Los Orígenes de un Arquitecto Internacional
Este martes 22 de octubre se cumple el 156 aniversario del nacimiento de Adamo Boari (1863-1928), cuyas obras más representativas son el Palacio Postal Mexicano y el Palacio de Bellas Artes. Adamo Boari estudió en las universidades de Ferrara y Bolonia donde se graduó como ingeniero civil en 1886. En 1889 se trasladó a Brasil, en busca de trabajo y aventura. Desde el país sudamericano envió proyectos y diseños a la primera exposición nacional de arquitectura que se celebró en Turín en 1890.
Visitó Argentina y Uruguay y, tras contraer la fiebre amarilla, tuvo que transferirse a Chicago para curarse. Ahí, Boari había trabajado en uno de los más prestigiosos estudios arquitectónicos del momento, la empresa Burnham & Root, pero en los últimos meses se había esforzado por echar a andar, sin demasiado éxito, su propio estudio de diseño arquitectónico. El ferrarés encalló sus naves y arribó a México en la primavera de 1898, con sus escasas pertenencias a cuestas y en compañía de su fiel mascota Aida, una oscura perrita de raza setter.
Pasó temporalmente para realizar los planos de dicho edificio y se encontraba alejado de todos nosotros, pero era observador y curioso. Iba y veía lo que estaba haciendo y bien intencionado. Seguramente, de estas experiencias, Adamo obtuvo influencia del art nouveau y diseño europeo, estilo artístico en el que predominan las formas orgánicas. Adamo Boari con su mascota, a quien plasma en las esculturas de la entrada de la puerta principal del Palacio.
La Génesis del Proyecto Monumental
Uno de los recintos más emblemáticos de la Ciudad de México presenta interesantes contextos históricos y arquitectónicos que lo posicionan como un orgullo nacional. En junio de 1897, el gobierno de México, a iniciativa del presidente Porfirio Díaz, lanzó una convocatoria internacional para diseñar y construir un nuevo Palacio Legislativo, siguiendo la tradición de los grandes edificios parlamentarios del mundo.
Este importante proyecto se le encargó al arquitecto italiano Adamo Boari en 1901, bajo la premisa de concretar las ideas del general. Dicha construcción estaba planeada entregarse en un lapso de 4 años. En esta última obra, Boari tuvo verdadera influencia y libertad.
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Retrasos y el Legado Incompleto de Boari
Tras el inicio de la Revolución, la crisis social y económica del país, hicieron que Adamo regresara a su ciudad de origen, causa que alargó la construcción. El estallido de la Revolución Mexicana retrasó la obra y su ejecución fue detenida definitivamente en 1916, luego de que Adamo Boari dejara el país con rumbo a Europa.
En 1916 Boari regresó a Italia y se estableció en Roma, donde murió el 24 de febrero de 1928. Establecido en Roma, Adamo Boari escribió un libro sobre la construcción y el diseño de teatros en los últimos años de su vida.
La Conclusión de la Obra y su Riqueza Artística
La construcción se abandonó y su intento de seguir con la obra fue durante los años 1918 y 1919 a cargo del arquitecto Antonio Muñoz durante la presidencial Venustiano Carranza. Federico Mariscal y Antonio Muñoz continuaron la obra, que se inauguró en 1934 con el nombre de Palacio de Bellas Artes, y una de las salas lleva el nombre del arquitecto italiano.
Para nombrar al equipo completo de artistas y arquitectos que terminaron la construcción, describiremos partes del recinto en las que se enfocaron cada uno de ellos:
- En las fachadas se integraron cuatro grupos escultóricos realizados por André Allar y Paul Gasq, que originalmente eran para el palacio legislativo.
- En las ornamentaciones centrales estuvo a cargo el artista Leonardo Bistolfi, los relieves de las fachadas laterales por el escultor Adamo Boari y el escultor G. Fiorenzo.
- Las esculturas que representan la armonía, el dolor, la felicidad, la paz y el amor son del italiano Leonardo Bistolfi y se pueden observar en la fachada principal.
- De entre todos los mascarones empotrados en las fachadas del edificio (que en el origen se pensó exclusivamente para escuchar ópera), solo uno no representa a un animal mexicano.
Al interior en la sala de espectáculos se encuentra un plafón de cristal. El gran telón antifuego -único en el mundo dentro de un teatro de ópera- con la imagen de los volcanes mexicanos: el Popocatépetl e Iztaccíhuatl, tiene un peso de 24 toneladas y estuvo a cargo de la Casa Tiffany de Nueva York. Lo rodea un arco decorado con mosaicos titulado “El teatro a través de las edades” realizado por el húngaro Geza Marotti, así como el vitral donde se representa a Apolo y las nueve musas.
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Por último, al interior en la cuarto pisos, se encuentran importantes obras del muralismo mexicano, en los cuales destacan: Diego Rivera, José Clemente Orozco, Siqueiros y Tamayo.
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