La Sociedad de Socorro es la organización de mujeres de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, dedicada a fomentar la fortaleza espiritual y mejorar el bienestar de nuestras hermanas y hermanos en todo el mundo. Organizada en 1842, la Sociedad de Socorro cuenta con más de 7 millones de mujeres en la actualidad. Esta organización es considerada por largo tiempo como la organización de mujeres más grande y una de las más antiguas del mundo. La Sociedad de Socorro se ha extendido por el mundo y se le ha llamado “la organización de mujeres más grande y, en todos los sentidos, la más grandiosa de la tierra”.
Propósito y Misión de la Sociedad de Socorro
La Sociedad de Socorro prepara a las mujeres para las bendiciones de la vida eterna al ayudarlas a aumentar su fe y su rectitud personal, a fortalecer a las familias y los hogares, y ayudar a los necesitados. Fe, familia y socorro; estas tres sencillas palabras han llegado a expresar la visión que los profetas tienen para las hermanas de la Iglesia. Los propósitos de la Sociedad de Socorro son: aumentar la fe y la rectitud personales, fortalecer a las familias y los hogares, y buscar y ayudar a los necesitados.
Así como los profetas del Señor han enseñado continuamente a los élderes y a los sumos sacerdotes sus propósitos y deberes, ellos han compartido su visión en cuanto a las hermanas de la Sociedad de Socorro. Por medio de la Sociedad de Socorro, las mujeres tienen una función oficial en la Iglesia con grandes responsabilidades, “entre ellas, la de la obra en el templo y la prédica del Evangelio”. Además, la Sociedad de Socorro debe ayudar a las mujeres a “sembrar y cultivar… un testimonio de [Jesucristo] y del Evangelio”, “fortalecer a la familia y el hogar” y “cumplir con todos los deberes familiares”. Tiene la responsabilidad de atender a las “necesidades del pobre, del enfermo y del menesteroso”.
El propósito de la Sociedad de Socorro, tal como la estableció el Señor, es organizar, enseñar e inspirar a Sus hijas para prepararlas para las bendiciones de la vida eterna. Cada una de esas responsabilidades apoya y refuerza a las otras dos. Cuando aumentamos nuestra fe, el resultado de ese esfuerzo fortalece a nuestra familia. Cuando servimos al Señor y a Sus hijos, nuestra fe y nuestra capacidad de rectitud aumentan. Las tres responsabilidades están inseparablemente conectadas.
Responsabilidades Fundamentales
- Aumentar la fe y la rectitud personales. Para hacer nuestra parte bajo el plan del Señor, debemos aumentar nuestra fe y nuestra rectitud personales. El ser miembro de la Iglesia requiere fe, la cual nutrimos en el curso de nuestra vida con gran “diligencia, y paciencia, y longanimidad”. Tenemos un legado común de ejemplos extraordinarios de fe entre las mujeres de los primeros días de la Iglesia.
- Fortalecer a las familias y los hogares. Nuestra segunda responsabilidad es fortalecer a las familias y los hogares. La Sociedad de Socorro se debe organizar, alinear y movilizar para fortalecer a las familias y hacer que nuestros hogares sean refugios sagrados de las cosas del mundo.
- Servir al Señor y a Sus hijos. La tercera responsabilidad de todas las mujeres de la Iglesia es servir al Señor y a Sus hijos. Entre los deberes de la Sociedad de Socorro se encuentran las más extraordinarias oportunidades de prestar servicio sobre la tierra, y están al alcance de todas las hermanas.
El presidente Spencer W. Kimball declaró que “existe un poder en esta organización que aún no se ha ejercido plenamente para fortalecer los hogares de Sión y edificar el reino de Dios, ni se ejercerá hasta que las hermanas y el sacerdocio capten la visión de la Sociedad de Socorro”. El verdadero poder de esta gran hermandad mundial radica dentro de cada mujer. Todas compartimos un noble legado y podemos cultivar una fe comparable a la de las extraordinarias y fieles mujeres que nos antecedieron. Tenemos una función vital en la edificación del reino de Dios y en la preparación para la venida del Señor. De hecho, el Señor no puede realizar Su obra sin la ayuda de Sus hijas.
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Historia y Origen Divino de la Sociedad de Socorro
Para entender la Sociedad de Socorro, es fundamental conocer la restauración del Evangelio de Jesucristo. La Sociedad de Socorro fue parte formal de la Restauración y en la antigüedad existió una organización similar para las mujeres de la Iglesia. El profeta José Smith declaró: “La Iglesia nunca estuvo perfectamente organizada hasta que se organizó a las mujeres de esa manera”.
