A ningún mexicano, de cualquier latitud, la imagen del Escudo Nacional le resulta extraña ni fuera de la realidad natural. Pareciera herencia ancestral unívoca e incuestionable, casi genética; sin embargo, esta representación ha llegado al siglo XXI por las insondables, profundas y dinámicas corrientes culturales de cuando menos tres mentalidades que, en sus épocas de florecimiento, les dieron lecturas muy distintas a las modernas. Durante casi dos siglos, desde niños hemos aprendido en las escuelas a reconocer esta imagen como la de la identidad propia de los mexicanos. Es la síntesis comúnmente usada para definir el Escudo Nacional. El Escudo Nacional Mexicano es uno de los tres símbolos patrios -junto con el Himno Nacional y la Bandera- de los Estados Unidos Mexicanos que representan y veneran a La Patria. El Escudo Nacional Mexicano es uno de los tres símbolos patrios que se ha transformado a lo largo del tiempo y cuyo fin, además de representar a la Patria, es el de impulsar la identidad nacional.
Los Orígenes Míticos: La Leyenda Fundacional de Tenochtitlan
Un arquetipo mítico es el origen de tan extraña forma, más próxima a la etología que a la conducta social: fue el anuncio de un dios tribal que guiaba a un grupo de los llamados aztecas; el dios y el grupo llegarían a ser dominantes en el centro del actual México. Está inspirado en la leyenda de la fundación de México-Tenochtitlan, según la cual Huitzilopochtli indicó a los mexicas que establecieran su ciudad en el lugar donde encontraran a un águila posada sobre un nopal; el sitio fue un islote sobre el antiguo Lago de Texcoco, donde hoy está ubicada la Ciudad de México.
La versión más consensada sobre la leyenda primigenia es que, pueblos nahuas de un mítico lugar llamada Aztlan, recibieron la indicación del dios del sol y la guerra Huitzilopochtli, de peregrinar hacia un nuevo lugar donde construirían una ciudad; les indicó que la señal que definiría la ubicación era un águila parada sobre un nopal, devorando una serpiente. El mito se hunde en el tiempo. Su jeroglífico, síntesis de los distintos signos del arquetipo, fue plasmado a finales del siglo XV y representaba los elementos básicos que se habrían repetido oralmente generaciones más atrás: la roca, el nopal de tunas endurecidas que nació del corazón de un enemigo vencido y el águila encima, con las alas extendidas y en actitud de devorar.
Varias son las versiones en náhuatl de las señales del dios para el asentamiento de los migrantes mexicas, acontecimiento que se fechó en 1325; la Crónica mexicáyotl, de Fernando Alvarado Tezozómoc, dice lo siguiente: “Llegaron entonces / allá donde se yergue el nopal. / Cerca de las piedras vieron con alegría / Cómo se erguía un águila sobre el nopal. / Allí estaba comiendo algo, / lo desgarraba al comer. / Cuando el águila vio a los aztecas, / inclinó la cabeza. / De lejos estuvieron mirando al águila.
La Séptima relación de Chimalpain registró: “En el año 2-Casa [1325], / llegaron los mexicas, / en medio de los cañaverales, / en medio de los tulares / vinieron a poner término, con grandes trabajos / vinieron a merecer tierras. / En el dicho año 2-Casa, / llegaron a Tenochtitlan. / Allí donde crecía / el nopal sobre la piedra, / encima del cual se erguía el águila: / estaba devorando [una serpiente]. / Allí llegaron entonces. Como si fuera una exacta profecía, en la Segunda relación el cronista explicó la fórmula de la permanecia en palabras de uno de los sacerdotes: “Y el águila, que tú verás seré yo. Esta será nuestra fama: en tanto dure el mundo, así durará el renombre, la gloria, de México-Tenochtitlan”.
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Las raíces del Escudo Nacional Mexicano se remontan a la época prehispánica y es que según la primera parte del códice Mendoza o Mendocino- que lleva por nombre “Anales mexicanos”-, aparece el mito de la fundación de Tenochtitlán. En este códice se describe cómo los mexicas, después de transitar un largo camino desde Aztlán, llegaron al lugar que su dios, Huitzilopochtli, les había indicado. La señal era inconfundible; ahí estaba el águila, justo como el gran Huitzilopochtli lo había prometido. El águila posaba majestuosa sobre un nopal en medio de un islote al mismo tiempo en que se alimentaba de una serpiente.
