El comunismo es un sistema político surgido en el siglo XIX y basado en la lucha de clases y la propiedad común de los medios de producción. También se entiende por comunismo la doctrina y filosofía política inspirada en ese sistema. Esta doctrina nació como una crítica al capitalismo y las desigualdades socioeconómicas del mercado derivadas de la distribución de la riqueza y la propiedad privada. Cuando los pensadores alemanes Karl Marx y Friedrich Engels publicaron el Manifiesto del Partido Comunista en 1848, el movimiento tomó definitivamente una dirección revolucionaria.
Según el comunismo, el modelo de producción capitalista provoca desigualdades -derivadas, por ejemplo, de la plusvalía generada por el trabajador de la que se adueña el empresario- que deben ser subsanadas a través de la revolución obrera. Otros líderes revolucionarios posteriores a Marx, como el ruso Vladímir Lenin, recogieron sus tesis y decidieron ponerlas en práctica. Desde la Revolución rusa se ha asociado el comunismo al sistema económico y político de la Unión Soviética, aunque este sufrió grandes transformaciones desde el leninismo original, pasando por el estalinismo, hasta las reformas de Mijaíl Gorbachov en los ochenta.
Tras la expansión del comunismo a través del modelo soviético, otros Estados de su órbita -como Afganistán, Rumanía o Yugoslavia- siguieron sus pasos hasta los años noventa, cuando la mayoría de ellos abandonaron las políticas comunistas para adoptar el capitalismo. Muchos expertos consideran el comunismo como un modelo político y económico inviable. La caída de la URSS en 1991 supuso un duro impacto al apoyo a las teorías marxistas.
El Colapso del Bloque Soviético: Un Evento Accidental
Cuando el imperio soviético en Europa oriental colapsó en los últimos meses de 1989, nadie se imaginaba que para Navidad el Muro de Berlín habría caído, que Checoslovaquia sería liberada y que el déspota rumano Nicolae Ceausescu sería derrocado. La mayoría de la gente asumía que el bloque soviético duraría para siempre. Sin embargo, éste era un castillo de naipes y lo único que lo mantenía en pie era el miedo de una intervención rusa.
A lo largo de su historia, la Unión Soviética había demostrado su disposición a usar la fuerza para mantener el control sobre sus satélites. En 1953, los disturbios en Alemania oriental fueron brutalmente aplastados. En 1956, cuando Hungría trató de separarse, los tanques soviéticos destruyeron la revolución. En 1968, el líder checo Alexander Dubcek introdujo el "socialismo con rostro humano", y Moscú envió los tanques nuevamente. Pero para octubre de 1989, la amenaza de la fuerza había desaparecido. Cuando los manifestantes salieron a las calles de Alemania oriental, el líder reformista soviético Mikhail Gorbachev advirtió al régimen en Berlín oriental que no disparara. El colapso del bloque soviético ocurrió por accidente.
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La Caída del Muro de Berlín
En la noche del 9 de noviembre de 1989, el portavoz de Alemania oriental Günther Schabowski llevó a cabo su usual conferencia de prensa. El Politburó en el poder esperaba dispersar la tensión ofreciendo a la gente visas para visitar Alemania occidental, pero solo por medio de un proceso deliberadamente lento y burocrático. Nadie le explicó esto a Schabowski. Y cuando se apresuraba a realizar su conferencia de prensa extravió el documento que detallaba el plan. Alguien le preguntó cuando comenzaría el nuevo sistema. El portavoz, nervioso, respondió: "Inmediatamente".
La televisión de Alemania occidental, que todos en el Este veían, interpretó esta respuesta como si el Muro de Berlín iba a ser abierto esa noche. Una enorme multitud se congregó en el Este y los guardias fronterizos los dejaron pasar. El Muro, el símbolo clave de la represión del bloque soviético, había dejado de dividir a Alemania.
La Revolución Pacífica en Checoslovaquia
En la vecina Checoslovaquia, la oposición estaba dirigida por los intelectuales del Capítulo 77. Ellos habían sido brutalmente reprimidos, pero su líder, el dramaturgo Vaclav Havel, insistía en que debían comportarse como un gobierno en espera, con propuestas detalladas para reformar la economía y las leyes. Solo ocho días después de que cayó el Muro de Berlín, el 17 de noviembre, comenzó una serie de manifestaciones de protesta en la Plaza de Wenceslao de Praga. Lentamente, durante los días que siguieron, los ancianos también se unieron. Y para el 24 de noviembre, la plaza estaba llena de gente.
Esa noche, Alexander Dubcek, el líder en 1968 que había estado bajo arresto domiciliario desde entonces, llegó al edificio Melantrich desde donde se miraba la plaza. Su portavoz, Jan Urban, llegó apresurado con una botella de champaña y anunció que el régimen comunista había renunciado. La revolución había terminado, y había sido totalmente pacífica.
