La Caída del Régimen de Sadam Husein: Invasión Épica, Captura Sorprendente y Consecuencias Impactantespost-template-default single single-post postid-46 single-format-standard et_pb_button_helper_class et_fixed_nav et_show_nav et_secondary_nav_enabled et_primary_nav_dropdown_animation_fade et_secondary_nav_dropdown_animation_fade et_header_style_left et_pb_footer_columns4 et_cover_background et_pb_gutter et_pb_gutters3 et_right_sidebar et_divi_theme et-db
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La intervención en Irak en 2003 se presentó como una acción necesaria por parte de Estados Unidos, Reino Unido y España, articulada en torno a la premisa de eliminar supuestas armas de destrucción masiva y de terminar con el respaldo del régimen iraquí a redes terroristas internacionales.

Previo al inicio formal del conflicto, George W. Bush, el entonces presidente estadounidense, explicó el 22 de marzo de 2003 que la operación buscaba “remover las armas de destrucción masiva supuestamente en poder de Hussein, poner fin a su supuesto apoyo a Al Qaeda y apartarlo del poder para liberar al pueblo iraquí”. Vale la pena recordar que en septiembre de 2001 se habían producido los atentados a las Torres Gemelas en Nueva York, Estados Unidos, y se los había adjudicado la organización Al Qaeda.

Tras los atentados del 11-S, Estados Unidos impone una nueva doctrina de seguridad basada en la prevención. El gobierno de George W. Bush defendía que Irak poseía armas de destrucción masiva y mantenía vínculos con el terrorismo internacional, lo que suponía un riesgo inminente. Sin embargo, la guerra se presentó como una acción necesaria para evitar un peligro mayor, aunque las pruebas nunca han sido concluyentes.

Sin el respaldo explícito de la ONU, la invasión generó una fuerte contestación internacional. Millones de personas salieron a las calles en todo el mundo, protagonizando una de las mayores movilizaciones globales contra una guerra. Gobiernos, organismos internacionales y amplios sectores de la opinión pública cuestionaron tanto la legalidad como la legitimidad del conflicto.

Invasión de Irak y el Fin de un Régimen

El avance militar hasta Bagdad, la capital, se desarrolló sin encontrar obstáculos importantes por parte del ejército iraquí. Los primeros bombardeos, que afectaron la logística militar iraquí, también tuvieron como objetivo infraestructuras y posibles ubicaciones de Saddam y sus principales colaboradores, entre ellos sus hijos Qusay y Uday Hussein.

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Durante las semanas iniciales de la invasión, Hussein mantuvo una imagen omnipresente en la televisión nacional iraquí. En sus intervenciones, manifestaba confianza en su entorno, en especial en la Guardia Republicana, el cuerpo de élite más leal al régimen.

El 9 de abril, los estadounidenses entran en Bagdad y, con apoyo de iraquíes, derriban la estatua de Sadam Husein. La imagen dio la vuelta al mundo: una estatua de Saddam Hussein derribada en el centro de Bagdad simbolizaba el fin de un régimen… y el inicio de una nueva era marcada por la incertidumbre.

El 1 de mayo, el presidente estadounidense George W. Bush declaró el fin de las principales operaciones de combate en Irak.

La Búsqueda y Captura de Sadam Husein

Capturar o eliminar a Saddam Hussein se convirtió en el eje sin resolver de la campaña militar durante varios meses posteriores al ingreso de las tropas aliadas. Luego de meses en la clandestinidad, el exmandatario fue hallado por soldados estadounidenses en las inmediaciones de la ciudad de Tikrit, oculto en un refugio subterráneo improvisado, después de una historia de huidas que desafió la inteligencia internacional y mantuvo en vilo al mundo.

Durante el tiempo que estuvo prófugo, Saddam utilizó métodos rudimentarios para huir: viajaba en automóviles prestados y evitaba ir acompañado de los habituales guardaespaldas que lo protegían en tiempos de mando. Se estima que el exdictador frecuentó hasta treinta escondites por todo el país, la mayoría limitados a una habitación y una cocina básica.

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La muerte de los hijos del dictador se produjo en julio de 2003, tras un enfrentamiento de seis horas en la ciudad de Mosul entre fuerzas especiales estadounidenses y los fugitivos. El fallecimiento de Qusay y Uday Hussein dejó claro que la administración Bush mantenía como prioridad la captura de Saddam, particularmente porque, pese al paso de los meses, las grandes reservas de armas químicas y biológicas esgrimidas como justificación del conflicto no habían sido halladas.

Finalmente, el 13 de diciembre de 2003, soldados estadounidenses localizaron a Hussein en una granja a las afueras de Tikrit. Fue encontrado en una rudimentaria celda subterránea, portando un arma corta y rodeado por escasas provisiones. El ex hombre fuerte de Irak no opuso resistencia y ningún militar resultó herido durante el operativo que fue llamado Amanecer rojo.

