Bashar Háfez al-Ásad, nacido el 11 de septiembre de 1965 en Damasco, es un médico, político y militar sirio. Se desempeñó como presidente de la República Árabe Siria entre 2000 y 2024, sucediendo a su padre Háfez al-Ásad y gobernando el país hasta su derrocamiento en diciembre de 2024, después de trece años de guerra civil. La dinastía Assad había estado en el poder durante 53 años, desde que Hafez al-Assad se convirtió en presidente en 1971, ejerciendo durante 29 años hasta su muerte en 2000.
Ascenso al Poder y Primeros Años
Bashar al-Ásad se graduó en la Escuela de Medicina de la Universidad de Damasco en 1988 y empezó a trabajar como médico militar en el Ejército sirio. En 1988 Bashar al-Ásad se graduó de la escuela médica y empezó a trabajar como doctor en el Ejército en el hospital militar más grande, «Tishrin», en las afueras de Damasco. Cuatro años más tarde, cursó estudios de posgrado en Londres y se especializó en oftalmología. Cuatro años más tarde se fue al Reino Unido para empezar sus estudios de posgrado en oftalmología en el Hospital Western Eye, parte del grupo de hospitales de aprendizaje de St. Sin embargo, un suceso fortuito cambió su camino.
En 1994, su hermano mayor Basel murió en un accidente de tráfico. En 1994, el hijo mayor y heredero de Hafez al-Assad, Basel, murió en un accidente automovilístico. Poco después de la muerte de Basel, Hafez al-Ásad tomó la decisión de hacer de Bashar el nuevo heredero. Bashar volvió a Siria para retomar el papel de su hermano como heredero natural de su padre. Durante los siguientes seis años y medio, hasta su muerte en el año 2000, Hafez se encargó de preparar sistemáticamente a Bashar para su toma de poder. La preparación para una transición sin contratiempos se hizo en tres niveles. En primer lugar, se generó apoyo para Bashar en el Ejército y el aparato de seguridad. Para establecer sus credenciales en el Ejército, Bashar entró en 1994 en la Academia Militar de Homs, al norte de Damasco. En segundo lugar, la imagen de Bashar se estableció con el público. Paralelamente a su carrera militar, Bashar se encargó de los asuntos públicos. Se le concedió poder y se convirtió en asesor político del presidente Hafez al-Ásad y jefe de la oficina de quejas del ciudadano. En 1998 Bashar se encargó de la ocupación siria del Líbano.
En 2000, se casó con Asma al-Ásad, licenciada en Informática y analista económica del Deutsche Bank y JP Morgan Chase. Al morir su padre en el año 2000, Bashar fue ascendido a General del Estado Mayor y Jefe Supremo de las Fuerzas Armadas sirias. Nombrado candidato único por el Partido Baaz Árabe Socialista para la presidencia de la República, fue elegido mediante referéndum el 10 de julio de 2000, tomando posesión el 17 de julio. Assad fue elegido sin oposición como presidente de Siria el 10 de julio de 2000. Los politólogos caracterizaron el gobierno de la familia al-Ásad como una dictadura personalista.
La "Primavera de Damasco" y la Consolidación del Autoritarismo
Inmediatamente después de asumir el cargo, un movimiento reformista conocido como Primavera de Damasco, liderado por escritores, intelectuales, disidentes, activistas culturales, etc., hizo avances cautelosos que llevaron al cierre de la prisión de Mezzeh y a la declaración de una amnistía de amplio alcance que liberó a cientos de presos políticos afiliados a los Hermanos Musulmanes. Sin embargo, las esperanzas de apertura democrática, alentadas por unas amnistías parciales de presos políticos y un ensayo de libertad de expresión que fue conocido como la Primavera de Damasco, no tardaron en desvanecerse. Las medidas de seguridad comenzaron nuevamente ese mismo año, convirtiéndolo en el Invierno de Damasco.
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Cientos de intelectuales fueron arrestados, perseguidos, exiliados o enviados a prisión y el estado de emergencia continuó. Las concesiones iniciales fueron revocadas para reforzar el control autoritario, se incrementó la censura y se prohibió el movimiento Primavera de Damasco bajo el pretexto de la «unidad y estabilidad nacional». La política del régimen de una «economía social de mercado» se convirtió en un símbolo de corrupción, ya que los leales a al-Ásad se convirtieron en sus únicos beneficiarios. Varios foros de discusión fueron cerrados y muchos intelectuales fueron secuestrados por el Mujabarat, torturados y asesinados. Al comienzo de la revolución siria, la corrupción en Siria era endémica y el país ocupaba el puesto 129 en el Índice de Percepción de la Corrupción de 2011. Desde la década de 1970, la economía de Siria ha estado dominada por las redes clientelares de las élites del partido Baaz y los leales alauitas de la familia Ásad, que establecieron el control sobre los sectores públicos de Siria basándose en el parentesco y el nepotismo. El programa de liberalización económica de Bashar al-Ásad durante la década del 2000 se convirtió en un símbolo de corrupción y nepotismo.
