Descubre los Impresionantes Lugares Históricos Donde Se Firmaron las Declaraciones de Independencia en Américapost-template-default single single-post postid-46 single-format-standard et_pb_button_helper_class et_fixed_nav et_show_nav et_secondary_nav_enabled et_primary_nav_dropdown_animation_fade et_secondary_nav_dropdown_animation_fade et_header_style_left et_pb_footer_columns4 et_cover_background et_pb_gutter et_pb_gutters3 et_right_sidebar et_divi_theme et-db
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La firma de una declaración de independencia marca un antes y un después en la historia de las naciones, proclamando su soberanía y rompiendo los vínculos con poderes coloniales. A lo largo del continente americano, diversos lugares emblemáticos fueron testigos de estos actos fundacionales, donde documentos cruciales fueron redactados, adoptados y firmados, dando origen a nuevos estados libres e independientes.

La Declaración de Independencia del Imperio Mexicano

El Acta de Independencia del Imperio Mexicano es el documento mediante el cual el Imperio Mexicano declaró su independencia del Imperio español. El 27 de septiembre de 1821, el Ejército Trigarante, encabezado por Agustín de Iturbide, entró a la Ciudad de México, concluyendo con eso la guerra de Independencia de México. Al día siguiente, el 28 de septiembre, Iturbide instaló la Suprema Junta Provisional Gubernativa, compuesta por 38 personas y presidida por Antonio Pérez Martínez y Robles, Obispo de Puebla de los Ángeles.

La tarde del 28 de septiembre, los miembros de la Junta se reunieron en el Palacio Nacional para redactar el Acta de Independencia de la nueva nación independiente. Los dos documentos o actas resultantes fueron entonces redactados en su forma final por Juan José Espinosa de los Monteros, el secretario vocal de la Junta. Las actas fueron firmadas por 33 de los 38 miembros de la Junta junto con Iturbide en su calidad de presidente de la Regencia.

Hasta el año de 2021 se pensó, y así se aceptó unánimemente por toda la historiografía mexicana y mexicanista, que el Acta que contiene la Declaración del 28 de septiembre se había firmado este mismo día en dos ejemplares manuscritos, casi idénticos, uno de los cuales sería para la Regencia y el otro para la Junta. Este ejemplar, conservado por décadas en la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión, se quemó en el lamentable incendio ocurrido la madrugada del 23 de marzo de 1909 en dicha Cámara; por fortuna se conservan fotografías del mismo. La otra copia le fue entregada a la Regencia del Imperio, la cual permaneció en Palacio Nacional y fue robada en 1830.

El texto mismo del Acta, cuyo único ejemplar hoy se conserva en el Archivo General de la Nación, presenta algunas interrogantes que no podían contestarse aceptando la fecha del 28 de septiembre como la de su firma. Una de ellas consiste en la ausencia en la misma de la firma de Juan O’Donojú, quien nunca firmó ninguno de los dos ejemplares manuscritos originales. Sin embargo, todos los ejemplares impresos del Acta, a partir del primero publicado en octubre de 1821, sí incluyeron el nombre de O’Donojú como uno de sus tres primeros firmantes.

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Décadas más tarde, el acta que había sido robada fue adquirida por el emperador Maximiliano I. Mucho tiempo después, el Acta apareció en España en la biblioteca del anticuario Gabriel Sánchez, quien luego la vendió al historiador Joaquín García Icazbalceta. Posteriormente, su hijo Luis García Pimentel la vendió a Florencio Gavito Bustillo en Francia. Tras comprarle el Acta por 10 000 pesos, Gavito regresó a México con la intención de entregar el acta al gobierno, pero falleció de leucemia en 1958. Gavito estipuló en su testamento que al morir se entregara el Acta al presidente Adolfo López Mateos. La ceremonia de entrega del Acta de Independencia se realizó el 21 de noviembre del mismo año. La Acta está protegida actualmente dentro de dos guardas elaboradas con materiales libres de ácido, en la bóveda de seguridad del Archivo General de la Nación.

La Declaración de Independencia de los Estados Unidos de América

La Declaración de Independencia de los Estados Unidos de América es un documento redactado por el segundo Congreso Continental -en la Cámara Estatal de Pensilvania (ahora Salón de la Independencia) en Filadelfia el 4 de julio de 1776- que proclamó que las Trece Colonias norteamericanas se habían autodefinido como trece nuevos Estados soberanos e independientes y ya no reconocían el dominio británico; en su lugar, formaron una nueva nación: los Estados Unidos.

