El concepto de educación posrevolucionaria nos remite al periodo posterior a 1917, fecha en la cual se formalizan las características del nuevo Estado mexicano, por lo menos en el papel. Lo anterior no quiere decir que exista una ruptura total con el sistema educativo heredado del porfirismo, ya que en la práctica fue este modelo pedagógico el que permitió que durante la Revolución se mantuvieran las escuelas, sobre todo en lugares donde la lucha armada no fue tan fuerte. Este modelo estaba centrado básicamente en el medio urbano y en la educación de las élites gobernantes. La historia de la educación en México ha sido un proceso de constante transformación, marcado por momentos clave que han definido el rumbo del país en términos educativos.
Durante la primera mitad del siglo XX ocurrieron conflictos sociales y políticos en México que, en conjunto, se conoce como la Revolución Mexicana. Por esa misma y por el triunfo de los revolucionarios y el consecuente ascenso de sus principales caudillos a la presidencia del país surgió la necesidad de un proyecto de nación apegado a los ideales revolucionarios, pero que al mismo tiempo expresara la ruptura con el régimen porfirista. Inició así un periodo de formación nacional. No fue hasta la década de 1920 cuando el país consolidó un modelo de educación pública, gratuita y obligatoria, lo que representó un cambio fundamental en la estructura social del país.
El gobierno de la nación a partir de 1914 se quedó en manos de caudillos, que en aras de los ideales revolucionarios plasmaron en la Constitución de 1917 las demandas sociales del movimiento como la educación (artículo 3), reparto agrario (artículo 27) y trabajo digno (artículo 123). La Constitución se convirtió en el eje rector de la vida política y pública del país. Los gobiernos posteriores al periodo de Venustiano Carranza asumieron el compromiso de hacerla valer, aunque para ello eran necesarias instituciones que permitieran el cumplimiento de las demandas sociales. En este trabajo se analizará la relación del estado mexicano con la educación en el periodo posrevolucionario, se contrastarán las políticas educativas y se expondrá su relación con las principales ideologías de esa época, siendo el liberalismo democrático y el socialismo las directrices del pensamiento revolucionario.
La Visión Humanista de José Vasconcelos: La Cruzada Cultural (1921-1924)
Una vez consolidado el proyecto nacional, la educación ha sido a lo largo del tiempo el instrumento que promueve la solidaridad entre ellos. Necesitábamos que la educación no quedara garantizada sólo en papel, sino que se pudiera volver realidad a través de la construcción de escuelas y de la formación de maestros, pero antes, hacía falta consolidar una institución capaz de crear y aplicar los planes educativos para que fuera posible difundir la cultura a todos los mexicanos. La creación de la Secretaría de Educación en 1921 permitió la divulgación de los ideales del secretario a los educadores mediante la difusión de sus escritos. Las obras Raza cósmica, De Robinson a Odiseo y Pedagogía estructurativa concentran sus ideas filosóficas y políticas.
El nacionalismo cultural se reflejó también en el arte, "Vasconcelos dio el primer impulso a la Escuela del Muralismo Mexicano, de las cuales destacan la obra de los pintores Diego Rivera, José Clemente Orozco y David Siqueiros, entre los más representativos". El ensalzamiento del mestizaje se desarrolló a partir de conciliar el pasado prehispánico con el colonial, siendo uno de los pilares en el pensamiento de Vasconcelos. La alfabetización permitía ir forjando la identidad nacional. A diferencia de los modelos de nación anteriores, bajo la influencia de la filosofía latinoamericana Vasconcelos presenta un ideal de raza -“la raza cósmica”-, que surge de la síntesis de la herencia prehispánica y colonial. Por primera vez se exalta el mestizaje, pero no solo el mestizaje racial, sino intelectual. El mexicano ideal vasconceliano tenía como característica principal encontrar en su pasado prehispánico y colonial motivos de orgullo.