La Caída de Nicolae Ceausescu en Rumanía
Se sabía que el hueso más duro de roer iba a ser Rumania, y, sin embargo, solo tomó un mes más para su caída. Nicolae Ceausescu, el líder comunista, se había vuelto cada vez más totalitario con el paso de los años, y su policía secreta, la Securitate, era feroz. Para mediados de diciembre, los que pertenecían a la oprimida minoría de habla húngara en Rumania habían salido a protestar a las calles de Timisoara. Nadie se atrevía a decirle a Ceausescu lo serios que eran los disturbios en Timisoara, así que él no tuvo ningún reparo en llamar a una contramanifestación en Bucarest el 21 de diciembre.
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La Securitate transportó a trabajadores de fábricas para que la participación pareciera mayor, y en el anonimato de la multitud algunas personas comenzaron a abuchear. Ceausescu se quedó congelado en la mitad de su discurso, con la boca abierta. Nunca antes lo habían interrumpido. La gente que miraba la televisión en vivo fue testigo de su súbita vulnerabilidad. Esa noche la revolución estalló en serio. La mañana siguiente, el 22 de diciembre, Ceausescu y su esposa, Elena, abordaron un helicóptero justo cuando la multitud había allanado la sede del gobierno, y se dirigieron hacia el norte. El día de Navidad, la pareja fue ejecutada por un pelotón de fusilamiento.
Causas Fundamentales de la Caída del Régimen Comunista en la URSS
Al morir Breznev en 1982, la Unión Soviética controlaba un imperio extendido por todos los continentes. Estamos hablando de un gigante, pero de pies de barro, porque la asunción de responsabilidades planetarias lo había debilitado y el nivel de vida de los ciudadanos rusos empeoraba de forma inexorable.
Estancamiento Económico
A partir de 1970 se produjo un freno del crecimiento, que repercutió en el descenso de los niveles de vida. Con rendimientos decrecientes en la agricultura, el antaño granero de Europa se vio obligado a importar trigo de Estados Unidos y Canadá. Dotada de inmensos recursos energéticos, petróleo y gas en primer lugar, el despilfarro era evidente, porque en Rusia se necesitaban 1.490 kg de carbón para producir mil dólares de productos, frente a los 820 de Gran Bretaña o los 565 de Alemania Federal. Y su explotación produjo un inmenso desastre ecológico.
Atraso Tecnológico
A pesar de sus éxitos en la carrera espacial, la URSS había terminado quedándose rezagada en sectores de alta tecnología, como la robótica, telecomunicaciones, fibra óptica, etc. La inferioridad de la técnica soviética tenía una inmediata repercusión militar, como se comprendió en Washington cuando se elaboró el programa denominado “Guerra de las Galaxias”. El atraso derivaba en gran medida de su aislamiento de la comunidad científica internacional.
Deterioro de la Calidad de Vida
Los índices demográficos constituyen un indicador inequívoco del descenso en la calidad de vida de un pueblo. Entre 1960 y 1985 la mortalidad en la URSS subió desde el 7,1 por mil al 10,8 por mil. Desde finales de la Segunda Guerra Mundial este índice había mejorado lentamente, pero a partir del año 1960 se produjo un reflujo indicador de que los bienes sociales no se destinaban al bienestar de la población, sino que se orientaban hacia el rearme. La esperanza de vida descendió de los 70 a los 67,7 años. La mortalidad infantil se encontraba en la tasa sorprendente del 25 por mil frente a la de 6-7 mil de los países desarrollados. Según los datos de 1989, la URSS, segunda potencia militar del mundo, se situaba en el puesto 51 del ranking de la renta per cápita.
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Indicadores de la Economía y Calidad de Vida en la URSS (ca. 1989)
| Indicador | URSS (ca. 1989) | Países Desarrollados / Comparación |
|---|---|---|
| Carbón para 1000$ de productos | 1.490 kg | 820 kg (Gran Bretaña), 565 kg (Alemania Federal) |
| Crecimiento económico | Freno desde 1970 | - |
| Mortalidad (1960-1985) | Subió de 7,1‰ a 10,8‰ | - |
| Esperanza de vida | Descendió de 70 a 67,7 años | - |
| Mortalidad infantil | 25‰ | 6-7‰ |
| Renta per cápita (ranking mundial) | Puesto 51 | - |
| Inflación (1991) | 775% | - |
La Urgencia de un Nuevo Modelo Económico
Era urgente el saneamiento de una economía que se derrumbaba. Un economista soviético, Schmeliov, resumió en un simposio en Barcelona los tres defectos principales: primero, el dictat (es decir, el monopolio) del productor en todas las esferas de la economía; segundo, el interés muy débil de los trabajadores en un trabajo en alto rendimiento; tercero, la insensibilidad de las empresas respecto al progreso tecno-científico”. En una economía dirigida, donde los niveles de producción y los precios son fijados por el Estado, el mayor inconveniente, como ha explicado en un libro fundamental el economista Aganbegyan, asesor de Gorbachov, estriba en el divorcio entre producción y consumo. Se fabrica lo que no se necesita y escasea lo que la población demanda. La URSS vivía en una dictadura del productor.
