El concepto de enajenación es clave para comprender tanto la dialéctica materialista de Marx como su concepción materialista de la historia. Sin embargo, también es un concepto que muchas veces resulta complicado de entender. El término "enajenación" expresa el hecho, o supuesto hecho, de que alguien pueda estar, en lugar de "en sí mismo", en alguna realidad ajena a él. De esa manera, se entiende que la persona esté "enajenada". Se trata de una traducción literal de varios términos de otros idiomas que expresan el concepto de hallarse en una realidad ajena. Hay que decir que, en el campo filosófico, se ha utilizado con frecuencia otros términos, como es el caso de "alienación" o de la expresión "estar alienado". Tiene su lógica, si tenemos en cuenta la etimología de la palabra: el vocablo alius, que significa "otro", "diferente". Por lo tanto, en origen estar o hallarse alienado es estar o hallarse en "otro", entendiendo por este "otro" algo ajeno. El Diccionario de Filosofía, de Ferrater Mora, prefiere el término alienación en sentido técnico, dando la razón de que así se distingue del uso de "enajenación" como locura.
Cuando hablamos de enajenación (o alienación) nos estamos refiriendo a la acción o efecto de perder el control sobre alguna creación nuestra. Así, decimos que algo se enajena cuando se vuelve distinto y extraño, es decir, cuando se vuelve ajeno. El creador puede ser cualquier persona o cualquier grupo de personas y la creación puede ser también cualquier creación, ya sea el producto del trabajo, una relación social o una idea.
Orígenes Filosóficos del Concepto
Es sabido que la noción de alienación (Entfremdung) o extrañamiento (Entäußerung) viene de los Manuscritos del 44 de Marx, y sobre ella vuelven algunos filósofos recientemente. El concepto de enajenación aparece con mayor frecuencia en las obras de juventud de Marx. Sin embargo, este concepto ya se encontraba en Hegel y en Feuerbach.
La Enajenación en Hegel
Marx tomó el término de Hegel, para ver el extrañamiento como un problema económico, mientras que en Hegel tiene una raigambre más honda: señala el proceso por el cual se despliegan las coordenadas últimas de la realidad. En la obra de Hegel, de acuerdo con Marx, el concepto de enajenación aparece como parte de un análisis mucho más amplio. Para Hegel, la humanidad tiene una esencia original, que él conceptualiza como la mente lógica, pensante y especulativa.
Hegel, en Fenomenología del Espíritu, se refiere a "la conciencia de sí como naturaleza dividida", aludiendo a un "alma alienada" que es la conciencia infeliz. Para Hegel, la conciencia puede experimentarse como separada de la realidad a la cual pertenece, por lo que se produce un sentimiento de desgarramiento y desunión, un sentimiento de alejamiento, alienación, enajenamiento y desposesión. El término alienación alude a la mencionada "des-unión", "separación (de sí)" y "alejamiento (de sí)".
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Su sistema, en el fondo, puede leerse como un monumental esfuerzo por tipificar la complejidad de la realidad, no con el propósito de salirse de ella, sino de permitir verla mejor; se trata de advertir el curso racional de la experiencia, aunque empíricamente ésta no se dé de esa forma. En este análisis, el ser humano se encuentra en una relación muy estrecha con la naturaleza, porque es parte de ella, y es esta misma naturaleza la que lo determina en un primer momento. Después, en un momento posterior, el ser humano va desarrollando su propia conciencia, en otras palabras, se apropia (hace subjetiva) la realidad que lo determina. Esto hace que se vuelva un agente activo, capaz de producir cosas nuevas, de crear y de innovar. Este mundo nuevo, construido por el ser humano, es el mundo de la cultura. Usando lenguaje filosófico, diríamos que ahora es el ser humano el que se objetiva a sí mismo. Ahora es él quien realiza su propia subjetividad y conciencia, produciendo cosas que antes no existían.
Después viene la enajenación. Es en este otro momento donde aquello que el ser humano produjo queda fuera de su control. El objeto se vuelve ajeno a su creador y lo somete. Aquí, la cultura producida por las personas se vuelve una segunda naturaleza. Sin embargo, después de esta enajenación viene un momento más, el de la superación de esta enajenación. Hegel pensaba que la conciencia no puede persistir de manera indefinida en el estado de desunión y desgarramiento, por lo que procedía finalmente a una reunión y una (re)apropiación.