A pesar de la interpretación posterior, según explica López Austin, la atención primigenia no estaba puesta en el águila que devora la serpiente, sino en el águila parada sobre el nopal. No obstante, en la primera escultura el ave devora o sostiene en el pico un corazón y no una serpiente, mientras que en la otra solo está cerca del pico el glifo de la guerra «teoatl tlachinolli», que para algunos parece una serpiente, aunque no lo es; el glifo de la guerra es la unión de los glifos del agua y el fuego, este último es la imagen de un campo ardiendo en llamas, similar a las escamas de una serpiente; en tanto el glifo del agua esta acompañado de caracoles, con apariencia similar al cascabel de una víbora, de ahí la posible confusión. Para la historiografía moderna, esto podría deberse al proceso de aculturación para desplazar los elementos de la cosmovisión mexica, en favor de la cristiana.
El Escudo en la Época Virreinal: Adaptación y Conflicto
Muy pronto el símbolo trascendió. La ciudad de México fue establecida como capital de la Nueva España por el mismo Hernán Cortés. La paradoja de esta alegoría criolla es que su im-pulsor inicial fue el mismo conquistador Hernán Cortés -según nos recuerda el historiador Jorge González Angulo-. A comienzos del periodo virreinal, el emblema señalaba sólo un gentilicio local. Los documentos de los cronistas reproducen al águila sobre el nopal para identificar a los mexicas.
Así la vemos en el Códice Osuna, ya pintada en una bandera de gusto occidental a la cabeza de las tropas mexicanas que acompañaron a la expedición española a la Florida. Esta águila es similar a la que aparece en dos láminas de la obra de fray Diego Durán (Historia de las Indias de Nueva España e islas de Tierra Firme), en el Códice Mendocino y en la Tira de Tepechpan. En el “Libro XII” del Códice Florentino, como si fuera una excentricidad, el nopal sobre la piedra señalaba a Tenochtitlan (o a los mexicas tenochcas), mientras que el águila de alas extendidas sobre un montículo de arena señala a Tlatelolco (o a los mexicas tlatelolcas).
Algo llamó la atención del virrey arzobispo don Juan de Palafox y Mendoza durante el festejo del Paseo del Pendón el 12 y 13 de agosto de 1642. Palafox posiblemente notó que entre los doseles, alfombras y colgaduras que adornaban las calles de San Francisco y de Tacuba, entre la iglesia de San Hipólito y el Palacio Virreinal, o en alguno de los arcos efímeros hechos de flores, destacaba la insignia indígena de la ciudad de México: un águila parada en un nopal. Tal vez, aunque no es seguro, en más de un caso tendría una serpiente en el pico. No debió ser una figura extraña; las imágenes en piedra del águila sobre el nopal, como la del relieve franciscano del pueblo de Tacuba, se mostraban abiertamente desde hacía generaciones.
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Palafox no toleraría ningún resabio del pasado pagano que pudiera identificar a la ciudad con una historia que no fuera la española. Pero el virrey y arzobispo equivocó la explicación de su enojo: no había ningún rescoldo vivo del paganismo, sino que le disgustó la reconstrucción de una historia antigua americana vuelta mitografía a la manera clásica grecolatina. La voz del dios de los aztecas -“ese diablo”- hacía mucho que había dejado de oírse. Y el símbolo del águila sobre el nopal se había reinterpretado localmente como parte del relato de la fundación de la ciudad con la decisión de asentar ahí la capital de la tierra ganada para el rey de España. De cualquier manera, una imagen en bronce del águila sobre el nopal y devorando a la serpiente señoreaba en esos años la fuente surtidora de la Plaza Mayor de la ciudad de México. El “aguilita”, como se le conoció, sería fugaz víctima propiciatoria del resquemor político del eclesiástico virrey (hoy se resguarda y exhibe en el Castillo de Chapultepec). El culto virrey arzobispo alegó que la idolatría podría volver a las mentes indígenas; sin embargo, tanto por la fecha del decreto como por el nulo eco de su propósito, es posible que detrás de la argumentación de ortodoxia tridentina hubiera oportunismo político. La urbe criolla reinventó el símbolo fundador y lo “occidentalizó”, lo cristianizó. No así los elementos plásticos del jeroglifo mítico. El águila sobre el nopal sería parte del escudo emblemático de la capital del virreinato a lo largo de los tres siglos del vasallaje a la Corona española.
