Ex Hacienda Molino de Flores Texcoco: Descubre su Fascinante Historia y Leyendas Ocultaspost-template-default single single-post postid-46 single-format-standard et_pb_button_helper_class et_fixed_nav et_show_nav et_secondary_nav_enabled et_primary_nav_dropdown_animation_fade et_secondary_nav_dropdown_animation_fade et_header_style_left et_pb_footer_columns4 et_cover_background et_pb_gutter et_pb_gutters3 et_right_sidebar et_divi_theme et-db
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¡Basta de llevar a tus visitas a Teotihuacán! Existe un lugar muy cerca de la Ciudad de México que cautiva por sus aires de ex hacienda colonial, su estilo empedrado y parque recreativo.

Un Poco de Historia

El Molino de Flores tiene sus orígenes en el siglo XVI, en años posteriores a la conquista de México. A principios de la época colonial, una parte considerable de territorio del antiguo reino de Texcoco, en el valle de México, fueron otorgados en merced real a un soldado español para la construcción de un batán al lado del rio Coxcacuaco, el cual fue aprovechado para las labores del tratamiento de telas (Espinosa Olivares, 2012). Posteriormente, este lugar se transformó en un molino de granos, que funcionaba también con la fuerza hidráulica del río.

En 1585, en el lugar se construyó un molino de trigo para la elaboración de pan y en el siglo XIX alternaría funciones como hacienda pulquera. Según la tradición oral, se producían hasta 6,000 litros diarios, sobre todo en el porfiriato, enviando gran parte de este al Valle de México.

Esplendor que duró hasta 1910, pues con el movimiento revolucionario la hacienda se vio severamente afectada y abandonada. Sería en 1937 cuando el entonces presidente Lázaro Cárdenas, decretó el espacio como Parque Nacional.

Con la llegada de los españoles, en este lugar se estableció una fábrica de textiles. Molino de Flores alojó los jardines de Nezahualcóyotl, y en 1567 se instaló un batán de paños, es decir, una fábrica de telas para vestir a los santos de las primeras iglesias que dejó de funcionar en 1599.

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Rodeado de un gran lago, Texcoco fue el hogar de Nezahualcóyotl, la cual gobernó de 1431 a 1472 y durante su mandato se dedicó, entre otras cosas, a darle unos trazos notorios, donde la simetría de la arquitectura llamaba la atención de la ciudad. Nezahualcóyotl logró posicionar a esta ciudad del México antiguo como el centro cultural más importante.

Finalmente, al paso de los siglos, así como de diversos propietarios, la hacienda incluyó entre sus actividades la producción de pulque, dada su ubicación estratégica dentro de una región productiva y de alta demanda de esta bebida.

La infraestructura de la hacienda fue consolidándose década tras década integrando elementos arquitectónicos acordes con la complejidad de su dinámica, desde casas habitación para propietarios, huéspedes, administradores y servidumbre hasta espacios para alojar todo tipo de actividades productivas y administrativas [trojes, macheros, cuartos de herramientas, cocheras, tienda de raya, etc.]. De igual forma se consideraron necesarias construcciones para actividades educativas y religiosas, una pequeña escuela y dos capillas, además de diversos jardines (Fernández Landero & Vázquez García, 2014).

Las transformaciones sociales y políticas a principios del siglo XX trajeron nuevas consecuencias importantes que transformaron el aspecto y las actividades del lugar. La ex-hacienda fue testigo de las revueltas asociadas a los movimientos de la revolución. Después de un tiempo de abandono, el gobierno federal decidió expropiarla y repartir las tierras a los campesinos como parte de las políticas revolucionarias.

Sería en 1937 cuando el entonces presidente Lázaro Cárdenas, decretó el espacio como Parque Nacional.

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El Molino de Flores Hoy

Actualmente, se puede disfrutar de este lugar cualquier día de la semana, está abierto a todo público, pero toma en cuenta que, debido a sus orígenes, no cuenta con rampas o facilidades para discapacitados.

  • Al entrar por la puerta principal te encontrarás con vendedores de pulque para darle sabor a tu visita.
  • Otro de los puntos importantes a conocer es la Capilla del Señor de la Presa, a la cual se llega mediante un pequeño puente.
  • Al salir por el lado derecho de la capilla encontrarás un pasillo en el que comenzará la razón por la que perderás la dieta.