El Giro de Feuerbach al Materialismo
Marx está de acuerdo con Hegel en muchas cosas, sin embargo, también tiene discrepancias. De acuerdo con Marx, Hegel considera que la suma de todos los momentos señalados es una evolución guiada por una suerte de Espíritu ideal. Este Espíritu se encontraría detrás de todo el movimiento universal y cada uno de los distintos momentos del desarrollo serían solo manifestaciones parciales de su propia evolución. En esto consistiría el idealismo de Hegel.
No fue Marx, sino Feuerbach, el primero en hacer esta crítica. Desde la perspectiva de Feuerbach, todas las ideas que las personas pueden llegar a tener son, en realidad, productos de la actividad humana y, por tanto, no tienen realidad propia e independiente. Cuando le atribuimos esta existencia independiente a cualquiera de nuestras ideas, lo que estamos haciendo es caer en una nueva forma de enajenación. Con su crítica, Feuerbach da el paso definitivo para pasar del idealismo al materialismo. Sin embargo, Feuerbach caía en una nueva forma de enajenación: una idea dogmática, abstracta y mecánica, no dialéctica, del ser humano, que resultaba ser, además, un agente pasivo frente al mundo.
La Enajenación en Marx: Del Humanismo al Materialismo Histórico
El concepto de enajenación en la obra de Marx recupera al mismo tiempo la dialéctica de Hegel, pero posicionándose decididamente en el materialismo. Marx sabe que el ser humano es un agente activo, que está en constante desarrollo y que puede cambiar al mundo, porque no hay nada preestablecido. El futuro es abierto.
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El concepto hegeliano de la alienación influyó, como es evidente, en Marx. Sin embargo, el sentido que Hegel le daba era excesivamente metafísico, espiritual y abstracto para el autor de El Capital. Marx se interesó por el aspecto concreto y humano de la alienación, y trató en primer lugar el problema insertado en la cultura. Influido por Feuerbach, lo trató luego en un sentido natural-social, pero particularmente importante resulta la alienación del hombre en el trabajo para Marx.
Los escritos de Marx sobre la alienación aparecen más explícitamente en los Manuscritos económicos y filosóficos de 1844, también conocidos como los Manuscritos de París, que escribió unos años después de su tesis doctoral. La palabra alemana que utiliza Marx en estos manuscritos es entfremden, que se traduce como “enajenar” o “alienar”. En los manuscritos, Marx está en conversación con el recién fallecido Hegel y sus seguidores, los Jóvenes Hegelianos.
Lo que Marx encuentra en Hegel en esta etapa temprana es “la dialéctica de la negatividad como el principio motor y generativo”. Uno de los errores que Marx encuentra en Hegel desde el principio es que “cuando, por ejemplo, la riqueza, el poder estatal, etc., son entendidos por Hegel como entidades ajenas al ser humano”, esto “sólo ocurre en su forma como pensamientos”. Para Hegel, los humanos están alienados del pensamiento filosófico puro y abstracto.
La concepción semibiológica o parcialmente inherente de la naturaleza humana es un elemento central en la teoría de la alienación de Marx. Los humanos, como parte de la naturaleza, tienen ciertos poderes/habilidades/facultades que producen ciertos potenciales y necesidades. Al mismo tiempo, la humanidad, como especie que es, posee cualidades o características que la distinguen de todas las demás especies. Es decir, sabemos que somos distintos de todas las demás especies en la forma en que olemos, oímos, gustamos, sentimos y, lo que es más importante para Marx, en la forma en que llevamos a cabo nuestras actividades. Marx escribió que el desarrollo de la producción capitalista aliena a la clase obrera de nuestra especie en una escala cada vez más amplia.
Al final del primer manuscrito, Marx argumenta que el capitalismo aliena a la “humanidad” o a los “trabajadores” de cuatro maneras relacionadas:
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- El trabajador se relaciona con el producto de su trabajo como con objeto ajeno a sí mismo. El resultado de la producción le pertenece al capitalista (o propietario) y no al trabajador.
