Hay parejas que con el paso de los años terminan pareciéndose hasta en el aspecto físico. ¿Alguna vez has notado que algunas parejas terminan pareciéndose mucho entre sí? Puede que tengas esos amigos que llevan juntos desde el instituto y que, a día de hoy, visten casi igual e incluso podrían pasar como hermanos. Gestos semejantes, mismo sentido del humor, gustos culinarios idénticos y hasta pequeños matices en su forma de expresar que revelan una gran similitud.
Ahora bien, el fenómeno no se queda únicamente ahí. No solo las parejas que llevan más de una década de relación guardan cierta semejanza. A veces, nos encontramos con personas que mantienen una relación con hombres o mujeres que podrían pasar por sus gemelos. Esta realidad es bien conocida en redes sociales, hasta el punto de que el término ya tiene nombre “doppelgängers románticos”. Hay parejas que comparten una similitud tan pronunciada en sus rasgos faciales o físicos que aquellos que no los conocen y no son parte de su círculo cercano podrían pensar que son parientes cercanos.
La Atracción por la Semejanza: ¿Por Qué Buscamos Parecidos?
Es como si, en este caso, lo de que los polos opuestos se atraen no se cumpliera en absoluto. Hay veces en que buscamos almas gemelas en todos sus sentidos, tanto en el plano experiencial, emocional y psicológico, como físico. A algunas personas les atrae aquello que les es familiar, porque les confiere seguridad y confianza. Es verdad que en ocasiones, nos sentimos atraídos por alguien opuesto por completo a nosotros. Sin embargo, buena parte de nosotros orbitamos alrededor de figuras que nos son familiares en diversos aspectos.
Nos enamoramos de compañeros de facultad o de trabajo. También de esa persona que hemos conocido en algún grupo de una red social al compartir una afición en común. Incluso en nuestros registros en las clásicas aplicaciones para buscar pareja, reflejamos nuestros gustos y pasiones para encontrar personas con la misma afinidad. Lo familiar, lo semejante a nosotros nos da seguridad. Y aquello que nos hace sentir seguros nos despierta confianza. Así, Justin Lehmiller, psicólogo social de la Universidad de Indiana y autor del libro Tell me what you want: The Science of Sexual Desire, nos indica algo interesante: aquello que nos es familiar es lo que más nos atrae, aunque no siempre somos conscientes de ello.
Explicaciones Psicológicas y Evolutivas del Parecido en Parejas
Desde la psicología evolutiva se da una respuesta algo polémica a la pregunta de si es verdad que las parejas terminan pareciéndose mucho entre sí. Según este enfoque, lo que sucedería es que es más común que busquemos individuos con ciertas semejanzas a nosotros mismos, por lo que se conoce como “apareamiento selectivo”. Según esta teoría evolutiva, preferimos que se nos parezcan físicamente porque así damos con alguien con unos genes similares y elevamos la probabilidad de que esa relación tenga éxito a nivel emocional y también reproductivo. Esta sería una explicación algo controvertida.
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Otra nos habla de que nos sentimos atraídos por personas con algún parecido físico con nuestros padres. Bien es cierto que la idea nos suena desagradable. Sin embargo, parece que de manera inconsciente, abundan quienes experimentan este tipo de atracción. Según el enfoque de la psicología evolutiva, nos sentimos atraídos -de manera inconsciente- por personas que tienen cierto parecido con nosotros. El enfoque freudiano sobre el fenómeno Sigmund Freud, el padre del Psicoanálisis, argumentaba que la pareja suele replicar a la figura paterna o materna tanto en términos de carácter como de apariencia física. Según su teoría, un hombre tiende a buscar una pareja que se asemeje a su madre, mientras que una mujer busca a alguien similar a su padre. Sin embargo, hay poca evidencia científica que compruebe esta hipótesis. Esta preferencia por parejas que recuerdan a los padres es, según los psicoanalistas, un proceso completamente subconsciente que se nutre de asociaciones naturales con lo que resulta placentero y atractivo.
