Descubre Cómo la Educación en Ginebra Está Revolucionando el Futuro: Historia y Transformación Actualpost-template-default single single-post postid-46 single-format-standard et_pb_button_helper_class et_fixed_nav et_show_nav et_secondary_nav_enabled et_primary_nav_dropdown_animation_fade et_secondary_nav_dropdown_animation_fade et_header_style_left et_pb_footer_columns4 et_cover_background et_pb_gutter et_pb_gutters3 et_right_sidebar et_divi_theme et-db
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Ginebra ha sido históricamente un centro de actividad intelectual y reformista, con una profunda implicación en el ámbito educativo que se extiende desde las figuras prominentes de la Reforma Protestante hasta las iniciativas globales contemporáneas. En la actualidad, esta ciudad suiza se posiciona como un eje fundamental en la respuesta a los desafíos educativos a nivel mundial, especialmente en situaciones de emergencia.

Iniciativas Modernas en Ginebra para la Educación en Emergencias

Con motivo del Día Internacional de la Educación, la UNESCO y sus asociados inauguraron el 25 de enero el Centro Mundial de Ginebra para la Educación en Situaciones de Emergencia. Este es un proyecto ambicioso que tiene como objetivo reducir la fragmentación de los esfuerzos e incrementar el espacio político, técnico y de financiación dedicado a la educación en las situaciones de emergencia.

El Centro Mundial de Ginebra para la Educación en Situaciones de Emergencia permitirá que sus miembros del ámbito humanitario, del desarrollo y de la educación trabajen con miras a lograr una sinergia reforzada. Buscará infundir el compromiso de la comunidad estratégica y política de Ginebra con respecto a la educación en las situaciones de emergencia, y garantizar una mayor repercusión de la educación en las situaciones de emergencia a escala de los países. Todo esto se logrará gracias a datos y evidencias fehacientes de mayor calidad, así como a una investigación innovadora para apoyar el suministro de una educación segura y de calidad, mientras se construyen sistemas educativos resilientes.

La Crisis Mundial de la Educación y sus Desafíos

En la actual crisis mundial de la educación, 127 millones de niños y niñas en edad escolar no escolarizados viven en países afectados por situaciones de urgencia. Esto se ha exacerbado, entre otras razones, por la pandemia de COVID-19. Esta situación ha intensificado la urgencia de hacer frente de manera eficaz a los obstáculos para acceder a la educación, a la vez que se trabaja para dar respuesta a las necesidades interconectadas en materia de protección y salud de los educandos y docentes en situaciones de urgencia y crisis prolongadas.

Con motivo de la inauguración del Centro Mundial de Ginebra, se hizo hincapié en que la necesidad de disponer de un enfoque holístico de la educación en situaciones de emergencia es esencial, insistiendo en el valor agregado que todos los sectores proporcionan para identificar y abordar de manera efectiva las necesidades educativas de los jóvenes vulnerables para así lograr una educación de calidad para todos de aquí al 2030. Hina Shikhani, estudiante afgana refugiada y educada en Pakistán, explicó que “la educación es clave para transformarnos, y transformar la vida de los miembros de nuestras comunidades”.

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A pesar de su importancia, la educación en situaciones de emergencia recibe solo alrededor del 3% del financiamiento humanitario total. Sin embargo, la educación sigue representando una prioridad absoluta para las comunidades afectadas por emergencias y crisis. Como lo describió el Sr. Fadi Yarak, director general del Ministerio de Educación y de la Enseñanza Superior del Líbano, “en el Líbano y en otros países árabes, a pesar de la dureza de la crisis, los padres siguen luchando para que sus hijos reciban una educación y tengan oportunidades”. Shikhani añadió que “la educación no debe ser considerada como un lujo, sino más bien como un derecho que debemos proteger”, abogando por la necesidad de eliminar de manera holística todos los obstáculos de la educación para niños y jóvenes vulnerables afectados por las situaciones de emergencia. Se trata fundamentalmente de obstáculos económicos, lingüísticos y culturales, así como de desafíos menos perceptibles como los efectos psicosociales de las situaciones de emergencia que pueden limitar el acceso a la educación y tener una repercusión en el rendimiento escolar.