Evolución del Escudo Nacional en el México Independiente
La primera vez que se plasmó el águila sobre el nopal fue en el grabado del escudo de armas de la naciente Ciudad de México, establecido por el rey Carlos V. El primer decreto para establecer la presencia del águila coronada en la bandera lo dictó Agustín de Iturbide en 1823. Precisamente fue Iturbide quien dictaminó -en ese mismo año- que los colores definitivos de la bandera fueran verde, blanco y rojo. Un año después, al iniciar el primer gobierno federal republicano, en la Constitución de 1824 se publicó el grabado de José Mariano Torreblanca, quien la representó de frente, con las alas extendidas; a pesar de ello, continuaron las distintas variantes.
El emblema, el único elemento de la bandera, modificado constantemente a lo largo de la historia. El Escudo Nacional Mexicano sufrió numerosos cambios -como en la época de Venustiano Carranza, pues el águila estaba de frente, no de perfil como ahora- pero fue hasta 1968 que Francisco Eppens Helguera (San Luis Potosí, 1ero de febrero de 1913- Ciudad de México, 6 de septiembre de 1990) rediseñó el Escudo Nacional y añadió elementos prehispánicos como el nopal con las tunas rojas o el glifo mexica del agua. El actual diseño del escudo se adoptó desde el 16 de septiembre de 1968. El actual modelo es obra de Francisco Eppens Helguera y refleja características más cercanas a las representaciones de los códices del siglo XVI, a diferencia de las versiones anteriores, cuyas estéticas eran más propias de los estilos pictóricos de cada época.
Descripción Detallada del Escudo Nacional Actual
El corazón de la bandera de México es su escudo nacional, el cual fue concebido con profundo significado cultural y natural. El águila real, la serpiente de cascabel, el nopal, los caracoles, el laurel, el olivo, el agua, la tuna, entre otros elementos, son símbolo de la gran biodiversidad de nuestro país. A diferencia de otros escudos nacionales, el mexicano no está sujeto a las convenciones y estilos de la Heráldica. El emblema nacional contiene diez elementos: nopal, águila, serpiente, agua, caracoles, chalchihuites, piedra, rama de laurel, rama de encino y listón tricolor.
| Elemento | Descripción en el Escudo Actual | Significado e Identificación |
|---|---|---|
| El Águila | Águila mexicana, con el perfil izquierdo expuesto, la parte superior de las alas en un nivel más alto que el penacho y ligeramente desplegadas en actitud de combate; con el plumaje de sustentación hacia abajo tocando la cola y las plumas de ésta en abanico natural. | Simboliza el carácter guerrero, la valentía, la fuerza y la fuerza cósmica del sol. La ave se ha identificado como el Aquila chrysaetos (águila real), aunque se propuso al caracara cheriway o «quebrantahuesos mexicano» para la leyenda fundacional. Su presencia indica el buen estado del ecosistema. |
| La Serpiente | Sujeta con la garra derecha del águila y con el pico, en actitud de devorar, a una serpiente curvada, de modo que armonice con el conjunto. Es una víbora de cascabel de cola negra (Crotalus molossus), con piel de tonalidades verdes y patrones triangulares blancos en la parte superior, y amarilla con patrones lineales negros en la inferior. Su boca se encuentra abierta mostrando un colmillo y la punta de la cola tiene un cascabel amarillo. | Representa uno de los depredadores más importantes para regular, por ejemplo, la cantidad de mamíferos en un ecosistema. En versiones previas a 1916, se identificaba como culebra acuática. |
| El Nopal y la Peña | El águila posa su garra izquierda sobre un nopal florecido que nace en una peña que emerge de un lago. Varias pencas del nopal se ramifican a los lados. Está compuesto por cinco pencas con decenas de espinas; en la primera, segunda y última de las pencas (de izquierda a derecha) hay una tuna rosa con su flor amarilla y roja. El nopal se encuentra sobre un islote surgido de un lago, con el cuerpo terrestre rectangular y puntas enrolladas, de color café claro con dos líneas delgadas negras en el centro. | El nopal (Opuntia ficus-indica o Opuntia streptacantha) es una cactácea con gran valor alimenticio, medicinal y cultural para México, representando un universo de especies. La peña o islote marca el lugar de la fundación de México-Tenochtitlan. |
| El Lago y los Caracoles | El cuerpo de agua se representa con un glifo náhuatl azul con puntas que representan caracoles de contornos dorados y chalchihuites azules, ambos con relleno blanco. | Hace alusión a los lagos de Texcoco y Tenochtitlan, representando la vida acuática y la abundancia de la región lacustre. Los caracoles, aunque no se especifica su especie, simbolizan la riqueza hídrica. |