Pruebas genéticas realizadas posteriormente confirmaron sin lugar a dudas su identidad. La operación requirió una labor de inteligencia minuciosa, trabajo con informantes y un seguimiento sistemático de movimientos y lealtades tribales, sin los cuales resultaba impensable que se lograra encontrar el escondite final entre las ruinas y propiedades rurales familiares a Hussein.

La imagen de Hussein en el momento de la captura distó radicalmente de la que el público iraquí había visto durante décadas en lo más alto del poder: aparecía desaliñado y exhausto, lo que generó un profundo impacto entre quienes lo consideraban un símbolo de autoridad. Su arresto fue recibido con reacciones de asombro y alivio por buena parte de la población, aunque persistió el descontento en los sectores aún leales al régimen depuesto.

Interrogatorios, Juicio y Condena

Desde su captura hasta el inicio del juicio, pasó más de un año bajo custodia estadounidense, tiempo durante el cual fue sometido a extensos interrogatorios. Esos encuentros revelaron datos relevantes para el análisis tanto militar como político.

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En ellos, Saddam reconoció que, antes de la invasión de Estados Unidos, ya no contaba con armas de destrucción masiva ni con capacidad real para fabricarlas en el corto plazo. Además, señaló que las existencias destruidas por los inspectores internacionales en años previos habían sido las últimas disponibles en su arsenal. Tiempo después, Aznar reconoció su inexistencia, pero mantuvo que la decisión de intervenir fue correcta. No obstante, las armas de destrucción masiva, uno de los principales argumentos para la guerra, no fueron encontradas.

Respecto a los vínculos con grupos extremistas islámicos, el excaudillo negó toda relación, contacto o coordinación con Al Qaeda y su líder Osama Bin Laden, tildando a este último de fanático religioso.

El agente del FBI George Piro, principal responsable de los interrogatorios, recordó que Hussein justificó el uso de armas químicas contra la población kurda en 1988 con la frase: “fue necesario”.

El proceso judicial contra Saddam comenzó en junio de 2005, una vez transferida la custodia al naciente sistema judicial iraquí, y funcionó como uno de los mayores desafíos para la joven institucionalidad del país en aquella etapa de transición. En el juicio salieron a la luz por testimonios sobre represión política, uso sistemático de la tortura y otras violaciones de derechos humanos realizadas a lo largo de su gobierno.

El 05 de noviembre de 2006, tras dos años de juicio, Husein fue condenado, junto con otros dos acusados, a morir en la horca por el Alto Tribunal Penal iraquí, que lo encontró culpable de haber cometido un crimen contra la Humanidad, por la ejecución de 148 chiíes de la aldea de Duyail en el año 1982.

También se le atribuye su responsabilidad el ataque químico a Halabya en el año 1988, el aplastamiento de la rebelión chií y las fosas comunes en el año 1991, la guerra contra Irán entre los años 1980 y 1988 y la invasión de Kuwait en el año 1990.

El liderazgo de Saddam Hussein finalizó formalmente en noviembre de 2006 cuando, ante el Tribunal Supremo iraquí, fue hallado culpable de crímenes de lesa humanidad. Aunque manifestó preferencia por la pena de muerte mediante fusilamiento, la sentencia dictada estipuló que sería ahorcado.

En los dos años de juicio, Husein se mostró desafiante al Tribunal iraquí y en el momento de la sentencia varios colaboradores del ex dictador Iraquí insultaron al Tribunal y Husein pronunció las siguientes palabras: ¡Larga vida a Irak, larga vida a los iraquíes! ¡Allah es el más grande que el ocupante!

La Ejecución de Sadam Husein

El 28 de diciembre del año 2006, el Alto Tribunal Penal iraquí confirmó la orden de ejecución de Saddam para el 02 de enero del año 2007. Los altos funcionarios iraquíes se apresuraron a tomar la decisión de su muerte antes de la llegada del año 2007.

Saddam Husein fue ejecutado el 30 de diciembre del año 2006. Fue ahorcado a las 6:00 de la mañana, hora local de Irak, por los cargos de crímenes contra la humanidad. Una ejecución en la horca grabada en video y rodeada de truculencia puso término el penúltimo día de 2006 a los 69 años de vida de Saddam Hussein.

El capítulo final de Hussein se cerró con su ejecución ocurrida el 30 de diciembre de 2006 en el centro de detención que se llamó Camp Justice y fue instalado en el distrito de Kadhimiya en Bagdad, la capital iraquí.

El Irak Post-Sadam: Un País en Transición y Conflicto

La reacción de la sociedad iraquí, así como la de la comunidad internacional, osciló entre la sorpresa, la celebración y la cautela. El impacto inmediato de la detención mitigó ciertas tensiones internas, aunque no puso fin a la violencia o al levantamiento guerrillero que persistieron por años subsecuentes. Varios informes contemporáneos indican que, a pesar de la caída del líder, la situación de seguridad en Irak seguía siendo precaria.