En el área del Parque hay asadores, por si lo tuyo es ir en familia o con amigos, así que aprovéchenlos y ¡a asar la carne se ha dicho! También hay paseos a caballo y ponys para los más pequeños de la familia.

Una manera distinta de vibrar esta ex hacienda colonial que ha servido de set cinematográfico para múltiples películas y videos musicales, como “El Tigre de Santa Julia”, “Sobre las Olas” con Pedro Infante y “Campanas Rojas” por mencionar algunas.

Llegar al Molino de Flores es muy fácil, sólo toma la autopista Texcoco, al llegar al poblado maneja hacia la avenida Texcoco-San Miguel Tlaixapan y luego de 3 km estarás llegando al Molino.

¿Buscas una experiencia diferente en esta celebración de Día de muertos? Lánzate al Parque Nacional Molino de Flores en Texcoco y vive un recorrido de ofrendas y leyendas gratuito. La cita es este 31 de octubre, 1 y 2 de noviembre a las 6:00 y 9:30 pm. ¡No olvides llevar tu linterna!

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El Parque Nacional Molino de Flores se ubica a sólo una hora de la Ciudad de México.

Dado que se conserva como un espacio de acceso público, el Molino de Flores ha servido como un espacio recreativo para los habitantes del oriente de la Zona Metropolitana del Valle de México, que abarca una porción importante de la Ciudad de México y así como del Estado. Una característica interesante de sus visitantes es que, además de ser residentes de zonas urbanas, la mayor parte proviene de sectores populares.

Turismo y el Imaginario Social

En las sociedades contemporáneas las prácticas de ocio y recreación se han diversificado de manera interesante. Sin embargo, una de las actividades más tradicionales para los habitantes de espacios urbanos ha sido trasladarse por un día a un espacio distinto al espacio de residencia, lo que conocemos como días de campo o excursiones. Los lugares para excursiones o días de campo constituyen espacios importantes para estas sociedades, pues permiten que las personas recrearse al término de la semana o en los días de descanso. Algunos de estos espacios incluyen características particulares, además de espacios abiertos y actividades de recreación, por ejemplo, vestigios históricos, como el caso del Parque Nacional Molino de Flores Nezahualcóyotl, en el Estado de México, un importante lugar recreativo para los habitantes de la región, principalmente de la zona oriente de la Ciudad de México, desde mediados del siglo XX. Este lugar alberga, además de espacios verdes y actividades recreativas los vestigios de una hacienda colonial dedicada a la molienda de trigo.

El propósito de este trabajo es argumentar, con base en datos empíricos, que las prácticas fotográficas y de contemplación en espacios recreativos-históricos brindan a los visitantes experiencias turísticas y que a su vez estas contribuyen a construirlo socialmente como un espacio turístico. La investigación se abordó empíricamente desde un enfoque cualitativo utilizando el método etnográfico y el método fenomenológico. Se realizó observación participante en visitas sistemáticas. Se realizaron también entrevistas a profundidad con usuarios, hombres y mujeres, de diferentes edades.

A partir de que Durkheim acuñara el término de representaciones colectivas, la literatura sobre teoría social ha desarrollado diversas herramientas heurísticas que, a su modo cada una, aportan interesantes ideas a la discusión sobre la dimensión significativa de la realidad social. Otro concepto que se ha propuesto en un sentido similar y que resulta relevante para este trabajo es el de ‘imaginarios sociales’. Resulta éste relevante por cuanto el interés está puesto en la mediación de las significaciones dentro del proceso de construcción e interpretación de la realidad cotidiana.

En la literatura se reconoce generalmente al filósofo turco Cornelius Castoriadis como un autor clave en el desarrollo de este concepto. Castoriadis parte de la idea de que las sociedades se instituyen a partir de un proceso social e histórico, cuya característica esencial es la producción de significaciones. El proceso histórico-social es la condición esencial de la existencia del pensamiento y la reflexión, de tal suerte que ni lo histórico ni lo social existe sin significaciones (Castoriadis, 1993; 1997). Las sociedades, continúa, instituyen mundos de significaciones para aprehender tanto la realidad de la naturaleza como la realidad social (Castoriadis, 1993).

La relación que específicamente tienen los imaginarios sociales, es decir las significaciones imaginarias sociales, con la realidad social es de figuración de la misma. Las cosas sociales, dice Castoriadis (1997), son lo que son gracias a las significaciones que en ellas se figuran (se plasman, se modelan). Recíprocamente, los imaginarios sociales sólo pueden tener existencia mediante su inscripción, presentación y figuración en y por una red de individuos, acciones y objetos a los que ellas dotan de sentido. Las significaciones son las producciones de sentido dentro del continuo proceso de remisiones entre diferentes términos del lenguaje. Ellas no están determinadas por su contexto pues, dice Castoriadis (1997), están siempre en condiciones de crear sentidos y son por ello ilimitadas.