| Las Ramas de Encino y Laurel y el Listón Tricolor | El único elemento retomado de las convenciones y estilos de la heráldica es la corona triunfal; dos ramas, una de encino al frente del águila y otra de laurel al lado opuesto, forman entre ambas un semicírculo inferior y se unen por medio de un listón dividido en tres franjas que son correspondientes al orden y tonos de la bandera nacional. La rama de encino (Quercus robur), de origen europeo, con cuatro hojas y tres pares de frutos dorados. La rama de laurel (Laurus nobilis), originaria del Mediterráneo, con cuatro grupos de tres hojas y frutos dorados. | El encino simboliza la fuerza y la historia, mientras que el laurel representa la victoria y el honor. El listón tricolor une estos elementos, reafirmando la identidad nacional a través de los colores de la bandera. |
Marco Legal y Uso del Escudo
En la bandera, el escudo ocupa el lugar central de la franja blanca con un diámetro de tres cuartas partes del ancho de dicha franja. Artículo 3o.-La Bandera Nacional consiste en un rectángulo dividido en tres franjas verticales de medidas idénticas, con los colores en el siguiente orden a partir del asta: verde, blanco y rojo. En la franja blanca y al centro, tiene el Escudo Nacional, con un diámetro de tres cuartas partes del ancho de dicha franja. La proporción entre anchura y longitud de la bandera, es de cuatro a siete.
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La variante más importante de esta insignia es el sello del estado mexicano, usado como emblema institucional de los Poderes de la Unión y los gobiernos de las entidades federativas, municipios y demarcaciones territoriales, su variación es únicamente el nombre oficial del país colocado a manera de semicírculo superior en el escudo, con letras mayúsculas. ARTÍCULO 5o.-Toda reproducción del Escudo Nacional deberá corresponder fielmente al modelo a que se refiere el Artículo 2o. ARTÍCULO 6.º-- Las Autoridades podrán hacer Uso Oficial del Escudo Nacional sin autorización de la Secretaría de Gobernación. Asimismo, las Instituciones y personas físicas, previa autorización de la Secretaría de Gobernación y apegándose estrictamente a lo establecido en los artículos 2o. y 5o. de la presente Ley, podrán reproducir el Escudo Nacional cuando contribuya al culto y respeto de dicho Símbolo Patrio, así como a difundir su origen, historia y significado.
ARTÍCULO 32.-Los particulares podrán usar la Bandera Nacional en sus vehículos, exhibirla en sus lugares de residencia o de trabajo. En estos casos la Bandera podrá ser de cualquier dimensión y con el escudo impreso en blanco y negro. ARTÍCULO 55.-Compete a la Secretaría de Gobernación vigilar el cumplimiento de esta Ley; en esa función serán sus auxiliares todas las autoridades del país. Queda a cargo de las autoridades educativas vigilar su cumplimiento en los planteles educativos. Utilizar el Escudo Nacional sin la autorización a que se refiere el artículo 6o. implica un incumplimiento de la normativa.
Errores Comunes en la Representación del Escudo
Un error común en la representación del escudo, es contemporáneo al desarrollo de las tecnologías de información, especialmente sitios en línea y creadores de contenido. La equivocación tiene que ver con la intención de presentar imágenes nítidas y de mayor calidad, basándose en obras anteriores a esta época. El primer desacierto viene con el escudo empleado entre 1934 y 1968, con el diseño de Jorge Enciso; diversos contenidos digitales y audiovisuales, en un intento por «modernizar» y «adecuar gráficamente» el escudo o la bandera de dicha época, cometen un yerro anacrónico al cambiar la insignia.
La modificación solo consiste en alargar las ramas de laurel y encino al actual diseño del escudo (Francisco Eppens en 1968), para formar un círculo y hacerlo pasar por el de Enciso (1934-1968). Pero es inexacta la divulgación de este modelo, porque aunque se apreciaran insustanciales, las diferencias son notables. En este mismo sentido se produce una segunda errata, y es la divulgación de ese mismo modelo, pero como una representación del escudo actual. Como ya se mencionó esto es incorrecto, pues se asume como el emblema vigente, al escudo donde las ramas de encino y laurel forman un círculo completo, dato falso frente a la descripción oficial de la ley, que establece específicamente la formación de un semicírculo inferior por los dos elementos vegetales ya mencionados; además cambia de forma indebida los tonos en los glifos y el listón que enlaza las ramas, omite la representación del lago, y solo incluye cuatro pencas en vez de cinco.
