El populismo no surge de forma instantánea, es decir, han de darse una serie de elementos que signifiquen una ruptura populista. En la actualidad hay muchos países que siguen inmersos en problemas económicos como consecuencia de la crisis de los últimos años, algo que se ha convertido en la clave para el asentamiento de este tipo de movimientos.
El populismo ha sido estudiado por numerosos autores con el fin de establecer una definición clara y precisa. Aunque no existe un consenso académico respecto a su significado, sí lo hay desde una perspectiva analítica. Ernesto Laclau sostiene -inicialmente- que el término puede ser un movimiento, una ideología o una práctica (Laclau, 2009). Si se considera como una práctica política, habría que analizar las actividades políticas de los sujetos como máxima expresión de su naturaleza interna.
Por su parte, Panizza, destaca algunas situaciones de surgimiento del populismo, que casualmente coinciden con épocas de agitación social, política, cultural y económica, además de que las formas de identificación no están establecidas. Entre ellas se encuentra la realidad de que, ante un desorden social y la pérdida de confianza en las competencias de las instituciones políticas para restaurarlo, un candidato debe aparecer como alguien independiente al establishment para ser elegido.
Enfoques y definiciones del populismo
Es importante tener en cuenta a la hora de hablar de 'populismo' la distinción que realiza Panizza (2009) sobre tres aproximaciones o enfoques al término, que dentro de ellas tienen sus variaciones:
- La primera es la que denomina como 'generalizaciones empíricas', que consiste en analizar supuestos casos de populismo con el fin de obtener unos rasgos definitorios que podrían ofrecer una serie de atributos para definir el término.
- El segundo enfoque, denominado 'explicaciones historicistas', pretende relacionar el populismo con un periodo histórico, formación social o conjunto de circunstancias históricas específicas.
- El tercero es el que se considera como el 'enfoque no-esencialista'. Es una mezcla de los dos anteriores, sin embargo, este entiende el populismo como un discurso anti statu quo que reduce el espacio político mediante la separación simbólica de la sociedad entre el 'pueblo' (como los de 'abajo') y su 'otro' (la 'élite').
Edward Shils señala, por su parte, que el populismo implica la suposición de dos principios esenciales: el predominio de la voluntad del pueblo y la interrelación entre el pueblo y el gobierno (Shils, 1956). En otras palabras, "el populismo se ha utilizado para describir cualquier movimiento que invoque el nombre del pueblo" (Worsley, 1969). Sin embargo, esta afirmación no es tan rigurosa porque, en la política moderna, todo discurso apela al pueblo o dice hablar en nombre del mismo, lo que haría imposible averiguar qué mensaje es populista y cuál no.
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Barack Obama y su perspectiva sobre el populismo
La historia que nos ocupa se centra en un momento específico en que el expresidente Barack Obama abordó directamente la cuestión del populismo. "I’m not prepared to concede the notion that some of the rhetoric that’s been popping up is populist", el presidente declaró durante una aparición conjunta con los líderes de Canadá y México. Obama, al definir el término, insistió en que el populismo tiene que ver con proteger al "pequeño" contra intereses corporativos poderosos, garantizando la oportunidad educativa independientemente de la riqueza y asegurando un trato justo para los trabajadores.
Bajo esta interpretación, el propio Obama comentó: "I suppose that makes me a populist". Sin embargo, rápidamente aclaró su postura diferenciando el populismo de lo que consideraba otras formas de retórica. "They don’t suddenly become a populist because they say something controversial in order to win votes", afirmó. "That’s not the measure of populism; that’s nativism or xenophobia … or it’s just cynicism". Continuó diciendo: "Somebody who labels us versus them, or engages in rhetoric about how we’re going to look after ourselves and take it to the other guy, that’s not the definition of populism".
Distinción de Obama sobre el populismo
La siguiente tabla resume la visión de Barack Obama sobre lo que constituye o no el populismo, según sus declaraciones:
| Característica | Según Obama, esto es populismo | Según Obama, esto no es populismo |
|---|---|---|
| Enfoque | Proteger al "pequeño" contra intereses corporativos poderosos | Decir algo controvertido para ganar votos |
| Oportunidad | Garantizar la oportunidad educativa sin importar la riqueza | Nativismo o xenofobia |
| Trabajadores | Asegurar un trato justo para los trabajadores | Cinismo |
| Retórica | – | Etiquetar "nosotros contra ellos" |
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Esta distinción es crucial para entender la visión de Obama, quien considera que un buen gobernante se preocupa por el bienestar del pueblo sin ser populista. Él mismo es popular, pero no populista. El populista (de derecha o izquierda) es un líder que usa su poder carismático para establecer un vínculo directo con un sector del pueblo y fustigar al “no pueblo”, a los supuestos enemigos, internos y externos. El populista, en este sentido, es eminentemente anti democrático porque subvierte las instituciones.