Relaciones Internacionales y el Asesinato de Hariri
Durante una visita de Estado del primer ministro británico Tony Blair a Siria en octubre de 2001, Bashar condenó públicamente la invasión estadounidense de Afganistán en una conferencia de prensa conjunta, afirmando que «no podemos aceptar lo que vemos todos los días en nuestras pantallas de televisión: la matanza de civiles inocentes. Hay cientos de personas muriendo cada día». al-Ásad también elogió a los grupos militantes palestinos como «luchadores por la libertad» y criticó a Israel y al mundo occidental durante la conferencia. El 14 de febrero de 2005, Rafiq Hariri, ex primer ministro del Líbano, fue asesinado en una enorme explosión de un camión bomba en Beirut, matando a 22 personas. The Christian Science Monitor informó que «Siria fue ampliamente culpada por el asesinato de Hariri».
Los asesinatos provocaron un gran revuelo, desencadenando una intifada en el Líbano y cientos de miles de manifestantes salieron a las calles para exigir la retirada total de las fuerzas militares sirias. Tras la creciente presión internacional que instaba a Siria a aplicar la Resolución 1559 del Consejo de Seguridad de la ONU, Bashar al-Ásad declaró el 5 de marzo que ordenaría la salida de los soldados sirios. El 14 de marzo de 2005, más de un millón de manifestantes libaneses (musulmanes, cristianos y drusos) se manifestaron en Beirut para conmemorar el primer mes del asesinato de Hariri. La Resolución 1595 de la ONU, adoptada el 7 de abril, envió una comisión internacional para investigar el asesinato de Hariri. El 5 de mayo de 2005, las Naciones Unidas confirmaron oficialmente la salida total de todos los soldados sirios, poniendo fin a una ocupación militar que duraba 29 años.
La Primavera Árabe y el Estallido de la Guerra Civil
Al comenzar 2011, las llamadas revueltas de la dignidad empezaron a sucederse en el mundo árabe. Las protestas en Siria comenzaron el 26 de enero de 2011 tras las protestas de la Primavera Árabe que exigían reformas políticas y el restablecimiento de los derechos civiles, así como el fin del estado de excepción vigente desde 1963. El dirigente, que venía reconociendo el escaso fuelle de las reformas internas pero justificaba las inercias en aras de la "seguridad", aludió al inicio de una "nueva era" en la región, aunque se jactó de que su país sería inmune a los disturbios que habían provocado la caída de los regímenes republicanos de Túnez y Egipto, y que estaban poniendo contra las cuerdas al de Libia. Sus gobernados, sedientos de derechos y libertad, venciendo un miedo de décadas, se encargaron de refutarle de manera espectacular y dramática.
Las protestas del 18 y 19 de marzo fueron las más grandes que tuvieron lugar en Siria en décadas, y las autoridades sirias respondieron con violencia contra los ciudadanos que protestaban. En su primera respuesta pública a las protestas, emitida el 30 de marzo de 2011, al-Ásad atribuyó los disturbios a «conspiraciones» y acusó a la oposición siria y a los manifestantes de «fitna» sediciosa, siguiendo la línea del partido de presentar al estado baazista como víctima de un complot internacional. A mediados de marzo, la ciudad de Daraa, en el sur del país, fue la cuna de un estallido de ira popular sin precedentes contra esta engañosa "dictadura sin dictador" a la que Assad, despojándose definitivamente de su máscara de civilidad, no dudó en responder con una represión brutal y despiadada, digna de su implacable padre.
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El estallido del capítulo sirio de la conocida como Primavera Árabe desembocó en el otoño de 2011 en un escenario de guerra civil abierta por la represión a gran escala del régimen del partido Baaz y el presidente Bashar al-Assad contra los manifestantes prodemocracia, la defección de muchos miembros del Ejército Árabe Sirio (SAA, por su sigla en inglés) y la paulatina organización de los primeros grupos de resistencia armada e insurgentes, con el Ejército Sirio Libre (FSA) llevando la voz cantante en la primera etapa del conflicto. Los manifestantes prodemocracia salieron a las calles de Siria pidiendo la destitución de Assad. Los manifestantes fueron recibidos con fuerza letal. A medida que las fuerzas de Assad aplastaban el movimiento prodemocracia, comenzó a formarse una oposición armada compuesta por pequeñas milicias orgánicas y algunos desertores del ejército sirio.
