La figura de Freddie Mercury, vocalista de Queen y una de las voces más influyentes del siglo XX, está intrínsecamente ligada no solo a su música, sino también a las declaraciones que marcaron momentos cruciales de su vida y legado. Su anuncio público sobre el VIH/sida, sus últimas palabras y las revelaciones sobre su personalidad íntima ofrecen una perspectiva profunda de un artista que trascendió la música.
El Anuncio que Cambió la Conversación Global
La declaración publicada el 23 de noviembre de 1991 fue breve, directa y profundamente calculada. Freddie Mercury reconoció que vivía con sida, poniendo fin a años de especulación mediática. El 23 de noviembre de 1991 declaró padecer la mortal enfermedad, por lo que pidió el apoyo de sus seguidores y conocidos para poder luchar contra ella. Aunque él nunca buscó convertirse en portavoz de la causa, su anuncio -seguido de su muerte al día siguiente- transformó la conversación global en torno al VIH. Su muerte también dejó en evidencia la urgencia de enfrentar una epidemia que, a principios de los noventa, seguía golpeando a comunidades enteras en silencio.
La presión mediática fue un factor determinante para esta declaración. En virtud de la enorme atención que la prensa ha brindado al asunto en las últimas dos semanas, deseo confirmar que he dado positivo de VIH y que por lo tanto padezco de sida. Creía adecuado mantener en secreto esta situación hasta la fecha para conseguir la tranquilidad de quienes me rodean. El cantante nació en la actual Tanzania el 5 de septiembre de 1946. Fue vocalista del grupo Queen, y hacia el final de su vida, cansado del acoso de la prensa donde se vertían rumores sobre su deteriorada fisionomía y la especulación a cerca de personas íntimas a su círculo fallecidas por SIDA, decidió hacer una confesión pública.
En la calle se había montado un buen circo. Desde que en 1987 Paul Prenter, ex amante y representante en sus años de deriva, vendiera la primicia de su enfermedad, los medios se agolpaban a las puertas del número 1 de Logan Place hambrientos de carnaza fresca. Por si no bastase con esto, aquel mismo día se había hecho pública una nota de prensa en la que Freddie admitía que tenía SIDA y pedía respeto para él y su familia. Los reporteros ya no tendrían que seguir escarbando en sus cubos de basura en busca de cajas de medicamentos contra el VIH. Lo que ya era secreto a voces dejó de serlo. La cosa llegaba a su fin.
La Sombra de la Traición: Paul Prenter
El papel de Paul Prenter en la vida de Freddie Mercury fue complejo y, en última instancia, perjudicial. Paul Prenter trabajaba en una radio de Belfast. Ponía discos de soul y oldies por las noches. En 1975 conoció a Freddie Mercury. Porque con el tiempo Prenter iba a ir ganando un lugar decisivo en la vida de Mercury. Brian May siempre ha culpado a Prenter de las malas decisiones del grupo a principios de los ochenta. En 1982 Queen publicó uno de sus peores de sus discos. Ni más ni menos que Hot Space. Tanto Brian May, como Roger Taylor e incluso John Deacon culpan de ese fracaso a Prenter y a su pésima influencia en Mercury. Prenter además estuvo de manager de 1977 hasta 1985.
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Lo peor era su relación íntima con Mercury. Paradójicamente, el caso es que seis años después, fue Prenter el que firmó un muy beneficioso acuerdo de varios millones de dólares para la aventura solitaria de Mercury con la CBS -Sony. El disco se llamó Mr. Bad Guy. Sin embargo, en su sucio juego, Prenter también contó que Freddie se había hecho un examen de sangre para saber si había contraído la enfermedad y que le había dado negativo. Las motivaciones de Prenter era venganzas pasionales. Se puso así, porque Freddie le había repudiado, en una típica pelea de parejas. Freddy no le perdonó jamás, a pesar de los intentos de Prenter por congraciarse con él. En agosto de 1991, mientras los periodistas buscaban que alguna enfermera les diera información sobre la salud de Mercury, se les pasó una noticia que hubiera ocupado la primera plana de los diarios sensacionalistas por varios días: Paul Prenter había fallecido como consecuencia del sida.
