Calculadora de Inflación a Futuro en España: Predicciones Impactantes y Cómo Afectarán Tu Economíapost-template-default single single-post postid-46 single-format-standard et_pb_button_helper_class et_fixed_nav et_show_nav et_secondary_nav_enabled et_primary_nav_dropdown_animation_fade et_secondary_nav_dropdown_animation_fade et_header_style_left et_pb_footer_columns4 et_cover_background et_pb_gutter et_pb_gutters3 et_right_sidebar et_divi_theme et-db
771 715 4434

Las expectativas sobre las variables macroeconómicas tienen un papel esencial en la teoría económica y en la formulación de políticas públicas. En particular, las expectativas de inflación de los agentes económicos son clave para la toma de decisiones de consumo e inversión. Adicionalmente, son muy importantes para el diseño y la implementación de la política monetaria.

De hecho, los bancos centrales le dan cada vez más importancia al canal de las expectativas como uno de los principales mecanismos de transmisión de dicha política. Aunque éstos buscan influir sobre aquéllas, no hay un consenso establecido en la literatura empírica sobre cómo se forman o qué peso pueden tener diferentes categorías de precios sobre las expectativas de inflación de los hogares.

En teoría, las expectativas de inflación afectan las decisiones de los hogares mediante la tasa de interés real percibida. Ésta depende no sólo de las tasas de interés nominales que enfrentan los agentes, sino también de las expectativas de inflación futura.

Si todos los agentes tuvieran la misma información y la procesaran de la misma forma, la expectativa de inflación debería converger a un número particular. Sin embargo, los agentes económicos pueden sufrir de inatención, tener límites en su capacidad de procesamiento de la información (por ejemplo, fatiga para procesar o conseguir información), inercia en enfocarse en ciertos productos, entre otros.

Por estos sesgos, la mayoría de los bancos centrales limita la medición de expectativas de inflación sólo a especialistas del sector financiero. En el Banco de México, por ejemplo, se obtiene una medición mensual de estas expectativas a partir de la Encuesta sobre las Expectativas de los Especialistas en Economía del Sector Privado.

Lea también: Guía para la deducción del ISR

Sin embargo, por la importancia de esta variable, algunos bancos centrales o agencias estadísticas también miden las expectativas de inflación al preguntar directamente en hogares o empresas. Por ejemplo, en economías avanzadas las encuestas dirigidas a los consumidores han alcanzado un alto nivel de calidad y disponibilidad, como la Encuesta de Consumidores de la Universidad de Michigan y la Encuesta de Expectativas de los Consumidores en los Estados Unidos; la Encuesta sobre Actitudes hacia la Inflación y el Barómetro de Confianza del Consumidor en el Reino Unido; la Encuesta Canadiense de Expectativas del Consumidor en Canadá; la Encuesta de Expectativas del Consumidor del Banco de Alemania, y el Estudio de Consumidores en España.

Debido a los sesgos comentados, los resultados de investigaciones previas muestran que las expectativas de los consumidores se desvían sistemáticamente (normalmente por encima) de las de los expertos, y que, además, se caracterizan por una mayor heterogeneidad que las de éstos.

A pesar de esos resultados, tales encuestas son importantes por diferentes motivos. Primero, el comportamiento de los consumidores tiene un papel fundamental en la determinación de la inflación. Segundo, los bancos centrales requieren entender cómo se forman las expectativas de inflación para que la política monetaria tenga un impacto más efectivo.

El presente trabajo tiene tres objetivos distintos. El primero es desarrollar una encuesta de expectativas de inflación para consumidores en México con las encuestas existentes empleadas para otros países como base. El segundo objetivo de este trabajo consiste en analizar si las expectativas de inflación son afectadas por información contextual de la inflación mediante una intervención controlada y aleatorizada. El tercer objetivo es analizar qué categorías de productos afectan más tales expectativas.

Nuestros resultados son relevantes, pero deben interpretarse con cautela. La encuesta que implementamos no tiene una representatividad nacional, por lo que los resultados no pueden generalizarse a toda la población. Sin embargo, son significativos, pues son consistentes con los reportados en la literatura, lo que resalta la importancia de incluir una pregunta de estimación numérica en una encuesta con mayor alcance y representatividad de la población, como la Encuesta Nacional sobre Confianza del Consumidor del INEGI.

Lea también: Calculadora de Impuestos: Todo lo que necesitas saber

I. Encuestas y Expectativas de Inflación

En las últimas décadas, el uso de encuestas para medir las expectativas sobre diferentes variables económicas se ha vuelto una herramienta importante tanto para investigadores como para quienes hacen la política. En particular, las encuestas sobre expectativas de inflación muestran que es importante hacer una distinción entre las respuestas de expertos y las del público en general.

