Descubre Cómo México Evolucionó del Caudillismo al Presidencialismo y Transformó su Historia Políticapost-template-default single single-post postid-46 single-format-standard et_pb_button_helper_class et_fixed_nav et_show_nav et_secondary_nav_enabled et_primary_nav_dropdown_animation_fade et_secondary_nav_dropdown_animation_fade et_header_style_left et_pb_footer_columns4 et_cover_background et_pb_gutter et_pb_gutters3 et_right_sidebar et_divi_theme et-db
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Durante finales del siglo XIX y principios del siglo XX en México prevaleció el caudillismo, fenómeno político y social conocido por la existencia de un líder (caudillo), quien era el gobernante de la nación y ejercía poder absoluto a través de su liderazgo y popularidad; esto lo lograba ganándose la confianza del pueblo y de quienes tenían cierto poder económico. La figura de los caudillos puebla la historia, la leyenda y el imaginario político latinoamericano. El siglo XIX es pródigo en este tipo de dirigentes.

El Caudillismo en la Historia de México

Antonio López de Santa Anna, quien sacudió la vida política del país, es considerado el segundo caudillo en la historia política de México. Algunos han sido dictadores a secas, como Santa Anna. El tercer caudillo nacional fue Porfirio Díaz, destacado militar que defendió al país en la segunda intervención francesa. Tomó las armas en contra de Benito Juárez. Díaz fue un dictador sui generis porque se presentaba a elecciones y las ganaba -o eso se decía- legitimando de esa manera su poder.

Definición y Características del Caudillo

El origen de la palabra caudillo viene del diminutivo latino caput, que significa "cabeza", "cabecilla". Aunque no existe una definición actual única e incontrovertible, tanto en términos académicos como populares el término evoca al hombre fuerte de la política, el más eminente de todos, situado por encima de las instituciones de la democracia formal cuando ellas son apenas embrionarias, raquíticas o en plena decadencia. Cuando nos referimos al caudillo, señalamos a quienes ejercen un liderazgo especial por sus condiciones personales; que surge cuando la sociedad deja de tener confianza en las instituciones. Pesa más que sus propios partidos, tanto que a veces los aplastan.

De acuerdo con K. H. Silvert, en Iberoamérica, el término caudillismo alude generalmente a cualquier régimen personalista y cuasimilitar, cuyos mecanismos partidistas, procedimientos administrativos y funciones legislativas están sometidos al control inmediato y directo de un líder carismático y a su cohorte de funcionarios mediadores. Debe su aparición al colapso de una autoridad central, capaz de permitir a fuerzas ajenas o rebeldes al Estado apoderarse de todo el aparato político. En consecuencia, es producto de la desarticulación de la sociedad; efecto de un grave quebranto institucional. Los caudillos no han sido necesariamente gente con arreos ideológicos o grandes proyectos de cambio social; su temeridad guerrera, sus habilidades organizativas, sus limitados escrúpulos, su capacidad para tomar decisiones drásticas, los convierten en los hombres del momento.

El Carisma como Fundamento del Poder

Entre los atributos comunes al caudillo antiguo y moderno está su cualidad carismática. Para Max Weber, carisma es "la insólita cualidad de una persona que muestra un poder sobrenatural, sobrehumano o al menos desacostumbrado, de modo que aparece como un ser providencial, ejemplar o fuera de lo común, por cuya razón agrupa a su alrededor discípulos o partidarios." La atracción de los prosélitos es crucial, "y esencialmente el carisma del gran personaje no se define tanto por lo que dijera o hiciera, sino por la adhesión suprarracional de sus respectivos seguidores". La dominación carismática, o del que tiene carisma -ya sea héroe militar, revolucionario, demagogo o dictador- significa la sumisión de los hombres a su jefe. El sustento del carisma es emocional, puesto que se fundamenta en la confianza, en la fe, y en la ausencia de control y crítica. Fuera de él, está el caos.

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El carismático, por su parte, cree, dice creer, y hace creer que está llamado a realizar una misión de orden superior y su presencia es indispensable. Su tipo de dominación se opone a la dominación legal y a la tradicional, porque éstas significan límites debido a la necesidad de respetar la ley o la costumbre, y tener en cuenta los órganos instituidos del control social. Weber advierte que la dominación carismática no se encuentra en estado puro en la realidad, ya que no está desprovista del todo de legalidad, y la tradición comporta ciertos aspectos carismáticos o incluso burocráticos. Al desaparecer el jefe, se entra a una crisis de la que no se puede salir, porque su carisma ni se hereda ni deja efectos más allá de la vida del jefe.