Con la planificación centralizada las empresas se habituaron a formular pedidos hinchados; pedían más materias y máquinas de las que necesitaban porque suponían que, en todo caso, sus pedidos iban a ser recortados. Así, se desembocó en una economía sumergida. La subvención de todos los artículos y su consiguiente baratura derivó en que las capas de la población con mayores ingresos comprasen en grandes cantidades y se dificultase su adquisición para el resto.
Las Reformas de Mijaíl Gorbachov: Perestroika y Glasnost
Al acceder Mijail Gorbachov al poder, la perestroika económica supuso la sustitución del sistema de planificación centralizada. Se apoyó, en primer lugar, en la primacía de las necesidades reales y, en segundo lugar, en el estímulo al trabajador. Se inició la conversión de los obreros en accionistas de su empresa y la posibilidad de adquirir obligaciones del Estado. El horizonte último era la instauración de la economía de mercado en la cual la producción respondería a la demanda y los precios reflejarían la realidad de los costes. Un equipo de economistas presidido por Shatalin, asesor de Gorbachov, elaboró el “Plan de los quinientos días” en el que se proponía: venta masiva de las propiedades del Estado, reducción del déficit -eliminando cargas en el exterior, entre ellas las ayudas que se prestaban a Cuba-, liberalización de los precios al consumo y convertibilidad del rublo para facilitar el comercio exterior.
A pesar del entusiasmo del equipo económico que diseñó el programa, los resultados de la transformación fueron desalentadores y sumieron a la población en una situación de agobio que desacreditó el proyecto de Gorbachov. Las reformas a medias se convirtieron en el mayor problema. Los problemas de desabastecimiento de alimentos, ropa y medicinas fueron cada vez más apremiantes. Para agravar la situación, la bajada de los precios internacionales del petróleo y gas, con los que obtenía Moscú el 80% de sus divisas, mermó la capacidad de importación.
Errores de la Perestroika
Parece existir cierto acuerdo entre los observadores de la política rusa acerca de que el fracaso de la perestroika se inició en el de la reforma de la economía. La elevación del déficit del presupuesto, desde cifras del 4 al 10%, generó tensiones inflacionistas que hicieron perder poder adquisitivo a las capas populares. A la inflación contribuyó el gobierno con la fabricación masiva de rublos. En 1991 la inflación se desbocó hasta el 775%. La excesiva dependencia de la importación de bienes de consumo, cuya producción dentro de la Unión Soviética se había abandonado en beneficio de la fabricación de armas y los programas espaciales, fue otro factor. La falta de preparación de los economistas rusos para desenvolverse dentro de los mecanismos de la economía de mercado también contribuyó al fracaso.
La Perestroika Política y la Apertura
Pasar de una sociedad cerrada, totalitaria, a una sociedad abierta, democrática, éste fue el objetivo central de Gorbachov. En el modelo cerrado del comunismo no existía pluralidad de partidos ni listas diferentes del Partido único. Por tanto, supuso una revolución la convocatoria en marzo de 1989 de elecciones para diputados de la URSS con multiplicidad de candidaturas y propaganda en la campaña, incluyendo debates por televisión. Con esta innovación fue posible la llegada al parlamento de no comunistas y de disidentes, el más ilustre el físico Sajárov. En marzo de 1990 el Congreso elegía a Gorbachov presidente de la URSS.
En la vida social rusa la perestroika significó, en primer lugar, una modificación de los comportamientos del poder. Supuso la aceptación normal de la disidencia y de los disidentes. Supuso, por añadidura, una auténtica ruptura cultural, al aceptarse que el poder político no implica el monopolio infalible de la verdad, lo que exigió, en primer lugar, la revisión de la Historia. No menos trascendentales fueron los cambios jurídicos, al garantizarse los derechos de los ciudadanos, tanto tiempo constreñidos, entre ellos los de expresión, reunión o posibilidad de salida y entrada al país. El monopolio político del Partido Comunista desapareció. En 1990 se anuló el Artículo 6 de la Constitución, que prohibía el pluripartidismo, y se formó una coalición de fuerzas en torno a Boris Yeltsin.
El Fin Definitivo
A pesar de las reformas, el proceso de cambio generó inestabilidad. La revolución de los ortodoxos (agosto de 1991) intentó parar el proceso, pero, al fracasar, desató la revolución democrática, provocando el final del régimen comunista y el estallido de la URSS.
