El debate sobre las diferencias entre el régimen neoliberal y la política económica es crucial para comprender la evolución y los desafíos de las economías modernas. El neoliberalismo es una teoría económica que defiende el libre mercado y limitar el papel del Estado como la clave para el avance tecnológico y la prosperidad económica. Esta doctrina se caracteriza por confiar en el buen funcionamiento del mercado y desconfiar de la intervención del Estado en la economía o en la esfera privada de los ciudadanos. En este ensayo se ofrece una explicación de porqué la economía mexicana ha experimentado bajas tasas de crecimiento durante las últimas tres décadas.
¿Qué es el Neoliberalismo?
Orígenes y Expansión
El término “neoliberalismo” fue acuñado en los años cuarenta por los economistas Ludwing Von Misles y Friedrich Hayek, de la escuela austríaca, como reacción al keynesianismo, que defiende la intervención del Estado en la economía y se popularizó después de la Segunda Guerra Mundial. El neoliberalismo cobró fuerza cuando la teoría keynesiana falló en solucionar la crisis del petróleo de 1973. La teoría se expandió en los años ochenta y noventa, cuando el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial empezaron a recomendar las medidas neoliberales para salir de la crisis económica. Estas medidas se recogieron en el llamado Consenso de Washington e incluyen bajadas de impuestos, desregularización del mercado y privatización de servicios públicos.
Principios Fundamentales
Los neoliberales abogan por privatizar servicios públicos como la sanidad o la educación, y minimizar los impuestos, ya que entienden que al Estado no le corresponde prestar servicios públicos. El neoliberalismo defiende que debe haber igualdad de oportunidades entre los ciudadanos, pero no lo hace en el sentido socialdemócrata de que todos partan con los mismos medios, sino de que puedan competir en la sociedad y en el mercado con las mismas reglas y leyes. La diferencia principal con el liberalismo clásico es que para los neoliberales las libertades civiles, como la libertad de expresión, de información o de reunión, se deben combinar con las económicas. Por tanto, la sociedad que tiene una economía de libre mercado produciría las condiciones necesarias para que todos los ciudadanos vivan con dignidad, libres e iguales ante la ley. El modelo neoliberal está sustentado en la idea de que el libre mercado es capaz de generar un vector de precios y asignaciones socialmente eficientes y de pleno empleo.
El Neoliberalismo y el Rol del Estado frente al Mercado
Una Complementariedad Malentendida
La oposición entre Estado y mercado se transformó en un problema desde los 80 y 90, cuando el neoliberalismo adquirió tal hegemonía que este planteo comenzó a parecer natural y legítimo. A través de esa oposición, dos instituciones que por su propia naturaleza son estructuralmente complementarias fueron colocadas en el mismo plano. El Estado, en efecto, es el sistema constitucional-legal y la organización que lo garantiza; es, por lo tanto, la institución fundamental de cada sociedad, la matriz de las demás instituciones, el principio coordinador o regulador con poder sobre toda la sociedad, y el aparato político que ejecuta ese poder. Es a través de la ley o del orden jurídico como se coordinan las acciones sociales, y es mediante la administración pública como se garantiza esa coordinación.
El mercado, en cambio, es una institución más limitada, pero también fundamental: es el mecanismo de competencia económica regulado por el Estado que logra una coordinación relativamente automática entre las acciones económicas; es la institución que complementa la coordinación más amplia realizada por el Estado. No tiene sentido, por lo tanto, oponer Estado y mercado. Lo que no podemos es ver las dos formas de coordinación como alternativas: el Estado siempre regulará los mercados. Estado y mercado son, por lo tanto, instituciones de la sociedad; son sus instrumentos de acción colectiva, son las herramientas principales de cada sociedad para alcanzar sus objetivos. El instrumento fundamental es el Estado; el mercado lo complementa. Cuanto más fuerte sea una institución, más fuerte será la otra.
