Empezamos este humilde tributo al jefe despidiéndonos: ¡vengo a decirle adiós a los muchachos… y esos casi proféticos primeros versos desatan uno de los poderes de la música: como científico obstinado de HG Wells se activa la máquina del tiempo y nos transporta a los recovecos donde el recuerdo aguarda. Es allí donde se observa el impacto de la canción, con lágrimas que bajan al compás de la melodía: “vengo a decirle adiós a los muchachos, porque pronto me voy para la guerra”. Las despedidas son complicadas desde todo punto que se miren, y esta canción encapsula ese sentimiento de forma magistral.
Daniel Santos: La Voz del Inquieto Anacobero y el Contexto de "Despedida"
En 1941, cuando se hicieron famosas las despedidas tras estallar la Segunda Guerra Mundial, Daniel grabó el disco más popular de Don Pedro Flores, «Despedida». Este tema, cargado de un profundo sentir bélico, resuena con la canción que nos ocupa, anclándola en un período histórico de gran turbulencia y separación.
Primeros Años y el Nacimiento de una Leyenda
Uno de los más enigmáticos personajes de la música popular latinoamericana, Daniel Santos, «El Inquieto Anacobero», nació en Santurce bajo el signo de Acuario, el 5 de febrero de 1916. Hijo de Don Rosendo de los Santos, carpintero, y María Betancur, costurera, el niño Daniel pasó su infancia en un barrio de Santurce ubicado tras los antiguos talleres del ferrocarril, conocido precisamente como Trastalleres.
Pronto la familia se marchó a la ciudad de los rascacielos, donde Daniel tuvo que volver a primer grado ya que no sabía hablar inglés. A los 14 años abandonó el hogar debido a lo poco que ganaba su padre, se mudó a un cuartito por tres dólares semanales e inició su vida de Inquieto Anacobero.
El Descubrimiento de su Talento Musical
Un día, mientras se bañaba, comenzó a cantar las únicas dos canciones que sabía de memoria: una guaracha de Rafael Hernández y «Te quiero dijiste», de María Grever. Estaba en lo más profundo de su inspiración cuando sintió que le tocaban a la puerta. Terminó de bañarse y se reunió con el resto de los integrantes, quienes lo invitaron a participar en una actividad varios días después. Así se hizo profesional y cobró un dólar por interpretar las melodías varias veces. Luego le aumentaron a un peso y medio para cantar los sábados en el Borinquen Social Club de Nueva York.
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Una noche llegó al cabaret el maestro don Pedro Flores y lo escuchó interpretar varias melodías, entre ellas su bolero «Amor perdido». Al concluir, el compositor lo invitó a la mesa que compartía con otras personas y le indicó que le había gustado mucho la forma de interpretar. Entonces le pidió que fuera a Manhattan y ensayara con su grupo el Cuarteto Flores.
Grandes Éxitos con el Cuarteto Flores
Con el Cuarteto de Pedro Flores grabó muchas de las canciones que lo harían famoso, entre ellas:
- «Tú serás mía»
- «Irresistible»
- «Esperanza inútil»
- «Perdón»
- «Mayoral»
- «Venganza»
- «Amor»
- «Olga»
- «Yo no sé nada»
- «Hay que saber perder»
- «La número 100»
- «Bella mujer»
- «Margie»
- «Prisionero del mar»
- «El último adiós»
- «Borracho no vale»
- «Guaracha amorosa»
Más tarde habría de grabar una canción que se escucharía en todas las velloneras del continente americano: «Linda».
El Origen de "El Anacobero" y su Conciencia Política
Esa vida de Inquieto Anacobero que lo llevó a la cárcel en distintas ocasiones comenzó en Cuba a finales del 1946. Allí siempre iniciaba su programa con la canción «Anacobero» del pianista puertorriqueño Andrés Tallada. El locutor Luis Villarder siempre lo presentaba: «Con ustedes Daniel Santos y el tema ‘Anacobero». Cuando el locutor lo fue a anunciar se equivocó y dijo: «Con ustedes el Anacobero Daniel Santos». A partir de ese día se convirtió en «El Anacobero», que en lengua ñáñigo quiere decir diablillo.
