Ex Hacienda Molino de Guadalupe: Descubre su Fascinante Historia y Secretos Ocultospost-template-default single single-post postid-46 single-format-standard et_pb_button_helper_class et_fixed_nav et_show_nav et_secondary_nav_enabled et_primary_nav_dropdown_animation_fade et_secondary_nav_dropdown_animation_fade et_header_style_left et_pb_footer_columns4 et_cover_background et_pb_gutter et_pb_gutters3 et_right_sidebar et_divi_theme et-db
771 715 4434

El escenario colonial del siglo XVII fue testigo fiel de la edificación de la Hacienda y de su fundación en 1667. Llegó a la Nueva España un rico minero español, el capitán don Alonso de Villaseca, quien mandó construir esta hermosa pieza arquitectónica de paredes de sillar, techos de terrado y columnas abultadas.

Orígenes y Fundación

Los orígenes de la Hacienda se remontan al Nuevo Reino de León del siglo XVII (1667), cuando el capitán Alonso de Villaseca adquiere en propiedad el gran predio con intenciones de explotación de minerales. Con la fundación de la Villa de San Felipe de Linares, en 1712, un nuevo orden de posesión de la tierra reconfigura la región. Desde entonces muchas voces la han habitado, y muchas personas han tomado decisiones sobre ella.

La Influencia Jesuita

A mediados del siglo XVII se vivían tiempos difíciles por estas tierras, por un lado se encontraban los indígenas Chichimecas, nativos de la región, y por el otro los españoles y sus mayordomos. También la llegada de los religiosos jesuitas al Nuevo Reino de León, en 1713, incidirá en la economía de la región y en la educación de los potentados de la Villa de San Felipe.

Así, la Hacienda de Guadalupe pasaría a ser el centro de evangelización de la cofradía jesuita, quienes habían llegado a la Nueva España desde fines del siglo XVI. Para 1626 las tareas evangelizadoras del Colegio de Jesús de Querétaro se habían extendido por todo el altiplano y alcanzaban ya los llanos del sur del Nuevo Reino de León. Los jesuitas, también conocidos como la Compañía de Jesús, es una orden religiosa fundada en 1534, en Roma, por Ignacio de Loyola, con el propósito de detener el avance del movimiento protestante iniciado por Martín Lutero.

Sus fines fueron los de prestar un servicio permanente para el sostenimiento y difusión de la fe cristiana. Se distinguían de otras órdenes por prepararse intelectualmente a través de estudios teológicos, de idiomas y humanísticos en general, con prácticas en distintos ámbitos comunitarios utilizando la educación como medio evangelizador. Se ha documentado que los jesuitas estuvieron en la región entre 1642 y 1767.

Lea también: El sabor único de la Crema de Sotol

En 1684, tiempo en el que gobierna el marqués de Aguayo el Nuevo Reino de León, la Hacienda de Guadalupe controlaba la explotación de lana, ubicándose el centro de trasquila de ovejas en La Petaca, entre la cabecera municipal y el casco de la Hacienda. En La Petaca se realizaba el novenario en honor de San Ignacio de Loyola los días previos al 31 de julio.

El Acueducto Colonial

Se ha propuesto que los jesuitas construyeron el acueducto colonial que se encuentra 900 m hacia el SE del casco de la Hacienda. Este acueducto se alimentaba de un canal en su parte sur y descargaba sobre una rueda hidráulica que impulsaba las poleas que formaban el corazón de un molino de caña.

El acueducto puede ser dividido en dos sectores: el inicial que está compuesto de un muro de mampostería de 126 m de longitud por 1.45 m de ancho, inicia desde el nivel del suelo en el sur y termina donde empieza el primer arco tipo Tudor de 1.95 m de alto por 1.85 m de ancho. La altura del muro hasta la base de la atarjea en el punto central del primer arco es de 3.16 m. La longitud del sector arcado es de 91 m, sumando las dos partes del acueducto se alcanza una longitud total de 217 metros del inicio hasta donde la atarjea se empotra con la caja que contenía a la rueda hidráulica; en este punto, la base de la atarjea se eleva seis metros de altura sobre la superficie del suelo.

