El grupo operativo es una técnica de intervención grupal de la psicología social, inspirada en el psicoanálisis. Fue creada en el año de 1942 por el psicoanalista y psicólogo social de origen suizo, Enrique Pichón Riviere, fundador de la Asociación Psicoanalítica Argentina y de la Primera Escuela de Psicología Social en América Latina.
Llamamos Grupo Operativo a todo grupo en el cual la explicitación de la Tarea, y el accionar a través de ella, permite no sólo su comprensión sino también su ejecución. Es decir, que sólo por la Tarea, a través de la Tarea, y con la Tarea, el grupo es grupo. Para nosotros el grupo operativo es la denominación que damos a un grupo en el cual la Tarea, elemento nuclear, es en su explicitación el elemento que posibilita su funcionar. Dicho en otras palabras, en la dinámica grupal se tratará la Tarea (tema, ocupación, labor, etc.), la cual en un juego dialéctico, será desmenuzada, analizada y recompuesta en un movimiento cuya ordenación lógica, no puede reglamentarse de antemano, aunque sí prever estando en el movimiento.
Este privilegiar de la Tarea no es en base a una elección fortuita o ingenua, es una búsqueda comprometida de un agente cuya presencia tiene todos los tintes de una realidad ya que sin Tarea, sin algo por lo cual está ahí, el grupo no tiene líneas explicativas.
La Tarea: Eje Central del Grupo Operativo
La definición de Tarea se impone como un factor crucial: Llamamos Tarea al factor por el cual el grupo se ha reunido para apropiarse de él y luego accionar con él. Tarea es el tema, ocupación o título que hace converger sobre él todo el funcionar de la reunión.
La tarea en todos los grupos tiene dos dimensiones, que el autor llama tarea manifiesta y tarea latente. Se puede plantear una Tarea en lo explícito, pero ser otra la latente, puede haber concordancia entre ambas, y por último, ser ambas sólo partes de una unidad que será la real Tarea del grupo. La necesidad de su enunciación es la posibilidad de determinar y de ahí significar, a partir de un presente, aquí ahora, todo el juego grupal. Una vez establecida la Tarea, el grupo se ubica en un presente continuo (tiempo vivido), en el cual va adquiriendo significado lo pensado y lo sentido en él. Se establece un interaccionar con la tarea como centro, en el cual el grupo comienza a desplegar dicho elemento, y a estructurarlo en una ordenación que va a depender de él.
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En la dimensión latente de la tarea, presente en todo grupo, es en la que se juegan los procesos afectivos y se ponen en juego los goces y los síntomas individuales de los integrantes. Es el campo de las rivalidades imaginarias, de los juegos de seducción, de los odios secretos y de las pasiones inconfesables; y, en general, de todos aquellos procesos que hacen parte del vínculo entre los seres humanos, pero que por razones de la definición misma de la tarea manifiesta, quedan por fuera del propósito expreso del grupo. Las relaciones entre la dimensión manifiesta y la dimensión latente de la tarea son complejas y cambiantes. En algunos casos coinciden y en otros pueden llegar a oponerse.
El ECRO y la Mirada sobre el Grupo
Pichón Riviere parte de un esquema nocional que denomina ECRO (esquema conceptual, referencial y operativo) creado por él. El ECRO apunta al conjunto de conocimientos y de actitudes que cada uno de nosotros tiene en su mente y con el cual trabaja en relación con el mundo y consigo mismo. La psicología social de Enrique Pichón Riviere, no concibe al grupo como una realidad unitaria y transparente para sí misma, sino como una realidad compleja, contradictoria y conflictiva, que exige un marco conceptual para poder observarla y una técnica particular para intervenir sobre ella.
El Emergente y el Portavoz
El emergente de un grupo es el sujeto que por su historicidad como individuo, ante determinados temas y/o determinados sentimientos, los denuncia en un momento del proceso grupal. Esta denuncia adquiere la posibilidad de objetivarse al grupo frente a lo que ocurre. De ahí que el emergente es uno de los elementos básicos, es el que marca los discontinuos, es el individuo que sale al paso del suceder grupal como parte comprometida del grupo, y elegida por éste en la interrelación para enunciar lo que está en juego. Así, su individualidad aparece significada en lo social, es decir, que su individualidad como intimidad se deshace frente a la tarea, para asumir su compromiso grupal y, rehacerse a través de aquella.
