El Misterio de Jorge Julio López: El Testigo Clave que Desapareció Dos Veces ¡Descubre la Impactante Verdad!post-template-default single single-post postid-46 single-format-standard et_pb_button_helper_class et_fixed_nav et_show_nav et_secondary_nav_enabled et_primary_nav_dropdown_animation_fade et_secondary_nav_dropdown_animation_fade et_header_style_left et_pb_footer_columns4 et_cover_background et_pb_gutter et_pb_gutters3 et_right_sidebar et_divi_theme et-db
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El 18 de septiembre de 2006, Jorge Julio López, albañil y ex militante de base de una unidad básica peronista barrial, desaparece en circunstancias poco claras y sin dejar rastro.

Cuando se estaban cumpliendo treinta años del inicio de la noche más sangrienta de la historia argentina, ya en democracia, desaparece por segunda vez.

Jorge Julio López había sido secuestrado el 27 de octubre de 1976 por un grupo de tareas al mando de Miguel Etchecolatz. Pasó por varios centros clandestinos pertenecientes al Circuito Camps, donde presenció los asesinatos de algunxs de sus compañerxs. En abril de 1977 fue puesto a disposición del PEN y liberado finalmente el 25 de junio de 1979.

El Testimonio Crucial y la Condena a Etchecolatz

En 2006, durante la presidencia de Néstor Kirchner, en La Plata se lograba la primera condena en Juicio Oral al genocida Miguel Etchecolatz.

López fue testigo clave para lograr la condena del genocida con las declaraciones de lo que vivió y padeció. Su testimonio fue clave para condenar a Miguel Etchecolatz, el excomisario de la Bonaerense, por delitos de lesa humanidad.

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Esa responsabilidad fue la que lo llevó a sentarse frente a un tribunal en 2006, en el juicio contra Etchecolatz, uno de los principales responsables del terrorismo de Estado en la provincia de Buenos Aires. El 28 de junio de ese año, López habló. Fue una declaración clave, cargada de memoria y dolor, que aportó pruebas decisivas para la condena del excomisario.

La Segunda Desaparición en Democracia

Aquel 18 de septiembre de 2006, Jorge Julio López debía ir a escuchar la sentencia a perpetua contra Etchecolatz, pero nunca llegó. Lo desaparecieron otra vez.

Las hipótesis apuntaron a Etchecolatz y su entorno. Uno de los grandes errores, según los abogados del caso, fue dejar la investigación en manos de la Bonaerense, la fuerza más sospechada. Durante meses, la causa se caratuló como “averiguación de Paradero”, como si López se hubiera ido por su cuenta.

No se allanó el penal de Marcos Paz, donde Etchecolatz podía mover sus hilos, ni los domicilios de los policías denunciados por López. Pasó mucho tiempo para que el entonces ministro de Seguridad, León Arslanián, admitiera que López podía estar muerto.

Dos años después, el juez Corazza se expresó en el mismo sentido y reconoció: “No estamos preparados para casos especiales como el de López”.

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El caso de López se convirtió en un símbolo. Fue la primera desaparición forzada en democracia y un golpe directo al proceso de memoria, verdad y justicia. También dejó al descubierto las sombras de un sistema que no supo, o no quiso, proteger a un testigo clave.

“Desaparecido en Democracia”, título que expresa una dolorosa evidencia, se nos aparece, sin embargo, como un oxímoron.

Contexto Internacional y Preocupación de la OMCT

El Secretariado Internacional de la OMCT manifestó su seria preocupación por la desaparición de Jorge Julio López. El 3 de octubre de 2006, la OMCT comunicó que no se conocía ninguna información sobre su paradero ni sobre su integridad personal.

La OMCT recordó que el Sr. Jorge Julio López debía salir de su residencia, ubicada en el Barrio Los Hornos de la ciudad de La Plata, el 18 de septiembre de 2006, con el fin de presentarse para presenciar los alegatos de las querellas contra el represor Miguel Osvaldo Etchecolatz. Ese día, el Sr. Jorge Julio López no se presentó a la mencionada comparecencia y desde ese momento, todas las diligencias han resultado infructuosas.

Dentro de este contexto, la desaparición del Sr. Jorge Julio López, luego de que éste presentara su testimonio contra el ex policía Miguel Osvaldo Etchecolatz, por torturas perpetradas contra él mismo, hizo temer por su seguridad.

