La fiscalidad colonial tuvo muchas expresiones. En tiempos prehispánicos había sistemas de tributos o impuestos porque existían autoridades legítimas y organizaciones estatales y de gobierno. Sin embargo, la llegada de los españoles transformó estas estructuras, generando una realidad compleja difícil de resumir en pocas páginas. El Códice Osuna, un manuscrito donde la imagen es la protagonista, es un instrumento más de cognición de este códice mesoamericano, ofreciendo una visión única de la relación tributaria entre las autoridades coloniales y las comunidades indígenas.
Al decir “tributo en Nueva España” lo primero que viene a la mente es el denominado tributo real que pagaban los habitantes de los pueblos de indios. La más gravosa de las cargas impuestas a los indios se pagaba con trabajo, sin contar con que, además, producir y presentar un tributo en especie implicaba trabajo, y no menos el ganar lo necesario para pagarlo en dinero. En su forma final, en el siglo XVIII, montaba un peso y media fanega de maíz al año.
Pero esta descripción sencilla no deja ver una realidad compleja. Además, los mismos tributarios que sufrían esa carga enfrentaban otras más que no se llamaban “tributo” pero en esencia lo eran, y, por otra parte, los que formalmente no eran “tributarios” -incluidos los españoles- también tenían que tributar. Es decir, casi todos pagaban impuestos de algún tipo. Los tributos o impuestos se acomodan a infinidad de formas. Pueden calcularse conforme al ingreso o gasto de una persona, imponerse a cada una como capitación a tasa fija, o cargarse sobre determinada actividad. Se pueden cobrar cada vez que se hace una operación o sólo una vez al año y, según el caso, mediante pago en dinero, trabajo o especie. Incluso, aunque parezca sorprendente, los hay voluntarios, que es el caso cuando el que los paga siente que está haciendo una ofrenda.
El Contexto de la Visita de Valderrama y la Creación del Códice Osuna
La gestación del Códice Osuna está intrínsecamente ligada a la visita del licenciado Jerónimo de Valderrama. Valderrama llegó a la ciudad de México en calidad de visitador de las Indias. Su misión, ordenada por la Majestad, implicó una revisión exhaustiva de la Audiencia de México, generando las pesquisas que se produjeron y una perplejidad ante la gran actividad jurídica que se desplegó. Esta visita no se realizaba desde hacía muchos años y lo que era entonces el reino, lo era de este tiempo acá.
La documentación del Códice Osuna se centra exclusivamente en el año 1565. Refleja los procesos administrativos y escriturarios seguidos tras esta visita, proporcionando una visión de la producción escrituraria que supuso este acto. Estamos, por tanto, ante una pequeña parte de un corpus documental muchísimo mayor, que nos informaba de la revisión de casi 5 000 pliegos.
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El códice documenta la relación entre la comunidad indígena y los diferentes oidores, cabildo y virrey. Los testimonios narran tanto los tributos formales como otras cargas impuestas, como las cargas de hierba. Algunos testimonios, como los numerados entre el 482 y el 487, cuentan con su propia acta jurada, mientras que el quinto y sexto testimonio no cuentan con ella. Algunos de los que participaron en los pagos contraargumentaron alegando que dichos pagos fueron completamente voluntarios.
Estructura y Contenido del Manuscrito
El manuscrito que conocemos como Códice Osuna es un complejo conjunto documental que ha sufrido reencuadernaciones, de las que se tiene información de, al menos, dos. El códice contaría con diez cuadernos, siendo el noveno con cinco hojas y finalmente el décimo con cuatro. Presenta filigranas que guardan el manuscrito, y algunas corresponden a la época de Isabel II (1833-1868). La labor de organización del documento fue compleja, y la historiografía ha aportado datos sobre la gestión de esta visita.
El contenido del códice abarca diversos aspectos de la vida colonial y las relaciones tributarias. Por ejemplo, los sujetos mencionados en sus imágenes se identifican por los glifos que acompañan a cada personaje. Las imágenes muestran una estética particular que parecen tener los diferentes tlacuilome, aunque se observan diferentes ductus o estilos de escritura, lo que indica la participación de diferentes manos en los testimonios. Se representan escenas como la del doctor Puga en el primer testimonio y las dedicadas a sus actividades en Tula y Tetapango.
Las ilustraciones no solo registran el tributo, sino también conflictos y quejas. Por ejemplo, una escena muestra a Puga representada en el centro del folio 12v, en un incidente donde un agresor se posa sobre una línea, con sombreado para dar volumen a la ropa y una nariz puntiaguda. Aunque el códice fue un proceso administrativo, la visita tuvo muchos otros cargos, como los 119 cargos de los que fue acusado un gobernador, alcaldes y regidores de México. Toda esta producción escrita, fruto de un proceso jurídico-administrativo, llegó a manos de Felipe II.
El códice nos conduce sin duda a pensar, al menos, en dos momentos de uso del documento. La procedencia del documento lo sitúa en la riquísima biblioteca del Excmo. señor duque de Osuna e infantado. El estudio del Códice Osuna se ha centrado principalmente en dos grandes puntos: los planos individual y colectivo, ofreciendo una perspectiva sobre la comunidad indígena y su conflicto con el derecho castellano, así como su papel dentro del contexto político social.
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