Al integrante del grupo que cumple esta función Pichón lo llama “el portavoz” y al contenido de lo que denuncia lo denomina “lo emergente”. El portavoz actúa como un líder de opinión que logra ponerle palabras a lo que otros también han percibido. Armando Bauleo explica cómo a través de los emergentes, la situación grupal adquiere cierto sentido. Aunque el emergente puede ser una situación o conducta grupal, se refiere asimismo al individuo, que con su manifestación denuncia la situación imperante. Sería éste el portavoz de Pichón Riviere.
Dinámicas Grupales y Resistencias: La Pretarea
En el grupo aparecen hechos o circunstancias que son habituales y cuyas características deben ser detectadas ya que dependen de cada grupo, y que de su visualización y concienciación depende el funcionamiento y el alcance de la meta. Estas circunstancias emergen ante la Tarea y por ella, y son denominadas por Pichón-Rivière resistencias al cambio, con su líder el saboteador, y todo un enjambre de relaciones que constituyen la conspiración.
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El fondo de dichas situaciones lo da la ansiedad que dicho cambio provoca, como conducta desorganizada ante la situación de elección de quedarse en el pasado, o de pasar al proyecto, conocido aquel aunque ya no instrumental, desconocido éste aunque como otra posibilidad. A la aceptación de la pérdida del pasado para insertarse en un proyecto, se le denomina ansiedad ante la pérdida; el temor a lo desconocido del futuro y la búsqueda de pautas pasadas como huida, ansiedad ante el ataque.
En el momento en el cual el grupo organiza comportamientos que lo alejan de la ocupación a la cual está abocado, trata de descentrarse de su compromiso o sino, trata de asumirlo en una impostura, al quererlo elaborar con pautas viejas y no con las conductas que le impone el instante actual. Hay un todo de “hacer lo de siempre”, de no reorganizarse frente a lo que la realidad y Tarea imponen como trabajo.
Lo anterior aparece como período previo a entrar en el tema, denominado por Pichón Riviere, Pretarea, caracterizado por mecanismos de escisión (posición esquizoparanoide), disociando entre el sentir, el pensar y la acción. La pretarea (y sus técnicas disociativas) es un momento habitual en el desarrollo del trabajo grupal, que se estanca si el estereotipo adquiere una rigidez creciente, con lo que la productividad del grupo llega a ser nula. Un signo inequívoco de que en un grupo hay un fenómeno sintomático es la estereotipia que se puede manifestar en la ritualización de la dinámica grupal o en los roles rígidos de uno o varios de sus integrantes. La resistencia al cambio en los grupos, opera de una manera análoga, a la resistencia del analizante, por ello una de las tareas fundamentales del coordinador es ayudarle al grupo a observar, analizar y neutralizar la resistencia al cambio y, con ella, las estereotipias.
El Coordinador y el Observador: La Esencia de la Devolución
Funciones Clave y el Equipo Técnico
El grupo, usualmente constituido por 10-12 integrantes, tiene a su vez una coordinación y una observación. Ambos son los encargados de que el grupo realice su labor, sus roles son de encargarse de los elementos básicos que van a encuadrar el desenvolvimiento del grupo. El esquema referencial del coordinador y del observador es el que va a asegurar el porvenir del grupo operativo. Dicho esquema está constituido por la formación que tienen ambos y que dependen del aprendizaje efectuado por ellos, no sólo en su profesión sino también en su vida social.
La presencia del observador es imprescindible para realizar una intervención. El coordinador coordina siempre, el observador observa siempre e interviene devolviendo solamente los emergentes en el momento propicio. No hay diálogo entre coordinador y observador durante la sesión ni tampoco el observador realiza interpretaciones. Sin embargo, la sesión se puede realizar sin el coordinador y con la sola presencia del observador y éste se limita a observar como siempre y a devolver en el momento oportuno. Por su función técnica como representante en ese caso del equipo coordinador, tendrá que abrir la sesión y cerrarla.
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El equipo técnico no debe confundir la tarea manifiesta con la latente. La tarea del equipo técnico es la de esclarecer la tarea del grupo cliente. Las intervenciones del equipo coordinador no intervienen en el nivel de la tarea sino que son aportaciones a la metatarea, es decir, a la manera en cómo el grupo aborda la tarea. El equipo coordinador no interviene para ejecutar el trabajo, habla acerca de la forma en cómo el grupo aborda su trabajo.