Decir que las significaciones imaginarias sociales son instituidas o decir que la institución de la sociedad es institución de un mundo de significaciones imaginarias sociales, quiere decir también que esas significaciones son presentificadas y figuradas en y por la efectividad de los individuos, de actos y de objetos que ellas ‘informan’ (Castoriadis, 1993, p. De tal suerte, los imaginarios poseen la capacidad de interpretación y explicación de la realidad en general, y en su dimensión social particularmente se remite a la forma en que las personas y sus acciones toman sentido gracias a las significaciones compartidas e instituidas. El imaginario social, que está intersubjetiva e históricamente determinado, constituye así una gramática, es decir, un esquema referencial para interpretar la realidad socialmente legitimada (Cegarra, 2012).

Dentro del abanico de caracterizaciones del concepto destacan aquellas que aluden a una función más dinámica y menos estructural de los imaginarios, sobre todo a partir de las funciones narrativas y discursivas (Gómez Alonso, 2001). La caracterización del imaginario por parte de Daniel Hiernaux (2002) se inscribe en esta lógica, a partir de entenderlo como “un conjunto de creencias, imágenes y valoraciones que se definen en torno a una actividad, un espacio, un periodo o una persona en un momento dado” (p. 8). Desde ahí, el imaginario es una construcción social, individual y colectiva al mismo tiempo, en permanente remodelación, y sus significaciones brindan respuestas a las interrogantes del ser social de cada época y de cada sociedad.

Ahora bien, podemos decir que parte de la función organizadora del imaginario social es la parcelación del mundo, distinguiendo entre una multiplicidad de objetos y fenómenos particulares. Entre esa diversidad de objetos sociales se incluye un fenómeno reciente en la historia de la humanidad y que es de interés en este trabajo, el turismo. Es decir, el turismo forma parte de ese conjunto de objetos históricos sociales instituidos por la sociedad a partir de ciertas acciones prácticas y significaciones imaginarias específicas. El propio Hiernaux (2002) ha desarrollado una propuesta de análisis sobre esos imaginarios del turismo acorde con lo descrito arriba.

[…] aquella porción del imaginario social referido al hecho turístico, es decir a las numerosas manifestaciones del proceso societario de viajar, cuya construcción es compleja, subjetiva, intervenida por la transferencia tanto de las impresiones subjetivas captadas a través de experiencias de vida, como de datos recogidos de otras personas o medios de difusión (p.

Ahora bien, entre las prácticas sociales asociadas al desarrollo del fenómeno turístico, y que contribuyen a la construcción de su imaginario, se halla de forma protagónica la fotografía. La relación actual entre el turismo y la fotografía es el resultado del desarrollo de ambas actividades a través del tiempo, desarrollo en que no necesariamente estuvieron separadas una de la otra (Urry, 2004). Se puede afirmar que el turismo y la fotografía son en algún punto interdependientes. La fotografía de viajes, por un lado, es una categoría constitutiva de la práctica fotográfica desde hace tiempo. Por otro lado, los viajes turísticos se definen en gran medida a partir de expectativas surgidas en la observación de imágenes fotográficas confeccionadas por la industria turística. De hecho, la ‘industria’ del turismo echa mano de la fotografía artística de viajes para la publicidad y difusión de los destinos.

La fotografía reflejó en sus orígenes diversas inquietudes sobre el conocimiento de la realidad y su registro, que evolucionó paulatinamente conforme lo permitieron los mismos usos creativos y el avance tecnológico. Como sugiere Joan Fontcuberta (1997), las fotografías han cumplido generalmente la función de ayudarnos a recordar aquello que hemos fotografiado, para “salvaguardar la experiencia de la precaria fiabilidad de la memoria” (p. 58). Sin embrago, el uso de las fotografías ha cambiado con el tiempo ya que sus fines y usos se han extendido. Las sociedades contemporáneas están familiarizadas con la práctica fotográfica al grado que las imágenes resultantes de ella influyen en la forma de ver el mundo (Sontag, 2006). En este sentido, podríamos decir también que a partir de su existencia la fotografía ha venido ocupando un lugar cada vez más importante dentro del imaginario social.