Legitimidad y Poder del Caudillo

Los caudillos lograron organizar y ponerse a la cabeza de cuerpos militares triunfantes, y en su momento gozaron de una apreciable legitimidad, antes de que su sino político se eclipsara. Y finalmente, el acceso al poder los convirtió en dictadores, marcando la parte final del ciclo. Una de las dimensiones más críticas de cualquier cultura política involucra la noción de legitimidad política, esto es, la serie de creencias que conducen a la gente a considerar la distribución del poder político como justa y apropiada para su propia sociedad. La legitimidad política se funda sobre tres elementos: la tradición, la legalidad racional y el carisma. El caudillismo es un intento, basado en el carisma, para mantener a las fuerzas políticas bajo control promoviendo la devoción de la persona al líder. El caudillismo puede crear legitimidad, mientras que el control militar no puede. La devoción y la lealtad hace innecesario el uso de la violencia.

La Revolución Mexicana y el Auge del Caudillismo

Con el derrumbe del Porfiriato, México se ajustó a este patrón, y fue en más de un sentido una réplica de lo ocurrido cuando, por efecto de las luchas intestinas posteriores a la Independencia, se acabó de dar al traste lo que quedaba de la estructura institucional heredada de la Colonia. A principios del siglo XX, fueron bandas armadas, acaudilladas por jefes nuevos o tradicionales y sin ninguna experiencia militar, las que ocuparon provisional o definitivamente los vacíos políticos existentes. Los Ejércitos revolucionarios difícilmente obedecían a un liderazgo central -llámese de Madero o de Carranza, o de cualquier otro- y más bien tendían a actuar con la mayor autonomía posible; situación que perduró hasta bien entrados los veintes. En 1910, Francisco I. Madero convocó a un levantamiento armado contra Porfirio Díaz tras su derrota en una elección fraudulenta. La Constitución de 1917, proclamada el 5 de febrero de 1917, describía la forma en la que debía instituirse el país: el presidencialismo.

Álvaro Obregón: El Último Gran Caudillo de la Revolución

Estos serían los tiempos de un antiguo pequeño propietario y comerciante agrícola -devenido en general triunfante- de nombre Álvaro Obregón, quien va a ostentar los rasgos más definidos del último caudillo mexicano. En el caso de México, la Revolución ofreció a Álvaro Obregón la posibilidad de convertirse en militar en ascenso y en político de altos vuelos. Su dominio se sustentaba parcialmente en una liga de caudillos menores y caciques subordinados, aunque de volátil lealtad. Su poder nacional aumentó por dos factores: el apoyo popular y su habilidad para hacer alianzas. El primero era resultado de sus logros bélicos y de su propia personalidad, enérgica y dada al humor al mismo tiempo, y la segunda de su capacidad para ofrecer un "proyecto compartido" a sus interlocutores y a pagos políticos. Obregón luchó del lado de Madero en contra de Porfirio Díaz.

Aunque Álvaro Obregón encabezó la rebelión contra Carranza, promovió que el Congreso nombrara a Adolfo de la Huerta, entonces gobernador de Sonora, como presidente sustituto encargado de pacificar el país y convocar a elecciones. Lo antecedió como presidente interinamente, Adolfo de la Huerta, el cual resultó ser un político de gran capacidad, su periodo duró poco y como uno de sus ejes organizó las elecciones donde fue electo el mismo Caudillo. Obregón asumió la presidencia el 1º de diciembre de 1920. En la presidencia, Álvaro Obregón tuvo una impresionante fuerza política, resultó ser el hombre necesario para mantener la estabilidad, otro hubiera sido incapaz de controlar la situación. Fortaleció el poder del Estado mediante la subordinación de las organizaciones populares y de los distintos grupos políticos. Durante su mandato entregó 1.2 millones de hectáreas en propiedad definitiva y otras 3.2 millones de manera provisional a 400 mil familias campesinas. Se puso énfasis en fomentar la integración nacional a través de promover la cultura y la historia nacional y vincularla, al mismo tiempo, a la cultura universal. Enfrentó la rebelión delahuertista, donde la mayor parte de la tropa se mantuvo leal a las instituciones por el carisma y la representatividad que tuvo el Caudillo dentro del ejército.

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La Era de Plutarco Elías Calles y la Promesa de Institucionalización

La decisión de Obregón de apoyar a Plutarco Elías Calles para que lo sucediera en la presidencia provocó el más serio desafío a su administración, con la insurrección de una parte importante del ejército, encabezada por Adolfo de la Huerta y varios de los principales generales sonorenses a finales de 1923. El costo de la rebelión fue terrible para el ejército, al perderse más de 7 mil vidas y morir en ella algunos de los prominentes generales revolucionarios. El 1° de diciembre de 1924 asumió la presidencia constitucional Plutarco Elías Calles, consolidándose el dominio de la dinastía sonorense. Calles estuvo en algunas batallas del periodo revolucionario, aunque nunca destacó en este campo, se mantuvo en el poder en buena medida por su capacidad para tratar los problemas políticos. Como Obregón, Calles llevó adelante su política con el apoyo de las organizaciones populares, particularmente la Confederación Regional Obrera Mexicana, CROM, cuyo líder Luis N. Morones, fue nombrado secretario de Industria, Comercio y Trabajo y se convirtió en el colaborador más poderoso y cercano a Calles.