Un Vistazo Íntimo a la Personalidad de Freddie
Más allá de los escenarios, Freddie Mercury se reveló como una persona compleja y auténtica. La banda siempre apoyó a Freddie a través de los años, y él lo pasó muy duro tratando de mantener su vida personal lejos de la prensa. Freddie una vez dijo en una entrevista donde el reportero le preguntó ‘He escuchado que duermes con hombres’. La respuesta de Freddie fue ‘Yo duermo con hombres, duermo con mujeres y duermo con mis gatos ….¿qué tiene que ver eso con mi música?’ La pregunta luego continúa con indagar si Freddie no tenía amigos VERDADEROS que lo cuestionaran sobre su elección de estilo de vida. Mi reacción ante eso es: Freddie sí tenía muchos amigos verdaderos con quienes se sentían totalmente cómodo y quienes podía ser él mismo, incluyendo los otros miembros de la banda. ¡Los amigos de Freddie lo apoyaban en cada paso de su vida, así como él lo hacía con ellos!
Su amor por los animales era innegable. Amaba tanto a aquella gata que hasta se permitió la osadía de dedicarle una canción infame en su último disco con Queen, canción que el resto del grupo aceptó incluir en Innuendo, a pesar de todo, al entender que aquella era una de sus últimas voluntades. A Freddie le encantaban los gatos. Años atrás, cuando su primera pareja formal y más tarde mejor amiga, Mary Austin, le dijo que quería tener hijos con él, le respondió que prefería adoptar a otro gato.
Además, Freddie tenía inseguridades muy humanas. Tengo tantos recuerdos de los 12 años que conocí a Freddie, pero los momentos que siempre destacan son cuando estaba en su casa riéndose. Sé que esto suena demasiado normal, pero cuando ves a Freddie sonriendo o riéndose durante una entrevista, siempre usaba su labio superior para cubrir sus dientes. La razón de esto era que odiaba sus dientes y siempre trataba de cubrirlos. Cuando estaba en casa no se sentía tímido al estar rodeado de amigos y echaba su cabeza hacia atrás y se reía fuertemente con la boca totalmente abierta. Esos eran los momentos donde el hombre cálido, divertido y relajado aparecía, sin preocuparse por extraños viéndolo no como Freddie Mercury, la estrella del rock.
Sobre sus hábitos, se han disipado algunos mitos. Alguien preguntó si Freddie era alcohólico. Otros han preguntado sobre su consumo del alcohol. Freddie NO bebía alcohol diario. Alejado de la imagen de un juerguista, con una botella constantemente cerca de sus labios, Freddie ciertamente prefería sus líquidos refrescantes en un vaso de vidrio, si estaba en casa, ya sea si fuera una cerveza, champagne o vodka tonic. Había días en que no bebía otra cosa que no fuera té y jugos recién hechos. Barbara Valentin tenía una frase buena para esos días lejos del bar… los días de leche. Estos eran los días en que daban oportunidad a sus cuerpos de recuperarse de las noches de excesos. Freddie también conocía generalmente su límite, aunque hubo una o dos ocasiones donde se pasó un poco. Usaba el alcohol para levantar su espíritu y también le servía para bajar su umbral de timidez cuando salía con amigos a bares.
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Freddie también se mantuvo siempre conectado con el mundo. Un par de personas han preguntado si Freddie tenía tiempo para mantenerse al día con las noticias locales e internacionales. La respuesta simple a ello es, ¡sí! Mientras Freddie disfrutaba su vida y se la pasaba bien con sus amigos, siempre se mantenía consciente de lo que estaba pasando. Miraba algunos diarios cada mañana y también veía las noticias de la noche en tv. En esos días podías en realidad creer lo que veías y lo que escuchabas un poco más de lo que se puede hoy. Él estaba siempre consciente de que tenías que “leer entre líneas” y generar tus propias conclusiones sobre el contenido. Él había sufrido incontables veces a manos de los periódicos.
