Ex Hacienda Las Canteras: Descubre la Fascinante Historia y el Patrimonio Pétreo de San Luis Potosípost-template-default single single-post postid-46 single-format-standard et_pb_button_helper_class et_fixed_nav et_show_nav et_secondary_nav_enabled et_primary_nav_dropdown_animation_fade et_secondary_nav_dropdown_animation_fade et_header_style_left et_pb_footer_columns4 et_cover_background et_pb_gutter et_pb_gutters3 et_right_sidebar et_divi_theme et-db
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El presente artículo es un acercamiento a una historia olvidada y, al mismo tiempo, una señal de alarma. Un recorrido sucinto pero importante acerca de los pasajes más remotos de la historia de las canteras de San Luis Potosí y, sobre todo, respecto del estado actual de los yacimientos históricos que permitieron que las construcciones de un pueblo minero de finales del siglo XVI se fueran cubriendo de cantería.

La Importancia de la Piedra en la Arquitectura

Empezaré por formular una pregunta simple: ¿qué sería del arte de la arquitectura sin la piedra? Esta, que pareciera una formulación con una respuesta apodíctica, resulta tan obvia pues pocos son los trabajos que han volteado a ver la historia de la materia prima para concentrarse en el resultado del trabajo con ésta. Interesante es que se le haya dado poca atención a ello, sobre todo si se considera que ya en el primer tratado de arquitectura conocido, Marco Vitruvio Polión estableció un apartado para recomendar el tipo de piedra que debía usarse para edificar, y asentó la importancia de buscar canteras cercanas a las poblaciones para abaratar costos de transportación.

Al tratadista romano le seguirían los demás autores de corpus arquitectónicos, por lo que en los libros de arquitectura es frecuente encontrar un capítulo destinado para el análisis y sugerencias relativas al uso y abastecimiento del material pétreo, su importancia en el tipo de destino que tendrá y la necesidad de localizarlo en las inmediaciones de aquel lugar donde se edificará.

Primeros Registros de la Explotación de Canteras

La mañana del 28 de noviembre de 1595, el maestro de cantería Benito Antúnez de Miranda, estante en el pueblo y minas de San Luis Potosí, registró ante la fe del escribano Matías Prado, "una cantera de piedra blanca" que serviría "para hacer portadas de iglesias, arcos y otros edificios del dicho arte de cantería". Es éste el primer registro documental que se conserva en el Archivo Histórico del Estado de San Luis Potosí en el que queda consignada la explotación de un banco de piedra para usos arquitectónicos.

Esta tradición, que consolidó un oficio e incluso influyó en la fundación de comunidades especializadas en este arte, continuó hasta mediados del siglo XX cuando, poco a poco, los nuevos materiales constructivos reemplazaron la materia prima con la que las edificaciones de antaño se revistieron. Desde el sur y el norte, pero también desde el poniente del valle de San Luis, la piedra se ha traído en carretas primero y en modernas camionetas después, para surtir las obras arquitectónicas que irían cambiando la fisonomía de esta ciudad.

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Pero como todo oficio que demanda un trabajo minucioso, manual -y en particular éste, que implica conocer el cerro, la veta, el sentido que tiene la cantera, o como dicen los que aún conservan el oficio, "lo que la piedra va diciendo"-, la modernidad lo ha ido suplantando, hasta quedar apenas como una romántica actividad que ha perdido su antiguo encanto. Lo mismo sus vetas, hoy expuestas al crecimiento vertiginoso de una ciudad cuya mancha se desplaza por doquier sin respetar paisaje alguno -ni los históricos ni los naturales.

Los materiales modernos y las demandas urbanas que San Luis Potosí ha experimentado de forma acelerada en los últimos decenios se han convertido, de alguna manera, en los verdugos de una actividad y de una materia prima que caracteriza a la historia de su arquitectura; por ello, resulta imperativo dar cuenta de aquellos datos que, a cuentagotas, reflejan la naturaleza histórica de la piedra y su trabajo de extracción, pero también de los procesos sociales que dicha actividad tiene tras de sí. Se impone también señalar lo que acontece en derredor de este oficio y de estas tierras y, por supuesto, lo que esto significa.