La Hipótesis de Coincidencia de Walster
Siendo una de las pioneras en el estudio de las relaciones, esta psicóloga social propuso una teoría que fundamenta que las personas tienden a preferir y establecer relaciones con individuos que se asemejan a ellos en cuanto a nivel de atractivo. Para Walster, es la similitud o el estar al mismo nivel de atractivo físico lo que hace que uno desee a una persona y la elija como pareja. Dicha hipótesis se intentó probar en un estudio llevado a cabo en 1966 en el que participaron más de 700 jóvenes a los cuales se emparejó de manera aleatoria para asistir a un baile. Todos evaluaron o calificaron cuánto les habían gustado la pareja que les tocó y, a los meses se hizo un seguimiento para comprobar quienes siguieron saliendo. Los resultados fueron que en la noche del baile las personas más atractivas fueron las que obtuvieron mejores calificaciones, con independencia de si eran similares a sus parejas o no, e independientemente de otros rasgos de personalidad. Sin embargo, pasado el tiempo fueron las parejas más similares físicamente las que tenían más probabilidades de seguir saliendo, lo cual da la mano derecha a la hipótesis de Walster.
Años más tarde, se llevó a cabo el estudio “Atractivo físico y elección de citas: una prueba de la hipótesis de coincidencia”, pero en la nueva ocasión se le permitió a los observados que se conocieran previamente y pensaran en qué tipo de pareja les gustaría tener. En este caso, las parejas que tenían aspectos físicos más similares entre sí demostraron sentirse más atraídos mutuamente.
¿Las Parejas Adquieren Similitud Física con el Tiempo?
Más allá de si buscamos o no personas físicamente parecidas a nosotros, hay otra pregunta de interés: ¿es verdad que las parejas terminan pareciéndose mucho entre sí? La universidad de Stanford realizó un estudio en el 2020 para responder esto mismo. Bien, la conclusión a la que se llegó es sencilla, comprensible e ilustrativa. Se estudiaron los casos de 517 parejas de entre 20 y 69 años. El objetivo era comprender si a lo largo de los años, las parejas reflejan una clara semejanza física. La conclusión fue negativa: los rostros de esas personas que mantienen una relación durante décadas no se vuelven semejantes.
Ahora bien, sí se da otro hecho muy concreto. Hay un mimetismo social y emocional, es decir, con el tiempo, y debido al entorno y las experiencias compartidas se van creando similitudes entre las parejas. Se aprecia cómo convergen en estilos de personalidad, inteligencia, forma de comunicar, vestir, en el estilo de vida, actitudes y valores… La convivencia, si es buena, nos va acercando en muchos más aspectos hasta el punto de ser muy parecidos, pero no en el plano físico. La similitud física solo se da en los llamados doppelgängers románticos.
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Un estudio reciente realizado entre la Boston University School of Health y la Universidad de California revela que, unido a todo lo que se había analizado hasta ahora, los dos miembros de las parejas no solo empiezan a mimetizarse sino que fue precisamente su parecido lo que les atrajo. En muchos casos, aunque lejanos, podían tener antepasados comunes. Por eso, y durante muchas generaciones, la afinidad entre distintos miembros ha ido configurando una estructura genética común. Este estudio analizó a tres generaciones del pueblo de Framigham, en Massachussets, empezando en 1948. Se sorprendieron al comprobar que aquellos cuyo origen estaba en el Norte y el Sur de Europa terminaban uniéndose con personas con los mismos antepasados. Voluntaria o involuntariamente, lo que pretendían era 'perpetuar' su herencia genética.
Es habitual que personas que llevan el mismo estilo de vida -para bien o para mal- se atraigan. Por ejemplo, si dos personas son amantes del deporte es normal no solo que se gusten porque tienen el mismo hobbie sino porque sus sistemas inmunológicos (que se pueden ver alterados precisamente por el estilo de vida) son similares. Otra investigación demostró precisamente eso, que compartir hábitos saludables -o no tanto, recordemos a Kate Moss y Pete Doherty- une mucho.