El acueducto inicia a ras de piso en el sur en las coordenadas: latitud Norte: 24°53’29.70’’ con -99°27’34.57’’ de longitud Oeste, donde la atarjea ademada estuvo conectada a un canal que drenaba desde el cauce del río Pablillo, aguas arriba de la propia Hacienda de Guadalupe. Aunque el remate del acueducto se encuentra alejado del casco de la Hacienda de Guadalupe, es imposible no vincularlo a su historia, se cree que por la ingeniería y estilo, este fue construido por los jesuitas.

El acueducto cuenta con restos de lo que se cree fue el soporte de una rueda motriz que al girar generaba el movimiento de poleas y ejes de un antiguo molino, soportado por muretes que debieron ser parte de la estructura del trapiche, lo que se dedujo porque en una de las paredes de esta caja de muros de piedra hay rastros de un rozamiento en forma circular. El agua que llegaba a través del canal movía la rueda que a su vez activaba un mecanismo de poleas que ponía en funcionamiento el molino.

Lea también: Patrimonio en la Sierra Gorda: Hotel Misión Hacienda Concá

En la parte superior hay una especie de cajón, que era la atarjea, construida con ladrillo y recubierta con mezcla de calarena (bruñido) por donde corría el agua, hoy en día sólo quedan algunos fragmentos de ese conducto.

Transformaciones y Propietarios Posteriores

Al coronarse Carlos III como rey de España, en 1767, ordenó la expulsión de los jesuitas en los diferentes lugares donde se encontraban predicando. Una vez expulsados los jesuitas, la construcción quedó en manos de la familia Urquijo. Durante este tiempo, don Luis Urquijo contrató muchos trabajadores para la siembra de maíz y frijol que crecieron en sus fértiles tierras regadas por el caudal del río Pablillo. Tocó a don Domingo de Rábago Gutiérrez, conde de Rábago, por órdenes del virrey, subastar las tierras.

Unos años más tarde, don Inocente de la Parra heredó la Hacienda a su hija, Margarita de la Parra. Elvira Rojo contrajo matrimonio con el marqués don Luis Aguayo, procreando de esta unión a cinco hijos: Elvira, Delfino, María Luisa, Ángel y Remigio Aguayo Rojo, haciendo honor a su generoso padre. Durante el siglo XIX y la posesión de los Rojo y los Aguayo, el casco de la hacienda llega a su mayor esplendor.

La Hacienda en el Siglo XX

En 1919, el movimiento revolucionario pasa por Linares y la Hacienda de Guadalupe es escenario de una revuelta entre bandos contrarios, según la tradición oral, los carrancistas utilizaron la casa grande para subir los cañones hasta la azotea y desde ese lugar bombardear a los villistas que se encontraban apostados en la Loma del Arenoso. En 1925 se instaló el comité municipal dependiente de la Comisión Nacional Agraria para dar respuesta a los reclamos de los campesinos que, motivados por el espíritu revolucionario, reclamaban la dotación de tierras que estaban en manos de los hacendados.

En 1935, diez años después de instalarse la Comisión Agraria, don Remigio Aguayo Rojo perdió gran parte de sus tierras gracias a la Ley Agraria, quedándose solamente con 245 hectáreas; en ese entonces los dominios alcanzaban la imponente superficie de 31,000 hectáreas. Además, la Hacienda sufre un embargo económico por 12 mil pesos, problema que no se puede resolver por su administrador de entonces, el Sr. Después de estos tropiezos, regresa la calma a las tierras de don Remigio Aguayo Rojo, la Hacienda sigue siendo próspera en la agricultura y ganadería, siendo el cultivo de caña, maíz y frijol, así como la cría de ganado el motor de la economía en la región.