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Así, se puede observar que todos los medios empleados por los gobiernos posrevolucionarios para culturizar al país contenían una línea revolucionaria y buscaban crear ciudadanos orgullosos de sus raíces, que aceptaran el devenir de su historia, en donde la lucha revolucionaria se percibía como ineludible.
La Educación Socialista: Del Pragmatismo de Calles al Radicalismo Cardenista (1924-1940)
El periodo socialista de México se inició con el ascenso a la presidencia de Plutarco Elías Calles en el cuatrienio de 1924-1928; sin embargo, la influencia de este se prolongó hasta 1934, periodo conocido como el maximato. Calles durante su juventud fue maestro y supervisor escolar, ideológicamente se identificaba con el movimiento socialista y su simpatía por el socialismo se reflejaba en sus discursos de campaña en los que mostraba su respaldo al proletariado y al gobierno socialista de Felipe Carrillo Puerto en Yucatán. En sus discursos se observa claramente la filiación al socialismo y es a través de esa ideología que entiende la revolución mexicana, a la que equipara con la revolución rusa. La ideología socialista dio lugar al peculiar discurso político de Calles que sentó las bases de la línea de acción de su gobierno: el nacionalismo y el anticlericalismo. En su plan de gobierno refiere la continuidad del programa educativo y cultural. Dicho programa priorizaba a los pueblos indígenas. En su discurso se observa la finalidad que le destina a la educación: “hacer de todos los mexicanos unidades útiles a sí mismas, a su familia y a la patria, llevando a su espíritu la exacta comprensión de sus deberes”.
El gran proyecto de educación de este periodo fue la escuela rural. Un actor importante en el desarrollo de la educación rural fue Moisés Sáenz, subsecretario de Causaranc, quien en lo pedagógico introdujo la corriente de Dewey y en lo ideológico aportó la introducción del indigenismo al nacionalismo (a diferencia de Vasconcelos que exaltaba el mestizaje). Al mismo tiempo procuró que la educación rural proporcionara las herramientas necesarias a los indígenas para la vida diaria -esta idea estaba alineada a la política callista-. Sin embargo, las políticas educativas estuvieron inclinadas hacia el modelo soviético, ejemplo de ello fue la creación de la cartilla de higiene y antialcohólica. Se consideraba que al corregir ambos, se lograría el perfeccionamiento de la raza.
La propagación de la cultura mexicana mediante la educación con enfoque en mestizaje y revolución del periodo de Vasconcelos evolucionó hacia una línea revolucionaria e indigenista con énfasis en el progreso de la raza. Dicho discurso fue directriz de los programas educativos y encontró sustento en los diversos artículos de eugenesia que predominaban en aquella época en la medicina y antropología del país. El descontento de Vasconcelos se puede entender por su postura ideológica; mientras que él, con su planteamiento de nacionalismo, exaltó el mestizaje y lo elevó hasta ser una virtud del mexicano, la ideología de Calles y José Manuel Puig Casauranc tuvo una inclinación hacia el darwinismo social y la eugenesia.
La Educación Socialista en el Cardenismo y la Reforma al Artículo 3o. Constitucional
A pesar de que el periodo de 1934 a 1940 no figura dentro del maximato, es el periodo donde se concreta la educación socialista. La reforma al artículo tercero de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos (CPEUM) de 1934 fue el resultado del debate en torno al carácter laico de la educación desarrollado desde el inicio de la década de 1930. El socialismo se mostraba como la opción que representaba a las masas heterogéneas del país. Narciso Bassols, secretario de educación entre 1931-1934, precisó que “el discurso radical adoptado por ciertos gobernantes influyó en el sistema educativo”. Durante su administración en la SEP se incluyó la polémica educación sexual en el nivel básico y también se excluyó a la iglesia de las labores docentes. La reforma a este artículo fue producto del radicalismo ideológico predominante en los círculos del poder; sin embargo, no debemos pensar que fue una reforma impuesta, más bien representó un nutrido grupo de intelectuales conformado por estudiantes, maestros, diputados y senadores. Bassols manifestaría en esta disposición su censura de intolerancia a la religión.