El populismo en Estados Unidos: de sus orígenes a la retórica moderna
Según Panizza, el término 'populista' fue utilizado por primera vez en Estados Unidos en la década de 1890 por el Partido del Pueblo. En la segunda mitad del siglo XIX, en Estados Unidos se produjo un gran crecimiento de la población, se pasó de 31 millones de habitantes en 1860 a 75 millones en 1900 (Jurado, 2010). Los populistas idealizaron al granjero hasta el punto de considerarles el motor de la actividad económica del país y del funcionamiento de la democracia; eran la mayoría de la población, por ello los consideraron como los baluartes del gobierno democrático, según Jurado.
Surgieron diversas asociaciones populares a raíz del descontento social agrícola, como la Grange, el Greenback Party, las Farmer's Alliances y los Knights of Labor, pero no tuvieron gran éxito. Estas organizaciones culminaron con la creación en 1892 del Partido del Pueblo, liderado por James B. Weaver, quien se presentó como candidato a la Presidencia. Los populistas incluyeron en sus demandas la intervención estatal de la economía, la reducción de la jornada laboral, disminuir la corrupción en las grandes organizaciones, reformas en el sistema electoral, restricción de la inmigración, etc.
Uno de los principales académicos del populismo estadounidense es Michael Kazin, quien destaca que fundamentalmente a partir de la Segunda Guerra Mundial se produce un desplazamiento del discurso populista liderado por los demócratas del New Deal al conservadurismo de la derecha americana, a partir de la década de 1960, liderado por el Gobernador de Alabama, George Wallace. Wallace fue nombrado Gobernador de Alabama en 1962 con su promesa de abolir las órdenes federales respecto a la segregación en la Universidad de Alabama. Sus políticas y discursos las hacía con miras siempre a nivel nacional, ya que posteriormente lanzó su carrera a la presidencia, algo que nunca pudo alcanzar.
El anticomunismo comenzó a aparecer en sus discursos, acusó al gobierno federal de acercarse a políticas sociales y económicas marxistas y leninistas, consiguiendo así que conservadores tradicionales y ultraderechistas empezaran a simpatizar con él, de acuerdo con Lowndes. En su último intento por la presidencia en 1976, Wallace optó por el eslogan "confíen en el pueblo". Lowndes afirma que "el auge y la caída de Wallace demuestran que los movimientos populistas son finalmente insostenibles en una democracia liberal".
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El contexto de 2016 y la retórica de Donald Trump
2016 era año de elecciones en Estados Unidos. Barack Obama llegaba al final de su presidencia tras ocho años de mandato. En 2015, la economía estadounidense cerró el año incrementando 292.000 nuevos puestos de trabajo en diciembre, un rendimiento sólido que en el conjunto del ejercicio elevó la cifra a 2,65 millones de personas, situándose así la tasa de desempleo en un 5%, el nivel más bajo desde que comenzara la crisis (Pozzi, 2016). La recuperación financiera de la crisis global de 2008 estaba siendo más lenta de lo esperado. 2016 fue también el año en el que se abría de nuevo el debate de las armas, debido a los ataques a policías (Faus, 2016), la muerte de afroamericanos o la amenaza de atentados yihadistas. En este contexto económico, político y social, Estados Unidos afrontaba unos nuevos comicios que marcarían sus políticas durante los próximos cuatro años.
En el discurso de Donald Trump, se observa una clara estrategia para hacer partícipe al pueblo americano de su plan a través de un campo semántico de palabras que implican la acción o la coordinación de más de una persona ('nuestro plan', 'asegurémonos', 'necesitamos', 'traeremos', 'vamos a', etc.): "(...) digo nosotros porque somos un equipo". Por otro lado, se utiliza la tercera persona para hablar de aquellos a los que quiere criticar o desprestigiar, de los que no se siente representado ('han alineado', 'pueden golpear', 'ha fallado', 'propone', 'han amañado', 'agobiará', 'quiere despedir'), lo que en términos populistas se conoce como 'enemigo'.
Llama la atención en el empleo de la primera persona del singular para hablar de propuestas ámbito económico. Trump es el experto del mundo de los negocios y solo él sabe cómo mejorar la actividad financiera del país. "He ganado miles de millones de dólares en acuerdos comerciales, ahora voy a hacer que nuestro país sea rico nuevamente".