El mayor problema interno lo constituyó la rebelión cristera. La suspensión de cultos provocó la insurrección del pueblo católico mexicano, particularmente en el Bajío y en la zona central del país. La respuesta del ejército federal fue brutal y, con una marcada superioridad logística y organizativa, masacró a los contingentes cristeros. El conflicto bélico no pudo ser resuelto; ninguno de los contrincantes logró derrotar al enemigo.

La decisión de Obregón de reelegirse y las presiones de sus numerosos seguidores, que lograron que el Congreso mexicano echara atrás el principio maderista de la no reelección, significó otra crisis política para el gobierno de Calles. Éste no estaba convencido de la reelección y permitió que Luis Morones encabezara la resistencia a ella. Obregón no tuvo problemas para ganar la elección formal y fue declarado presidente electo. Sin embargo, Álvaro Obregón fue asesinado cuando era presidente electo, lo que cambió al sistema político. El magnicidio abrió una nueva y más profunda crisis política.

El Maximato: El "Jefe Máximo" y los Presidentes Subordinados

Hacia el final de la presidencia de Calles, el obregonismo estuvo a punto de imponerse por segunda ocasión, lo cual hubiera significado seguir con la política del caudillismo. Sin embargo, el asesinato de Álvaro Obregón fue un evento crucial que cambió el sistema político. Por la debilidad institucional, la falta de un presidente fuerte provocó que un hombre como Calles lograra ser un factor de equilibrio en los posicionamientos del poder político. El Maximato tenía una figura principal que controlaba los hilos de la política mexicana de la época, Plutarco Elías Calles, gracias a su enorme influencia en la vida pública y política del país, a este periodo se le conoce como el Maximato, al considerar a Calles como el jefe máximo de la Revolución.

En su lugar quedó un personaje muy gris, Emilio Portes Gil como presidente interino, el cual fue controlado en cierta medida por Plutarco Elías Calles. También, el siguiente presidente, Pascual Ortiz Rubio estuvo bajo la sombra de Calles, quien en este momento ya era llamado “el jefe máximo de la Revolución” y llegó a provocar la renuncia del mismo presidente. La candidatura de Ortiz Rubio, la primera del PNR, enfrentó otro serio desafío: José Vasconcelos, el prestigiado intelectual-político, compitió también por la presidencia y realizó una campaña que tuvo mucho impacto entre las clases medias urbanas. Empero, no pudo vencer a la maquinaria oficial. Ortiz Rubio comenzó su mandato el 5 de febrero de 1930. El día de su toma de posesión sufrió un atentado del que salió vivo, pero lo retiró de la escena varios meses. Poco después, y ante unas diferencias entre ambos, Calles obligó a Ortiz Rubio a dimitir, al quitarle su apoyo en septiembre de 1932. Abelardo L. Rodríguez, siguiente en el cargo de forma provisional, mostró capacidad política, aunque no pudo evitar algunos de los controles del “jefe máximo”.

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Logros Gubernamentales Durante la Era Callista

En medio de tales conflictos políticos y de la escasez de fondos, la administración pública callista se vio seriamente limitada. Entre sus logros más notables estuvo la constitución del Banco de México, que logró cristalizar como banco central, emisor único de moneda, regulador del circulante, del tipo de cambio y de las tasas de interés; la creación del Banco de Crédito Agrícola; la modificación hacendaria que creó el Impuesto sobre la Renta como una de las fuentes principales de la recaudación; la continuación de la reforma agraria, que fue el doble de la que hizo Obregón; la construcción de obras carreteras, de irrigación y líneas férreas.

La Consolidación del Presidencialismo con Lázaro Cárdenas

De acuerdo con Calles, había llegado la hora de pasar del país de caudillos que era el México de entonces, a un país de instituciones, donde la discusión y la lucha política se diera de manera institucional. Tras algunas confrontaciones, Lázaro Cárdenas expulsó a Calles y, con esto, liquidó el maximato. Él era un caudillo, tenía una importante carrera militar y se había ganado el respeto de la población en algunas regiones. Sin embargo, llevó al sistema político un paso adelante, al dar fuerza a las instituciones y convertirse en un presidente leal a éstas.

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