Cuando compramos un producto o recibimos un servicio, el valor que pagamos incluye un tributo esencial para los recursos del Estado. El Impuesto al Valor Agregado (IVA) es un tributo que se suma al precio de los bienes y servicios. Es un impuesto que se cobra por el consumo final de productos y servicios.
Al ser un impuesto indirecto, el IVA grava el consumo y se aplica en las distintas etapas de la cadena económica, incluyendo la producción, distribución, comercialización e importación. El IVA se aplica sobre el valor de un bien o servicio en cada etapa de su producción y distribución. El IVA se aplica en las distintas etapas de la cadena económica, desde la producción hasta la venta al cliente.
Mecanismo de Aplicación y Recaudación del IVA
El IVA funciona mediante un sistema de deducciones. Cada empresa o profesional que interviene en la cadena de producción o distribución de un bien o servicio aplica el IVA al precio de venta, pero también puede deducir el IVA que ha pagado a sus proveedores. El IVA es pagado por los consumidores finales cuando adquieren bienes y servicios. Sin embargo, los negocios actúan como intermediarios en la recaudación de este impuesto.
En este proceso, las empresas y profesionales responsables del IVA no son quienes lo soportan, sino que actúan como recaudadores: cobran el IVA en sus ventas y luego lo trasladan a la Dirección de Impuestos y Aduanas Nacionales (DIAN) o la autoridad fiscal correspondiente. Por otro lado, para las empresas, el IVA implica una responsabilidad principalmente administrativa: deben facturarlo, recaudarlo y transferirlo al Estado.
Conceptos Clave en el Funcionamiento del IVA
- IVA Devengado: Hace referencia al impuesto que un vendedor o prestador de servicios debe ingresar a Hacienda por las operaciones realizadas. En otras palabras, es el impuesto que se ha generado en una transacción económica con un cliente o consumidor. Cuando un comerciante o empresa vende un bien o presta un servicio, cobra el IVA correspondiente a esa operación.
- IVA Deducible: Por otro lado, el IVA deducible es el impuesto que un empresario o profesional puede restar o deducir de sus obligaciones tributarias. Se refiere al IVA que ha sido pagado en las compras o adquisiciones de bienes y servicios necesarios para llevar a cabo la actividad económica. Son los llamados “gastos deducibles”.
Un ejemplo práctico de su aplicación es que, por un lado, el IVA que un electricista ha cobrado por sus servicios (2.100 € de IVA repercutido) tiene que ingresarlo en Hacienda. Por otro lado, no le afecta el IVA que soporta en el ejercicio de su actividad (IVA soportado) por lo que debe restarlo del IVA que ha cobrado para calcular su declaración. Si el IVA soportado fuera mayor al repercutido, en la declaración del cuarto trimestre podrás solicitar a Hacienda la devolución o compensación de la diferencia a tu favor.
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Tasas, Exenciones y Responsabilidades Fiscales
En la mayoría de los países, existen diferentes tasas del Impuesto sobre el Valor Añadido que se aplican a distintos tipos de bienes y servicios. En Colombia, la tarifa general del IVA es del 19 %, establecida por la Ley 1819 de 2016, que aumentó el impuesto del 16 % que estaba vigente hasta ese año. Sin embargo, en Colombia, no todas las operaciones están sujetas a esta tarifa.
También hay casos en los que el artículo que se vende o el servicio no llevan IVA. Existen una serie de actividades que están exentas de IVA, es decir, el prestador del servicio no debe repercutir el impuesto a quién lo recibe. Los bienes y servicios que están exentos del IVA han sido cobijados con este beneficio al considerarse que resultan básicos para garantizar el bienestar de la población, especialmente de los menos favorecidos. Algunos ejemplos incluyen las entregas de alimentos destinados al consumo humano o animal, sin incluir las bebidas alcohólicas, así como la entrega de viviendas de protección oficial realizadas por el promotor, incluidos los garajes y anexos. Los servicios de docencia, prestados por entidades de Derecho Público o privadas autorizadas por el Estado, las CC.AA., también están exentos.
Comprender el funcionamiento del Impuesto sobre el Valor Añadido es esencial para cualquier empresa o profesional que quiera cumplir con sus obligaciones fiscales. Declarar el IVA implica presentar la autoliquidación periódica del IVA, mediante el modelo 303, y su resumen anual en el modelo 390. Mediante el modelo 303, debemos arreglar cuentas con Hacienda trimestralmente del IVA que hemos cobrado a nuestros clientes y proveedores.