La educación actual es un caos, con más del 90 % de los niños en todo el mundo viendo interrumpida su educación por la pandemia del COVID-19, la mayor interrupción en los sistemas educativos de la historia. Para muchos estudiantes, especialmente las niñas y las jóvenes, la disrupción podría ser permanente y podría afectar a sus derechos, comprometiendo la igualdad y el desarrollo de las generaciones futuras.

Compromisos y la Cumbre sobre la Transformación de la Educación de la ONU

A la luz del reconocido valor transformador de la educación para todos los niños, jóvenes y comunidades, los co-signatarios del Centro Mundial de Ginebra se comprometieron a aumentar su colaboración con miras a priorizar, cumplir y proteger el derecho a una educación inclusiva, de calidad y segura para todos los niños y jóvenes desplazados y afectados por las crisis. Su misión es entablar un diálogo con los gobiernos, donantes, responsables humanitarios y de desarrollo de la sociedad civil, así como del ámbito educativo para unirse en torno a una acción común transformadora.

Este compromiso se dejó constancia durante el Foro Mundial sobre los Refugiados de 2019 por Suiza, Education Cannot Wait, el Polo Mundial de Educación, la UNESCO, ACNUR, UNICEF, la Red Interinstitucional para la Educación en Situaciones de Emergencia (INEE), el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR), el Instituto de Altos Estudios Internacionales y del Desarrollo y la Universidad de Ginebra. Representa la unidad de todas sus fuerzas para que la educación se convierta en una realidad para millones de niños atrapados en situaciones de crisis.

La Sra. Stefania Giannini, Subdirectora General de Educación de la UNESCO, describió el Centro Mundial de Ginebra como una “plataforma necesaria que combina la influencia institucional y política para promover el incremento de la financiación de la educación y una asignación más equitativa de los recursos”. En realidad, el Centro Mundial de Ginebra funcionará como un catalizador de los compromisos políticos y financieros a largo plazo, así como de las soluciones innovadoras que tienen como objetivo promover la inclusión en la educación y el reconocimiento del aprendizaje para los educandos más vulnerables.

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La UNESCO acoge con satisfacción esta iniciativa que considera como un trampolín valioso hacia la puesta en marcha del Marco de Acción Educación 2030 que subraya la necesidad de “construir sistemas educativos más resilientes y con mayor capacidad de reacción ante los conflictos, las tensiones sociales y los desastres naturales - a fin de que la educación se mantenga durante las situaciones de conflicto, de emergencia y de post-conflicto”. La UNESCO se compromete a respaldar el importante trabajo de suministro de educación en los contextos de crisis, recurriendo a su experiencia técnica en materia de política, planificación y estadísticas de la educación, ámbitos que pueden proporcionar un valor añadido al trabajo de los agentes educativos en situaciones de emergencia. Gracias a su presencia en todo el mundo y en colaboración con sus institutos especializados tales como el IIPE, el IUS y el BIE, la UNESCO contribuye a reforzar las capacidades de sus Estados miembros para proporcionar a todos un acceso a oportunidades educativas de calidad, incluso en situaciones de emergencia y de crisis. La UNESCO se halla a la vanguardia de los esfuerzos que se llevan a cabo en materia de planificación de la educación sensible a las cuestiones relativas a las crisis, la protección de la educación contra los ataques, el empoderamiento de los jóvenes en las situaciones de crisis y el seguimiento de las repercusiones mundiales de la COVID-19 en la educación.

La Cumbre sobre la Transformación de la Educación de las Naciones Unidas se convocó como respuesta a la crisis mundial de la educación en materia de igualdad, inclusión, calidad y relevancia. Esta cumbre es una iniciativa clave de Nuestra Agenda Común presentada por el Secretario General de la ONU, Antonio Guterres, en septiembre de 2021. La relevancia de esta cumbre, y de los subsecuentes compromisos adquiridos por los estados, radica en que Naciones Unidas, de la mano de su secretario general, se adhieren al reclamo de la UNESCO de hacer de la educación la palanca de logro de los 17 ODS y a la vez impulsar la consecución del ODS 4, Educación de calidad.