Antes de que el acta de emancipación fuese aprobada en julio de 1776, las Trece Colonias y el Reino de Gran Bretaña habían estado en guerra durante más de un año. Las relaciones entre ambas se habían deteriorado desde 1763, con el Parlamento británico promulgando una serie de medidas para aumentar los impuestos en las colonias, como la ley del sello de 1765 y las leyes de Townshend de 1767. El segundo Congreso Continental se reunió en la Cámara Estatal de Pensilvania en Filadelfia en mayo de 1775.

El 11 de junio de 1776, el Congreso designó un «Comité de los Cinco» para redactar una declaración de independencia para las 13 colonias: Thomas Jefferson (Virginia), John Adams (Massachusetts), Benjamin Franklin (Pensilvania), Robert R. Livingston (Nueva York) y Roger Sherman (Connecticut). Lo cierto es que el comité discutió el esquema general que el documento debía seguir y acordó que Jefferson escribiría el primer borrador. Jefferson redactó la declaración entre el 11 y 28 de junio, días en los que presentó varios borradores a Adams y Franklin, quienes hicieron algunos cambios.

Oficialmente, el Congreso declaró su libertad de Gran Bretaña el 2 de julio de 1776 tras aprobar una resolución por unanimidad. No obstante, fue hasta el 4 de julio que se adoptó por unanimidad la Declaración de Independencia. Días después de que se adoptara la Declaración de Independencia, el 19 de julio, el Congreso ordenó que la Declaración fuera ampliada en pergamino y estableció que esta debía ser firmada por cada miembro del Congreso. Según los Archivos Nacionales, fue hasta el 2 de agosto de 1776 que la mayoría de los miembros del Segundo Congreso Continental comenzaron a firmar la Declaración de Independencia en Filadelfia.

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La Declaración afirmaba ciertos derechos naturales y legales, incluido el derecho de revolución. Sostenemos como evidentes estas verdades: que todos los hombres son creados iguales; que son dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables; que entre éstos están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad; que para garantizar estos derechos se instituyen entre los hombres los gobiernos, que derivan sus poderes legítimos del consentimiento de los gobernados. La versión más conocida de la Declaración -una copia firmada que se considera popularmente como el documento oficial- se exhibe en los Archivos Nacionales en Washington D. C.

La Declaración de Independencia de las Provincias Unidas del Río de la Plata

En la benemérita y muy digna ciudad de San Miguel de Tucumán a nueve días del mes de julio de mil ochocientos diez y seis, terminada la sesión ordinaria, el Congreso de la Provincias Unidas continuó sus anteriores discusiones sobre el grande, augusto, y sagrado objeto de la independencia de los pueblos que lo forman. El 24 de marzo de 1816 fue finalmente inaugurado el Congreso en Tucumán. El 9 de julio de 1816, el mismo día en que se aprobó el temario, se resolvió considerar como primer punto el tema de la libertad e independencia de las Provincias Unidas.

Era universal, constante y decidido el clamor del territorio entero por su emancipación solemne del poder despótico de los reyes de España. A su término fueron preguntados si querían que las provincias de la Unión fuesen una nación libre e independiente de los reyes de España y su metrópoli. Los representantes entonces declararon solemnemente: “Nos los representantes de las Provincias Unidas en Sud América, reunidos en Congreso General, invocando al Eterno que preside al universo, en el nombre y por la autoridad de los pueblos que representamos, protestando al cielo, a las naciones y hombres todos del globo la justicia, que regla nuestros votos, declaramos solemnemente a la faz de la tierra que, es voluntad unánime e indudable de estas provincias romper los violentos vínculos que las ligaban a los reyes de España, recuperar los derechos de que fueron despojadas, e investirse del alto carácter de una nación libre e independiente del rey Fernando VII, sus sucesores y metrópoli.”

Este documento vital fue firmado por los diputados secretarios, incluyendo a Francisco Narciso de Laprida, presidente; Mariano Boedo, vice-presidente; y otros representantes de las provincias como el Dr. Antonio Sáenz, Dr. José Darregueyra, Dr. Fray Cayetano José Rodríguez, Dr. Pedro Medrano por Buenos Aires, y muchos más de las diversas provincias que conformaban la Unión.

Comparativa de Declaraciones de Independencia

País Documento Fecha Clave Lugar de Firma/Adopción
México Acta de Independencia del Imperio Mexicano 28 de septiembre de 1821 Palacio Nacional, Ciudad de México
Estados Unidos Declaración de Independencia de los Estados Unidos de América 4 de julio de 1776 (adopción)
2 de agosto de 1776 (firma mayoritaria)
Cámara Estatal de Pensilvania (Salón de la Independencia), Filadelfia
Argentina Acta de la Independencia de las Provincias Unidas en Sud América 9 de julio de 1816 San Miguel de Tucumán

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