Fundación en Nauvoo
La Sociedad de Socorro fue organizada el 17 de marzo de 1842 en Nauvoo, Illinois, bajo la dirección de José Smith, el profeta y Presidente de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días en ese momento. Su misión original se centraba en atender las necesidades temporales de bienestar, pero rápidamente se amplió para nutrir también la fortaleza espiritual. Este inicio se dio cuando varias mujeres, encabezadas por Sarah Granger Kimball, se organizaron para hacer camisas para los hombres que trabajaban en el templo. Las mujeres decidieron organizarse formalmente y le pidieron a Eliza R. Snow que escribiera una constitución para su grupo.
Cuando se le consultó al profeta José Smith, este les dijo que su constitución era excelente, pero se ofreció a organizar a las mujeres de una manera mejor. Él les dijo que su constitución “no es lo que quieren… (El Señor) tiene algo mejor para ellas que una constitución escrita… yo organizaré a las hermanas bajo el sacerdocio según el modelo del sacerdocio.” El 17 de marzo de 1842, el Profeta, junto con los élderes John Taylor y Willard Richards, se reunieron con 20 mujeres en la habitación de arriba de la Tienda de Ladrillos Rojos, donde el Profeta organizó la Sociedad de Socorro Femenina de Nauvoo. Emma Smith fue elegida para ser la presidenta de la organización, cumpliendo así la revelación que la identificaba como una “dama elegida” (D. y C. 25:3).
José Smith explicó que ser “elegido significaba ser escogido para cierta obra”. También dijo que la revelación dada a Emma Smith “se cumplía entonces en la elección de la hermana Emma a la presidencia de la Sociedad [de Socorro]”. El profeta más tarde declaró que el objetivo de la organización era “socorrer al pobre” y “salvar almas”. El 28 de abril de 1842, el Profeta se reunió de nuevo con las hermanas; les dijo que ellas recibirían instrucción a través del orden del sacerdocio, y luego declaró: “…ahora doy vuelta a la llave para ustedes en el nombre de Dios; y esta sociedad se ha de regocijar, y recibirá un torrente de conocimiento e inteligencia a partir de este momento”.
Continuidad y Reorganización
El funcionamiento de la Sociedad de Socorro se vio interrumpido en 1844, cuando los miembros de la Iglesia tuvieron que huir de la violenta persecución en Nauvoo y cruzar las llanuras para buscar un nuevo hogar en Salt Lake City, Utah. La última reunión de la organización en Nauvoo se llevó a cabo el 16 de marzo de 1844.
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Eliza R. Snow, la primera secretaria de la sociedad, llevó consigo el “libro de registros” de la organización a través de las llanuras. Ella entendía la importancia del documento que había creado y estaba decidida a preservarlo. Aunque la Sociedad de Socorro no se restableció oficialmente entre los santos que se asentaron en el valle de Salt Lake hasta 1867, Emmeline B. Wells llevó registro de varias organizaciones de socorro más pequeñas que se formaron entre las mujeres locales en un esfuerzo de continuar la obra de la Sociedad de Socorro en el valle ya desde 1851. La Sociedad de Socorro se reorganizó oficialmente en 1867 y creó iniciativas que iban desde brindar capacitación médica a las mujeres hasta almacenar cereales que, con el tiempo, se convirtieron en un recurso de enorme valor durante las guerras mundiales de principios del siglo XX. Hoy en día, la Sociedad de Socorro tiene más de 7 millones de miembros en todo el mundo.
El presidente Joseph F. Smith dijo: “Esta organización es divinamente hecha, divinamente autorizada, divinamente instituida, divinamente ordenada por Dios a fin de ministrar para la salvación de las almas de mujeres y hombres”.
Autoridad del Sacerdocio y el Papel de las Mujeres
El que no se haya dado el sacerdocio a las hermanas, y no les haya sido conferido, no significa que el Señor no les haya dado autoridad. Se puede dar autoridad a una persona, a un hermano o una hermana, para que realice ciertas cosas en la Iglesia que son válidas y absolutamente indispensables para nuestra salvación, tal como la obra que efectúan nuestras hermanas en la Casa del Señor. Se les da autoridad para llevar a cabo cosas grandes y maravillosas, que son sagradas para el Señor, y tan válidas como lo son las bendiciones que dan los hombres que poseen el sacerdocio.