Lea también: Detalles del proceso de estadidad en Baja California

En 1942, en noviembre, don Remigio Aguayo Rojo vende sus 245 hectáreas restantes al Sr. Pablo Bush, por temor de perderlas por el agrarismo. El Sr. Bush puso como administrador de sus propiedades al Lic. Jesús Ramal Garza; durante este tiempo, la Hacienda retomó un auge agrícola y ganadero. Posteriormente, el Sr. Pablo Bush rentó la Hacienda al Sr. Ismael Cantú, quien la convierte en una importante lechería, transformando los establos y corrales en procesadora de leche, comprando la mayor cantidad de la leche producida en la región para elaborar quesos y demás productos lácteos.

En 1952, el Sr. Pablo Bush vendió la Hacienda de Guadalupe al Sr. Lainer, un terrateniente norteamericano cuyos bienes administró el Sr. En 1955 la propiedad fue adquirida por el Sr. Daniel Carter, también de origen extranjero, y administrada por el Sr. Benjamín Tsuart. En 1976, la voz de los ejidatarios de la región volvió a hacer eco y el gobierno mexicano le quitó 240 hectáreas de tierra al Sr. Carter, dejándole únicamente cinco hectáreas, las del casco de la Hacienda.

Después de este hecho, la Hacienda quedó descabezada, ya que, según testimonios orales, nadie se hizo cargo del inmueble y empezó a mostrar signos de deterioro en sus paredes de sillar, techo de terrado, vigas y hasta en la capilla dedicada a la Virgen de Guadalupe. Los señores Miguel Cabrieles, Bernardo Serna, Fructuoso López, Juan Matamoros, Pablo Cabrera, Antonio Pecina y Homobono Serna vivían en los patios de sus instalaciones, ya que eran trabajadores del Sr. Carter, ellos estuvieron a punto de ser desalojados de sus tierras por la Ley Ejidal y un proceso de expropiación federal de la propiedad, no obstante recibieron asesoría jurídica, quedando su situación resuelta, conservando así sus propiedades, hasta hoy ubicadas dentro de las únicas cinco hectáreas originales de la Hacienda de Guadalupe que le fueron respetadas al Sr.

La Hacienda como Sede Académica

Siendo estos tiempos de paz social, y de impulso educativo como bandera para avanzar como país, un grupo de personas de la alta sociedad de Linares acudieron con el entonces rector de la Universidad Autónoma de Nuevo León, el Dr. Alfredo Piñeyro López (rector en el periodo 1979-1985), solicitando su apoyo para que se formaran extensiones de facultades pertenecientes a la UANL en la ciudad de Linares, con el fin de facilitar a las familias de escasos recursos de la región el acceso a la educación para los jóvenes. En vista de las necesidades de crecimiento académico en el sur del estado, en 1981 el Dr. Tal dinámica actuaba en consecuencia a la labor de transformación, que a su vez llevaba a cabo el gobernador Alfonso Martínez Domínguez (1980-1986) en todo el estado de Nuevo León.

En paralelo a la magna obra, la Universidad coadyuva al proyecto adquiriendo la colonial Hacienda de Guadalupe, ubicada en el kilómetro 8 de la carretera que une la cabecera municipal de Linares con la presa en Cerro Prieto, e instala en ella al personal académico y administrativo de los institutos de Geología y de Silvicultura y Recursos Renovables, acatando el acuerdo del H. Consejo Universitario. Ambos institutos nacen dependientes de la administración central, coordinados en primera instancia por el ingeniero Gregorio Farías Longoria y el médico veterinario Ernesto Salinas Ahumada, hasta alcanzar su evolución como dependencias académicas.

En esos tiempos el Dr. Piñeyro mantenía lazos de colaboración académica con instituciones de Alemania, razón por la cual impulsó convenios de cooperación, siendo elegida la Hacienda de Guadalupe como sede de la vicerrectoría y de los institutos de Geología y Silvicultura a partir del 23 de marzo de 1981. Los fundadores de los institutos fueron un grupo de investigadores alemanes encabezados por el Dr. Peter Meibürg, geólogo visionario y explorador nato con amplia capacidad para liderar el proyecto.

