En 1999 el brutal asesinato de Rocío Wanninkhof conmocionó a la sociedad española. La joven, de 19 años, desapareció en Mijas (Málaga) un 9 de octubre de hace hoy justo 25 años. Casi un mes después, su cuerpo sin vida apareció desnudo, envuelto en bolsas de plástico y con nueve puñaladas.
El caso rápidamente se convirtió en un asunto mediático y, al ser detenida una amiga de la familia, Dolores Vázquez, España estalló en cólera. Vázquez fue víctima de una mala investigación y de los prejuicios de la época: era lesbiana, había tenido una relación con la madre de Rocío, tenía un aspecto antipático y, pese a que había pocas pruebas, la señalaron como la única responsable.
La construcción de una falsa culpable
Cuando en septiembre del año 2000 fue detenida la expareja de su madre, Dolores Vázquez, los medios de comunicación encontraron a su particular culpable. Diarios, radios y canales de televisión se posicionaron claramente en contra de Vázquez pasando por alto la presunción de inocencia y alimentando el discurso de odio público hacia la acusada, compartido también por la familia de Wanninkhof.
Un juicio sin pruebas incriminatorias
El 3 de septiembre de 2001 comenzó en la Audiencia de Málaga el juicio contra Dolores Vázquez por el asesinato de Rocío Wanninkhof. A lo largo de 16 días, el ministerio fiscal no aportó ninguna prueba incriminatoria, tan solo indicios y testimonios sobre el posible rencor de Dolores hacia Rocío por ser la culpable de su ruptura con Alicia Hornos, la madre de la joven.
Se presentaron diversos informes que exoneraban a la acusada:
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- Huellas dactilares: El cotejo entre las huellas de Dolores y las encontradas en la cinta adhesiva de la bolsa fue negativo.
- Pruebas de criminalística: Se descartó que las fibras encontradas en el cadáver coincidieran con las prendas de la sospechosa.
- Coartada: Las facturas de Telefónica confirmaron que se realizaron varias llamadas desde su domicilio a la hora del crimen.
Sin embargo, el jurado popular se limitó a repetir en el veredicto la tesis del ministerio fiscal y declaró a Dolores Vázquez culpable del asesinato de Rocío Wanninkhof. Ese fue tan solo el comienzo de un linchamiento público que le llevó a pasar 17 meses de cárcel pese a no existir pruebas concluyentes en su contra.
La aparición del verdadero asesino
En 2003, el asesinato de Sonia Carabantes propició la aparición de un nuevo sospechoso: Tony Alexander King. Un agresor sexual cuyo ADN estaba presente en un cigarrillo encontrado junto al cuerpo de Wanninkhof y bajo las uñas de Carabantes. El británico fue detenido, enjuiciado y condenado a 19 años de prisión por la muerte de Wanninkhof, 36 años por el asesinato de Carabantes y 7 años más por el intento de violación en 2001 de una joven en Benalmádena.
Debido al tiempo que estuvo privada de libertad -519 días-, Dolores Vázquez reclamó cuatro millones de euros por responsabilidad patrimonial del Estado, una petición que fue desestimada en primera instancia por el Ministerio de Justicia. A día de hoy, 25 años después, Vázquez continúa sin haber sido indemnizada.
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