En línea con la consecución de estos objetivos, António Gutérres alerta de que “en lugar de ser la gran facilitadora, la educación se está convirtiendo rápidamente en la gran divisora” y reclama a los países la urgencia de subsanar las pérdidas de aprendizaje en niños y jóvenes derivadas de la pandemia. Esta crisis educativa, que la pandemia no ha hecho más que evidenciar, requiere repensar el propósito de la educación y de los mismos currículos, tal y como sugiere claramente la UNESCO en su informe mundial de educación: Reimaginar juntos nuestros futuros: uno nuevo contrato social para la educación. Pero también requiere que los estados inviertan más, más equitativa y más eficientemente en educación: la mitad de los países del mundo han recortado su presupuesto en educación a raíz de la pandemia y menos de la mitad tienen estrategias para ayudar a los niños y jóvenes a recuperar el aprendizaje perdido durante este período de tiempo.

La Internacional de la Educación llevó la voz de la profesión docente a los líderes mundiales en la Cumbre para la Transformación de la Educación. La cumbre de las Naciones Unidas se convocó para centrarse en la educación y condujo a la creación de una Comisión Global sobre la Profesión Docente. Más de 130 países se comprometieron a dar prioridad a la educación en la Cumbre sobre la Transformación de la Educación de las Naciones Unidas, que reunió a líderes mundiales el pasado mes de septiembre en Nueva York. Como resultado de la cumbre, casi la mitad de los países participantes se han comprometido a priorizar la educación tomando medidas para abordar la pérdida de aprendizaje, mientras que un tercio lo han hecho en cuanto a su apoyo al bienestar psicosocial de aprendices y docentes. En resumen, más de 130 países se han comprometido a reiniciar sus sistemas educativos y apostar por la transformación de la educación como palanca de transformación del mundo.

Docentes de todo el mundo se movilizan para transformar la educación. El papel fundamental de los gobiernos como garantes y proveedores de una educación pública gratuita de calidad y acceso universal nunca había sido tan evidente. Para forjar una recuperación pospandemia que supere las desigualdades imperantes, es necesario y urgente transformar la educación. Debemos transformar la educación para que, sin importar el lugar, ninguna niña, ningún niño, ningún joven o no tan joven se vea privado de su derecho a una educación de calidad. Una buena educación desarrolla la capacidad de los alumnos a la hora de aprender los fundamentos básicos del conocimiento: la alfabetización, el cálculo y el pensamiento científico. La financiación pública de la educación es la inversión más eficiente y socialmente responsable que pueden realizar los países.

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El progreso hacia el Objetivo 4 se basa en diez metas específicas que se centran en una amplia variedad de cuestiones relacionadas con la educación como, por ejemplo, la equidad y el acceso, el desarrollo de habilidades, la alfabetización y la aritmética universales, las instalaciones, el profesorado y la financiación. A pesar del progreso realizado en las últimas décadas, la comunidad internacional se está retrasando en sus compromisos. Urge recuperar el terreno perdido en el aprendizaje, reavivar el compromiso político y financiero internacional con la educación como bien público mundial y acelerar el progreso hacia la consecución del ODS 4.

La Herencia Educativa de Juan Calvino en Ginebra

A lo largo de la historia, Ginebra ha sido un epicentro de pensamiento y acción, y su compromiso con la educación se remonta a siglos atrás, con figuras como Juan Calvino dejando una huella indeleble. El protestantismo es educador por excelencia. No podríamos concebir un mundo moderno sin su influencia en la educación. Las grandes Universidades de América, y algunas más de Europa fueron fundadas bajo principios cristianos y aún por ministros protestantes. Este año, la Universidad de Ginebra celebrará su 450 aniversario, y en medio del recuerdo el nombre de Juan Calvino resonará en los auditorios y conferencias. Calvino siempre se preocupó por la educación del pueblo y la buena instrucción de los maestros y ministros. Calvino, por tanto, debe estar no solo entre los grandes teólogos, pastores, actores sociales y reformadores, sino también entre los grandes educadores del siglo XVI.