- El trabajador está alienado “dentro de la misma actividad productiva” en el sentido de que la propia relación del trabajador con el trabajo que hace es “una actividad ajena que no le pertenece”.
- Si el trabajador está enajenado del objeto del trabajo y del proceso del trabajo, entonces “el trabajo enajenado enajena al hombre de la especie”.
- Finalmente, “el hecho de que el hombre sea enajenado del producto de su trabajo, de su actividad vital, de su ser como especie, es el enajenamiento del hombre del hombre”.
La dialéctica materialista llevó a Marx a concluir que, si quería contribuir a cambiar la realidad social, era necesario conocer científicamente esa realidad. Por eso, Marx decidió enfocarse mayoritariamente en el aspecto económico. La economía es ese ámbito de la realidad social que permite que las personas subsistan, se mantengan con vida, y produzcan todas las cosas que les van a permitir satisfacer sus necesidades, crear nuevas, y desplegar sus capacidades. Por eso Marx elige centrarse en la economía. A fin de cuentas, es la actividad económica la que crea las condiciones de posibilidad para que las personas y las sociedades vivan de cierto modo. De aquí es de donde Marx deriva la tesis central de su concepción materialista de la historia.
Para Marx, la base de la economía es el trabajo, y es este trabajo el que primero se encuentra a merced de la naturaleza. El ser humano primero se limita a cazar o ser recolector. Pero después, el desarrollo de su conciencia le permite ir haciendo innovaciones y cambios en su propia manera de trabajar. Son estos cambios los que permiten que surjan nuevas formas de organización de la producción, nuevas actividades productivas y nuevas herramientas para el trabajo. Así avanzan la historia y conciencia humanas, en un proceso recursivo, donde lo material determina la conciencia, pero la conciencia después permite hacer cambios en la propia forma de organización económica, abriendo paso a nuevas formas de conciencia, y así sucesivamente.
Sin embargo, todos estos cambios también vienen acompañados del surgimiento de formas de enajenación económica. Varias de los conceptos centrales de El Capital son, en realidad, variantes del concepto de enajenación, lo que demuestra lo enormemente ligado que está el concepto al trabajo económico de Marx, a su crítica de la economía política. Algunas de estas formas son:
- La propiedad privada de los medios de producción: para que unos sean propietarios, otros necesitan estar desposeídos.
- La explotación: una parte del trabajo de los productores no se la quedan ellos, sino los propietarios de los medios de producción.
- La subsunción real del trabajo: la actividad del trabajador, su proceso de trabajo, ya no está controlado por él.
- El fetichismo de la mercancía: se cree que las mercancías y el dinero tienen valor por sí mismos, cuando el valor es algo que nosotros creamos con nuestro trabajo.
Desde la interpretación de Fromm, la enajenación es un modo de experiencia en que la persona se siente a sí misma como un extraño. No se siente a sí misma como centro de su mundo, la persona enajenada no es creadora de sus propios actos; muy al contrario, sus actos y las consecuencias de los mismos se han convertido en amos suyos e incluso es posible que los idolatre. Fromm considera que el proceso se ha intensificado en la sociedad contemporánea, paralelo al desarrollo tecnológico y a la evolución del capitalismo.
La Enajenación en la Filosofía Contemporánea y la Crítica al Capitalismo
En todo caso, con este concepto ambas filosofías (Hegel y Marx) pueden describir la crisis del mundo contemporáneo. Recientemente el concepto se ha actualizado curiosamente para poner en diálogo la filosofía crítica elaborada desde la Escuela de Frankfurt con filosofías presuntamente ajenas a estos planteamientos como lo son las de Heidegger y Gadamer.
Heidegger mismo hizo pocas menciones al tema de la alienación, pero más interesantes son las intuiciones profundas que tiene en toda su obra sobre este asunto. En el fondo, detrás del concepto de alienación elaborado por la filosofía crítica contemporánea está la idea de Heidegger de que el ser humano es un ser-en-el-mundo en el sentido de que está vinculado con un espacio de significatividad básica. En ese espacio de significación están los otros y por eso el Dasein siempre es un ser-con, es decir, el mundo se abre para todos en común. En estos debates la noción de mundo vuelve a tener una función importante. La idea central es que hay una experiencia originaria de pertenencia a un entorno de significaciones que nos es familiar.