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La Visión Neoliberal del "Estado Mínimo"
No es posible pretender aumentar el poder del mercado a expensas del debilitamiento del Estado, como pretendió irracionalmente el neoliberalismo. El papel fundamental del Estado es, de hecho, el de regulador. Pero también puede ser protector, inductor, capacitador (enabling) y, en las fases iniciales de desarrollo económico, productor. Para el neoliberalismo, el Estado debía ser un Estado «mínimo», lo que significaba al menos cuatro cosas:
- Que dejara de encargarse de la producción de determinados bienes básicos relacionados con la infraestructura económica.
- Que desmontara el Estado social, es decir, el sistema de protección a través del cual las sociedades modernas buscan corregir la ceguera del mercado en relación con la justicia social.
- Que dejara de inducir la inversión productiva y el desarrollo tecnológico y científico (que dejara de liderar una estrategia nacional de desarrollo).
- Que dejara de regular los mercados y, sobre todo, los mercados financieros, para que se autorregularan.
La propuesta más repetida fue la desregulación de los mercados. Lo que se pretendía era, en efecto, un Estado débil, que convirtiera la economía en el campo de entrenamiento de las grandes empresas. Esta forma de ver el papel del estado en la economía justificó la reducción de la inversión pública, la desregulación de algunos precios que se consideraban estratégicos para la industrialización o para el bienestar de la población, así como la desmantelación de la política industrial.
Políticas Económicas Neoliberales en la Práctica: El Caso Mexicano
Contexto de Implementación y Objetivos
Se argumenta que el bajo crecimiento de la economía mexicana se debe a que las políticas neoliberales han contraído el mercado interno y han fomentado la carencia de cadenas productivas que vinculen al sector exportador con el resto del aparato productivo. A principios de la década de los ochenta, el modelo neoliberal en México es impuesto no como un modelo alternativo de desarrollo, sino como un modelo orientado a generar las divisas que el país necesitaba para reanudar el pago de la deuda externa. Las políticas de estabilización que se implementaron, con el objetivo de superar la crisis, tenían como prioridad que se generaran los recursos necesarios para reanudar el pago de la deuda externa.
Con la finalidad de que la economía mexicana se transformara en una economía exportadora se instauró el modelo neoliberal como modelo de desarrollo, llegando a su fin el modelo ISI. El modelo pretendía que, a partir de la liberalización comercial, la economía mexicana aprovechara su ventaja comparativa, principalmente con respecto a la economía Norteamericana, y se especializara en exportar bienes intensivos en trabajo, además, la fuerte competencia internacional proporcionaría el ambiente dinámico que las empresas mexicanas necesitaban para desarrollar “ventajas competitivas”. La liberalización financiera pondría a disposición de las empresas mexicanas el ahorro externo que necesitaban para financiar su modernización. Por otra parte, se pretendía que la política fiscal mantuviera déficits manejables, esto con la finalidad de no generar presiones en la balanza comercial.
Impacto en el Crecimiento y el Mercado Interno
Es innegable que el modelo neoliberal tuvo éxito al hacer crecer las exportaciones de la economía mexicana. No obstante, el dinamismo de las exportaciones no se tradujo en un crecimiento sostenido de la economía, en vez de ello ésta entró en un largo período de estancamiento, que contrasta fuertemente con el dinamismo observado durante el modelo ISI. La hipótesis de trabajo de este ensayo es que las políticas neoliberales han contraído fuertemente al mercado interno y no han sido capaces de generar cadenas productivas que vinculen al sector exportador con el resto de la economía. El éxito exportador estaba basado en la reducción de los salarios reales que junto con la caída en la inversión redujeron sustancialmente el mercado interno, siendo esto lo que explica la caída en la producción de esos años.