Las de los consumidores tienden a sobreestimar la inflación y muestran una mayor dispersión que las estimaciones de los expertos. Para México, el único estudio previo que analiza las expectativas de los consumidores es el de Murillo Garza y Sánchez-Romeu (2014). Los autores usan la Encuesta Nacional sobre Confianza del Consumidor realizada por el INEGI y explotan una pregunta de carácter cualitativo sobre las expectativas de inflación (la cual plantea si la inflación aumentará, quedará igual o disminuirá).

En general, las expectativas de los expertos siguen de cerca otras variables macroeconómicas y responden relativamente rápido a los choques de política, mientras que las de los hogares no parecen seguir estos mismos patrones. La literatura ofrece dos posibles explicaciones no excluyentes para esta diferencia.

La primera, conocida como hipótesis de inatención racional, argumenta que las personas sólo incorporan una parte de la información disponible sobre la inflación, ya que adquirir esos datos es costoso (en relación con las ganancias potenciales de obtener y emplear tal información). Esta explicación parece ser adecuada en países que históricamente han experimentado bajas tasas de inflación durante largos periodos, donde el costo de no seguir de cerca la información disponible sobre la inflación es pequeño.

Diversos investigadores han evaluado cuál de estas hipótesis podría ser más relevante. Cavallo et al. (2017) buscan arrojar luz sobre esta discusión: primero, al poner a prueba la hipótesis de inatención racional mediante una encuesta en un contexto de baja inflación (los Estados Unidos) y uno de alta inflación (Argentina); segundo, al comparar cómo los individuos incorporaron dos tipos de información sobre la inflación -estadísticas de inflación y precios históricos de algunos productos de supermercado seleccionados al azar-.

Lea también: Simplifica tus impuestos con la calculadora de IVA

El primer resultado importante es que los individuos en el contexto de baja inflación asignaban un menor peso a sus creencias iniciales sobre la tasa de inflación en comparación con los encuestados en el contexto donde era alta, lo que coincide con la hipótesis de inatención racional.

Consistente con este último resultado, D’Acunto, Malmendier, Ospina y Weber (2021a) analizan una muestra de consumidores en la que tienen acceso no sólo al gasto sino también a la cantidad y los precios de los productos. En contraste con la estructura del Índice Nacional de Precios al Consumidor, donde la inflación es un promedio ponderado del aumento de precios de los bienes y la ponderación está dada por la proporción de gasto en tales bienes, los consumidores parecen darles más importancia a los productos que compran y aumentan de precio, especialmente aquellos en que éste cambia más frecuentemente.

Con un resultado similar, Malmendier y Nagel (2016) encuentran que las personas forman sus expectativas de inflación de acuerdo con su experiencia de vida y, por lo tanto, dependen del contexto.

Otras investigaciones han realizado intervenciones controladas y aleatorizadas para medir qué tanto las expectativas de inflación son sensibles a la información provista. Armantier et al. (2016) realizan un experimento mediante una encuesta en línea -The Survey of Consumer Expectations, de la FRBNY (2021)-. Hay dos grupos de intervención más un grupo de control: se informa sobre la inflación promedio de los precios de los alimentos en los 12 meses anteriores o la mediana del pronóstico de economistas profesionales sobre la inflación de los siguientes 12 meses.

Galashin et al. (2020)) utilizan un experimento de campo en el que combinan, de manera novedosa, información de una encuesta telefónica con datos administrativos detallados sobre las transacciones y los saldos de las tarjetas de crédito de los usuarios de un banco comercial en Malasia. La encuesta se realiza para medir las expectativas de los consumidores sobre la inflación y la depreciación cambiaria futuras.

Durante ésta se proporciona información sobre el pronóstico de expertos respecto de la inflación, la depreciación del tipo de cambio o ambas, de forma que genere una variación exógena en estas expectativas. Los participantes sí cambiaron sus expectativas de inflación y de depreciación al recibir la información adicional.

La teoría tradicional indicaría que mayores expectativas de inflación (al mantener constante la tasa de interés) conducirían a más endeudamiento, y que mayores expectativas de depreciación fomentarían más gasto en bienes importados.

Finalmente, Coibion, Gorodnichenko y Weber (2021b) realizan un experimento aleatorizado en hogares de los Estados Unidos, con el fin de analizar cómo la información sobre las condiciones fiscales afecta sus expectativas económicas. La intervención consistió en informar sobre el déficit fiscal, así como de los niveles de deuda actuales y futuros.

El estudio arroja dos resultados importantes: la información reciente (el tamaño del déficit en 2018 o el de la deuda del gobierno) no tiene ningún efecto sobre las expectativas de inflación de los hogares ni afecta sus expectativas sobre las perspectivas fiscales, mientras que información sobre los resultados futuros esperados (el aumento proyectado de la deuda pública para 2028 o el nivel esperado de deuda pública futura) aumenta las expectativas del nivel de deuda futura y las expectativas de inflación, tanto en el corto plazo como en la próxima década.

