Descubre las Claves del Régimen Demográfico Antiguo: Características que Cambiaron la Historiapost-template-default single single-post postid-46 single-format-standard et_pb_button_helper_class et_fixed_nav et_show_nav et_secondary_nav_enabled et_primary_nav_dropdown_animation_fade et_secondary_nav_dropdown_animation_fade et_header_style_left et_pb_footer_columns4 et_cover_background et_pb_gutter et_pb_gutters3 et_right_sidebar et_divi_theme et-db
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La población durante el Antiguo Régimen siguió las pautas del modelo demográfico antiguo, muy inestable entre recursos y población. Este modelo se mantuvo desde la época medieval hasta finales del siglo XVIII y principios del XX en los países europeos occidentales, cuando iniciaron la transición demográfica, frente a otras zonas de Europa que tardaron en incorporarse al cambio, como fue el caso de España. Desde sus orígenes y hasta el siglo XVIII, la humanidad estuvo anclada en el estadio 1 de la transición demográfica. Este estado es el que ha caracterizado la historia de la humanidad desde sus orígenes hasta el siglo XVIII.

Características Principales

El régimen demográfico antiguo se caracterizaba por una alta natalidad y por una mortalidad muy alta también, pero, sobre todo, irregular y que podía provocar crisis demográficas. Esta combinación generaba un crecimiento natural muy débil de la población, y la esperanza de vida era muy baja.

Tasas de Mortalidad y Natalidad

En el régimen demográfico antiguo, las tasas de mortalidad eran excepcionalmente altas, provocadas principalmente por la subalimentación, la falta de higiene y el atraso en la medicina. La natalidad, por su parte, se mantenía en niveles elevados.

Característica Demográfica Tasa o Impacto Estimado
Mortalidad general Entre 30‰ y 40‰
Mortalidad infantil Entre 20‰ o 30‰
Mortalidad infantil (impacto) La mitad de los niños morían antes de los 15 años
Nacimientos para un adulto Eran necesarios 2 nacimientos para conseguir un adulto

Junto a estas cifras, existía una mortalidad maternal considerable.

Mecanismo de Regulación y Crisis de Subsistencia

El mecanismo de regulación del régimen demográfico tradicional era la mortalidad, cuya incidencia dependía estrechamente de la producción agraria. El desequilibrio entre recursos y población provocaba periódicamente las denominadas crisis de subsistencia. Estas crisis eran el resultado combinado del hambre, provocada por malas cosechas, junto con las enfermedades de carácter epidémico, y que se extendían entre una población mal alimentada. El resultado era una mortalidad catastrófica que reducía el crecimiento demográfico de las épocas de bonanza económica.

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Ilustraciones del Impacto Demográfico

La dureza de este régimen se refleja en testimonios históricos. Un ejemplo claro del impacto de las crisis de subsistencia y las enfermedades se encuentra en este relato:

“Al estar paralizados todos los ramos de actividad, los empleos cesaron, desapareciendo el trabajo y, con él, el pan de los pobres; y los lamentos de los pobres eran, ciertamente, muy desgarradores al principio, si bien el reparto de limosnas alivió su miseria en ese sentido. Cierto es que muchos escaparon al campo, mas hubo miles de ellos que permanecieron en Londres hasta que la pura desesperación les impulsó a salir de la ciudad, al solo fin de morir en los caminos y servir de mensajeros de la muerte, pues hubo quienes llevaron consigo la infección y la diseminaron hasta los confines más remotos del reino. Muchos de ellos eran los miserables seres de objeto de la desesperación a que he aludido antes; y fueron aniquilados por la desgracia que sobrevino después, pudiendo decirse que perecieron, no por la peste misma, sino por sus consecuencias; señaladamente, de hambre y de escasez de todas las cosas elementales, sin alojamiento, sin dinero, sin amigos, sin medios para conseguir su pan de cada día ni nadie que se lo proporcionase, ya que muchos de ellos carecían de lo que llamamos residencia legal y por ello no podían pedir nada a las parroquias. Daniel Defoe.”

De igual manera, la alta mortalidad infantil era una realidad cotidiana que marcaba profundamente a las familias, como ilustra este desgarrador testimonio:

“Nuestra familia no cesaba de aumentar y la cuna estaba constantemente ocupada, aunque, ¡ay¡, la mano estranguladora de la muerte nos había arrancado de ella a alguno de sus pequeños ocupantes. Hubo tiempos, tengo que confesarlo, en que me parecía cruel llevar hijos en el vientre para perderlos luego y tener que enterrar amor y esperanzas en sus pequeñas tumbas (...). La mayor de mis hijas, Cristina Sofía, no vivió mas que hasta la edad de tres años, y también mi segundo hijo, Christian Gottlieb, murió a la más tierna edad. Ernesto Andrés no vivió más que unos pocos días más, y la niña que le siguió, Regina Juana, tampoco había llegado a su quinto cumpleaños cuando dejó este mundo. Cristina Benedicta, que vio la luz un día después que el del Niño de Belén, no pudo resistir el crudo invierno y nos dejó antes de que el nuevo año llegase a su cuarto día (...) Cristina Dorotea no vivió más que un año y un verano, y Juan Augusto no vio la luz más que durante tres días.”

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