Heidegger mismo muy pronto se dio cuenta que esa no es la situación usual; por lo general nos salimos de esa copertenencia o no la vemos y el mundo se pierde. En consecuencia, nuestra resonancia o implicación con el mundo se altera fácilmente en las formas no genuinas de existencia que para él son las más usuales. En Heidegger eso nunca deriva en un diagnóstico del mundo contemporáneo.
Pues bien, algunos planteamientos recientes de la teoría crítica ven que el concepto de alienación señala algo similar a lo de Heidegger. Desde este enfoque importa la crítica de los modos de producción capitalista que hacen del mundo algo extraño y ajeno. Ya no nos identificamos, como lo señalaba Marx, con los objetos producidos en nuestro trabajo, pero, más extraño aún, no nos reconocemos en lo que hacemos ni en los otros que, lejos de ser aquellos con quienes se comparte y se hace mundo, se vuelven rivales en la competencia.
Una manera de formular la crisis de las sociedades contemporáneas es, entonces, la pérdida de mundo en el sentido de referentes comunes de significatividad. En un mundo sometido a la competencia y al rendimiento, en el que nos gobiernan las lógicas del crecimiento y la rentabilidad, solo hay individuos atomizados cada uno centrado en la esfera particular de sus propios intereses. Se pierden aquí referencias a un espacio básico de comunidad, es decir, nos desmundanizamos. Esa pérdida de mundo es lo que señala el término de alienación, y, por tanto, es un concepto que se puede poner en diálogo con Heidegger.
Después de que Heidegger fue criticado duramente por la Escuela de Frankfurt, ahora se encuentran en él maneras interesantes de volver a introducir el tema de la alienación que venía de Marx. Por eso la filósofa crítica Rahel Jaeggi lo mismo que Axel Honneth conectan con Heidegger. En esta filosofía ven además la posibilidad de superar el economicismo que gobernaba en el pensamiento crítico, por lo menos hasta la primera generación de la Escuela de Frankfurt. El concepto de alienación que deseamos perfilar lo elaboramos desde la filosofía social.
La Superación de la Alienación: Perspectivas Contemporáneas
El deseo de este trabajo es ofrecer un análisis estructural del concepto que permita identificar ciertos rasgos que después sirvan para elaborar un diagnóstico de patologías sociales, pero a un nivel conceptual. En este artículo se consideraron las críticas que algunas corrientes filosóficas contemporáneas han hecho a este concepto y la propuesta de la filósofa Rahel Jaeggi. También se examinó el concepto de reificación desarrollado por Axel Honneth para señalar un elemento clave en la noción de alienación, a saber, la ruptura de nuestra pertenencia respecto a una comunidad previa con el mundo; allí se ofrece un trasfondo filosófico más amplio para el concepto de alienación apoyándose en algunos planteamientos de Heidegger y Gadamer.
Rahel Jaeggi indicó que el concepto de alienación fue atacado recientemente por una crítica liberal y una crítica posestructuralista, que contribuyeron fuertemente a su actual indigencia. Buena parte del descrédito del concepto tiene que ver con el triunfo de modelos liberales para los cuales la cuestión de la vida buena la decide cada individuo. Los individuos pueden realizar su vida como deseen, y si desean estar alienados eso debemos dejarlo a su arbitrio. Por su parte, la filósofa Judith Butler, parece señalar que la alienación es un hecho inevitable.
Un punto central en estas dos críticas tiene que ver con que el concepto de alienación impone el ideal de una esencia humana de la que los individuos se separan o, en otra formulación, la alienación siempre tiene lugar con respecto a un estado de cosas que representan la vida realmente humana. Esta versión metafísica de la alienación es fuertemente criticada por los liberales y posestructuralistas, pues según ellos nadie puede tener el criterio de lo que es la vida verdadera o no alienada.