Para esa época comienza a cobrar conciencia nacionalista y se identifica con el pensamiento del Maestro Don Pedro Albizu Campos, ideales que le trajeron problemas con el FBI y el Departamento de Estado norteamericano cada vez que viajaba. Más tarde, recordando las atrocidades de la guerra, grabó varios discos con canciones de protesta contra ese mismo ejército que utiliza las playas de su patria para ejercicios militares.
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Vida en Cuba y Trayectoria Posterior
Estuvo viajando entre Cuba y Nueva York durante unos 15 años, hasta que escuchó decir que Fidel estaba recogiendo los niños para adiestrarlos en la milicia, y se marchó de Cuba sin boleto de regreso. Durante esos años le ocurrieron cosas que inspiraron muchas de sus 400 composiciones, entre ellas, «El columpio de la vida», «Patricia», «Amnistía», «El preso», «El que canta» y «Bello mar».
Daniel empezó con la Sonora Matancera cuando Manolo Fernández lo contrató para trabajar en Radio Progreso, poco después de una crisis económica que lo hizo buscar refugio en las playas de Santa Fe. Antes había actuado en la Cadena Radial Suaritos, donde ganaba mil dólares al mes y alternaba con Toña la Negra y otros artistas de fama internacional.
La Melancolía Perenne de Daniel Santos
Y como en un ritual de tristezas de domingo por la tarde, mi tío y sus discos de Daniel Santos se convirtieron en una imagen recurrente de mi niñez, una pintura luctuosa que el paso del tiempo aclararía. Tienen que pasar cicatrices, crecer, creer amar, creer vivir, tropezarse y decepcionarse para entender el sentido de aquella antigua melancolía de mi tío.
Es así como canciones que creemos distantes en realidad están dentro de nosotros. Mi primer acercamiento con la señora melancolía fue con Daniel Santos, melancolía que era ajena porque nacía en la profundidad oscura del alma, de los recuerdos maternales de mi tío: “solo me parte el alma y me condena que deje tan solita a mi mamá”… melancolía que resucitaba cada vez que pasaba por cualquier tentadora cantina y en el fondo, como acelerando la máquina del tiempo, Don Daniel Santos ejercía su sonoro influjo.
El Apelativo "El Jefe" y su Estilo Inconfundible
Una leyenda dice que el apelativo del jefe se lo dieron aquí en Colombia, cuando en los años 60 recorría junto con otro inolvidable, Orlando Contreras, los bares y cantinas del centro de Medellín, donde los clientes entre aplausos los proclamaron como los jefes. En los años 70 Daniel Santos grabaría un disco de antología con Orlando Contreras.
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Esa forma tan suya de cantar de forma marcada, casi saltada, se convertiría en su marca de fábrica, estilo de cantar que fue imitado por muchos. Algunas curiosidades incluyen una canción a dúo con uno de sus herederos: Héctor Lavoe, canción que une dos generaciones, un duelo de maestros. Otro diamante encontrado fue algunas canciones del álbum que grabó en Perú con su gran amigo, compañero de bohemia y copas de la hermana república de Ecuador, otro ineludible, el ruiseñor de América, Julio Jaramillo, el álbum a dúo, con el descriptivo título de: en la cantina.
El Legado de un Artista Rebelde
Además de distinguirse como cantante y compositor, Daniel Santos se dio a conocer por la vida desordenada que siempre vivió, entre licores, mujeres y reyertas callejeras que lo hicieron cumplir tiempo en distintas cárceles de Latinoamérica, entre ellas en Cuba, Ecuador y República Dominicana. Su figura inspiró a varios escritores, entre ellos al colombiano Gabriel García Márquez, quien lo menciona en su obra «Relato de un náufrago» y en varios artículos y reportajes periodísticos.
Daniel Santos tuvo doce hijos y vivió sus últimos años en Ocala, Florida, junto a su duodécima esposa, Ana Rivera, donde murió el 27 de noviembre de 1992, víctima de un ataque cardíaco.