El élder Dallin H. Oaks, del Cuórum de los Doce Apóstoles, explicó: “No estamos acostumbrados a hablar de que las mujeres tengan la autoridad del sacerdocio en sus llamamientos de la Iglesia, pero, ¿qué otra autoridad puede ser? Cuando a una mujer, joven o mayor, se la aparta para predicar el Evangelio como misionera de tiempo completo, se le da la autoridad del sacerdocio para efectuar una función del sacerdocio. Ocurre lo mismo cuando a una mujer se la aparta para actuar como oficial o maestra en una organización de la Iglesia bajo la dirección de alguien que posea las llaves del sacerdocio. Quienquiera que funcione en un oficio o llamamiento recibido de alguien que posea llaves del sacerdocio, ejerce autoridad del sacerdocio al desempeñar los deberes que se le hayan asignado”.
Las hermanas líderes de la Sociedad de Socorro, de las Mujeres Jóvenes y de la Primaria son todas miembros de los consejos de barrio y estaca; y hay entre ellas una unión que proviene de su condición de miembros de la Sociedad de Socorro. En el hogar y en la Iglesia se debe valorar a las hermanas por su naturaleza misma. El hombre y la mujer reciben individualmente las ordenanzas comprendidas en la investidura, pero el hombre no puede ascender a las ordenanzas más altas -las del sellamiento- sin la mujer a su lado. Y ella está allí, a su lado, en ese sagrado lugar; ella tiene participación en todo cuanto él reciba. La seguridad de la familia, la integridad de la doctrina, las ordenanzas, los convenios y, por cierto, el futuro de la Iglesia, descansan igualmente sobre los hombros de la mujer.
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La Sociedad de Socorro en la Actualidad y su Impacto Global
Hoy en día la Organización de la Sociedad de Socorro existe en todo el mundo donde se encuentra organizada la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, y sirve para fortalecer a los miembros y no miembros de las diferentes localidades. La presidenta Jean B. Bingham, 17ª presidenta general de la Sociedad de Socorro, describió a la Sociedad de Socorro como una “hermandad divinamente establecida”.
Labor Humanitaria y Servicio
La Sociedad de Socorro es una parte clave de las labores humanitarias de la Iglesia. Por ejemplo, la Presidencia General de la Sociedad de Socorro lidera actualmente una iniciativa mundial de 55,8 millones de dólares estadounidenses para mejorar la salud y el bienestar de las mujeres y los niños. La iniciativa se lleva a cabo en asociación con organizaciones sin fines de lucro y organizaciones benéficas como CARE International para proporcionar apoyo y recursos nutricionales a 12 millones de niños y 2,7 millones de mujeres.
En sus comunidades, las líderes de la Sociedad de Socorro ayudan a administrar el programa de bienestar de su congregación para los necesitados y organizan proyectos de servicio a la comunidad, tales como los relacionados con alimentar al hambriento. Se invita a todas las mujeres de la Sociedad de Socorro a formar parte del programa de ministración, en el que se las pone en parejas y se les asigna tender una mano a mujeres específicas de su congregación como “hermanas ministrantes”. Las hermanas ministrantes desarrollan amistad y brindan apoyo; por ejemplo escuchando con atención durante una cita mensual para almorzar o ayudando con el lavado de la ropa después de que alguien se haya sometido a una cirugía.
Declaración Personal y Empoderamiento
El Presidente Nelson nos ha animado a estudiar la declaración de la Sociedad de Socorro, al hacerlo y trabajar verdaderamente para implementar estas verdades, podemos cambiar nuestra vida. Controlar nuestros pensamientos conducirá a un mayor conocimiento de nuestro potencial divino y valor individual. La guerra de Satanás contra la identidad personal y la autoestima es una de sus batallas más importantes. Él usa todo lo que tiene para hacernos cuestionar nuestro valor y virtud.
La declaración de la Sociedad de Socorro dice: “Somos mujeres de fe, de virtud, de visión y de caridad.” Si se lee esa oración en voz alta y se cambia a primera persona: “Soy una mujer de fe, de virtud, de visión y de caridad,” se siente el poder en esa simple declaración. La Sociedad de Socorro “haría algo extraordinario” se está cumpliendo continuamente a medida que su membresía e influencia crecen en todo el mundo con la expansión del evangelio.
