En febrero de 1917, los obreros y los campesinos depusieron a la autocracia zarista, creándose condiciones favorables para la lucha exitosa de la clase obrera por el derrocamiento de la dominación capitalista. La revolución de febrero de 1917 había sido el resultado del descontento de la población de las ciudades, con una línea de mando del ejército quebrada, que se negó a reprimir las manifestaciones populares por el desabastecimiento de San Petersburgo. En este sentido, la revolución rusa de febrero de 1917 se pareció a la revolución francesa de 1789, desorganizada y espontánea y en una dirección liberal. Ha nacido una Rusia libre y nueva. El gobierno provisional ruso en febrero llenó un vacío de poder y estaba legitimado por un parlamento democrático, la Duma.
Cuando estalló la Revolución de Febrero en Petrogrado en 1917, Vladímir Ilich Lenin, líder del Partido Bolchevique, estaba en exilio político a unos 2.400 kilómetros de distancia, en Zúrich, Suiza. Habían pasado diez años desde que se vio obligado a huir de Rusia después de la Revolución de 1905, para escapar un eventual encarcelamiento e incluso una sentencia de muerte por parte del régimen zarista. La líder bolchevique y una de las camaradas más cercanas de Lenin, su esposa Nadezhda Krúpskaya, cuenta que mientras terminaban de almorzar a principios de marzo, el marxista polaco, Mieczyslaw Brónski, entró apurado al apartamento de ellos y les exclamó: “¿No han oído la noticia? ¡Hay una revolución en Rusia!”.
En sus Reminiscencias sobre Lenin de 1933, Krúpskaya escribe: "Después de que Brónski se marchara, bajamos al lago, en cuya orilla desplegaban todos los periódicos apenas salían. Leímos los informes varias veces. Realmente se había llevado a cabo una revolución en Rusia. La mente de Ilich se puso a trabajar de inmediato." Geográficamente, Lenin estaba aislado de Rusia, pero eso no significaba que no tuviera influencia. Su respuesta a la Revolución de Febrero surgió de la perspectiva internacionalista por la que había luchado a lo largo de su vida política, y especialmente después de la traición en agosto de 1914 de la Segunda Internacional. Lenin insistió en que sólo la revolución socialista en toda Europa y en todo el mundo era capaz de asegurar una paz duradera y el futuro de la civilización.
La resolución que Lenin escribió para “La izquierda” en la conferencia antibélica de Zimmerwald en 1915 comenzaba así: "La guerra actual ha sido engendrada por el imperialismo. El capitalismo ya ha alcanzado su nivel más alto. Las fuerzas productivas de la sociedad han superado los límites estrechos de los Estados nacionales individuales... Todo el mundo se está fusionando en un solo organismo económico; se lo han repartido un puñado de grandes potencias. Las condiciones objetivas para el socialismo ya maduraron plenamente mientras que la guerra actual es una guerra de los capitalistas por privilegios y monopolios que podría retrasar la caída del capitalismo." Poco antes de su regreso a Rusia, en su "Carta de despedida a los obreros suizos", Lenin señaló que las condiciones objetivas creadas por la guerra imperialista habían colocado a la humanidad ante un dilema: o permitir que perezcan nuevos millones de hombres, o entregar el poder "en todos los países civilizados" al proletariado revolucionario, realizar la revolución socialista.
La Dualidad de Poderes y la Naturaleza del Gobierno Provisional
Los huelguistas se organizaron en consejos de soldados, obreros y campesinos (soviets) y constituyeron un poder paralelo que se propuso apoyar el nuevo orden revolucionario anti-zarista y vigilar que las reformas políticas no fueran traicionadas. La situación en Rusia era una de “poder dual”. El poder real, en el sentido del apoyo activo de las masas, lo tenían los sóviets, cuya autoridad la defendían los soldados armados y las milicias obreras. Sin embargo, el Soviet de Petrogrado, que de hecho era el centro de toda Rusia, estaba en manos de los líderes mencheviques y eseristas, que se habían apoderado de su dirección. El poder lo tenían los conciliadores y los demócratas constitucionalistas.