Ubicación Geográfica de las Canteras

En la porción sur-suroeste y oeste del valle de San Luis, en la llamada sierra de San Miguelito, se halla el área a la cual haré referencia. Está constituida por rocas volcánicas félsicas datadas en el Oligoceno, y constituye la región que los geólogos han denominado como el campo volcánico de San Luis. Esta zona, a su vez, forma parte de la porción oriental de la provincia magmática de la Sierra Madre Occidental, que presenta derrames importantes en la ladera sur-suroeste donde se concentraron los flujos de lava riolíticos que interesan a esta investigación.

En particular me enfocaré en el análisis de dos zonas comprendidas dentro del polígono formado a partir de la comunidad de Arroyos (100° 53' 56.32" W, 22° 3' 41.61" N), siguiendo la base de las estribaciones de la sierra de San Miguelito, hacia el poniente, hasta llegar a la fracción del Aguaje (100° 55' 33.88" W, 22° 6' 19.29" N) y de ésta, continuando por el derrame del macizo hasta llegar a la comunidad de Escalerillas (101° 4' 31.98" W, 22° 6' 34.34" N).

La primera zona, que he denominado con la letra A, es aquella donde se encuentran las canteras más antiguas de San Luis Potosí, explotadas ex profeso para uso arquitectónico; en tanto que la zona B es la fuente actual de explotación de piedra toba para la ciudad y la región. Cada una de estas zonas presenta características particulares tanto históricas como geofísicas y de explotación.

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La "Piedra Cantera" en San Luis Potosí

Por definición, la cantera no es otra cosa sino el sitio de donde se extrae la piedra para con ella construir y fabricar, con lo cual el abanico de piedras va desde las más finas como el mármol, hasta piedra para quemar y hacer con ella yeso y cal. En poblaciones como la de San Luis Potosí, donde el material por excelencia para la construcción de fachadas, remates, ornamentos, adoquines, entre otros, fue la riolita y la ignimbrita extraídas de canteras en el sur y surponiente del valle, hablar de "piedra cantera" no hace referencia al sitio de donde ésta se extrae, sino que alude de forma general al material pétreo en sí mismo, que va de una gama cromática de blanco hasta violáceo, aunque su aspecto, dureza y otras propiedades difieran entre sí considerablemente.

Este error, me parece, tiene que ver con el hecho de que no se contara con otro tipo de piedra que compitiera o, mejor dicho, complementara, el discurso visual de la arquitectura local. Si en la Ciudad de México la "cantera" blanca, la chiluca y el tezontle, con sus matices de rojo intenso, caracterizaron la arquitectura de los siglos XVII y XVIII, en San Luis Potosí las diferencias se daban apenas por el cambio de tonalidad de la piedra que se extraía en sus alrededores.

Un ejemplo muy interesante y que ilustra esta situación es el de la torre norte de la catedral potosina, construida a principios del siglo XX para conmemorar el centenario de la Independencia y con ello mejorar la apariencia de un edificio que se erigió a principios del XVIII. La construcción, que se llevó a cabo en 1910, tuvo el inconveniente de que el color de la piedra con que se contó en aquel momento no coincidía con el de la piedra de la construcción dieciochesca. Así, el color oscuro de la torre nueva delataba que el material provenía de canteras del norte del valle, a diferencia de la cantera rosa original, que venía del sur.

Así, una primera reflexión es que no hubo en San Luis Potosí un material secundario como lo fueran el tezontle o la chiluca en la Ciudad de México, que complementaran el material empleado para la construcción; por tanto, la piedra extraída en las canteras del sur-surponiente del valle habrían de convertirse en el sustrato sobre el cual se conformarían el signo y la forma del lenguaje arquitectónico de San Luis. De lo anterior deriva que, a su vez, a la piedra que por semejanza se extrae de las canteras locales, se le denomine así, genéricamente, "cantera".

Un aspecto más asoma en relación con esta realidad y es importante señalarlo antes de proseguir con los aspectos históricos. Al emplear piedra "cantera" en el interior y los frontispicios de los edificios de los siglos XVII y XVIII, los alarifes no buscaban que ésta constituyera el elemento significativo y la expresión de la obra, sino que era parte del soporte, una estructura, un fondo que después se encalaría y se pintaría en algunas de sus partes más relevantes. Encalados, almagres, amarillos, ocres y negros, serían los colores usados en la arquitectura religiosa, civil y doméstica en aquellos siglos.

