La mayoría de nosotros hemos estado alguna vez desmotivados, sin ganas de hacer nada a pesar de tener que hacerlo. Hay días en los que parece que hemos conectado el piloto automático y hacemos las cosas porque toca hacerlas, pero sin ningún interés ni motivación. Estas experiencias cotidianas son ejemplos de uno de los sentimientos más desagradables: la apatía.
La apatía es un estado emocional que puede deteriorar lentamente nuestra calidad de vida, robándonos la motivación, la iniciativa y hasta el deseo de disfrutar. Entender qué es la apatía, cómo se manifiesta y qué tratamiento puede ayudarnos es fundamental para no quedarnos atrapados en el sufrimiento silencioso que conlleva.
¿Qué es la Apatía?
Para dar un significado al término apatía, podemos partir de su etimología. Apatía proviene del griego pathos, que significa "emoción, sentimiento", y del prefijo a, que significa "sin", por lo que se puede traducir como “falta de emoción o sentimiento”.
La apatía es una condición o estado de falta de motivación o de interés por los diferentes aspectos de la vida, generalmente asociada a un estado de malestar o desesperanza. Se define como una disminución o pérdida significativa de la motivación y el interés o la iniciativa hacia actividades cotidianas. No se trata de simple pereza o tristeza, sino de un estado de indiferencia persistente donde la persona siente una desconexión con sus emociones y objetivos.
Así, no solo se pierde la iniciativa en mayor o menor grado, sino que la vinculación de los sucesos con las emociones sucede a un nivel mucho menor. Ello puede provocar que la persona disminuya su rendimiento y nivel de esfuerzo de cara a realizar diferentes tipos de conducta, cosa que a su vez retroalimenta la desmotivación del sujeto. Este estado puede afectar la capacidad de iniciar y mantener conductas dirigidas a un fin, así como la respuesta emocional ante eventos que normalmente provocarían alegría o tristeza. Es un síntoma clave en diversas condiciones, pero también puede presentarse de forma aislada.
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El neuropsiquiatra R. Marin (Marin, 1991) la definió como un "síndrome de desmotivación primaria", es decir, una "pérdida de motivación no atribuible a una disminución del nivel de conciencia, a un deterioro cognitivo o a un estrés emocional".
A lo largo de los años, la apatía ha recibido cada vez más atención debido a sus efectos sobre las emociones, el comportamiento y la función cognitiva. De hecho, es un síntoma muy prevalente en diversas condiciones; por ejemplo, una revisión sistemática y metaanálisis encontró que la prevalencia de la apatía en la enfermedad de Parkinson es del 39,8 % (Brok et al., 2015).
La apatía no se considera una enfermedad en sí misma, sino un síntoma o síndrome asociado a diferentes condiciones médicas, neurológicas o psicológicas. El signo más común que muestra una persona con apatía es una disminución general de interés por la vida o indiferencia hacia cosas que suelen ser interesantes.
Síntomas y Manifestaciones de la Apatía
Cuando una persona siente apatía, puede tener poco o ningún interés por las cosas y ninguna motivación para hacer cambios en su vida. Esta falta de motivación puede estar relacionada con no satisfacer las necesidades básicas y superiores presentadas en la teoría de la pirámide de Maslow. La apatía puede presentarse en distintos grados, pero también puede manifestarse, por ejemplo:
- Como un síntoma de distintos trastornos mentales, como la depresión mayor.
- En relación con el recuerdo de traumas infantiles.
- Al atravesar alguna de las etapas de un duelo complicado.
- Implicando una gran disminución o ausencia de expresión de emociones, aparentando indiferencia y falta de empatía.
Causas de la Apatía
Casi todas las personas pueden experimentar episodios breves de apatía a lo largo de la vida. La pérdida de interés, ese sentirse indiferente al mundo, vacío y apático, es un problema común que puede darse cuando uno se siente estresado (apatía por estrés) o simplemente agotado y necesita tiempo para sí mismo. La apatía ocasional no suele considerarse un gran problema. Sin embargo, en los casos de apatía crónica, esta condición se convierte en un aspecto persistente de la vida de la persona que la experimenta y puede mutar en "apatía patológica", e interferir en la capacidad de experimentar placer, mantener relaciones románticas y disfrutar de una vida plena y feliz.