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Lenin comprendió que el pueblo ruso no compartía el entusiasmo de la dirigencia y exigía una radicalización del proceso político. Desde el exilio, Lenin envió un telegrama a Petrogrado el 6 (19) de marzo, a través de Estocolmo, donde se decía: “Desconfianza absoluta, ningún apoyo al nuevo Gobierno; sospechamos especialmente de Kerenski”. En sus "Cartas desde lejos", Lenin desveló la política imperialista del Gobierno Provisional, el cual, encubriéndose con falsa fraseología sobre la defensa de las conquistas de la revolución, continuaba la guerra expoliadora. Los ministros del Gobierno Provisional pertenecían al partido Demócrata Constitucional (“cadetes”), y al Octubrista. Miliukov, cadete, era ministro de Relaciones Exteriores y ferviente partidario de que Rusia continuara su participación en la guerra. En esta situación, el 18 de abril el Gobierno provisional emitió una declaración por la que Rusia se comprometía a “cumplir plenamente sus obligaciones para con sus aliados”.
El programa de paz formulado por el Partido Bolchevique en 1915, subrayado por Lenin, conservaba su valor: renuncia a cumplir los tratados zaristas, publicación de los mismos, armisticio inmediato, conclusión de la paz sobre la base de la liberación de las colonias y de los pueblos dependientes, oprimidos y con derechos mermados, llamamiento a los obreros de todos los países a derrocar a sus gobiernos, tomar el poder y negarse a pagar las deudas contraídas por los gobiernos burgueses para hacer la criminal guerra.
El Defensismo Revolucionario
Los líderes mencheviques del Sóviet, junto con el líder socialrevolucionario, Aleksandr Kérenski, insistían que la Revolución de Febrero y sus logros habían “transformado” el carácter del accionar militar de Rusia. Ya no era una guerra predatoria por parte de Rusia, sino una por la defensa de la “democracia” y la revolución ante el militarismo alemán y austrohúngaro -una justificación para la guerra conocida como “defensismo revolucionario”. El “defensismo revolucionario” se dirigía objetivamente a completar la subordinación de las masas y los sóviets al Gobierno Provisional.
El 14 de marzo, el Comité Ejecutivo del Sóviet de Petrogrado controlado por los mencheviques y socialrevolucionarios adoptó un “manifiesto hacia el mundo”, declarando que Rusia quería la paz, pero que “defendería con firmeza nuestras propias libertades”. Decenas de delegados bolcheviques del sóviet votaron a favor de este manifiesto el 14 de marzo. Lev Kámenev, quien había tomado junto a Iósif Stalin el control del diario del partido Pravda, escribió en un editorial: "Mientras que no haya paz, el soldado “deberá permanecer firme en su puesto, contestando a las balas con las balas y a los obuses con los obuses”." Stalin escribió al día siguiente: “Nuestra consigna no debe ser un ¡Abajo con la guerra! sin contenido... Nuestra consigna debe ser: ejercer presión sobre el Gobierno Provisional con el fin de obligarle, sin falta, abiertamente y ante los ojos de la democracia mundial, a tantear la disposición de los países beligerantes respecto a la posibilidad de entablar negociaciones inmediatamente… Entre tanto, todo el mundo debe permanecer en su puesto de combate.”
La línea política expresada por Lenin en sus "Cartas desde lejos" -ningún apoyo al gobierno burgués, ningún cambio en la oposición del partido a la guerra y continuar la lucha por la toma del poder por los sóviets y la clase obrera- fue ignorada por los bolcheviques. Sólo una de sus cuatro cartas había sido publicada en Pravda, editada de manera sustancial, incluyendo la eliminación de una sección en la que Lenin denunciaba que aquel que apoyara al Gobierno Provisional “traiciona a los obreros, traiciona la causa del proletariado, la causa de la paz y de la libertad”. El argumento de Kámenev y Stalin era que dicho apoyo crítico al Gobierno Provisional era necesario para consolidar los logros de Febrero y sentar las mejores condiciones para que los bolcheviques pudiesen, en un futuro, luchar por el establecimiento de una “dictadura democrática del proletariado y los campesinos”, que “completaría” la revolución burguesa en Rusia.
