La historia de la contabilidad es un fascinante recorrido que refleja la evolución de las civilizaciones humanas y su necesidad de registrar y controlar sus actividades económicas. Desde las antiguas tablillas de arcilla en Mesopotamia hasta los modernos sistemas digitales, la contabilidad ha sido una herramienta esencial para la organización y el desarrollo económico. Vlaemminck (1961, 1) plantea que “la historia de la técnica de las cuentas data de la más remota antigüedad, puesto que se confunde con la historia de la economía. En efecto, todo progreso económico viene necesariamente marcado por el nacimiento del desarrollo de técnicas que le sirven de apoyo y de auxilio.
Orígenes en Mesopotamia
La historia de la contabilidad se remonta a las antiguas civilizaciones de Mesopotamia, alrededor del año 4000 a.C. El indicio más remoto de contabilidad del que se tenga data desde la época de la civilización mesopotámica, tuvieron existencia miles de años antes de la era cristina y, debido a su auge económico, tuvo la necesidad de contar con elementos de la contabilidad. Los sumerios desarrollaron uno de los primeros sistemas de escritura, conocido como cuneiforme, que utilizaban para registrar transacciones comerciales en tablillas de arcilla.
Estos registros documentaban el intercambio de bienes como ganado, granos y otros recursos, y eran fundamentales para la administración de los templos y palacios. En cuanto a la técnica de registro de cuentas se evolucionó lentamente a lo largo de siglos y en las tablillas se distinguen: clase de objetos entregados, el nombre de los compradores, las cantidades entregadas a cada uno y el total de dichos suministros. Algunas planchas ofrecen elementos de la cuenta moderna como el saldo del periodo anterior, la serie de partidas positivas, de partidas negativas y el saldo final, lo cual balancea la cuenta con partidas superpuestas donde se registraban actividades comerciales, agrarias, metalúrgica del cobre, textil, la joyería de metales y piedras preciosas, y muchos siglos más tarde con la transformación de la economía de los templos en organizaciones laicas de banca y préstamo.
Avances en Egipto
Posteriormente, también surgieron manifestaciones adicionales de contabilidad en Egipto. Así mismo, en el Egipto faraónico se han encontrado gran cantidad de documentos que se refieren principalmente a las entregas en especie o en dinero al tesoro, a los jornales de obreros y empleados, así como a las cuentas de los templos. Estos papiros los elaboraban los escribas que además de comprender el millar de jeroglíficos y su significado, tenían que aprender aritmética y los elementos de la teneduría de libros.
Posteriormente las conquistas de Alejandro (332 a.c) y Omar (642 de la era cristiana), fueron cerca de mil años donde el Helenismo reinó en Egipto, y no solo se difundió la lengua griega, las costumbres, sino también los procedimientos contables y bancarios en uso en Grecia.
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Registros Contables en Asiria y Grecia
Los asirios también llevaron a cabo registros contables de carácter fiscal, impresos en tablillas de barro. En Grecia, como resultado de sus actividades comerciales, nivel de desarrollo de su marina y notable régimen económico pre capitalista, se supone la existencia de un estructurado sistema contable, aunque solo se cuenta con los testimonios de Pagani, quien afirma que en la Grecia del siglo V a.c., se obligaba a los comerciantes a que llevaran libros de contabilidad. En la antigua Grecia los primeros banqueros fueron los sacerdotes.
En la contabilidad griega el orden de las cuentas fue cronológico, los ingresos se enumeraban antes que los gastos, aparecen a continuación las contribuciones de las ciudades y de los particulares, así mismo el alquiler y arrendamiento de los bienes confiscados; todos los ingresos extraordinarios figuraban en primer lugar. Los banqueros griegos de los templos y los primeros bancos privados anotaban en sus registros todas las cantidades que pasaban por sus manos, con las fechas de entrada y salida, donde cada cliente tenía una cuenta abierta a su nombre con una página para el activo y otra para el pasivo, cuyos libros se llevaban con lealtad y exactitud.
Los banqueros Atenienses conocían un documento en forma de cheque que permitía incluso hacer remesas de fondos a otras ciudades donde tenían corresponsales. Como la mayoría de las ciudades griegas tenían dos monedas, una de buena aleación para el comercio exterior y la otra “alterada” para el interior. A causa de la gran estructura comercial, Atenas se vio obligada a tener una moneda estable que tuvo gran aceptación. Este escenario permitió a los contadores superar las dificultades derivadas de la multiplicidad de monedas de las distintas ciudades, donde la equivalencia de monedas era difícil de establecer. Atenas en materia de contabilidad pública poseía una institución de vigilancia de la hacienda pública: El Tribunal de Cuentas de los Diez que tenía como función comprobar las cuentas de los recaudadores públicos y administrar justicia a los contadores poco escrupulosos. En segunda instancia funcionaba una organización de censores llamada Colegio de los Eutymes.
Prácticas Contables en Roma
De la Roma antigua también se han encontrado rudimentos de prácticas contables que datan de los primeros años de la vida del impero y están registrados en los escritos de sus pensadores más insignes. En Roma, se da una contabilidad organizada, los particulares, los comerciantes, los banqueros y las grandes empresas agrícolas exigían una contabilidad detallada y su control. A los jefes de familia se les obligaba a anotar diariamente sus ingresos y gastos y luego pasarlos a un registro de mayor cuidado, denominado Codex Tabulae. En éste se llevaban a un lado los ingresos -Aceptum- y al otro lado los gastos-Expensum-.
Igual que en el Derecho eran meticulosos y formalistas con el registro de las operaciones correctamente. El libro fundamental fue el de ingresos y gastos (codex accepti et expensi) donde se asentaba el importe, la clase y las fechas de las transacciones que se apuntaban de manera sumaria en una especie de “memorial” (llamado los adversaria); codex que tenía un valor probatorio superior al de nuestros libros de contabilidad y sus registros consentidos por el deudor se consideraban como obligación. Los banqueros romanos hicieron del codex un verdadero “libro de caja” a dos columnas: los ingresos constituían el abono (acceptum) y las salidas de fondos o debe (expensum).
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La ley Paetelia, publicada en Roma hacia el año 325 a.C., constituyó la primera norma de aprobación de los asientos realizados en libros de contabilidad. Esta contabilidad de doble columna llevó a creer que se trataba de una contabilidad por partida doble, hasta que Alber Dupont y André Boulanger, estudiosos de esta materia, demostraron que sólo se trataba de un sistema de partida simple a doble columna. A partir del año 235 d.c., con la muerte de Alejandro Severo, la contabilidad adquirió gran importancia en la Roma antigua. En la época de la república y del impero de la contabilidad, llevado por los plebeyos, constaba de dos libros: el Adversaria, donde se anotaban las transacciones de caja, y el Codex, donde se asentaban las demás operaciones.
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