El cumplimiento con el IVA de manera adecuada implica tener un proceso bien organizado que se ajuste a las exigencias digitales actuales. En el contexto actual, este control se apoya cada vez más en herramientas digitales como la facturación electrónica, los documentos de soporte y los sistemas contables, que permiten a la DIAN realizar cruces de información y un seguimiento más preciso. Al hacer una transacción, lo mejor es tener una factura que muestre claramente el valor del IVA. Cumplir con las obligaciones del IVA de manera adecuada es esencial para evitar sanciones económicas y, en situaciones más graves, consecuencias penales. Por lo tanto, es fundamental llevar un control adecuado de las operaciones, emitir facturas correctamente con un software de facturación electrónica y revisar la información periódicamente antes de hacer la declaración.
Historia y Efectos del Impuesto al Valor Agregado
El IVA fue introducido en Francia en 1954 como un impuesto al consumo, siendo adoptado inmediatamente en varios países del mundo, tras su éxito en el país francés, caracterizado por su gran facilidad y practicidad impositiva, ya que gran parte del PIB del mundo gira sobre el gasto, lo que genera una base muy amplia, así como su poderosa neutralidad al ahorro, pues algún día se tiene que recurrir al gasto, es decir, se podrá aplazar el consumo en el tiempo pero nunca evitar el pago del impuesto. Se aplica en todos los países de la Unión Europea desde su creación en 1986 por exigencia de la Comunidad Económica Europea y representa una importante fuente de ingresos para las administraciones públicas. Aunque la UE cuenta con normas generales sobre el IVA, su aplicación puede variar en cada país.
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En el caso de México, el IVA tardó 26 años en ser introducido como tal en el país, con lo cual terminó por desplazar a la antigua Ley del timbre decretada en 1887 que llegó a comprender el 96% del total de ingresos. La introducción del IVA a México en 1978, derivó de las recomendaciones hechas por el economista polaco Nicolás Kaldor y por las fuertes presiones externas, tras la crisis financiera de los 70´s a causa de la deuda pública incontrolable. Su introducción fue considerada como una de las hazañas más trascendentes, tras eliminar el impuesto sobre ingresos mercantiles; un impuesto a las ventas con efecto de cascada, que simplificó 25 impuestos federales y 300 impuestos estatales en uno solo. En su aparición en 1980, contó con actos exentos, una tasa fronteriza de 6%, una tasa general de 10% y tasa de 0% para alimentos agrícolas y básicos.
La aplicación del IVA genera ventajas al Estado y al sector económico, en primer lugar, representa un mecanismo tributario simple y de bajo costo para las autoridades fiscalizadoras, y en segundo, al ser indirecto, no afecta la acumulación de riqueza. Sin embargo, este genera desventajas a gran parte de la sociedad. Cuando se aplican tasas elevadas, estas son percibidas como costos excesivos de operación por la sociedad y fomentan el comercio informal (contrabando de mercancías); una forma de evasión del pago de los impuestos. En el caso del IVA, al ser de tipo monofásico y causado en cada una de las etapas de intermediación en la comercialización de los productos o bienes, cuando estos son desviados al mercado informal, los sujetos logran eludir el pago del impuesto, resultando imposible a las autoridades su control y recaudación.
Sáez (2004, p. 504) señala que los impuestos indirectos también contribuyen a la justicia social o a la injusticia, siendo relevante que se corrijan los problemas que causa el establecimiento de las tasas de 0%, ya que pueden provocar un acreditamiento, una devolución o una compensación en exceso, lo cual beneficia a ciertos sectores económico, cuyos privilegios se convierten en un gasto tributario para el resto de la sociedad. Otra de las cualidades de los impuestos indirectos es que no permiten identificar la capacidad económica de los individuos, y en el caso del IVA, eso lo convierte en regresivo, afectando el desarrollo económico y social de las personas, al alterar la demanda agregada y de consumo. A pesar de sus fallas estructurales dentro de su normativa jurídica, el IVA es uno de los impuestos que mayor aporta al Estado mexicano, sólo por debajo del impuesto sobre la renta (ISR), por lo que, un ajuste a su normativa jurídica podría mejorar su eficiencia recaudatoria.
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