A principios de 2005, los iraquíes votaron para elegir a los miembros de la Asamblea Constituyente y de los consejos provinciales. Los sunitas boicotearon los comicios. En abril, el kurdo Jalal Talabani fue elegido presidente por el Parlamento y el chiita Ibrahim al Jaafari fue nombrado primer ministro.

El 22 de febrero de 2006, la destrucción parcial de un mausoleo chiita en el norte de Bagdad desató una guerra sectaria entre sunitas y chiitas que provocó decenas de miles de muertos en dos años. De 2003 a 2011, murieron más de 100.000 civiles, según la organización Iraq Body Count.

Desde la caída de Saddam, el sistema político ha sido liderado por los chiíes con el partido “Al Dawa- el llamamiento” a la cabeza. Este partido estaba en la lista negra de los partidos terroristas más peligrosos del mundo en los años 70 y 80 por su responsabilidad en varios atentados en el país.

La llamada guerra civil iraquí tocó su pico en el año 2007, antes de que el gobierno estadounidense redoblara sus esfuerzos militares con el objetivo de pacificar las calles. Lo consiguió: desde entonces y hasta su retirada total en el año 2011, cuando el nuevo ejército iraquí se hizo cargo de la situación, su despliegue se redujo.

Irak se convirtió en un estado violento, donde el gobierno es ineficiente, corrupto y acusado de sectarismo. Pese a los intentos democratizadores y a la inclusión de minorías antes marginadas, Irak se convirtió en un estado caótico: los atentados son diarios, el recuento de víctimas altísimo, la inestabilidad la norma, y las tensiones entre los diversos grupos étnicos aumentan.

El régimen de Saddam Husein, era totalitario, panarabismo o nacionalismo árabe, no islamista. Saddam tenía muchos defectos, no obstante, tenía a los líderes religiosos radicales, tanto chiíes como suníes, sujetos y controlados. Sin embargo, el régimen que vino después, hasta ahora, es un sistema político radical islamista chií, totalitario nacionalista árabe, vinculado al régimen de los AyatAllah de Irán. Quién realmente gobierna y manda en Irak son los líderes religiosos islámicos, sobre todo los chiíes, los AyatAllah. Es decir, peor que el régimen laico baasista de Saddam Husein.

Saddam Husein era un dictador, asesino, tirano, loco, llámale lo que quieras, pero por lo menos en su época las minorías religiosas, entre ellos los cristianos tenían cierta libertad religiosa para practicar y celebrar sus fiestas cristianas. Es cierto, que Irak bajo el régimen de Saddam vivía una dictadura muy dura, no menos cierto, que el país era seguro y próspero.

Según los últimos informes oficiales, desde el año 2003 hasta hoy día, los radicales islámicos, tanto suníes como chiíes, en Irak han atacado, bombardeando y destruido 60 iglesias, asesinando a 7.000 cristianos entre ellos 25 sacerdotes y 5 Arzobispos, con 10.000 heridos y casi 1.000.000 de cristianos refugiados en distintos países. En Irak, hasta el año 2003 había 2.000.000 de cristianos, hoy día, no hay más de 200.000.

Asociar la situación actual de Irak con el intento de “Estado fallido” siempre ha sido una constante, pero la negación de la realidad ha anulado el sentido crítico.

El 3 de enero de 2020, el poderoso general iraní Qasem Soleimani, artífice de la estrategia iraní en Oriente Medio, y el iraquí Abu Mehdi al Muhandis, el número dos del Hashd, mueren en un ataque estadounidense en Bagdad.

En octubre de 2019, se inició una movilización contra la corrupción, el desempleo y el deterioro de los servicios públicos. Oficialmente, la represión causó cerca de 600 muertos y 30.000 heridos.

Con la ayuda de una coalición internacional dirigida por Washington, las fuerzas iraquíes lanzaron una contraofensiva.

Cambios Socioeconómicos en el Irak Post-Sadam (Informe UNICEF 2015)

Un informe de UNICEF en el año 2015 resume la realidad en el país, antes de la caída del régimen de Saddam Husein y después, actualmente:

Indicador Antes de la caída (hasta 2003) Después de la caída (2015/Actual)
Estado de Bagdad Ciudad próspera Ciudad más peligrosa del mundo
Valor del dinar iraquí 1 dinar = 3 $ (hasta el año 2000) 2000 dinares = 1 $
Acceso a agua potable 90% No llega a 30%
Esperanza de vida 66 años 55 años
Pobreza No especificado Más del 50% de la población, 4,5 millones en extrema pobreza
Cortes diarios de luz No especificado 50% de hogares sin luz en Bagdad; hasta 90% en otras provincias
Analfabetismo 5% 55%
Derechos de la mujer Libertad de estudiar y trabajar Obligada a llevar el velo y sujeta totalmente al hombre

Han pasado 20 años desde que Estados Unidos con Bush hijo a la cabeza, remodeló a su gusto Irak, pero el molde democrático en el que se ha forzado al país ha demostrado ser incompatible con el comportamiento de las élites rebeldes de Bagdad.

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