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Las Tesis de Abril de Lenin
Habiendo llegado a Petrogrado únicamente el 2 de abril por la noche, Lenin pronunció el 4 de abril un informe acerca de las tareas del proletariado revolucionario. Para facilitar su labor y la de sus contradictores, preparó unas tesis por escrito, las cuales leyó y entregó el texto al camarada Tsereteli. Estas fueron las famosas Tesis de Abril, que contenían los puntos clave de su acusación al Gobierno Provisional y su plan para la revolución socialista:
- Ningún apoyo al Gobierno Provisional; explicar la completa falsedad de todas sus promesas, sobre todo de la renuncia a las anexiones.
- No una política parlamentaria -volver a ella desde los Sóviets de Diputados Obreros sería dar un paso atrás, sino una República de los Sóviets de diputados obreros, braceros y campesinos en todo el país, de abajo a arriba.
- Confiscación de todas las tierras. Nacionalización de todas las tierras del país, de las que dispondrán los Sóviets locales de Diputados Braceros y Campesinos. Creación de sóviets especiales de diputados campesinos pobres.
- En lugar de “socialdemocracia”, cuyos líderes oficiales han traicionado al socialismo en el mundo entero, pasándose a la burguesía (los “defensistas” y los vacilantes “kaustkianos”), debemos denominarnos Partido Comunista.
Lenin atacó al Gobierno Provisional por no señalar un plazo, ni próximo ni remoto, para la convocatoria de la Asamblea Constituyente y limitarse a simples promesas. Sostuvo que: “Todo el gobierno provisional es un gobierno de la clase capitalista. Es un asunto de clases, no de personas. Atacar personalmente a Milyukov, demandar, directa o indirectamente, su renuncia, es una comedia estúpida, ya que ningún cambio de personalidades cambiará algo en la medida en que no cambien las clases que están en el poder.” Por eso, argumentaba Lenin, no tenía sentido pedir la renuncia de algún o algunos ministros.
El Fracaso del Gobierno Provisional y la Vía Bolchevique
Los socialistas revolucionarios y los mencheviques “han asumido la función reaccionaria de mantener a los campesinos bajo la influencia de la burguesía y de llevarlos a una coalición con la burguesía, no con el proletariado”. Sin embargo, las masas estaban aprendiendo rápidamente de la experiencia de la revolución, y los socialistas revolucionarios y los mencheviques estaban siendo derrotados en los soviets de Petrogrado y Moscú. En un momento de aguda crisis política, cuando los cadetes se habían retirado del gobierno, Lenin propuso en septiembre un compromiso: que los bolcheviques, sin participar en el Gobierno, no exigirían el traspaso inmediato del poder a los obreros y campesinos pobres, y no emplearían métodos revolucionarios para luchar por esta demanda. A cambio, los mencheviques y SR, que constituirían el bloque gobernante, acordarían formar un gobierno total y exclusivamente responsable ante los soviets, y estos tomarían todo el poder localmente. De esta forma podría haber una revolución pacífica.
Pero el 2 de septiembre el Ejecutivo de los Soviets y el Ejecutivo del Congreso de Diputados Campesinos aprobaron una resolución de apoyo al nuevo gobierno. Lo cual implicaba la negativa de los mencheviques y socialistas revolucionarios a que el poder pasara a los soviets, o a que el Gobierno fuera responsable ante los soviets. Después de este episodio, Lenin no volvió a hablar del asunto. En “La catástrofe que se avecina y cómo combatirla”, insistió en que solo cuando la clase obrera tomase el poder, podría garantizarse la paz, la convocatoria a la Asamblea Constituyente y la tierra a los campesinos.
Entre febrero y octubre de 1917, la ciudad de San Petersburgo se vio sometida a una gran tensión y ansiedad debido a los errores del gobierno provisional liberal-democrático de Aleksander Kérenski y las tácticas golpistas de los bolcheviques. Con un gobierno provisional muy debilitado y liberados todos los dirigentes bolcheviques, Lenin fijó la noche del 24 de octubre para ocupar los lugares estratégicos de la ciudad y salvo una pequeña resistencia en el Palacio de Invierno, vencida en pocas horas, el poder pasó al partido bolchevique sin que la ciudad percibiera una gran conmoción. La llamada Revolución de Octubre fue en realidad un golpe de Estado organizado y ordenado por Lenin.
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