Esta naciente bibliografía encuentra que hay información que sí toma en cuenta a las personas y otra que no. Los resultados de Coibion et al. (2021b) sugieren que las variables exógenas, en este caso el tipo de información proporcionada, pueden tanto dejar las expectativas intactas (información reciente) como modificar las expectativas de corto y largo plazos (información sobre resultados esperados).

II. Resumen de Encuestas sobre Expectativas de Inflación

El Cuadro 1 muestra un resumen de algunas de las encuestas sobre expectativas de inflación en hogares que se utilizan en varios países. Murillo Garza y Sánchez-Romeu (2014) realizan una comparación similar e incluyen otros países como Japón, Indonesia, la India y Polonia, entre otros. Finalmente, la Encuesta Nacional sobre Confianza del Consumidor que se lleva a cabo en México incluye una pregunta sobre expectativas de inflación: “Comparando con los 12 meses anteriores, ¿cómo cree usted que se comporten los precios en los siguientes 12 meses?”.

La respuesta es cualitativa de si van a disminuir o aumentar (mucho o poco), o bien permanecerán iguales. Las columnas de la tabla describen las características básicas de cada encuesta. La columna Redacción se refiere a la manera en la que están formuladas las preguntas de la encuesta sobre las expectativas de inflación: “inflación” quiere decir que la encuesta pregunta específicamente sobre la tasa de inflación en el país, “general” implica que pregunta sobre los precios en general (es decir, sin hacer uso de la palabra “inflación”). La mayoría de las encuestas usa una pregunta sobre precios en general.

El Banco de México define la inflación cómo “el aumento sostenido y generalizado de los precios de los bienes y servicios de una economía a lo largo del tiempo”. Esta definición establece que cuando el aumento se aplica a un solo producto, o es un ajuste único al precio, no se considera inflación.

En México, la entidad encargada de analizarla es el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), que mediante el Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC) mide la variación de los precios de una serie de productos y servicios que representan lo que se consume en un hogar típico en el país. El último dato mensual emitido por el INEGI establece que la inflación a junio se ubicó en el 7.9%. En términos simples esto significa que comprar un producto en el que su valor era de 100 pesos, hoy costaría 107.9 pesos.

Esta misma perspectiva aplicada al ahorro implicaría que el ahorro que se tenía de 100 pesos, hoy debería ser capaz de comprar un producto a un valor de 107.9 pesos.

Tomando como punto de partida que no existe un producto que garantice un rendimiento igual o superior a la inflación sin riesgo alguno, en la banca existen productos que permiten obtener rendimientos garantizados. Otros, como los fondos de deuda, ofrecen mayores rendimientos con un riesgo muy bajo.

Alternativas de Inversión

  • Fondos de inversión de deuda: A diferencia de un Cete o un Bonde, estos fondos diversifican su cartera y se componen de diferentes instrumentos de deuda de gobierno, su riesgo es bajo y pueden ser muy líquidos ya que pueden ofrecer disponibilidad inmediata o de unos cuantos días.
  • Fondos de renta variable: Compuestos generalmente por acciones de compañías nacionales o internacionales. El riesgo se determina de acuerdo con las compañías en las que invierte y normalmente es de moderado a alto, al igual que la expectativa de rendimientos. Para invertir en estos fondos se debe tener un claro conocimiento de la operativa de los mismos ya que puede presentarse una minusvalía o una fuerte pérdida de capital.
  • Instrumentos de deuda del gobierno: Los Certificados de la Tesorería de la Federación (Cetes), Bonos de Desarrollo (Bondes) o los Bonos de Desarrollo del Gobierno Federal denominados en Unidades de Inversión (Udibonos), son algunos mecanismos que el gobierno federal utiliza para recaudar fondos en un plazo determinado y que generan rendimientos a quienes invierten en ellos.

Estas son algunas alternativas que ofrecen las instituciones financieras para invertir los recursos ahorrados y no mantener el dinero ocioso, ya que de mantenerlo “sin trabajar” con el tiempo pierde su poder adquisitivo. Poner el dinero debajo del colchón no es la manera de proteger los ahorros de la inflación.

Básicamente consisten en reunir dinero de varias personas que quieren invertir y ponerlo a trabajar en diferentes instrumentos financieros. Es importante mencionar que no se debe de iniciar una inversión si no se tiene un ahorro previo, y tampoco es buena idea invertir el total de los recursos o “poner todos los huevos en una sola canasta” como se suele decir. Para invertir tampoco es indispensable ser experto, economista o millonario.

tags: #calculadora #de #inflacion #a #futuro #España