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Por medio de esquemas planos, o con reticulados geométricos complejos, la arquitectura contaría con una piel cromática que ocultaba en parte la piedra, en tanto que ésta sería, de alguna forma, su esqueleto y musculatura. El raspado sistemático que sufrieron estos edificios, así como la pérdida natural de los aplanados y la pintura, fueron desnudándolos, dejando al descubierto el material que los estructuraba, el cual ha perdido su tono original por la pátina que el tiempo, al encontrarlo expuesto, le ha conferido. La piedra, de alguna forma exfoliada, es lo que en la actualidad vemos y lo que ha conducido a tener la idea de que ésta es la apariencia original de los edificios.

La Fundación de San Luis Potosí y la Necesidad de Canteras

La fundación del pueblo de San Luis se remonta a 1592 gracias, en gran medida, a la bonanza minera que el reciente descubrimiento del cerro de San Pedro auguraba para dicha población. La presencia de oro y plata en las minas pronto trajo a un contingente humano importante en cantidad y diverso en composición social, lo que significó que la traza urbana que definiera el primer alcalde mayor que tuvo aquel pueblo, don Juan de Oñate Salazar, empezara a contar con casas y edificaciones más o menos acordes a la importancia que los habitantes iban ganando en función de sus intereses mineros y comerciales y el éxito de éstos en términos económicos.

De tal circunstancia resultó la necesidad de contar con especialistas en la construcción, tanto maestros alarifes como canteros que fueran modificando el escenario urbano de la nueva fundación. Ésta fue la razón que pronto llevó a dichos especialistas a avecindarse en el pueblo, pues necesitaban unos de otros. Hasta el momento ha quedado bien establecido que el sistema constructivo que se empleó en aquellos primeros años fue el de piedra, adobe y tejamanil, aprovechando las características medioambientales, así como las de un terreno compuesto principalmente por una capa superficial endurecida y poco porosa denominada "tepetate".

Es por esto que la materia prima para abastecer la construcción de casas que un creciente número de pobladores demandaba, debía explotarse en las cercanías. Esta necesidad implicó que a la par del denuncio de minas de metales como plata y oro se comenzaran a registrar bancos de cantera de los cuales extraer el material pétreo para las obras arquitectónicas y urbanas.

No debemos, sin embargo, confundirnos. En realidad, la cantera, como material constructivo, se empleó sobre todo en portadas labradas y arcos (el arte de la estereotomía), en tanto que la piedra broza se usó para cimentar. Lo anterior implicaba que, en la mayoría de los casos, los muros y tapias se construyeran de adobe, material económico pero deleznable por su pronto deterioro.

Si consideramos que el valle donde se asentó aquel pueblo tenía muchos ojos de agua (que fueron desecándose en la superficie, pero que prevalecieron en el subsuelo), se entiende que, al arreciar las lluvias, el agua subiera y afectara los muros de tierra, cuya estructura pronto se veía comprometida. Los muros de adobe fueron en consecuencia un problema constante. Como muestra, baste enunciar la fuga de cinco reos de la cárcel del pueblo en 1596, quienes, aprovechando el estado de afectación de los muros de la cárcel debido a las humedades, y a lo "flaco" de las tapias de tierra, lograron rasparlos y salir por los boquetes generados. Hacía falta que las obras comenzaran a mostrar solidez y, al mismo tiempo, atributos estéticos que el adobe no permitía.

El Denuncio de Benito Antúnez de Miranda

Como ya mencioné en la introducción, el primer registro documental que tenemos en San Luis Potosí referente al señalamiento y explotación de un banco de cantera se debe al denuncio que de él hizo el maestro de cantería Benito Antúnez de Miranda. Para dicho registro, realizado en noviembre de 1595, apenas tres años después de la fundación del pueblo, Antúnez de Miranda se presentó ante Juan Guerrero, teniente de alcalde mayor del pueblo para indicar que había descubierto una cantera de piedra blanca, para hacer portadas de iglesias, arcos y otros edificios. Ésta, según indicaba, se hallaba a una legua del pueblo, cercana al camino real "que va y viene a la ciudad de México", próxima también a un paraje que se denominaba "de las Tres Cruces".

Corrieron las diligencias acostumbradas para determinar, entre otras, que no había perjuicio a terceros con este denuncio. De lo anterior se coligen varias cosas: que el banco se encontraba en las faldas de lo que ahora conocemos como sierra de San ...

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