Durante el siglo XX, los cambios tecnológicos ocurrieron de forma abrupta y rápida a nivel mundial. El uso de esta tecnología se remonta a mediados del siglo XX. El primer satélite artificial enviado al espacio fue el Sputnik I, lanzado el 4 de octubre de 1957 por la entonces Unión Soviética.
La carga útil se llamó Sputnik (“satélite” en ruso). El 4 de octubre de 1957, la URSS se convirtió en la primera nación en lanzar un satélite artificial al espacio. El ingeniero astronáutico Sergei Korolev encabezaba el grupo que había creado el primer misil balístico intercontinental soviético (ICBM), e instó al gobierno para que le dejara modificar al cohete R-7 para colocar una pequeña carga útil científica en órbita terrestre.
Sputnik se diseñó con forma esférica, con cubiertas de aluminio de dos milímetros de espesor y pesaba 58 kg. Poseía antenas que medían entre 2.4 y 2.9 metros.
El Sputnik I orbitó en torno a la Tierra dando una vuelta completa cada 96 minutos durante tres meses, y emitiendo un revelador “bip-bip” con su radio de 1 vatio que podían escuchar fácilmente radioaficionados de todo el mundo. Este "bip" permitía el estudio de la propagación de las ondas de radio en la ionosfera terrestre. Dentro del satélite, la presión del nitrógeno era mayor que la del medio que lo rodeaba, permitiendo lecturas constantes sobre la temperatura en su interior. Si había una fuga de presión, un cambio en la lectura del termómetro alertaría a los científicos en Tierra.
Sin embargo, el satélite causó cierta histeria entre la población de EE UU, cuya población estaba muy al tanto de la capacidad soviética para lanzar ICBM con cabezas nucleares a cualquier punto del planeta.
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A partir de entonces, varios países han enviado unos 2,500 satélites al espacio. En 1958, Estados Unidos puso en órbita su primer satélite artificial, el Explorer I. Tenía un sensor capacitado para medir los rayos cósmicos, unas partículas de alta energía, y al final hizo el descubrimiento de los cinturones de Van Allen.
El mundo estaba en plena Guerra Fría y en medio de la llamada carrera espacial, en la que Estados Unidos y la Unión Soviética competían en la exploración del espacio exterior. Los casos exitosos del Sputnik I y el Explorer I alentaron a los países a seguir el desarrollo de los satélites artificiales, a la par de los intentos de viajes espaciales.
En 1960, Estados Unidos lanzó TIROS I, el primer satélite exitoso para la observación del tiempo. China hizo un primer intento en 1969, pero fue cristalizado un año después. En 1972, se puso en órbita el primer satélite del programa LANDSAT, cuyo propósito ha sido la observación de la superficie terrestre. En 1975 se colocó el primer satélite geoestacionario para el pronóstico del tiempo. Durante los años siguientes otros hicieron su aparición: SPOT (1986), RADARSAT (1995), TERRA (1999) e IKONOS (2000), entre otros.
Es importante recordar que los satélites artificiales son objetos que los seres humanos han construido, enviado al espacio y puesto en órbita alrededor de la Tierra. Estos objetos tienen una intención específica, pero todos persiguen el mismo fin: entender mejor el universo. También son muy útiles en el campo de la investigación, ya que permiten obtener y transmitir información relevante acerca del clima; además se usan para guiar la navegación marítima, terrestre y aérea. El famoso Sistema de Posicionamiento Global (GPS, por sus siglas en inglés), que determina la ubicación/posición de un objeto en el planeta, funciona a partir de una red de satélites artificiales, y de hecho, los sistemas de telecomunicaciones actuales que incluyen la televisión y los teléfonos celulares, funcionan gracias a satélites artificiales.
Sus usos varían. Algunos son útiles para elaborar mapas, otros para obtener información específica de la Tierra u otros planetas y unos más para recopilar datos que ayuden a prever las condiciones del tiempo en el planeta.
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Sus funciones pueden ser:
- Científicas. Ejemplos: estudio del espacio, de la radiación, de los planetas, etcétera.
- Aplicadas. Ejemplos: observación meteorológica, espionaje militar, telecomunicaciones, teledetección, etcétera.
La distancia a la que se encuentran los satélites de la Tierra depende de su función y su área de cobertura, la altura puede variar desde 200 hasta 35,000 kilómetros, donde se encuentra la llamada Banda Ka, utilizada por empresas y gobiernos para el internet satelital.
Existen dos tipos básicos de satélites que orbitan la Tierra:
- Geoestacionarios: Se mueven de este a oeste por encima del ecuador, es decir, siguen la dirección y velocidad de la rotación terrestre.
- Polares: Viajan de polo a polo, en dirección norte-sur.
Por otra parte, existe un tipo de satélites que observan y detectan las características de la atmósfera, los océanos y las masas de tierra. Son los satélites ambientales, y se dividen en geosincrónicos, que orbitan el planeta a la misma velocidad de la rotación de esta, y en heliosíncronos, los cuales pasan cada día a la misma hora sobre un punto determinado de la Tierra.
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