A partir del 17 de junio de 1983, fecha en que el Consejo Universitario aprobó la creación de las facultades de Ciencias de la Tierra y Silvicultura, los institutos de Geología y Silvicultura se transformaron en escuelas. La Facultad de Silvicultura, hoy de Ciencias Forestales, en 1987 cambió de sede a sus actuales instalaciones, ubicadas en el km. 145 de la carretera nacional # 85, en el mismo municipio de Linares, Nuevo León (Flores Salazar, 2015).

Desde 1981 a la fecha, la majestuosa Hacienda de Guadalupe ha sido fiel testigo del progreso educativo y económico del sur del estado, siendo un ícono de gran prestigio para la comunidad linarense y la región citrícola. Desde los años ochenta del siglo pasado, la Hacienda de Guadalupe ha sido escenario del crecimiento académico de profesores, de la generación de más de 900 ingenieros en las diferentes carreras profesionales y sede de congresos nacionales e internacionales.

La historia sigue colocando a la Hacienda de Guadalupe en un lugar central para el crecimiento social, cultural, académico y, por qué no decirlo, también económico para el país y el mundo, de ella egresan profesionistas que se emplean en México, explorando y explotando recursos naturales no renovables, así como en compañías internacionales que desarrollan proyectos en Asia, Europa, África, Oceanía, Norte y Sudamérica.

El Acueducto de Linares: Un Monumento Histórico

El Antiguo Acueducto Linares es un Monumento Histórico que formó parte del Molino de la Ex-Hacienda de Guadalupe productora de caña y piloncillo. Conserva vestigios de los fogones que alimentaban el fuego donde se cocía el aguamiel. Esta construido de piedra arenisca con 110 metros de longitud y 5 metros de altura, tiene 33 arcos de estilo ojival Tudor, con una magnífica conservación a pesar de los años, que según documentos y estudios históricos de cronistas, se le ubica en el primer tercio del siglo XIX, así como en el registro más antiguo labrado en una de sus piedras areniscas del último arco antes de la aceña (Rueda de madera que servía como generador de movimiento para accionar el molino de caña) donde se puede ver el fechamiento de 1841.

El grado de conservación es considerable tomando en cuenta que su antigüedad que rebasa los 180 años, y sus muros no presentan desplome alguno así como su trazo a lo largo de todo el acueducto es totalmente recto, pudiendo poner un lente de un extremo a otro sin que se salga de esta visual ninguna piedra o parte de este, únicamente la parte superior donde está la atarjea que conducía el agua, que es de ladrillo con un ademado de cal y arena de rio, bruñido en su acabado final, sufrido deterioro por saqueo de muchos años.

En sus muros podemos encontrar que fueron acomodadas piedras de gran tamaño por verdaderos maestros de obra, mismos que realizaron la cimentación a una profundidad promedio de un metro y diez centímetros con la misma calidad que el muro; también se debe señalar que todas sus juntas o boquillas están rajueleadas con pedacearía de piedras del lugar y pegado todo con cal apagada en la obra y arena de los ríos cercanos. Además, se ha descubierto piedras labradas (petroglifos) que fueron extraídas de sitios arqueológicos cercanos para su construcción, dada la enorme cantidad de piedra que se utilizó, también hay gran cantidad de ladrillos, refractarios de las fábricas: Butler fundada en 1873 en Austin Texas y Evens y Howard de St. Louis Missouri de 1855, que se usaron en los hornos de la etapa de producción industrial del piloncillo , del que se encuentran en el terreno a nivel de superficie moldes de barro cocido con las iniciales HG, Hacienda Guadalupe.

Tabla resumen de propietarios

Periodo Propietario(s)
Siglo XVII Capitán Alonso de Villaseca
Siglo XVIII Jesuitas, Familia Urquijo, Domingo de Rábago Gutiérrez, Inocente de la Parra
Siglo XIX Familia Rojo y Aguayo
Siglo XX (hasta 1976) Remigio Aguayo Rojo, Pablo Bush, Lainer, Daniel Carter
1980 - Actualidad Universidad Autónoma de Nuevo León

tags: #ex #hacienda #molino #de #guadalupe #historia