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Las causas de la apatía pueden ser variadas, abarcando factores biológicos, psicológicos y ambientales:
- Alteraciones Cerebrales: A nivel cerebral, existe una correlación entre la presencia de apatía y alteraciones de la conexión entre el lóbulo frontal y los ganglios basales, cosa que explica la dificultad a la hora de conectar emoción y pensamiento, así como la reducción en la iniciativa conductual. Otra asociación destacable con la apatía se da en la presencia de lesiones en el prefrontal dorsolateral y las áreas asociativas (algo frecuente en las demencias y otros trastornos físicos y psíquicos).
- Consumo de Sustancias Psicoactivas: Otra posible causa puede encontrarse en el consumo de sustancias con efectos psicoactivos, las cuales al modificar la transmisión de neurotransmisores puede alterar el funcionamiento habitual del cerebro. Por ejemplo, el consumo excesivo de cannabis puede llegar a provocar el conocido como síndrome amotivacional, caracterizado por la presencia de apatía, disminución de la memoria, y reducción del impulso y la actividad autodirigida.
- Factores Ambientales y Estrés: A nivel ambiental, la apatía se ha encontrado en personas sometidas a un estrés constante o ante la exposición a estimulación aversiva. El desgaste causado por la vivencia continuada de un estado de tensión puede generar la presencia de apatía, sea ésta vinculada o bien a un aspecto concreto de la realidad o bien a nivel general. La ausencia de un reforzamiento positivo suficiente también puede terminar por generar el deterioro en la capacidad de interesarse por el medio. También es frecuente que las víctimas de acontecimientos traumáticos o de grandes reveses en la vida desarrollen una apatía que les ayuda a mantener cierta estabilidad emocional.
- Deficiencias Nutricionales: La ausencia en el organismo de diferentes nutrientes tales como vitaminas o glucosa puede generar alteraciones cognitivas y conductuales, incluyendo la apatía.
- Infecciones y Enfermedades: Diferentes infecciones y enfermedades pueden generar estados de apatía en los sujetos que las padecen, tanto por causas orgánicas como la degeneración de estructuras cerebrales como por el hecho de que padecerlas puede suponer un duro golpe a nivel psicológico que acaba generando apatía.
- Trastornos Psiquiátricos y Enfermedades Físicas: La apatía es un síntoma muy frecuente de distintos trastornos tanto orgánicos como psicológicos. Estos incluyen:
- Diferentes tipos de depresión, como el trastorno depresivo mayor o la depresión reactiva.
- La esquizofrenia.
- La enfermedad de Alzheimer, en la que la apatía puede afectar hasta al 70 % de los pacientes (Brodaty & Burns, 2012).
- La enfermedad de Parkinson.
- La enfermedad de Huntington.
- La demencia frontotemporal.
- La apoplejía, con una prevalencia de apatía del 33 % en los pacientes que la han sufrido, según un metaanálisis reciente (Zhang et al., 2023).
- La esclerosis múltiple (más común en fases avanzadas).
Tipos de Apatía
La apatía puede manifestarse de diferentes maneras:
- Apatía Emocional o Afectiva: Se caracteriza por una falta de respuesta emocional, tanto positiva como negativa. La persona parece indiferente y desconectada de sus propios sentimientos. La disminución del interés y la respuesta a estímulos emocionales es notable, pudiendo mostrar indiferencia afectiva.
- Apatía Conductual: Se manifiesta como una falta de iniciativa para empezar y completar tareas. En ella predomina la pasividad y la falta de comportamientos auto-iniciados.
- Apatía Cognitiva: Implica una falta de interés en el aprendizaje, la resolución de problemas o el pensamiento abstracto, así como una falta de iniciativa en las actividades cognitivas y la pérdida de interés por las mismas.
Diferenciando la Apatía de Condiciones Similares
A veces, el término apatía puede utilizarse erróneamente, es decir, con un significado poco preciso, para describir estados emocionales con los que tiene algunos puntos en común. Es importante diferenciarla de otras afecciones psicológicas para un diagnóstico y tratamiento adecuados.
Apatía vs. Depresión
Aunque a menudo se confunden, la apatía y la depresión no son lo mismo. La apatía es un síntoma común de la depresión, pero puede existir sin ella. De hecho, un metaanálisis sobre la enfermedad de Parkinson encontró que la prevalencia de la apatía en pacientes sin depresión ni deterioro cognitivo era del 22,6 % (Brok et al., 2015). La principal diferencia es que la depresión implica un estado de ánimo bajo, tristeza profunda y sentimientos de culpa o inutilidad. En cambio, la apatía es una falta de sentimiento, una indiferencia. Una persona con depresión sufre, mientras que una persona con apatía puede no sentir nada en absoluto. Asimismo, parece probable que la apatía en personas con un trastorno depresivo sea el resultado de un procesamiento emocional y afectivo alterado. Sin embargo, es importante destacar que también puede darse un comportamiento apático en ausencia de un estado de ánimo depresivo.