Esta aguda crítica ya indica que, si queremos continuar haciendo operativo el concepto, debemos lograr que tenga garras para señalar o denunciar ciertos aspectos desdeñables de la vida social, sin que esta crítica se apoye en un ideal esencial de lo que es la vida humana no alienada o en algo externo. ¿Cómo seguir utilizando el concepto? Este no puede ceñirse bellamente a lo que los individuos piensan de sí mismos, pues se quedaría al nivel del intérprete corriente, sino que tiene que mostrar algo que los individuos mismos no veían, es decir, debe haber un criterio para indicar el error en la vida social. Pero, por otro lado, no se puede poner en cuestión la soberanía interpretativa de las personas sobre su existencia. El concepto debe entonces responder a ambas direcciones.
La Propuesta de Rahel Jaeggi para Superar la Alienación
Consideremos desde aquí el camino que toma Rahel Jaeggi. Según ella, se necesita un sujeto, pero no uno que asuma y se aferre a sus deseos inmediatos, que se atenga tozudamente a la vida que desea llevar, sino uno capaz de tomar distancia. No se trata del individuo convencido de sus intereses primarios y menos reflexivos, sino de una persona cualificada, reflexiva y que puede mirar críticamente sus propias inclinaciones. Jaeggi no quiere comprometerse con un modelo o forma de vida que sería igual para todos los individuos, sino que la alienación es respecto a la manera como determinamos o realizamos nuestra vida, nuestra voluntad, establecemos nuestros deseos, juzgamos lo que consideramos bueno, etc.
Ella introduce entonces el concepto de libertad, para indicar la capacidad que tenemos de realizar la vida, de apropiárnosla. Si se trata de una vida reflexionada y decidida, entonces no puede ser alienada. Con ello no se impulsa un modo de vida o modelo ideal, sino que superar la alienación se convierte en la tarea de activar los poderes de apropiación del individuo que asume su propia existencia. Superación de la alienación significa recuperar el poder de apropiación del individuo de sus metas.
Para Jaeggi, la alienación no tiene que ver con la pobreza, el racismo, la dominación de género, etc., sino con lo que Jaeggi denomina una distorsión del poder de la voluntad humana que es capaz de fijar sus propios fines, de apropiarse de su entorno, de su trabajo, de su actividad, de su relación con los otros. Ella considera por eso que su concepto de alienación es formal: “Este criterio de alienación es… formal: se ocupa del cómo, no del qué, de la voluntad”.
Rahel Jaeggi insiste en que su propuesta es formal pues no está comprometida con una noción de naturaleza humana y de lo que debe ser la vida buena en general. ¿Cómo sabemos si llevamos una vida alienada? Debemos pensar en que lo que hagamos corresponda a nuestros deseos, en que nos apropiemos de nuestra vida. “El concepto de apropiación… incluye la amplia capacidad de conocer y relacionarse con uno mismo: tener acceso y gobernarse a sí mismo y al mundo”. Esto significa que en la vida alienada hay una distorsión de la relación de apropiación, el mundo no lo vemos como propio, sino que se hace ajeno, extraño, es una carga para nosotros. El concepto indica el nivel de autonomía del individuo, la capacidad de apropiarse de sus deseos, de abrir sus proyectos, etc.
No es posible crear un indicador que mida la alienación, que permita decir si tal o cual sociedad está más alienada que otra, si tal individuo está más alienado que otro, sino que la alienación sería el grado en que un sujeto se ha apropiado o no, ha hecho uso o no, de sus capacidades reflexivas, y de su autonomía y poder de apropiación del mundo. Si hacemos lo que nos gusta, si, por ejemplo, dejamos el trabajo que no nos deja nada, y al que solo nos aferramos por costumbre, no llevamos una vida alienada. Rahel Jaeggi no defiende ningún hedonismo ingenuo para el cual el individuo solo debe hacer lo que desea, pues a menudo adelantamos trabajos que, aunque sean onerosos, los consideramos parte de nuestra realización. Su planteamiento sobre la autodeterminación o apropiación de la vida se ve como neutral, pues no la compromete con una teoría sustantiva del sujeto o de la vida buena; no se trata de que un individuo viva con determinados contenidos, sino que lleve una vida de una manera que sea él quien decide. Para Jaeggi, lo importante es la forma en que decidimos esos contenidos.