En julio de 2011, la secretaria de Estado estadounidense, Hillary Clinton, dijo que al-Ásad había «perdido legitimidad» como presidente. El 18 de agosto de 2011, Barack Obama emitió una declaración escrita en la que instaba a al-Ásad a «hacerse a un lado». En agosto, el caricaturista Ali Farzat, crítico del gobierno de al-Ásad, fue atacado. En 2012 pareció inminente la caída de Assad por la deserción y paso a la oposición de numerosas figuras de alto rango tanto civiles como militares, pero el dictador resistió. Bashar al-Ásad aguantó los difíciles años de 2012 hasta 2016, cuando las protestas ciudadanas potenciadas por las «primaveras árabes» en Túnez y Egipto fueron respondidas con represión, detenciones y muerte.
Intervención Extranjera y Sostenimiento del Régimen
Con el transcurso de los meses y los años, Siria quedó fracturada en varias zonas controladas por los diversos actores beligerantes (SAA, FSA, guerrillas nacionalistas, islamistas y yihadistas, Estado Islámico, kurdos), que tomaron o perdieron ciudades y territorios en combates de envergadura, establecieron alianzas y hostilidades cambiantes, y contaron con patrocinio exterior. Para el Gobierno sirio, todos ellos eran sin distingos "terroristas". Cuatro potencias extranjeras intervinieron en la guerra civil de Siria de manera directa, con tropas sobre el terreno y bombardeos aéreos, y llevando unas agendas particulares de intereses, aliados locales y enemigos a batir: Irán (desde 2011-2013), Estados Unidos (2014), Rusia (2015) y Turquía (2016).
El gobierno de la familia Assad fue rescatado primero por una intervención terrestre conjunta de Irán (su principal aliado en la región desde los tiempos en que Siria fue el único Estado que apoyó a Teherán en su guerra de ocho años contra Sadam Husein) y milicias chiítas internacionales, entre las que se destacaba el Hezbolá libanés. Y más tarde, por la Fuerza Aérea rusa, que con un número limitado de aviones pudo torcer el balance de fuerzas de un conflicto en el que todos los contrincantes se encontraban débiles y agotados. El control de Assad sobre el país ha sido reforzado por sus aliados. A medida que las fuerzas antigubernamentales crecían tras la Primavera Árabe de 2011, la Guardia Revolucionaria de Irán, así como su aliado libanés Hezbollah, ayudaron a combatir a los grupos rebeldes armados sobre el terreno. En los cielos, la Fuerza Aérea Siria fue reforzada por aviones de guerra rusos.
El 4 de septiembre de 2015, cuando las perspectivas de supervivencia de al-Ásad parecían sombrías, el presidente ruso Vladímir Putin dijo que Rusia estaba brindando al gobierno de Assad una ayuda suficientemente «seria»: apoyo logístico y militar. Poco después del inicio de la intervención militar directa de Rusia el 30 de septiembre de 2015, a petición formal del gobierno sirio, Putin declaró que la operación militar había sido preparada minuciosamente de antemano y definió el objetivo de Rusia en Siria como «estabilizar el poder legítimo en Siria y crear las condiciones para un compromiso político». La intervención de Putin salvó al régimen de al-Ásad en un momento en que estaba al borde de un colapso inminente.
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Elecciones y Reelecciones bajo Controversia
En las elecciones de 2000 y 2007, no disputadas, recibió el 97,29 % y el 97,6 % de apoyo, respectivamente. En 2014, juró su cargo para otro mandato de siete años después de que otras elecciones le dieran el 88,7 % de los votos. En 2014, Assad fue reelegido con el 88,7% de los votos, según informes de la televisión estatal. Fue la primera elección de Siria desde el inicio de la guerra civil en 2011. Los comicios se celebraron únicamente en las zonas controladas por el gobierno sirio durante la guerra civil y fueron criticados por la ONU.