En muchos casos, las personas con Alzheimer que muestran apatía, no tienen depresión. Simplemente, no muestran iniciativa o interés por actividades o por el entorno, o parecen no emocionarse por nada, pero esta conducta no suele estar asociada a síntomas depresivos, como la tristeza, la culpa o la desesperanza.
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Apatía vs. Anhedonia
La anhedonia se distingue de la apatía porque, mientras esta última se refiere a una falta de motivación o de inversión de energía a muchos niveles, la primera representa la falta de un sentimiento específico: el placer. La anhedonia puede ser un signo de apatía y no es infrecuente que una persona experimente ambas al mismo tiempo. Sin embargo, siempre es bueno recordar que una persona apática carece de interés por diversos aspectos de la vida, como las actividades cotidianas rutinarias y las interacciones sociales.
Para diferenciar claramente la apatía de la anhedonia, también es bueno señalar la clasificación de dos tipos de anhedonia:
- Anhedonia social: Cuando una persona se retira de las interacciones con los demás, de las que obtiene menos placer que antes.
- Anhedonia física: Cuando, por ejemplo, alguien no se siente alimentado por un abrazo sino que, por el contrario, el contacto físico puede provocar una sensación de vacío.
La anhedonia puede contarse entre los síntomas de algunos trastornos de la personalidad, el trastorno de estrés postraumático, la depresión y las adicciones a sustancias.
Apatía vs. Abulia
La abulia se define como un "síndrome hipofuncional" que se caracteriza por la falta de iniciativa, espontaneidad, lentitud de pensamiento (pereza) y embotamiento de las respuestas emocionales y de la capacidad de reacción a los estímulos externos. Por lo tanto, la abulia y la apatía son, a primera vista, muy similares. Concretamente, el concepto de abulia se refiere a la falta de voluntad, impulso o iniciativa para la acción, el habla y el pensamiento, y debe distinguirse de la incapacidad para realizar una actividad debido a un deterioro cognitivo o físico. La principal diferencia entre apatía y abulia es que la primera representa una falta total de emoción o motivación (sobre una persona, actividad u objeto) y falta de interés o entusiasmo, mientras que la abulia es ausencia de fuerza de voluntad o decisión. En el caso de la abulia, la persona tiene interés por actuar (a diferencia de la apatía), pero le cuesta iniciarla.
Apatía en la Enfermedad de Alzheimer
En la enfermedad de Alzheimer la apatía se puede asociar con patrones específicos de atrofia cerebral y relacionarse con la desconexión de distintos circuitos neuronales. Por tanto, la principal causa subyacente está en los cambios neuropatológicos de la enfermedad.
Factores que contribuyen a la apatía en Alzheimer incluyen:
- El propio deterioro cognitivo: De entre los síntomas cognitivos del Alzheimer, las dificultades de tipo ejecutivo, que son aquellas que permiten planificar, iniciar y llevar a cabo la secuencia de realización de actividades, pueden estar relacionadas con la desmotivación para ponerse a hacer cosas por uno mismo.
- Malestar emocional: Asimilar las dificultades y pérdidas que conlleva un proceso de demencia es algo que, aunque a menudo no sepan cómo expresar, es comprensible que pueda impactar emocionalmente a la persona que la padece.
- Aburrimiento o aislamiento: A veces, con las mejores intenciones, se opta por no pedir muchas cosas a la persona con Alzheimer, sobreprotegiéndola o asumiendo a priori que no podrá realizarlas.
- Problemas de salud o medicamentos: En personas con demencia, a menudo, la conducta es una forma de comunicación.
Las personas con Alzheimer en las que la apatía es un síntoma persistente suelen presentar una mayor alteración en la realización de las actividades de la vida diaria de lo que sería esperable por su estado cognitivo. Las personas con Alzheimer que presentan una importante apatía dependen absolutamente de quienes les cuidan para iniciar la mayoría de actividades que, por sí mismas, no harían.
Manejo de la Apatía en la Enfermedad de Alzheimer
Al igual que otros síntomas conductuales de la enfermedad de Alzheimer, tratar de detectar posibles factores causantes y modificarlos, puede resultar en cambios positivos. Es recomendable que la primera opción sea probar con aproximaciones no farmacológicas, basadas en la observación y modificación del entorno y la actuación de las personas cuidadoras y familiares:
- Proponer a la persona con Alzheimer la realización de actividades con las que sabemos que puede disfrutar.