La Devolución como Instrumento Operativo
Si el portavoz lo que expresa es la resistencia al cambio, el grupo puede solidificarse estereotipándose, como defensa ante la ansiedad que produce el cambio. El trabajo coordinatorio será el evitar el estereotipo de la situación y que aparezca como polarización dilemática, y su pasaje a un diálogo intercambiante será posible con el señalamiento que establezca la unidad contradictoria. Esto implica hacer el esclarecimiento de la situación planteando que ambos se están haciendo cargo de algo que pertenece a todos, y lo que en lo visible adquiere las apariencias de lo único, es sólo parte.
El coordinador devuelve las imágenes de esa estructura que se crea (grupo) en continuo movimiento, encarnando además las finalidades del grupo. La interpretación operativa empieza por el portavoz y luego se señala y amplía lo explicitado al grupo, señalando que es un producto de la interacción de los miembros entre sí y el coordinador. La interpretación del coordinador debe orientarse siempre sobre estas situaciones universales, en una formulación que incluya siempre lo vertical del portavoz (aspecto diacrónico) y lo horizontal del grupo (aspecto sincrónico).
Una intervención del coordinador es válida en la medida que es operativa, y es operativa en la medida en que restituye la movilidad al grupo. El coordinador debe favorecer el vínculo entre el grupo y el campo. En las tareas de coordinación nunca hay errores irreparables. Lo que sí puede haber es silencio, falta de análisis, complicidades, complots, actings, etc., fenómenos éstos que no dejan nunca afuera al equipo técnico.
Aplicaciones y Metas del Grupo Operativo
El grupo operativo se aplica en los escenarios educativo, organizacional y comunitario; en la prevención e intervención de diversas problemáticas psicosociales, como la drogodependencia, problemas de aprendizaje, procesos de cambio y resolución de conflictos. Además de sus aplicaciones terapéuticas y preventivas, puede ser empleada en estos mismos escenarios como dispositivo para la realización de tareas específicas que requieran una coordinación de grupos interdisciplinarios. Otras aplicaciones importantes son el apoyo a la terapia con psicóticos y el llamado “apoyo al apoyo”.
Así, su historicidad adquiere actualidad sentida y pensada en el trabajo grupal, de lo cual puede fácilmente desprenderse el aspecto terapéutico del grupo operativo. Terapéutico en el sentido amplio y estricto del concepto, amplio por ser una reevaluación de lo vivido individual en el aquí-ahora del interactuar grupal con el trabajo, en lo estricto del término desde el instante que el sujeto corrige su visión de la realidad, en una experiencia en la cual él como sujeto aprende con otros una Tarea específica, que luego le servirá como modelo en otras situaciones. En el grupo operativo, el esclarecimiento, la comunicación, el aprendizaje y la resolución de tareas coinciden con la curación, creándose así un nuevo esquema referencial.
El aprendizaje, así planificado, se desarrolla como un proceso continuo, con alternativas. Se entiende por retrabajo una tarea que apunta a ser creativa, en la que no haya una mera repetición de conceptos, sino un repensarlos, analizarlos, discutirlos desde la propia información y experiencia.
Con la técnica operativa se trata de:
- Conseguir una adaptación activa a la realidad.
- Posibilitar la asunción de nuevos roles.
- Poder adquirir una mayor responsabilidad sobre una tarea.
- Perder los roles inadecuados para la situación «aquí-ahora» de la tarea.
- Que los sentimientos básicos de pertenencia, cooperación y pertinencia de todo grupo, puedan ser producidos de manera armónica, lo que da mayor productividad.
- Elaboración de las ansiedades despertadas en cada situación de cambio.
Evolución Histórica y Aportes Clave
El desarrollo del concepto de grupo operativo ha transitado por tres momentos históricos con sus características distintivas:
| Momento Histórico | Descripción Clave | Figuras Principales |
|---|---|---|
| Creación de la técnica | Punto de partida en la Experiencia Rosario (1958), planificada con grupos heterogéneos pequeños para comunicación y discusión sobre un tema. | Enrique Pichón Riviere |
| Corrección y ajuste conceptual | Sistematización de nociones, diferenciación entre concepto de grupo y experiencia grupal, delimitación de fases (indiscriminación, discriminación, síntesis). | Armando Bauleo |
| Organización y práctica | Organización de lo dado nocionalmente, con inserción en características españolas y discusión de aplicaciones. | Nicolás Caparrós |
Enrique Pichon Riviere es el creador de la técnica de Grupo Operativo. Armando Bauleo ha sistematizado tratando de conceptualizar las nociones enunciadas por Pichón Riviere de una manera un tanto caótica, en lo que se refiere al grupo operativo. Además proporciona aportes originales que vienen a precisar más el campo teórico. Un tercer momento histórico en la evolución del Grupo Operativo, lo marca Nicolás Caparrós.