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La OMCT considera, según la jurisprudencia permanente, que aunque el Estado no esté directamente implicado, asume una responsabilidad en razón de su deber de protección. En el presente caso, el estado argentino tiene la obligación de proteger a sus ciudadanos contra toda desaparición forzada y, particularmente, en casos de víctimas vulnerables como es el presente caso del Sr. López.

La OMCT solicitó que se llevaran a cabo todas las diligencias apropiadas y necesarias para encontrar el paradero del Sr. Jorge Julio López. También solicitó a los mecanismos internacionales, particularmente a los Procedimientos Especiales de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, que tomaran las medidas necesarias y actuaran con el fin de encontrar y proteger al Sr. Jorge Julio López.

El Horror del Circuito Camps y el Legado de López

En septiembre de 1976, López fue secuestrado por primera vez y comenzó a recorrer el temido circuito Camps: Cuatrerismo, el Pozo de Arana, la comisaría Quinta, la Octava y la Novena de La Plata.

Todos centros clandestinos de detención donde vio de cerca la muerte y la tortura. En ese infierno, López se cruzó con los chicos de La Noche de los Lápices, a quienes los represores llamaban “los subversivos de los boletos baratos”.

También fue testigo del asesinato de sus compañeros de la Unidad Básica: Juan Pablo Maestre, Norberto Rodas, Ambrosio De Marco y Patricia Dell’ Orto. “Ella y los otros dos tienen el tiro acá en la cabeza”, declaró López ante los jueces, señalándose la frente. “El día que encuentren los cuerpos, van a ver, lo tienen acá. Los vi”, insistió.

El relato de López fue siempre crudo y directo. López volcó sus recuerdos en papeles, folletos y calendarios, llenando cada margen con letra nerviosa y dibujos de espacios y caras.

En el juicio, López fue un testigo clave. Después de contar el calvario de sus compañeros, detalló cómo fue torturado por el propio Etchecolatz. Cuando el tribunal le preguntó quién le decía eso, López no dudó: señaló a Etchecolatz con todas las letras. Recordó también los gritos del torturador: “Primero guacho, decime señor. Señor y comisario”.

“Lograr callar a mi viejo era que muchos genocidas no sean condenados”, explica Rubén, el hijo de Jorge Julio López. Sin embargo, ocurrió lo contrario: sus palabras siguieron vivas en los tribunales.

Los testimonios grabados de López, al igual que los de otras víctimas como Adriana Calvo y Nilda Eloy, se siguieron usando en los juicios de lesa humanidad, incluso después de la muerte de las dos mujeres y de la desaparición del albañil. Como si fuera una paradoja, el intento de silenciar al testigo terminó aumentando su legado. “Cada vez que declara mi viejo, un genocida puede ser condenado”, reafirma Rubén.

La Muerte de Miguel Etchecolatz

Miguel Etchecolatz murió en 2022, a los 93 años, en un centro clínico de la localidad bonaerense de San Miguel, donde estaba internado bajo custodia policial.

El represor bonaerense estuvo a cargo de al menos 21 centros clandestinos, tiene seis condenas por crímenes de lesa humanidad y se cree que sus víctimas superan las 960.

En un mensaje en redes sociales, Rubén López lamentó que Etchecolatz “se fue sin aceptar su culpa” y sin informar sobre la ubicación de Clara Anahí, la nieta de Isabel Chorobik ‘Chicha’ Mariani.

“Lamento mucho su muerte. Lamento mucho que se murió sin decir nada. Lamento mucho que no dijo dónde están los desaparecidos, no dijo dónde está Clara Anahí, se fue sin aceptar su culpa, se fue sin terminar de ser juzgado por otras causas”, decía la publicación de Rubén en Instagram.

Un Misterio Aún Sin Resolver

A casi 20 años de su segunda desaparición, el misterio sigue intacto. No hay culpables, no hay pistas firmes, no hay respuestas. “Es muy complicado explicar lo que no sabemos”, lamenta su hijo.

La historia de Jorge Julio López es, al mismo tiempo, la de un hombre común y la de una deuda enorme. La de un testigo que eligió hablar cuando el silencio era más fácil.

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