La Visión Educativa de Calvino

La ciudad y su Iglesia - como señala Denis Crouzet - se convierten en espacios de enseñanza de la gloria divina mediante la escenificación de un poder de corrección que tiene por fin, no solamente hacer volver a Dios a quienes ignoran los mandamientos divinos, sino también recordar a quienes los cumplen fielmente que se encuentran al borde de un «abismo». El reformador se dirige a los «humildes, a los ignorantes y a los illitterati». La puesta en marcha de esta organización militar está regulada igualmente por la importancia concedida a la educación de la infancia. Al tiempo que descansa sobre una concepción disciplinar, la Iglesia de la Reforma se fundamenta en el principio cristiano de una infancia disponible para recibir la verdad.

Se considera a los niños situados a la vez en el centro de los peligros y de la esperanza de la ciudad que se consagra a Dios. Peligro porque la juventud se halla al acecho de las novedades y las tentaciones, porque sus sentidos están tan vivos que pueden padecer «ardores» tan grandes como los de las bestias indomables. Esperanza porque es aún como una tierra virgen que puede ser roturada e instruida en la luz de la verdad sin que haya estado sumida durante mucho tiempo en el «lodazal». Con tiempo, puede ganársela con la educación, las almas pueden presentarse ante Dios en lo que una visión anacrónica contemplaría como un adoctrinamiento en el sentido actual del término. En el Renacimiento y en la época de las Reformas, el anuncio de la doctrina del Evangelio a un niño no hace más que cultivar una disposición a avanzar en el sentido de recibir el don gratuito de la salvación. No hay tiempo que perder.

Calvino tenía previsto también que los niños asistieran todos los domingos a los coros establecidos en las parroquias. Es preciso «desde buena hora» comenzar a ser un discípulo de Dios, no hay que esperar a la vejez para recordar que Dios existe, y los jóvenes deben ser sujetados «con la rienda corta». La Reforma es, en primer lugar, una voluntad de re-forma de la criatura creada por Dios a su imagen, pero deformada irremediablemente por el pecado original. Se trata de evitar las equivocaciones y las cegueras del hombre. Por tanto, los niños tendrían a su disposición una Institution puérile de la Doctrine chrétienne. Y desde esa perspectiva, su trabajo lleva casi inmediatamente a Calvino a modificar significativamente su Catechisme, c´est-à-dire le formulaire d´instruire les enfants en la chrestienté, faict en manière de dialogue. La versión del catecismo, redactado del 20 al 27 de noviembre de 1541 para ser explicado a los niños (lo mismo que a los adultos) los domingos, difiere significativamente del de la Instrucción de 1537. El Catecismo, destinado tanto a los jóvenes como a los adultos, constituye una prolongación de la disciplina, y comprende cincuenta y dos lecciones dominicales sobre el credo, el decálogo y el padre nuestro.

Por encima de todo, este dispositivo se complementaría con un itinerario escolar cuyas diferentes etapas las vigila y organiza la Iglesia de Ginebra. El hombre nuevo debe ser alguien que ha recibido una educación que le permita gozar al máximo de los beneficios de la palabra de Dios. Desde el año de 1542, Calvino interviene ante el magistrado para que la enseñanza primaria sea impartida por maestros competentes y para que sean excluidos de ella algunos personajes a los que él considera dudosos. Los problemas relevantes de la educación de los niños hacen que Calvino se dirija a menudo al Pequeño Consejo, con el fin de proponer o de presentar a nuevos enseñantes, negociar sus salarios, y también para recriminar a algunos de ellos. La enseñanza constituye el núcleo de las preocupaciones de Calvino, puesto que es mediante su ejercicio la manera como el hombre nuevo podrá «aprovechar» al máximo y la forma de estabilizar la Iglesia.