- Ser flexible en la propuesta y realización de actividades: a veces, una misma actividad puede ser recibida mejor en un momento del día que en otro.
- Promover el inicio de las actividades. En muchos casos, la apatía dificulta a la persona con Alzheimer iniciar por sí misma las actividades, pero la incitación a veces es suficiente para ponerse a ello, y particularmente cuando la propuesta le resulta atractiva.
- Proponer actividades significativas para la persona con Alzheimer.
- Incluir la actividad física en las rutinas del día a día.
- Mostrar afecto. Es importante comprender que, aunque la persona parezca ausente o no muestre emociones o aparente indiferencia ante las personas y circunstancias de su entorno, ello se debe a los cambios cerebrales de la propia enfermedad, y no significa que no necesite del cariño y la comprensión de los demás.
- Recordar que está presente. Aunque su actitud sea de ausencia y de parecer “desconectada” del entorno, la apatía no es reflejo de incapacidad para ver, oír y comprender lo que sucede a su alrededor. Es muy importante, por tanto, no actuar ni hablar de la persona con Alzheimer como si no se enterara de nada o no estuviera presente.
Aunque no hay un tratamiento específico para la apatía, algunos fármacos, como los inhibidores de la colinesterasa, pueden contribuir a mejorar la apatía. Si, a pesar de probar con este tipo de recomendaciones la apatía es muy acusada o persiste en el tiempo, habría que consultar con el médico especialista.
Tratamiento de la Apatía
La apatía es un síntoma cuyo tratamiento dependerá en gran medida de los aspectos o trastornos que lo causen. El tratamiento psicológico de la apatía o la desmotivación parte de la base del descarte médico de posibles problemas subyacentes (p. ej., problemas hormonales).
Terapia Psicológica
En terapia, la persona apática se beneficiará por norma general de aquellas estrategias que le ayuden a generarse objetivos plausibles y que sean realizables, al principio con cierta facilidad y con el tiempo requiriendo progresivamente algo más de esfuerzo. Las primeras sesiones de la psicoterapia servirán para detectar o descartar posibles problemas psicológicos asociados, así como para aprender a identificar y entender el origen de la apatía. Otro punto importante a abordar será, precisamente, la culpabilidad que puede aparecer asociada al estado de apatía.
La reestructuración cognitiva también puede ser efectiva de cara a modificar las posibles creencias disfuncionales que puedan estar afectando a la visión del sujeto respecto al mundo y respecto a sí mismo, así como terapias como la de autocontrol de Rehm, de cara a que se puedan fijar metas realistas y alcanzables. La reflexión, la toma de iniciativa y la autocompasión serán fundamentales para conseguir mejorar este estado, aumentando también con ello la propia autoestima (cuestión a abordar de forma paralela durante la terapia). Asimismo, será necesario tratar posibles miedos subyacentes (p. ej., al fracaso) y creencias disfuncionales (p. ej., aquellas relacionadas con el perfeccionismo), a fin de mejorar la resiliencia.
Estilo de Vida y Apoyo Social
Dado que el estrés y las vivencias negativas pueden ser otras de las causas de la apatía, la gestión del tiempo también resulta esencial. Un estilo de vida saludable resulta de gran ayuda a la hora de mejorar la sintomatología. El tener un estilo de vida saludable -evitando la inactividad y el aislamiento- resulta fundamental para mejorar la sintomatología.
El control de la alimentación puede permitir suplir diferentes déficits que pueden ayudar a generar la apatía. Por ello, fijar un plan de acción realista y gradual (con metas concretas basadas en los propios valores), mejorar la capacidad de afrontamiento y de resolución de problemas, la búsqueda de apoyo y el autocuidado (alimentación, ejercicio físico que ayude a generar endorfinas, etc.) son aspectos igualmente esenciales a la hora de establecer los necesarios cambios en la vida cotidiana. El apoyo social y el reforzamiento de la iniciativa por parte de otros supone una gran ayuda de cara a superar estados de apatía, sobre todo ante trastornos como la depresión.
Tratamiento Farmacológico
El uso de sustancias psicoactivas, especialmente de tipo depresor, puede tener efectos perjudiciales y ayudar a mantener e incluso generar la apatía. A nivel farmacológico pueden ser de gran utilidad la utilización de diferentes fármacos ansiolíticos o antidepresivos, como los ISRS. También resultan efectivos otros fármacos que contribuyan a mejorar la circulación de neurotransmisores como noradrenalina y dopamina. Todo ello siempre y cuando sea recetado por un médico.
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