La ciencia pone de manifiesto en la investigación “Revisando el parecido facial en las parejas” publicada en la revista internacional PLOS One que las parejas comienzan a parecerse cuando llevan mucho tiempo compartido. Aunque sostiene que sí puede pasar, por ejemplo, que tras adquirir gestos o expresiones faciales parecidas a las de la pareja, con el paso de los años estas se manifiesten como arrugas en los mismos lugares, un ceño más fruncido o músculos de la cara que estén más prominentes. “Cada uno tiene una anatomía y una genética distinta por lo que el cambio físico estructural es una creencia falsa”, coincide Augusto Barrera (M.N.137758), cirujano plástico y director médico de Cala Medicina Estética. Asimismo, la profesional destaca que, en ocasiones, uno suele pensar que dos personas son parecidas entre sí porque hacen los mismos gestos, usan un tono de voz similar y comparten vocablos específicos por lo que se genera una especie de ‘ilusión estética’ que hace pensar que llevan un parecido.
Los Doppelgängers: Dobles Sin Lazos Familiares
El folclore alemán y nórdico incluye el ‘doppelgänger’, palabra germana que proviene de ‘doppel’, que significa ‘doble’ y gänger: ‘andante’ o caminante. Designa al doble espectral o sosías real de una persona que está viva, a diferencia de lo que sucede con un fantasma, definido clásicamente como la imagen de una persona fallecida que se aparece ante los vivos. La palabra ‘doppelgänger’, que el escritor alemán Jean Paul describía en 1796 como ‘el que camina al lado’, suele utilizarse para designar al doble de una persona, haciendo referencia a la figura de un gemelo maligno o a un fenómeno sobrenatural por el cual el cuerpo y/o espíritu de una persona podría estar situado en dos lugares diferentes en un mismo momento. Esta faceta específica de la leyenda se ha visto reflejada recientemente en la serie televisiva italiana “Curon” (2020).
Una reciente investigación científica ha desvelado que este mítico personaje, no solo aparece en numerosas obras literarias y películas y series de terror, misterio o ciencia ficción, sino que además podría tener una existencia real, desde un punto estrictamente estadístico y biológico, y desprovisto, desde luego, de cualquier connotación fantástica, etérea o malvada. Científicos del Instituto de Investigación contra la Leucemia Josep Carreras (IJC), liderados por el doctor Manel Esteller, han descubierto que las personas extremadamente similares, pero sin relación de parentesco, comparten características genéticas en los genes encargados de la formación de los rasgos faciales. Todos tenemos un doble, según dice el refrán. Esto explica, desde el punto de vista biológico, la aparición de “dobles” en lugares remotos del planeta, según este centro, cuyo descubrimiento ha obtenido un gran impacto en el ámbito científico. Los ‘doppelgängers’ se parecen tanto físicamente que, a veces, parecen gemelos virtuales; ahora una investigación en España ha comprobado que estas personas con rostros muy similares, pero no relacionadas, comparten ciertas características genéticas y rasgos de estilo de vida, ha comentado la prestigiosa Institución Smithsonian, de EE. UU., sobre el trabajo del IJC.
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La Explicación Biológica de los Dobles
“Dice el refrán que todos tenemos un doble. Durante décadas, la existencia de individuos que se parecen entre sí sin existir ningún vínculo familiar entre ellos ha sido descrita como un hecho comprobado, pero anecdótico y sin justificación científica”, de acuerdo a IJC. Pero la compartición de miles de fotografías personales por todo el mundo, a través de internet y de las redes sociales, ha puesto en evidencia que la existencia de “copias” entre las caras de los humanos es más frecuente de lo que se pensaba. La investigación del grupo del doctor Esteller, director de IJC y catedrático de Genética en la Universidad de Barcelona (Cataluña, España), fue publicada en la revista “Cell Reports” y demuestra por primera vez cuál es la causa de que encontremos individuos idénticos en distintos lugares del mundo.
