Al referirnos a los estereotipos de género hablamos del conjunto de creencias sobre los aspectos determinantes de todas las personas dentro de un mismo grupo social. Es necesario entender que cada persona es libre de expresar y sentir, a su manera y a su tiempo.
Todas, todos y todes hemos escuchado alguna vez “los hombres no lloran”, “qué dramática eres”, “cálmate”, “¿vas a llorar como una niña?”. Claros ejemplos abundan en conversaciones cotidianas, siendo normalizadas e incluso celebradas.
El Impacto de los Estereotipos en la Expresión Emocional
Los padres no hablan de cómo identificar y manejar lo que experimentamos internamente, y la probabilidad disminuye aún más si eres hombre. Al crecer, reforzamos nuestras creencias mediante la observación de la dinámica social.
Con respecto a la ira, se espera que la mujer la reprima y se muestre sumisa, a merced de aquello que la sociedad impone que es bueno o malo para ella. Se encuentran en una situación desfavorable, al desear expresar tal emoción teniendo como consecuencia constante comentarios desalentadores típicos, como “seguro estás en tus días”.
En cambio, el hombre es considerado como protagonista del enojo y se debería sentir cómodo al demostrar la fortaleza que lo enaltece, siendo una figura respetable y dominante. El precio de este privilegio es que no se pueden mostrar vulnerables, aún cargan con el legado genético que los fuerza a ser valientes y no mostrar la menor señal de debilidad.
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La emocionalidad es una ventana próxima a la vulnerabilidad y ese no es el rol masculino a jugar dentro de la sociedad. Es injusto pensar que únicamente las mujeres pueden tener la capacidad de entender, expresar y comunicar sus sentimientos.
Favorezcamos espacios de apertura emocional, fomentando que las mujeres no nos sintamos, ni seamos consideradas como “el sexo débil”. Sigamos alzando la voz, sí habemos quienes les acompañaremos y la alzaremos con ustedes.
Estereotipos y la Apariencia: Una Carga para Ambos Géneros
Las mujeres estadísticamente demuestran más felicidad que los hombres, sin embargo, no es una cuestión determinada por lo biológico, sino porque se nos orilla a mostrarnos perfectas, con sonrisas permanentes y vidas estéticas. Ciertamente es un peso enorme para ambos géneros el cargar con la responsabilidad de guardar las apariencias.
En el caso de los hombres, los estereotipos dictan que la felicidad debe ser reservada para ocasiones especiales, demasiadas sonrisas y gestos de emoción podrían generar dudas incluso de la orientación sexual, por ejemplo la frase clásica de “es muy afeminado, seguro es gay”.
El Papel de los Medios de Comunicación en la Perpetuación de Estereotipos
A lo largo de la historia los medios de comunicación mexicanos han promovido estereotipos negativos de las mujeres que fomentan la normalización de la violencia de género en nuestra sociedad. La representación mediática de los roles de género se instala en la mente de toda la sociedad, reproduciendo la violencia promovida en los medios de comunicación ante aquellas mujeres que no cumplan los estereotipos establecidos, creando ideologías generadoras de brechas que no permiten una estructura igualitaria entre los géneros.
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Los medios de comunicación impactan en la desigualdad que hay en la sociedad, haciendo algo cotidiano la falta de oportunidad y el maltrato que sufren las mujeres.
El Feminismo y la Ruptura de Estereotipos
Muchos de ellos son obligados a ser machos, sin querer serlo. Ese tipo de roles y estereotipos de género son los que busca romper el feminismo.
La maestra González Benassini reconoció que el feminismo muchas veces se ataca; empero, existen muchos tipos de feminismos, y el que las feministas como ella promueven en el I Congreso Continental de Teología Feminista 2017, a realizarse del 1 al 3 de marzo en la Universidad Iberoamericana Ciudad de México, busca el trabajo en equidad, en equipotencia, en igualdad.
Otra falsa idea que se debe romper es la de que el feminismo es sólo de mujeres; de hecho, hay muchos varones feministas. Los hombres también sufren y han sufrido violencia por estereotipos de género impuestos sobre ellos, y que quizá los hacen ser machos sin querer serlo, dijo la Mtra. María Andrea González Benassini, organizadora del 'I Congreso Continental de Teología Feminista 2017'.
Muchos varones desean estar cerca de sus hijos. Muchos varones quizá no son la cabeza del hogar, porque lo es la mujer; y por qué negarles la posibilidad de disfrutar de su esposa, de sus hijos, de su casa, de cocinar. Sin embargo, por estereotipos de género, “los varones, al igual que las mujeres, también han vivido en una violencia brutal”. Por ejemplo, al decirle a un niño “tú no llores, porque no eres mujer; o el que no llegue a tiempo a la base es niña.
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Orígenes Socio-Cognitivos de los Estereotipos
En los orígenes de las sociedades humanas, las jerarquías sociales surgieron como una necesidad comunitaria para la cooperación y la colaboración. La moral nace como producto de un proceso de control y auto-regulación para la colectividad.