Fue igualmente reelegido en 2021 con más del 95 % de los votos en otras elecciones nacionales. En las elecciones presidenciales de 2021 celebradas el 26 de mayo, al-Ásad consiguió su cuarto mandato de siete años al obtener el 95,2% de los votos elegibles. Las elecciones fueron boicoteadas por la oposición y las Fuerzas Democráticas Sirias, mientras que los refugiados y los ciudadanos desplazados internos fueron descalificados para votar, lo que permitió que sólo el 38% de los sirios participaron en el proceso. Los observadores internacionales independientes y representantes de países occidentales calificaron las elecciones de farsa. Estas elecciones han sido criticadas por los observadores internacionales, así como por la oposición siria, por ser fraudulentas y no democráticas.
Uso de Armas Químicas y Críticas Internas
En 2013, los inspectores de armas de la ONU regresaron con evidencia “abrumadora e indiscutible” del uso de gas neurotóxico en Siria. El Equipo de Investigación e Identificación de la Organización para la Prohibición de Armas Químicas concluyó que las fuerzas de Assad fueron responsables de una serie de ataques químicos en una localidad siria a finales de marzo de 2017. Assad permitió que Assad utilizara sin descanso armas químicas sobre la población civil.
Tras la caída de cuatro bases militares en septiembre de 2014 que eran los últimos bastiones del gobierno en la Gobernación de Al-Raqa, al-Ásad recibió importantes críticas de su base de apoyo alauita. Esto incluyó comentarios hechos por Douraid al-Ásad, primo de Bashar al-Ásad, exigiendo la renuncia del ministro de Defensa sirio, Fahd Jassem al-Freij, luego de la masacre por parte del Estado Islámico de cientos de tropas gubernamentales capturadas después de la victoria del EI en la base aérea de Tabqa. Poco después se produjeron protestas alauitas en Homs exigiendo la dimisión del gobernador y la destitución del primo de al-Ásad, Hafez Makhlouf, de su puesto de seguridad, lo que condujo a su posterior exilio a Bielorrusia. El creciente resentimiento hacia al-Ásad entre los alauitas fue alimentado por el número desproporcionado de soldados muertos en combates provenientes de áreas alauitas, la sensación de que el régimen de al-Ásad los ha abandonado, así como por la precaria situación económica.
Colapso y Caída del Régimen (2024)
La intensidad del conflicto disminuyó a partir de 2020, una vez derrotado (2017) el Califato del Estado Islámico en las vastas extensiones de Siria e Irak que los yihadistas habían llegado a controlar. Este statu quo militar, sobre el terreno favorable a Assad en el sentido de que le permitía seguir ejerciendo su dominio despótico en las áreas más pobladas del país, cambió súbita y drásticamente el 27 de noviembre de 2024. La guerra civil de Siria está de nuevo en el centro de atención tras un nuevo ataque sorpresa de una coalición rebelde, que capturó dos ciudades importantes y tiene en la mira la capital, Damasco, rompiendo el estancamiento de una guerra que nunca terminó formalmente.
Ese día, el grupo rebelde más poderoso, el islamista y ex alqaedista Hayat Tahrir al-Sham (HTS), brazo armado del Gobierno de Salvación Sirio (SSG), emprendió desde su reducto en la gobernación noroccidental de Idlib una fulminante ofensiva ("Operación Disuasión de la Agresión") que contó con el apoyo ("Operación Amanecer de la Libertad") del también insurrecto Ejército Nacional Sirio (SNA), a su vez obediente al proturco Gobierno Interino Sirio (SIG). La ofensiva rebelde buscó apoderarse de partes de Alepo y proteger el enclave rebelde (e islamista) de Idlib de los ataques de las fuerzas aéreas siria y rusa.
La coalición de rebeldes norteños rompió las líneas del frente en las gobernaciones de Idlib y Aleppo y avanzó con celeridad, hallado una respuesta limitada o escasa, cuando no nula, por parte del SAA. Alepo, la segunda ciudad de Siria con dos millones de habitantes, fue tomada el día 29 (una reconquista de hecho, pues los islamistas la habían poseído hasta 2016). En su marcha relámpago hacia Damasco, el HTS capturó Hama el 5 de diciembre y dos jornadas después hizo lo propio con Homs, tratándose respectivamente de las urbes tercera y cuarta del país. El 7 de diciembre, una ofensiva militar opositora al régimen de al-Ásad, tomó el control de Homs, la tercera ciudad más grande del país de Medio Oriente. Ese mismo día, anunciaron el avance hasta ingresar a territorio de la Gobernación Rural de Damasco, dando inicio a la batalla por la capital. Ese mismo día, anunciaron el avance hasta territorio de la campiña de Damasco.
