La frase “la sangre de Cristo” es usada muchas veces en el Nuevo Testamento, y es la expresión de la muerte sacrificial y la obra completa de expiación de Jesús en nuestro favor. Las referencias a la sangre del Salvador incluyen la realidad de que Él literalmente se desangró en la cruz, pero más significativamente que derramó Su sangre y murió por los pecadores. La sangre de Cristo es la base del Nuevo Pacto; cuando Él derramó Su sangre en la cruz, Jesús eliminó la exigencia del Antiguo Pacto del continuo sacrificio de animales.
La realidad de la sangre de Cristo como medio de expiación por el pecado tiene su origen en la Ley Mosaica. Sin embargo, los sacrificios del antiguo pacto eran solo una semblanza del sacrificio de Jesús ofrecido en la cruz “una vez y para siempre”. Mientras que la sangre de toros y machos cabríos era un “recordatorio” del pecado, “la sangre preciosa de Cristo, un cordero sin mancha o defecto”, pagó totalmente la deuda del pecado que debíamos a Dios. Ya no necesitamos más sacrificio por el pecado, pues el sacrificio de Jesús es el medio que emplea para liberar, o salvar, a la humanidad del pecado y la muerte.
Aspectos fundamentales de la eficacia de la sangre de Cristo
La Biblia revela muchos aspectos maravillosos de lo que la sangre de Cristo hace por nosotros. Podemos resumir algunos de sus beneficios principales de la siguiente manera:
- Perdón y limpieza: Cuando confesamos nuestros pecados a Dios, somos perdonados y limpiados de ellos por la sangre de Jesús.
- Purificación de la conciencia: La sangre de Cristo purifica completamente nuestra conciencia de cualquier culpa o mancha, permitiéndonos servir al Dios vivo.
- Intercesión: La sangre de Cristo habla a Dios por nosotros, declarando que el nuevo pacto ha sido promulgado y que la justicia de Dios ha sido completamente satisfecha.
- Liberación: Somos liberados de nuestros pecados por la sangre del Señor que Él derramó por nosotros en la cruz; es una sangre liberadora.
La sangre de Cristo no es un amuleto
Es muy común escuchar a hermanos decir: “La sangre de Cristo tiene poder”, y aunque esto es absolutamente cierto, no es el tipo de poder supersticioso que le atribuyen a veces. La sangre de Cristo no es un amuleto, ni un conjuro para protegerse de enfermedades, maleficios y demonios. No hay ningún texto en el Nuevo Testamento que aluda a la sangre de Jesús como forma de protegerse del mal, los accidentes o cualquier calamidad. Quienes apelan a la sangre de Cristo como amuleto protector simplemente están imitando tradiciones que no tienen respaldo bíblico.
La sangre de Cristo ya fue aplicada de forma simbólica sobre nosotros el día en que fuimos perdonados. No tienes que pedirle a Jesús que te cubra con su sangre cada mañana o cada vez que tengas miedo. La Biblia dice que los cristianos fueron “comprados por precio”, y este rescate es el que nos ha liberado de nuestra vana manera de vivir.
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La sangre que transforma, ordena y rescata
El sacrificio de Cristo fue la obra más extraordinaria, más grandiosa y más profunda que jamás se haya llevado a cabo. Esta doctrina marca un tiempo en la vida del creyente, dividiendo el pasado de ignorancia del presente de redención. Como hijos obedientes, no nos conformamos a los deseos que antes teníamos, pues ahora comprendemos que nuestra vida fue rescatada con sangre preciosa.
El rescate liberó a los hijos de Dios de un estilo de vida depravado y sin propósito. El hombre no puede salvarse a sí mismo tratando de pagar sus actos malos con obras buenas; alguien necesitaba salvarlo y hacer el pago que le rescate. Ese pago fue el sacrificio perfecto de Jesús, quien mediante el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios. Hoy, como creyentes, sabemos que no podemos mantenernos en pie por nuestros propios méritos, sino que hemos vencido al enemigo por medio de la sangre del Cordero.
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