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Estrategias de Estabilización y Apertura Comercial
Reducción del Gasto Público y Privatizaciones
Una vez que estalló la crisis de la deuda, la prioridad del gobierno mexicano consistió en generar las divisas necesarias para reanudar el pago de la deuda externa. La reducción del gasto público se logró a través de disminuir tanto el gasto corriente como la inversión pública. En el período de 1982 a 1989 la tasa promedio de crecimiento de la inversión pública fue de -10%. Pese a que se incrementaron los impuestos y los precios de los servicios públicos, no se logró una reforma fiscal capaz de incrementar sustancialmente los ingresos públicos. La venta de las paraestatales fue esencialmente importante para conseguir los recursos necesarios para pagar la deuda. Los ingresos por venta de paraestatales, durante el período de 1989 a 1992, fueron de casi 27000 millones de dólares. Además de proponer que el estado participara lo menos posible en la economía, el modelo planteaba que la política fiscal y monetaria tendrían que ser congruentes con la apertura comercial y la estabilidad cambiaria, para lo cual era necesario mantener un presupuesto equilibrado y darle autonomía a la banca central con la finalidad de evitar que el gobierno federal presionara a ésta para que financiara el déficit público.
Devaluación y Contención Salarial
La política de mantener subvaluado el tipo de cambio era visto, por las autoridades mexicanas, como un requisito para que la apertura comercial no generara desequilibrios en la balanza de pagos. Las fuertes devaluaciones sufridas en la década de los ochenta elevaron el costo de los insumos importados, por su parte las empresas transfirieron el aumento en sus costos a sus precios, desatando así un problema de hiperinflación. Durante el período de 1982 a 1989, el peso se devaluó en 10035.1% lo que generó que la tasa promedio anual de inflación fuese de 79.8%, como consecuencia al final de 1989 los precios eran 4460.1% más altos que en 1982. Por lo que, para que las devaluaciones pudieran elevar la competitividad del sector exportador era necesario que los costos laborales decrecieran. Las fuertes devaluaciones, a través de generar la caída en los salarios reales, hicieron competitivos a los productos mexicanos en el exterior permitiendo que las exportaciones crecieran rápidamente. De 1982 a 1989 las exportaciones crecieron en un 46.20%, mientras que las exportaciones manufactureras aumentarían en 294.32%. Para el período de 1983 a 1989 el superávit comercial fue en promedio del 7% del PIB, para ese mismo período el PIB por habitante se redujo a una tasa promedio anual de -1.5%.
La hiperinflación sufrida en la década de los ochenta era vista como un serio problema por el gobierno mexicano, así que se adoptaron medidas para corregir ésta. Como política pública, la contención salarial se impuso con la finalidad de controlar la inflación inercial y ésta se llevó a cabo con base en los “pactos económicos”. Durante el período de 1982 a 1989, el salario real promedio cayó en 46.5% como consecuencia de la inflación provocada por las devaluaciones y de una política que pretendía hacer competitivo al sector exportador a partir de un peso subvaluado. Debido a que el origen de las altas tasas de inflación eran las fuertes devaluaciones, la inflación se controló cuando se alcanzó estabilidad cambiaria.
Liberalización Comercial y Financiera
La liberalización comercial, como parte de las políticas neoliberales, era fundamental pues a través de ella se esperaba que el mercado corrigiera las distorsiones en los precios que la intervención pública y las políticas proteccionistas habían generado durante el modelo ISI. Una vez corregidas las distorsiones en los precios relativos el mercado asignaría los recursos de manera eficiente, por lo que los factores de la producción, como el capital y el trabajo, serían asignados a los sectores más productivos. El tratado de libre comercio con EUA y Canadá era el pilar de la política de liberalización, pues se esperaba que a partir de este tratado las empresas mexicanas tuvieran acceso al mercado más grande del mundo, lo cual motivaría al capital tanto nacional como internacional a invertir en México. Pese a que la productividad media en las economías de EUA y Canadá son superiores a la de la economía mexicana, se confiaba que el libre comercio permitiera especializarse a la economía mexicana en los bienes donde tuviera “ventaja relativa” y que el ambiente dinámico propio del libre comercio propiciaría el ambiente idóneo para que las empresas mexicanas desarrollaran “ventajas competitivas”.