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El debate de la educación socialista era sobre la laicidad de la educación, el quiebre con la estructura educativa que planteaba Bassols, que era una educación basada en el pensamiento marxista; para él, marxismo era sinónimo de laicidad. En este periodo se utilizaba a la educación como medio de adoctrinamiento, la enseñanza tomó un tinte clasista. La instrucción redimía a los oprimidos, a las masas desposeídas por su condición de explotados. La educación se convirtió en una actividad ambigua que devino en doctrinaria e intolerante. La educación se basaba en la colectividad popular para alimentar el espíritu de clase no el de la comunidad, apelando a los elementos de clase, a la enajenación y la injusticia social.
Consolidación, Desafíos y Reformas Posteriores (1940-1980)
Al primer periodo, que va de 1940 a 1970, se le llama el del Desarrollo Estabilizador. Es el periodo durante el cual el crecimiento económico nacional alcanza un enorme nivel, la balanza económica nacional se encuentra en equilibrio, y gradualmente el país va alcanzando la preminencia iberoamericana en el concierto universal. Como parte del interés en el periodo posrevolucionario por dinamizar y diversificar la estructura productiva, la educación técnica aceleró su crecimiento y se consolidó. El distanciamiento de la universidad del proyecto estatal explicaba parcialmente dicha atención a la enseñanza técnica que coincidía con los valores de la Revolución Mexicana y la creación de una conciencia nacional. Se identificaban tres grupos de escuelas técnicas dentro del sistema educativo federal: las destinadas a la enseñanza de formación artesanal, las de formación de obreros calificados y las escuelas de enseñanza técnica superior reorganizadas en el Departamento de Enseñanza Técnica, Industrial y Comercial, con el fin de abastecer la exigencia de la producción. Entre 1940 y 1970 nuestro país alcanzó una prosperidad económica de la que nunca antes había gozado.
México creció mucho en esta época, pero se descuidaron algunos elementos importantes que ocasionaron su desestabilización. El periodo de los setenta, por ejemplo, trajo consigo un detrimento de la calidad de la enseñanza. Los males educativos aparecieron con toda su fuerza, sensiblemente en su calidad, debido a la burocratización y el bajo nivel en la formación magisterial. La educación se encontraba íntimamente vinculada con la variable demográfica. La primaria se había convertido en "fábricas de desempleados". Correspondió a Jesús Reyes Heroles emprender una nueva revolución educativa. La preocupación era por la calidad de la enseñanza.
Configuración del Sistema Escolar y Federalización
La comprensión del proceso educativo en su perspectiva histórica ayuda a entender una de las aristas de la construcción del Estado posrevolucionario, con las particularidades locales y regionales. Las tensiones entre la gestión estatal y la construcción del poder federal se hicieron patentes en la educación pública, entre un sistema escolar que funcionaba localmente y la pretensión de construir un sistema educativo nacional desde el centro. En el proceso de modernización de los años noventa del siglo XX, los sistemas educativos escolares fueron transmitidos de la federación a los estados. La creación de la SEP permitió la incursión del gobierno federal a partir de 1923; lo que posteriormente dio lugar al proceso de federalización, que para Tlaxcala se tradujo en asumir el gasto educativo en partes iguales: la mitad el estado, la mitad la federación. La intervención de los padres de familia en el proceso educativo sólo podía realizarse por medio de comités. De esta manera aparecieron paulatinamente, en los ámbitos local, estatal y federal, asociaciones, consejos y comités. La década siguiente estuvo marcada por la fuerte tendencia a realizar gestión escolar para atender las demandas de organizaciones obreras y campesinas, acciones que se insertaron en la política de masas del cardenismo y el nacionalismo de la época. En Tlaxcala la gestión estatal se subordinó a la forma en la que se administraba la política nacional y, en el terreno educativo, las escuelas de la SEP desplazaron del control del sistema escolar a las autoridades municipales y a los caciques locales, permitiendo la articulación de un sistema educativo nacional.