Michel Frizot (2009) sugiere así que el imaginario de las sociedades contemporáneas tiene un lugar particular para la fotografía de tal manera que enraíza en su memoria nociones propiamente fotográficas. Así, los contenidos de la memoria colectiva incluyen, entre otras cosas, imágenes mentales y significaciones asociadas al lenguaje fotográfico y sus representaciones. Precisamente, las fotografías han impuesto su imaginario “en la medida en que cualquiera hace fotografías, o sabe hacerlas, y sobre todo mira fotografías sabiendo que son fotografías” (Frizot, 2009, p. 40).

Por otro lado, las personas en la actualidad poseen cámaras fotográficas de diversos tipos que actúan como prótesis capaces de crear vínculos con el mundo y que permiten almacenar datos y recuerdos. Además, la forma exterior de dichos instrumentos, determinada por su función, provoca al mismo tiempo ciertas posturas de uso y un imaginario sobre ello (Frizot, 2009). Por ejemplo, es ya recurrente en el imaginario social la figura clásica del fotógrafo con sus movimientos y posturas al hacer fotografías. No es sino hasta la llegada del teléfono móvil que esta imagen del fotógrafo comenzó a transformarse. El teléfono móvil con cámara digital integrada es parte de la evolución de la cámara fotográfica, pues ha permitido desde hace unos años el acercamiento de casi cualquier persona a la práctica de la fotografía. Con ello, en cualquier momento las personas pueden tomar una foto de algo que llame su atención, ya sea porque resulte visualmente agradable o porque implique algún significado de relevancia en su historia de vida.

[…] lo que compartimos con la técnica a través de las imágenes que ésta genera, y cómo entendemos, siempre a través de las imágenes, la duración temporal, la memoria, la historia, la representación de las emociones (Frizot, 2009, p.

Finalmente, el acto de fotografiar se transformado en un imaginario instituyente, permitiendo mirar al mundo y expresar esa mirada subjetiva de una manera creativa y original, es decir interpretativa (Erreguerena, 2005). Ahora bien, dado que una de sus funciones es documentar aspectos de la experiencia visual del mundo, la fotografía ha sido particularmente relevante en la conformación de imaginarios sobre los viajes. La fotografía, como otros medios visuales, está ligada a la fascinación por conocer el mundo, de viajar, de ver y sorprenderse con cosas nuevas (Gómez Alonso, 2001). No obstante, la fotografía ha pasado a ser, además de un apoyo para la memoria, un motivo de presunción de las actividades deseables realizadas, por ejemplo, de la presencia en determinado lugar.

En este sentido, la necesidad de tomar una fotografía en un lugar turístico, dice John Urry (2004), se basa en evidenciar la experiencia obtenida durante la visita y lo que ésta lleva implícito. Como señala Ayelen Sidun (2008), los turistas son viajeros especiales que van en busca de lugares, imágenes, emociones o vivencias, pero también del prestigio que brinda el reforzar el relato de su viaje con la certeza irrefutable del registro fotográfico. Mediante ese registro se busca emitir el mensaje de ‘este lugar existe y yo he estado allí’. Pareciera, dice la autora, que para estos viajeros espectadores no basta con observar el escenario frente a sus ojos, sino que necesitan compartir, comunicar lo visto, para que lo contado sea complementado (Sidun, 2008).

En resumen, podríamos decir que el imaginario de las sociedades contemporáneas, en general sociedades de consumo, se halla ampliamente influenciado por las prácticas del viaje turístico.

Actividades en el Molino de Flores

Las actividades principales de los visitantes pueden agruparse en dos tipos de interés o motivo de la visita (Hernández Espinosa & Monterrubio, 2016):

  1. las generadas a partir de un interés histórico-cultural, enfocadas en el aspecto arquitectónico y su historia [Imágenes 1, 2 y 3]; y
  2. aquellas que giran en torno al picnic o día de campo familiar [Imagen 4].

Las actividades de ambos tipos de intereses suelen mezclarse y resultar complementarias, sin embargo, no son necesariamente incluyentes, pues el interés de convivencia familiar a veces suele no incluir el interés cultural.

¿Estás listo para vivirlo? ¡Allá nos vemos!

Para más información, consulta las redes sociales de Parque Nacional Molino de Flores.

Este evento es ajeno a Espíritu Aventurero, sólo con fines informativos.

De viajera a viajero: "Vive una vida que valga la pena ser recordada".

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