Descubre Cómo los Cuentos del Orden Existencial Revolucionan la Filosofía de Martin Heideggerpost-template-default single single-post postid-46 single-format-standard et_pb_button_helper_class et_fixed_nav et_show_nav et_secondary_nav_enabled et_primary_nav_dropdown_animation_fade et_secondary_nav_dropdown_animation_fade et_header_style_left et_pb_footer_columns4 et_cover_background et_pb_gutter et_pb_gutters3 et_right_sidebar et_divi_theme et-db
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La filosofía alemana se caracteriza por su férreo aspecto sistémico y la consecuente construcción de sistemas cerrados de pensamiento. En efecto, Martin Heidegger (1889-1976) no fue ajeno a la idiosincrasia de los intelectuales germánicos. La teoría existencialista de Martin Heidegger es considerada uno de los principales exponentes de este movimiento filosófico, asociado sobre todo a autores de finales del siglo XIX y principios del XX. En este análisis se exploran sus contribuciones a la filosofía de corte existencialista, centrando la atención en la naturaleza de la existencia humana y la búsqueda del sentido como motor de una vida auténtica.

El problema del ser y el método fenomenológico

La obra principal del filósofo de Friburgo se titula Sein und Zeit, publicada en el año 1927. Allí planteó a grandes rasgos el problema del ser y se preguntó por el sentido del mismo en toda su generalidad. Heidegger inició su recorrido intelectual con una fuerte crítica a la tradición filosófica occidental orientada al entendimiento del ser, puesto que, para él, desde Platón y Aristóteles la cuestión precisamente del ser ha quedado en el olvido. La preocupación principal que lleva a Heidegger a escribir Ser y tiempo es lo que él llama el olvido del ser.

El modo en que Heidegger abordaba todas las cuestiones que le intrigaban estaba muy influenciado por los últimos textos del filósofo y matemático alemán Edmund Husserl y su fenomenología. En su obra, Heidegger insiste en que la fenomenología no habla del «qué» de los objetos filosóficos sobre los que investiga, sino del «cómo» de la investigación, la cual se centra en el ser. En otras palabras, la fenomenología es el método que permite ver lo que «no aparece» por quedar oculto: el ser de los entes.

El Dasein y la existencia concreta

El concepto de Dasein es, posiblemente, uno de los más importantes en el pensamiento de Martin Heidegger. Este término alemán puede traducirse por «ser-ahí» o «estar siendo en el mundo» y hace referencia a la existencia humana. Heidegger consideraba que las personas no somos entes pensantes aislados del mundo que nos rodea, sino que la propia interacción con el entorno es un aspecto nuclear del ser. En consecuencia, el hombre se presenta ante todo como un ser-en-el-mundo (In-der-Welt-Sein), determinación fundamental del Dasein.

De manera similar a como Heidegger utilizó las categorías de los entes en la ontología tradicional, también hablará de los existenciarios del Dasein, aquellos modos que constituyen su facticidad. Entre estos destacan:

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  • Ser-en-el-mundo: La estructura fundamental donde el hombre está implicado en el mundo y percibe su entorno.
  • Ser-para-la-muerte: Referencia a la posibilidad más inevitable y propia de la existencia, su fin.
  • Cuidado (Sorge): Modo de existencia más primario que se encuentra a medio camino entre la atención y la inquietud, relacionado con la temporalidad y la proyección.

La angustia, la autenticidad y el giro del pensamiento

Para el pensador alemán, la angustia (Angst) abre camino hacia lo auténtico, nos devuelve al verdadero sentido de la existencia y al sentimiento de nuestra situación original. Gracias a la angustia, el hombre descubre que es un ser destinado a morir. Esta experiencia nos libera de la existencia inauténtica o banal, de la vida impersonal y anónima del «se» (Das Man), donde el sujeto se diluye en la colectividad para librarse del sentimiento de responsabilidad.

Posteriormente, tiene lugar lo que se entiende por el giro -llamado en alemán Kehre- del pensamiento del filósofo. El momento decisivo llega con la Carta sobre el humanismo (1946). Una de las ideas centrales del texto es el lenguaje como manifestación del ser: «El lenguaje es la casa del ser. En su morada habita el hombre. Los pensadores y poetas son los guardianes de esa morada». En esta etapa, Heidegger profundiza en la relación entre la verdad (alétheia) y la obra de arte, entendiendo esta última como un ejercicio de desvelamiento que hace palpable el ocultamiento previo del ser.

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