Reformas Escolares y Legislación
Si bien la pretensión de legislar el sistema educativo chocaba con la realidad escolar, la ley señalaba que la educación era una función esencial e inherente al Estado, por lo que de manera paulatina las leyes -estatales y federales- provocaron cambios en los sistemas educativos. La legislación del estado de Tlaxcala apuntaba a una educación pública nacionalista, integral, laica, gratuita y obligatoria la elemental; dada la exigua base constitucional de la SEP, la actividad legislativa estatal fue intensa. La federación empezó a establecer sus criterios normativos con la reforma educativa de 1934 y en 1939 con el establecimiento de la Ley Orgánica de Educación. Aun así, la intención de normar tuvo dificultades que se explican por la heterogeneidad de interpretaciones de la reforma socialista, las contradicciones entre las prácticas vigentes y las disposiciones legales, la resistencia y oposición a los proyectos educativos oficiales. En el paulatino proceso de "hacer Estado" se reconoce la contribución realizada por el sistema escolar, de manera simultánea a su construcción. Particularmente señala la importancia de la labor del profesor Rafael Ramírez quien, desde diferentes cargos en la SEP e involucrado en el proceso de la educación rural (1923-1934), mantuvo unidos a los inspectores federales y dotó de imagen e identidad a este cuerpo administrativo, de fundamental importancia en el proceso educativo y en el impacto social de la institución escolar.
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Formación Docente y su Evolución
La formación de profesores y la actualización del personal docente en servicio presentó características peculiares: el perfil profesional se modificaba continuamente, había saberes que se consideraban suficientes para acreditar determinadas evaluaciones así como conocimientos improvisados, se establecieron programas de actualización y de formación; todo ello en un ciclo, al parecer, interminable. Lo anterior provocó la percepción de diferencias entre maestros rurales y urbanos, la diversificación de parámetros y criterios que devaluaban la capacidad del docente, la deficiencia o insuficiencia en la titulación, el cambio en los criterios formales para ingresar al servicio educativo. En los años veinte inició el ambicioso proyecto federal de las Misiones Culturales, enfocado a mejorar la vida de los pueblos mediante el aprendizaje basado en la acción. Además, la federación impulsó la estructuración nacional de un magisterio formado bajo criterios homogéneos, estableciendo normales rurales. Los maestros, con su nueva imagen, urbanizada, llevaban la voluntad federal a las comunidades. Para intervenir en el fortalecimiento profesional de los docentes, la escuela estatal y la federal recurrieron a modelos de práctica pedagógica (conferencias) en Centros de Cooperación Pedagógica o Reuniones Pedagógicas Sociales, lo que contribuyó a la formación de la cultura magisterial. Una de las propuestas de Reyes Heroles fue la de cerrar la Normal Superior. Él enfatizaba la necesidad de que el maestro eduque a los niños del estado al que pertenece y que conoce.
La Escuela como Eje de la Comunidad
La existencia y el funcionamiento del sistema estatal debían mucho a la gestión local. La participación de los padres se realizaba por medio de los mecanismos locales de organización (juntas, sociedades o comités): vigilaban la utilización de los tiempos escolares y comprobaban la asistencia infantil, intervenían en el acondicionamiento de espacios, ejercían un control de los maestros al vigilarlos "localmente" y exponer quejas y denuncias. El arribo de los profesores federales implicó una relación diferente a la de sus pares estatales con las autoridades y la población locales, así como el rechazo al poder de los caciques locales; esta mayor independencia les permitió influir de manera diferente en la orientación pedagógica de la educación. Uno de los objetivos de la política oficial educativa fue favorecer la comprensión social del laicismo. Esto contribuyó al proceso mediante el cual la presencia y el control del Estado federal se fueron haciendo patentes, tarea en la que la escuela cumplió un papel esencial. Los elementos como "oficial y no oficial, elemental y superior, rural y urbana" provocaron que la gente clasificara a las escuelas en términos de efectividad y de calidad, procurando inscribir a sus hijos en las "mejores", paulatinamente asociadas con los maestros federales y en general el sistema implantado por la SEP.
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