“La aparición de `dobles´ de una persona, como si fueran fotocopias, ha sido motivo de atención en las artes y la cultura popular, pero nunca había sido abordada desde el punto de vista científico”, explica el doctor Esteller. Añade que para su investigación recopilaron material biológico de estos individuos extremadamente parecidos, también llamados “look-alike” en inglés o “doppelgänger” en alemán, para ver si encontraban una razón objetiva de su similitud. Las personas con parecidos razonables fueron sujetas a programas de reconocimiento facial que permitieron descubrir parejas de individuos que eran casi indistinguibles entre sí. Después se analizó su secuencia de ADN (genoma), su perfil epigenético (mecanismos de regulación del genoma) y su composición de microbios (microbioma), según el IJC.
Los resultados del estudio permitieron descubrir que los dobles humanos comparten variaciones similares de su ADN, particularmente relacionadas con los genes involucrados en la formación de la boca, la nariz, los ojos, la barbilla y la frente, según el Instituto Carreras. Y las similitudes van mucho más allá del rostro, según apunta el doctor Esteller: “fue curioso comprobar que el parecido de estas parejas de dobles no solo se ceñía a los rasgos faciales, sino que, además de afectar a otras propiedades físicas (altura y peso), se extendía a ciertos rasgos del carácter y el comportamiento”. Lo que se desprende del estudio es que lo más importante en estos casos es que las parejas tienen una genética similar, una secuencia del ADN semejante, y el parecido no es debido a que tengan familias en común. No sólo es apariencia, también personalidad. Otro dato interesante es que los voluntarios compartían rasgos no sólo físicos, también de comportamiento. Se les pidió rellenar un cuestionario con más de 60 preguntas sobre sus hábitos de vida y en algunos casos hubo semejanzas.
Probabilidad Estadística de Tener Múltiples Dobles
El investigador Carlos García Prieto, coautor del estudio del IJC e integrante del equipo del doctor Esteller, analiza, a petición de EFE, la posibilidad de que una misma persona tenga no solo un doble, sino varios, es decir, que existan múltiples individuos extremadamente similares en distintos lugares del mundo. Para dar respuesta a esa cuestión, es importante establecer el umbral de lo que consideramos como “extremadamente similar”, según explica García. Hay personas extremadamente similares, con o sin relación de parentesco.
“Si hablamos de una similitud cercana al 100%, como en el caso de las parejas de gemelos, sería muy difícil, por no decir prácticamente imposible encontrar dos personas sin parentesco familiar que sean similares en un 100%”, señala. Pero si se tienen en cuenta similitudes en torno al 70%, como las que se han visto en el estudio del IJC, podría considerarse “factible que una persona pueda tener no solo un similar sino varios, atendiendo principalmente a la estadística, ya que somos más de 8 mil millones de personas en el mundo actualmente”, explica este investigador. Añade que en el estudio del IJC no se ha podido realizar un cálculo de la probabilidad que existe de encontrar un similar, puesto que el tamaño de la muestra estudiada no es muy grande, 32 parejas. Este estudio comenzó en 2016 con sujetos que habían participado en un reportaje fotográfico de François Brunelle. “Si lo hubiéramos comenzado hoy en día, con el auge de las redes sociales como Instagram, sería posiblemente mucho más sencillo poder encontrar más parejas de similares y poder tener cálculos más aproximados acerca de la probabilidad de encontrar una o más personas similares”, concluye el coautor del estudio.
Aplicaciones y Relevancia del Estudio de los Dobles
Estos análisis pueden resultar vitales en su aplicación a la biomedicina, siendo útiles para detectar enfermedades o para la ciencia forense. Los investigadores creen que principalmente porque los genes identificados y sus variantes, que son importantes para determinar la forma de la cara y, por tanto, de la nariz, la boca, la frente, las orejas, también podrían estar implicados en patologías. Además, esta base molecular podría tener utilidad en la ciencia forense.