Estructura Educativa y la Academia de Ginebra

El principio de la enseñanza consiste en la progresión según la edad y en la división del ciclo educativo en dos partes: lecciones obligatorias y continuas para la infancia y lecciones públicas y libres para los adultos, según el modelo que había desarrollado Jean Sturm. El primero es el del colegio, la schola privata, compuesto por siete clases en las que se reparten los alumnos en decenas bajo la autoridad general de un regente. Se pone en funcionamiento el modelo de una enseñanza inspirada en los criterios de la pedagogía «humanista». De ahí la tesis según la cual, y a pesar de ciertas apariencias, durante toda su vida el ideal de cultura de Calvino habría sido «el de los humanistas».

Los grados de séptimo y sexto se dedicaban al aprendizaje de la escritura y de la lectura en latín y francés; a continuación, y durante un año, en el centro del dispositivo pedagógico se situaba la gramática. Pero, en todas las clases, Calvino da forma a un modo de vida que, según sus ritmos estrictamente fijados, descansaba en la fe y en el orden: la exigencia de silencio, la concordia cristiana entre los alumnos, la obligación de asistir el miércoles al sermón y el domingo a los dos sermones, el de la mañana y el de mediodía, el canto de los salmos, la necesidad de que, a partir de cuarto, los alumnos no se expresasen más que en latín. La disciplina era severa, utilizando castigos corporales y amonestaciones. Al finalizar la jornada de clase, tres alumnos recitaban el padre nuestro, la confesión de fe y los diez mandamientos. El horario semanal de clases constaba de setenta horas.

Cuando, en 1558, se decidió construir un nuevo edificio para albergar el colegio, el propio Calvino en persona se acercó a inspeccionar el lugar elegido, acompañado por albañiles, carpinteros, los cuatro síndicos y algunos consejeros. De esta manera, pudo verificar que se dejaba un espacio para que los alumnos pasearan, además de confirmar que el lugar era salubre.

La puesta en marcha de un curso escolar de alto nivel no pudo realizarse hasta finales de la década de 1550. El proceso de Fundación de la Academia de Ginebra capta una parte de la energía del reformador a partir del año 1556, después de una crisis que afecta a la Academia de Lausana y que permite, debido a los despidos, la contratación de profesores de alto nivel. Calvino deseaba completar el modelo pedagógico ginebrino, añadiendo un ciclo superior, para el que tomó como modelo el de la Escuela Superior de Estrasburgo, y también la Academia de Wittenberg, que había organizado Melanchton.

A pesar de una larga enfermedad, en mayo de 1559, fue el propio Calvino quien presentó los profesores al magistrado, para leerles a continuación los estatutos de la institución, las Leges Academiae Genevensis, redactadas en latín, y finalmente para anunciar la elección como rector de Théodore de Bèze. Este último se hallaba rodeado por profesores de origen francés, como François Bérault de griego y Jehan Tagault de filosofía. La enseñanza del hebreo fue confiada a Antoine Chevalier, mientras que Calvino y Théodore de Bèze se reservaban la teología. En la Academia, o schola publica, se enseñaba teología, filosofía, que comprendía física, matemática, dialéctica y retórica, y además griego y hebreo, en un horario de veintisiete horas semanales. Calvino comentaba los libros sagrados en cursos improvisados.

Instalada en principio en los mismos locales que el colegio, en 1562, la schola publica se trasladó a la iglesia de Notre-Dame-la-Neuve, y a partir de ese momento comenzó a denominarse el Auditorio. Esta institución, siguiendo un modelo bien definido, constituyó una máquina de formar pastores que pudieran ser enviados rápidamente a Francia para responder a las expectativas de un número de fieles cada vez mayor, y para impedir que los predicadores se dedicaran a explicar, de manera informal, palabras «heréticas». En 1563, se habrían contado ya unos trescientos estudiantes en la Academia y mil doscientos escolares en el colegio, y la programación para la educación de un hombre nuevo constituyó un éxito extraordinario.

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