Los Últimos Días y las Últimas Palabras
El 24 de noviembre de 1991 quedó marcado como uno de los días más dolorosos en la historia del rock: Freddie Mercury murió a los 45 años debido a una bronconeumonía asociada al VIH/sida. En las semanas previas, Mercury había comenzado un proceso de retiro total de la vida pública. Según quienes lo acompañaron, el cantante optó por abandonar la mayor parte de los tratamientos médicos y refugiarse en su hogar, Garden Lodge, en Kensington. Allí pasó sus últimos días acompañado por su círculo más íntimo: su pareja Jim Hutton, su asistente Peter Freestone y su fiel equipo doméstico.
En paralelo, Mercury dedicó sus últimos días a cerrar capítulos personales y profesionales. Completó tareas musicales pendientes, revisó materiales y aseguró que su legado artístico quedara en manos de quienes siempre habían respetado su esencia. En pareja con Hutton, alejado definitivamente de Prenter, ya con el diagnóstico de la enfermedad, que en ese momento era una certera sentencia de muerte, Freddie se refugió en el trabajo y en su grupo. Los últimos años grabaron canciones frenéticamente. El deterioro físico de Mercury era evidente. Perdía peso y energías y sus apariciones públicas eran cada vez más escasas.
A pesar de la fragilidad, Freddie mantuvo su esencia. También me gustaría tranquilizar a algunas personas respecto de las historias de que los huesos de Freddie se rompían cuando lo movíamos en su cama para ponerlo más cómodo en esas últimas dos semanas. Sí, Freddie se volvía más frágil cada día, y no tenía mucho interés en comer o beber mucho, pero sí se podía levantar y caminar un poco, con algo de ayuda. Sólo porque sus músculos estaban perdiendo algo de su fuerza eso no significa automáticamente que los huesos estuvieran perdiendo densidad. Freddie estuvo en la planta baja de Garden Lodge el 20 de noviembre, porque quería ver algunas de sus obras de arte por última vez. Terry lo cargó para bajarlo pero caminó alrededor de la sala y del cuarto japonés con uno de nosotros sirviéndole de apoyo. Él comentaba sobre cómo y cuándo había adquirido algunas de las piezas. Por supuesto que había un ambiente tranquilo en la casa durante esos últimos días, pero Freddie siguió siendo el Freddie que conocíamos hasta el final.
Sus últimas palabras, lejos de ser una declaración filosófica, revelaron una humanidad conmovedora. Las últimas palabras que pronunció Freddie Mercury fueron «¡Pipi, pipi!». Podría haber dicho cualquier otra cosa en su lecho de muerte. Podría haberse despedido como un héroe o como un amante entregado. Pero no. Freddie Mercury no dejó ninguna cita memorable para la posteridad. Lo único que dijo fue «pipi, pipi». Por una sencilla razón: se estaba meando. Le estaba pidiendo a Jim Hutton, su última pareja y también la última persona que lo vería con vida, que le ayudase a levantarse y le llevase al cuarto de baño antes de que se lo hiciese encima. Después de eso no le importó. No pensaba en la posteridad cuando murió.
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Era la madrugada del 24 de noviembre de 1991. Por la segunda planta de su mansión de Garden Lodge habían pasado aquella noche Elton John y Dave Clark, pero en aquel momento sólo había cuatro personas en casa además de Freddie. Cuatro personas y una gata, Delilah, que permanecía acurrucada a los pies de su cama. Una de las últimas cosas que Freddie hizo en su vida fue acariciarla, con la ayuda de Dave, que movía su brazo como un mal ventrílocuo.
Orígenes y Raíces
La historia de Freddie comenzó lejos de los escenarios británicos. Algunas personas preguntaron cuál era la conexión de Freddie con Feltham dado que habían visto algunas referencias a él ahí. Como mucha gente sabe, Freddie nació en Zanzíbar y fue a la escuela en India. A su regreso a Zanzíbar, la isla se había visto envuelta en una revolución, y la familia Bulsara se cambió a Feltham en Londres. El papá de Freddie había trabajado para el gobierno británico en Zanzíbar y luego continuó trabajando para ellos en el Reino Unido. Feltham era el área en la que su familia decidió vivir. Hay una placa azul en la casa en la que vivieron y había una placa cerca de high street, que ha sido removida.
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