El Sector Bancario: Un Caso de Estudio de Intervención y Rentismo
Este artículo argumenta que el neoliberalismo no es un proyecto tecnocrático basado en la aplicación desinteresada de una ortodoxia económica, sino un proyecto político donde los intereses y ambiciones de coaliciones rentistas se imponen a la racionalidad económica. El estudio del desarrollo histórico del sector bancario en México, en particular, nos ofrece un ámbito ideal para ensayar nuevas hipótesis y teorías sobre la dinámica de la política económica en países en transición. Bajo el concepto de "liberalización", el gobierno mexicano ha llevado a cabo diversas políticas en el sector bancario: la nacionalización en 1982, la privatización en el periodo 1991-1993 y lo que podemos llamar la "nacionalización-privatizante", ocurrida entre 1994 y 1996.
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En 1982, como respuesta a la crisis internacional de la deuda externa y como una medida para controlar la fuga de capitales, el gobierno nacionalizó la mayor parte de los bancos que operaban en el país. Diez años más tarde, en 1992, la totalidad de los bancos fueron transferidos a manos privadas. La privatización, por otro lado, generó niveles de rentismo muy extendidos por parte de banqueros que actuaron en colusión con altos funcionarios de gobierno durante todo el proceso privatizador de 1992 y tiempo después de haber concluido el mismo. En 1995, el gobierno mexicano organizó un masivo rescate financiero con objeto de salvar a los bancos de la bancarrota generada por la desastrosa crisis de 1994. Posteriormente, en 1999, el gobierno de Ernesto Zedillo, de forma por demás opaca, convirtió las responsabilidades del Fondo Bancario de Protección al Ahorro (Fobaproa) en deuda pública, consumando así lo que puede ser calificado como una "nacionalización privatizante". Finalmente, con la experiencia del rescate bancario, el rentismo imperante en la privatización transmutó en una corrupción generalizada y de niveles alarmantes. Este escenario de acentuada corrupción y opacidad comenzó a ser sometido a una operación de limpieza y transparencia en 1999, cuando por vez primera, el país pudo atestiguar el funcionamiento de un Congreso más plural y democratizado.
Críticas y el Declive del Paradigma Neoliberal
Fracasos y Consecuencias Sociales
La idea de un mercado autorregulado implicaba una auténtica utopía. Una institución como esa no podía existir de forma duradera sin aniquilar la sustancia humana y natural de la sociedad, sin destruir físicamente al hombre y transformar su ambiente en un desierto. Sin embargo, el modelo empezó a cuestionarse décadas después, con la crisis del 2008. Desde entonces se lo critica por su incapacidad para generar la prosperidad económica que promete y por aumentar la desigualdad entre clases sociales. Ahora la economía global está estancada y el reparto de la riqueza mundial es más desigual. El neoliberalismo fue la ideología hegemónica desde el comienzo de la década de 1980 hasta el inicio de 2000. Desde inicios del nuevo siglo, sin embargo, la intrínseca irracionalidad del neoliberalismo, su fracaso en promover el crecimiento económico de los países en desarrollo, su tendencia a profundizar la concentración del ingreso y a aumentar la inestabilidad macroeconómica demostrada por las continuas crisis financieras de los 90, constituyen indicadores de su agotamiento.
La Reafirmación del Rol del Estado
Pero fue el crash de octubre de 2008 y la crisis actual, que obligó al Estado a intervenir fuertemente para salvar bancos, empresas y familias endeudadas, la señal definitiva del colapso de esa ideología: el fin de su hegemonía. Al final, el tan despreciado Estado era llamado para salvar al mercado. La crisis económica originada por el coronavirus ha acabado de condenar a esta doctrina, pues la pandemia ha forzado a los Estados a volver a intervenir en la economía. Si comparamos estos 30 años neoliberales con los inmediatamente anteriores, veremos que, en los países ricos, las tasas de crecimiento fueron menores, la inestabilidad económico-financiera aumentó y la renta se concentró, mientras que en los países en desarrollo que aceptaron esa ideología las tasas de crecimiento resultaron insuficientes para alcanzar a los países desarrollados. El neoliberalismo es hoy una ideología muerta.
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