Consideraciones para la Instalación de un Grupo Operativo
Hay aspectos que tienen que ver con la subjetividad de los participantes (básicamente del equipo técnico) y otros que se relacionan más con las características institucionales donde el grupo operativo podría tener lugar.
Aspectos de la Subjetividad
Lo primero que hay que tomar en cuenta es el deseo del coordinador, vale decir, la naturaleza de su interrogación acerca de hacer o no un grupo operativo, de qué características, con qué finalidad, etc. La manera cómo se elige al compañero de equipo resulta clave para que el equipo técnico pueda funcionar como tal. La contratación del supervisor debe realizarse desde el primer momento sencillamente porque el grupo operativo posible depende de la manera en cómo se resuelvan una serie de situaciones de gran complejidad. El supervisor está para pensar el caso en conjunto con el equipo técnico, en ningún modo para ejecutar propuestas.
Detectar la o las necesidades institucionales no es una tarea fácil. Proponer un grupo operativo supone algún tipo de apreciación acerca de los resultados que puede aportar y sobre las condiciones que éste requiere para su puesta en funcionamiento. Es conveniente también, desde la propia figura del equipo coordinador desmarcarse de todo intento de ayuda. Ayuda es distinto de trabajo. El equipo coordinador se compromete a trabajarla con el grupo. No hay ayuda posible, no hay paternalismo aunque sea solicitado y autorizado.
Corresponde por último plantear el problema de la oferta y de la demanda. La oferta crea demanda. Construir la demanda es poder, finalmente, especificar la tarea del trabajo grupal. La propuesta a participar en un grupo debe poder articular un requerimiento «profundo» del propio grupo.
Aspectos Institucionales
Toda demanda proviene de una institución - aunque ésta sea solamente un grupo - es necesario pensar el lugar que el grupo operativo tendrá en dicha institución. El establecimiento de una tarea para el grupo supone tener claro un cierto proyecto. Para quién se trabaja, es una pregunta que no puede soslayarse.
Es diferente el contrato institucional que el encuadre de trabajo. El contrato establece las condiciones de la intervención en tanto experticia que es requerida, y se lo establece verbalmente o por escrito según el caso. El encuadre remite únicamente al grupo objeto de la intervención, ya que tendrá por cometido garantizar la seguridad psicológica para que la tarea del grupo pueda ser abordada. El contrato se hace con el Director, el encuadre con el grupo.
La instalación de un grupo operativo en un espacio institucional supone confrontar dos modelos de institución. Llamaremos INSTITUCION a aquella que contrata y que por estar en el sistema, por formar parte de un Estado, presenta una particular manera jerárquica de funcionar, de ejercer el poder, de controlar y de someter. El grupo operativo instituye un modelo institucional radicalmente diferente al modelo que existe en la INSTITUCION ya que su naturaleza supone que el grupo trabaja sobre la tarea de manera autogestiva.
El motivo de consulta define la razón que tiene la institución o el grupo para requerir los servicios de un experto. Cuando se ha planteado un motivo de consulta por parte de una institución, tendiente a instalar un grupo operativo, es conveniente partir del punto en el que todo lo que en el espacio de la INSTITUCION se dice (independientemente de quién o dónde se diga) conforma lo que se va a entender como discurso institucional.
Los tiempos para la instalación de un grupo operativo deben ser razonablemente adecuados y proporcionales a las dificultades que se van presentando (resistencias). Si el encuadre se construye para garantizar un cierto espacio de seguridad psicológica para que la palabra pueda ser dicha, sostenerlo es la fundamental responsabilidad del equipo técnico. Dentro de las estrategias que es conveniente considerar, se encuentra el problema de la comunicación, metacomunicación, rumores, malos entendidos, etc. Es también responsabilidad del equipo técnico manejarse con transparencia explicitando todo aquello que se requiera en los lugares adecuados y a los interesados que correspondan.
Sobre la Conducción Particular del Grupo Operativo
En estas cuestiones técnicas es siempre más sencillo saber qué es lo que no se debe hacer, más que lo que sí se debe hacer. La pérdida del rol no es significativa por sí misma sino por lo que produce: un desdibujamiento de los parámetros de seguridad psicológica necesarios para discriminar el adentro y el afuera grupal. La regla de abstinencia no le garantiza al equipo técnico la desimplicación, que no va a ser afectado por el proceso grupal, por las regresiones que se produzcan en el mismo así como por las angustias dominantes en cada momento.