La situación para Assad, quien no compareció ni transmitió mensaje alguno a lo largo de la ofensiva, se tornó más delicada porque en las gobernaciones meridionales de Daraa, Suwayda y Quneitra se alzó en armas el 6 de diciembre una denominada "Sala de Operaciones del Sur" (SOR). De inmediato, este segundo frente rebelde, abierto a mucha menor distancia de Damasco que el primero, se apuntó las conquistas casi sin disparos de las ciudades de Daraa y Suwayda, a las que al día siguiente se sumó Darayya. Simultáneamente, en el este de Siria, emprendió una galopada hacia Damasco vía Palmyra el Ejército del Mando Revolucionario (otra denominación del FSA), partiendo de su lejana base de Al Tanf, en la frontera con Irak, donde venía operando bajo protección de Estados Unidos.
Durante unos pocos días, la suerte del régimen quedó ligada al desenlace de la estratégica batalla de Homs. El destino de Assad quedó sellado incluso antes por el colapso asombroso en los distritos al sur de Damasco de los destacamentos del SAA, que simplemente se retiraban o se desintegraban ante la menor hostilidad. Irán, Rusia y Hezbollah, sorprendidos por la vertiginosa sucesión de los acontecimientos aunque claramente sin la voluntad de volcarse en la defensa de su acorralado aliado, se pusieron a evacuar a la carrera su personal y equipos.
El 8 de diciembre de 2024, a renglón seguido de la caída de Homs, fue el día del derrumbe total del SAA y las instituciones de la República Árabe Siria, tras 61 años de férrea dictadura del partido Baaz, 54 de autocracia familiar y 24 de autocracia personal de Bashar al-Assad. En las primeras horas del 8 de diciembre, madrugada aún, confluyeron en el centro de Damasco los combatientes del SOR, que subían desde el sur, y los del FSA, entrando por el este, a los que poco después, avanzado el día, se les unieron los convoyes del HTS. El alto mando militar ordenó a sus hombres el cese de toda resistencia, la deposición de las armas y la desmovilización de las unidades que aún seguían funcionando. El SAA dejó de existir. Los rebeldes tomaron los símbolos del poder en medio del júbilo desatado de multitudes de ciudadanos, lanzados a derribar las estatuas y romper los retratos, omnipresentes, de Hafez y Bashar al-Assad.
Exilio y Consecuencias
El paradero y situación de Assad, objeto de todo tipo de especulaciones desde la víspera, se aclaró antes de terminar el día: el presidente, de 59 años, había abandonado el cargo y el país dejando instrucciones "para llevar a cabo una transferencia pacífica del poder", comunicó el ministro de Exteriores ruso Serguéi Lavrov, y ahora se encontraba refugiado junto con su familia en Moscú. La agencia Tass anunció el domingo 9 de diciembre que el ya ex-presidente sirio Bashar al-Assad se encontraba en Moscú asilado por la Federación Rusa y su líder Vladímir Putin. Rusia fue un aliado incondicional de Assad durante la guerra civil de Siria y tiene dos bases militares clave en el país de Medio Oriente. En 2015, Rusia lanzó una campaña militar aérea para apoyar a Assad que inclinó la balanza de la guerra civil a favor del gobierno. Horas después de que las fuerzas rebeldes tomaran el control de Damasco, los medios estatales rusos informaron que Assad y su familia habían llegado a Moscú y que se les concedería asilo por "razones humanitarias".
En Damasco, ante el vacío de poder, los dirigentes del HTS acordaron cooperar con el primer ministro del régimen difunto, Muhammad Ghazi al-Jalali, quien mantendría al Gobierno funcionando hasta que los rebeldes designaran una autoridad provisional. El Observatorio Sirio para los Derechos Humanos ha alegado que Assad fue envenenado en su casa, aunque no especifica si fue intencional o accidental. El 20 de septiembre de 2025, mientras estaba exiliado en Moscú, Assad fue hospitalizado en estado crítico.
Está claro que Assad, sabiendo que no sobreviviría a un proceso de reforma, provocó una guerra civil, y su permanencia en el poder fue garantizada por la intervención internacional. Sin la ayuda de Rusia e Irán, incluido Hezbolá y otras milicias sectarias, el régimen no habría sido capaz de sostenerse política, militar y económicamente, y el resultado habría sido simplemente lo acontecido días atrás, pero posiblemente con muchas menos muertes, desplazamientos y destrucción. La guerra en Siria ha transformado el mundo de una manera en que no lo ha hecho ninguna otra en décadas: disputas sectarias, yihadismo, refugiados, intervención internacional, uso de armas de destrucción masiva, impulso a la extrema derecha europea, tensiones en la OTAN, etc.
