una decisión muy inteligente porque los insurgentes no tenían ya la capacidad por sí solos de llegar al poder. Ante esa situación de debilidad, Iturbide les ofrece una alianza por la que les da la posibilidad de ser partícipes, pero manteniendo él el poder. Una vez ganada la guerra, se creará Ejecutivo conjunto donde hay incluso presencia española, pero el militar pronto se deshace de esos colegas y se asume Emperador. En ese mundo tan revuelto se le fueron las cabras al monte.
Influencias Externas y Consolidación de la Nación
La influencia de las ideas ilustradas fue mucha. Hay dos naciones que nacen antes de que empiecen los movimientos de independencia aquí: Haití y Estados Unidos. Tiene mucha influencia la idea de que se puede hacer nación de una colonia, que no es una utopía. La experiencia norteamericana, sobre todo, es más ejemplo de su experiencia que de su ideología. La creación de instituciones, por ejemplo. EE UU inventa la presidencia, algo que hereda México. La imagen de EE UU de una nación que se inventa a sí misma, que tiene éxito económico además de éxito militar contra Inglaterra es poderosísima.
Sin embargo, la consolidación del proyecto nacional tardará en llegar. La república llega pronto, el sueño de Iturbide dura apenas un año. Lo que va a tardar montones es la creación de una nación. Porque al inicio están muy separados los grupos políticos. Uno es monárquico, conservador y tiene a España como foco. El otro mira al lado liberal norteamericano y francés. Son dos bandos muy polarizados. Y en una sociedad que tiene decenas de pueblos indígenas que no son compatibles entre sí. No era una materia prima para hacer una nación muy rápido. Además, a diferencia de otros territorios sudamericanos, no tiene comunicaciones. Aquí no hay un río de la Plata, o un Orinoco que puedan ser navegables. Aquí hay sierras, desiertos y ríos pequeñitos. Hacer de eso una nación fue difícil. Iturbide después de todo no está tan loco, porque lo único que había de tradición, lo que unía era la religión y la Corona. Ni siquiera la lengua. El español no era mayoritario, eran las lenguas indígenas. Muchas lenguas que no se entendían ni simpatizaban entre sí. La idea de una nación solo la tienen entonces las élites. Va a costar muchísimo trabajo que llegue hasta las bases sociales. Quizá hasta principios del siglo XX.
La celebración oficial de la Independencia es el grito de Hidalgo de 1810 y no la victoria final de Iturbide de 1821 porque es Iturbide. La visión que va a triunfar es el esfuerzo del cura que levanta al pueblo, a la masa. Iturbide es un cambio de chaqueta. Eso no tiene nada de glorioso. Es oportunismo puro. No, el emperador Maximiliano no fue quien fijó el Grito como el hito a celebrar, se celebraba desde antes. Pero Maximiliano es el que hace la primera pintura de Hidalgo. Nadie sabe cómo fue. No había ningún retrato hasta entonces. De esa pintura, que se la imaginó alguien, salieron todas las demás. Pero no tenemos ni idea que cómo era, solo su edad, y cabello blanco. Su imagen la inventamos.
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El famoso grito de Independencia tenía también una coletilla final que se ha ido perdiendo: “¡mueran los gachupines!” (nombre despectivo de los españoles en la época colonial). Esta confrontación tan directa duró bastante tiempo. Cuando me fui a los archivos españoles me encontré que, ya entrado el siglo XX, la fiesta de la Covadonga la tienen que suspender. El ambiente nacionalista y el hecho de que la colonia española apoyara el golpe contra Madero hace que durante un buen tiempo no se celebre la que era la fiesta nacional española.
Esa animadversión tan prolongada tiene que ver con que España mantuvo durante mucho tiempo la pretensión de reconquista. Siempre se les vio como enemigos de la Independencia y la culpa la tuvo Fernando VII que no quiso nunca reconocer la Independencia. Se murió sin que la reconocieran. Los ingleses siguieron otro camino. Tras años de enojo lo reconocieron y volvió el comercio. México ofrecía un tratado comercial a España pero el Rey se negó. No fue hasta que se murió y la regente María Cristiana lo reconoce. Lo antiespañol también nace de que era una minoría muy rica y de que se metieron incluso para que el Vaticano no reconociera la Independencia. Si el Vaticano no lo reconoce entonces no hay obispos. Y si no hay obispos, ¿quién ordena a los sacerdotes? Querían ahogar lo eclesiástico que tan importan era para los mexicanos.
Sobre el objetivo de Andrés Manuel López Obrador con las reiteradas peticiones a España para que pida perdón por los abusos de la Conquista, Meyer señala que con esas declaraciones también está asimilando la parte de pedir perdón como mexicano y para los mexicanos en su conjunto por los abusos del México independiente contra las comunidades indígenas, sobre todo en el norte y Yucatán. Él se se pone por delante y diciendo que hay otros que también deben hacer lo mismo, como el Papa y España. Quizás no vaya a tener una respuesta positiva. Pero esto es secundario, porque lo que busca es recordar la parte durísima de la Colonia que involucran también a los mexicanos posteriores. Busca que la memoria colectiva sea olvidada.
La historia y los símbolos tienen un papel central en el discurso de López Obrador. Meyer cree que capitalizará el aniversario de la Independencia volviendo a poner el énfasis en que su Gobierno está completamente comprometido con esos intentos a medias de rehacer la estructura social heredada de la colonia. La estructura de unos pocos explotando a uno muchos es vista como una herencia colonial. Los otros tres momentos de crisis social y política son vistos como esfuerzos por modificar esa herencia. Quizá el más serio es el penúltimo, la Revolución, aunque la tarea también quedó inconclusa. Lo que López Obrador está diciendo con su discurso y la política de gasto social es que todavía queda mucho camino por andar antes de que esa pirámide que todavía conserva los rasgos de colonia se convierta en otra cosa.
Perfil del Profesor Emérito Lorenzo Meyer
Lorenzo Meyer nació el 24 de febrero de 1942, en la ciudad de México. Además de su rol como profesor emérito de El Colegio de México y miembro emérito del Sistema Nacional de Investigadores del CONACYT, ha llevado a cabo labor docente en el US-Mexican Studies Center de la Universidad de California en San Diego, y en la Universidad Complutense de Madrid, España, por mencionar algunas. Sus cursos se han centrado en cuatro grandes temas: historia del pensamiento político; historia política de México, desde la Independencia a nuestros días; historia de la política exterior de México, e historia de las relaciones México-Estados Unidos.
Meyer incursionó como editorialista hace quince años, y sus artículos semanales aparecen en el diario Reforma y en más de una docena de periódicos locales. Su distinguida trayectoria como investigador y profesor le ha valido numerosas distinciones, entre las que destacan:
- 1974: Premio en Ciencias Sociales de la Academia Mexicana de la Investigación Científica.
- 1982: Premio del Comité Mexicano de Ciencias Históricas por el mejor artículo histórico publicado.
- 1989: Premio Nacional de Periodismo por artículo de fondo.
- 1991-1992: Beca del Ministerio de Educación y Ciencia del gobierno español para profesores extranjeros en sabático.
- 1998: Medalla “Capitán Alonso de León”, otorgada por la Universidad Autónoma de Monterrey.
- 1998: Beca Guggenheim, otorgada por la John Simon Guggenheim Memorial Foundation.
- 1998: Beca Edward Laroque Tinker, otorgada por la Universidad de Stanford, California.
- 2006: Primer premio por su trabajo difundido.
