Descubre la Fascinante Historia y el Legado Inolvidable de la Ex Hacienda de San Antonio en Oaxacapost-template-default single single-post postid-46 single-format-standard et_pb_button_helper_class et_fixed_nav et_show_nav et_secondary_nav_enabled et_primary_nav_dropdown_animation_fade et_secondary_nav_dropdown_animation_fade et_header_style_left et_pb_footer_columns4 et_cover_background et_pb_gutter et_pb_gutters3 et_right_sidebar et_divi_theme et-db
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La Hacienda de San Antonio, un lugar que parece nacido entre la realidad y el sueño, tiene sus orígenes en 1879, cuando se llamaba Hacienda de Santa Cruz.

Inicialmente, esta hacienda se destacó por su café, cuyo aroma evocaba las mañanas eternas y su sabor guardaba secretos bien protegidos. Este café alcanzó tal renombre que se servía en el Waldorf Astoria de Nueva York y en las tazas de la familia imperial alemana.

Pero la historia tomó un giro místico en 1913, cuando un rugido del volcán amenazó con borrar todo. Doña Clotilde rezó a su santo favorito, San Antonio, prometiéndole una capilla si el café y la hacienda sobrevivían.

La Revolución Mexicana pasó como tormenta sobre muchas haciendas, pero esta fue salvada gracias a la astucia de los Vogel, que dieron comida y cobijo tanto a los revolucionarios como al ejército.

En los años 70, el magnate boliviano Antenor Patiño la rescató y comenzó su restauración. Más tarde, el visionario Sir James Goldsmith la tomó bajo su cuidado, trayendo arquitectos, artesanos y artistas de todo el mundo para devolverle su alma.

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Hoy, la Hacienda de San Antonio es mucho más que un hotel de lujo.

Cerca de la Ciudad de México se mantienen en pie las ruinas de la Exhacienda San Antonio Mazapa, una de las más antiguas del estado de Tlaxcala, cuyos muros esconden historias de fantasmas. En el municipio de Calpulalpan, en un pequeño poblado conocido como Mazapa, se encuentra esta propiedad.

Detrás de su ruinosa hermosura deambulan sombras y siluetas de potentados hacendados, sin gritos ni lamentos desgarradores, cuentan los pobladores.

La Hacienda San Antonio Mazapa comenzó a construirse en el siglo XVII y a inicios del siglo XX, se estimó que la propiedad media unas 10 mil hectáreas.

Sobrevivió a saqueos de ejércitos revolucionarios, a buscadores de tesoros y a una Reforma Agraria impulsada por el general Lázaro Cárdenas. La Revolución mexicana y la repartición de la tierra provocaron la decadencia, quiebra y abandono de la hacienda.

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Sin embargo, podría decirse que en el presente se ha convertido en un museo vivo que invita a viajar en el tiempo. La atmósfera es propicia para tomar muchas fotografías y un descanso con un pulque en mano.

Aquí también se puede jugar gotcha, montar a caballo, acampar y hasta organizar la celebración de una boda.

En temporada de lluvia -de mayo a agosto-, al caer la noche, la exhacienda se vuelve un lugar mágico por el vuelo de las luciérnagas, cuyo titilar adorna árboles y sembradíos como si fueran parte de un nacimiento navideño.

Una de las cosas que primero atrapa la atención de trotamundos y turistas es un viejo automóvil abandonado frente a lo que iba ser una majestuosa basílica de estilo neogótico.

La curiosidad que provoca, invita a explorar la hacienda que ha perdido sus entrepisos, escaleras, techos, puertas, vidrios de ventanas, vigas, decorados y secciones de muro.

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Los espacios que están permitidos explorar son la troje, el tinacal, las iglesias, la casa del hacendado, la cocina, el patio principal y el salón de fiestas; además del establo, la caballeriza y las viviendas de los peones.

Por la noche, a cierta distancia, se observa una de cientos de murciélagos que vuelan en busca de alimento. La propiedad es inmensa.

En ella se han visto, cuenta el actual propietario de la Exhacienda de San Antonio Mazapa, bolas de fuego, el deambular de ánimas de personas que aquí habitaron, a una niña que de repente se aparece a los habitantes y viajeros para pedir un columpio en el patio principal.

Otro de los sitios que los habitantes del pueblo de Mazapa aseguran que está encantado, es el cerro de Yahualica, muy cerca de la exhacienda.

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