Desde la perspectiva de Tomasello (2014) la interrelación de la socialización y la cognición son importantes para la colaboración y la comunicación cooperativa. Los estatutos sociales y la representación de los esquemas de comportamiento para los integrantes del grupo comparten rasgos de dominación y sumisión.
La capacidad de reconocer la existencia de identidades -en los otros agentes-, las características personales, las concepciones, las emociones, los objetivos, las percepciones del mundo y la transmisión de las prácticas culturales convierte a la especie humana en pro-social (Tomasello, 2008). A partir de estas premisas, los grupos humanos evolucionaron en subgrupos y crearon normas, instituciones y culturas, unidos a los medios de control y autorregulación por medio de la moral y a las sanciones colectivas (Tomasello & Amrisha, 2011).
En la actualidad los humanos, como seres culturales, se integran y se identifican con las convenciones, normas e instituciones establecidas en un grupo específico.
La moral juzga el comportamiento de los miembros del grupo: la reputación, la culpa y la vergüenza son algunas de las sanciones que surgen en los orígenes y que prevalecen como una valoración social e individual.
El desarrollo cognitivo y la creación de normas (Tomasello, 2014) en la evolución del pensamiento humano tiene dos momentos claves previos a la agricultura, la formación de ciudades, la organización social, las leyes y la religión. Desde los orígenes de la ontogenia de la moralidad humana Tomasello (2011) existe en los seres humanos una predisposición al egoísmo -Hobbes- y a la cooperación -Rosseau-, las cuales de forma conjunta contribuyeron con el desarrollo y evolución del pensamiento humano.
Los seres humanos, para vivir de forma armoniosa en sociedad, deben convertirse en agentes intencionales, que manifiesten una preocupación por el bienestar grupal e individual. Al lograr una colaboración exitosa con los demás miembros se comprometen a aplicar, vigilar e imponer la observancia de las normas morales, aceptadas inicialmente, por medio de un agente-neutral impersonal (Tomasello & Amrisha, 2011).
La sociedad humana contemporánea (Tomasello, 2014) se caracteriza por dos dimensiones: la organización social sincrónica (coordina las interacciones que constituyen la sociedad) y la transmisión diacrónica de habilidades y conocimientos a través de las generaciones (evolución cultural acumulativa).
En los seres humanos, las manifestaciones de la identidad y la conciencia de sí mismos se realizan en concordancia con la adaptación de la vida en sociedad. Los comunicadores humanos conceptualizan situaciones y entidades por medio del proceso dialógico con los otros. El discurso, como parte de la comunicación lingüística, permite expresar con mayor precisión el pensamiento humano.
La cultura por medio del lenguaje, los procesos de socialización, el aprendizaje, las relaciones, las normas y los valores, permiten a los seres humanos interactuar socialmente mediante la aceptación de un compromiso establecido con la normatividad impuesta por la colectividad. La enseñanza es crucial en el proceso, ya que las convenciones culturales son aprendidas y no inventadas, se imitan, se transmiten y se acumulan a través del tiempo.
Tomasello (2014) afirma que posiblemente los primeros humanos aceptaron de forma activa las normas de comportamiento que el grupo establecía e imponía a través de la enseñanza y la aplicación de las normas sociales generales. La interdependencia del individuo hace que este acepte de forma inherente las normas y los roles impuestos culturalmente.
Durante los orígenes de la evolución del pensamiento humano (Tomasello, 2014), las normas sociales operaron de modo genérico (objetividad, fuente, meta) y los roles incluyeron los estándares de un agente neutral específico. La creación de instituciones sociales contribuye con la existencia de la colaboración en los objetivos compartidos y los roles sociales individuales dentro del grupo.
De esta forma es posible establecer una serie de roles predeterminados para los individuos, cuyas funciones e incumplimiento suponen una sanción social que afecta moralmente al individuo. La colectividad determina no solo el comportamiento “correcto” dentro de una cultura, sino que se encarga de asignar los roles y determinar la identidad social de los individuos.
La capacidad de autorreflexión para evaluar a otros y la autoevaluación que ocurre por medio de la conciencia autorreflexiva y la comunicación simbólica, forman parte de los procesos cognitivos que permiten la construcción social de una identidad que se asigna a los sujetos y que determina los roles de comportamiento evaluados y juzgados por la colectividad.
Las personas desarrollan ideas sobre las conductas apropiadas para ambos sexos, al generalizarlas desde la información de modelos ejemplares específicos y un comportamiento delineado acorde con los modelos establecidos. La conducta y los roles de género, en la teoría social cognitiva, tienen tres modelos de influencia principal para explicar la forma en que la información es cognitivamente procesada: la imitación a través de modelos, la influencia de la experiencia representativa y la influencia a través de instrucción directa (Bandura & Bussey, 1999). El comportamiento relacionado con las conductas del género usualmente es sancionado socialmente en las diversas culturas. La valoración social y las reacciones del grupo se convierten en fuentes de información para la construcción de las conceptualizaciones de género (Bandura & Bussey, 1999).
La diferenciación de los seres humanos, a través de los roles de género, hace posible la creación de estereotipos que surgen en las relaciones intergrupales. Los estereotipos forman parte de un grupo de características y creencias compartidas por los miembros de una sociedad determinada.
