El régimen monárquico es un régimen político en el cual la voluntad de los habitantes es depositada en una corona, la cual es responsable de garantizar la convivencia, la democracia, la estabilidad y las libertades de sus ciudadanos. La monarquía sorprende a muchos analistas políticos al subsistir en medio del contexto sociopolítico actual. Uno de cada cinco países del mundo tiene un sistema monárquico y de las diez democracias más avanzadas, seis son monarquías constitucionales.
La Pervivencia de la Monarquía: Desafiando las Predicciones del Siglo XX
¿Qué explica la pervivencia de una institución que parecía llamada a desaparecer? El siglo XX fue desastroso para las monarquías, especialmente las europeas. En 1914 todos los países europeos, salvo Francia y Suiza, eran monarquías; hoy sobreviven 12, incluidos los principados de Mónaco y Liechtenstein, una diarquía, la de Andorra, y una monarquía vitalicia electiva, la del Vaticano. El siglo XX también dejó sin corona a países con tradiciones monárquicas antiquísimas como Rusia, China, Turquía, Persia, Etiopía y los principados de India.
Ante los cambios revolucionarios del siglo XX se impuso la idea de que las monarquías eran un anacronismo incompatible con el principio de igualdad y el espíritu democrático que avanzaba con más fuerza. Sin embargo, es tan erróneo pensar que las monarquías están condenadas a desaparecer ante el avance del sentir republicano como lo era creer que las revoluciones comunistas eran inevitables en todo el mundo. Como decía Karl Popper, los hechos son tozudos: y lo cierto es que en la actualidad uno de cada cinco países en el mundo se rige por una monarquía; si bien nada garantiza que estas continúen a largo plazo, lo mismo ocurre con las repúblicas, pues no siempre es verdad que la caída de una monarquía es irreversible.
De hecho, recordemos que dos de los países con más tradición monárquica, como son Reino Unido y España, recuperaron la corona tras experiencias republicanas. La monarquía fue restaurada en Inglaterra en 1689 después de una república y anteriormente haber llegado incluso a decapitar a un rey. En España, la monarquía borbónica fue restaurada en dos ocasiones: en 1874, tras una república, y en 1975, tras una dictadura.
La Monarquía Constitucional: Clave de Estabilidad y Prosperidad
Bien es cierto que la fórmula que ha permitido al sistema monárquico prosperar en tiempos modernos, y convivir con el principio de igualdad entre los ciudadanos, es el de la monarquía constitucional. Bajo numerosas turbulencias políticas, y reyes buenos y malos, la monarquía constitucional ha ido reformándose y modernizándose. El tiempo ha demostrado que donde existe una tradición monárquica -es muy difícil exportar la monarquía constitucional- esta puede ser la mejor fórmula para garantizar la estabilidad de una nación y también su prosperidad. La prueba está en que, de las 10 democracias más avanzadas del mundo, seis son monarquías constitucionales.
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En el mundo árabe, las monarquías del golfo Pérsico han alcanzado en las últimas décadas altas cotas de modernización y prosperidad económica, a pesar de que persisten muchas desigualdades. En el caso de las monarquías constitucionales de Jordania y Marruecos, han logrado eludir los problemas asociados al integrismo islámico y la represión de dictadores como Sadam Husein en Irak, Muamar el Gadafi en Libia y Bachar el Asad en Siria.
El Rol del Monarca en la Actualidad
La clave del vigor de la monarquía en el siglo XXI es el hecho de que el rey sea una figura unificadora que representa la unidad nacional por encima de diferencias históricas entre pueblos. En otros casos, el soberano tiene una autoridad tal que le permite tomar decisiones trascendentales que marcan una nación sin llevar al enfrentamiento civil. Japón logró la transición de un imperio agresivo y autoritario a la democracia moderna y pacífica tras la Segunda Guerra Mundial gracias al prestigio del emperador Hirohito. Algo parecido ocurrió en España en 1975, cuando el rey Juan Carlos I logró dirigir la transición de la dictadura a la democracia y fue un factor clave para su consolidación.
En las monarquías constitucionales el rey aporta moderación y neutralidad frente a los partidos políticos. Representa los intereses generales de la nación por encima de los partidistas y también el porvenir a largo plazo; un rey piensa en la generación siguiente, la de su heredero, un dirigente político no tiene perspectivas mucho más allá de su horizonte electoral de cuatro años, y se debe más a su partido, del que depende su carrera política, que a su nación. Para los ingleses, que es el pueblo que con más firmeza representa la tradición de la institución monárquica, la función de la corona es "aconsejar, animar o proteger, y consultar para estar informada".
Adaptación y Desafíos Modernos
Estos factores que explican por qué la opción monárquica ha triunfado sobre la republicana en muchos países no bastan para mantener la popularidad de la corona ante las exigencias del siglo XX. Las familias reales viven expuestas al escrutinio de los medios de comunicación y sometidos a una opinión pública cada vez más exigente y crítica.
Para empezar, las casas reales son cada vez más austeras y se han visto sometidas a continuos recortes. Las monarquías escandinavas y también la holandesa han sido descritas como “monarquías en bicicleta”, debido a su sencillez; la española también se caracteriza por la austeridad. La crítica tradicional de que la monarquía es más cara que la república no se corresponde con la realidad en Europa, donde el gasto de un presidente de la república, como por ejemplo el de Francia, es muy superior al de muchas casas reales. La única excepción en Europa es la monarquía británica, ya que se mantiene principalmente con sus medios, y aún así ha sido obligada a vivir de las rentas de su patrimonio minimizando el coste para los ciudadanos.
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Las familias reales son también menos extensas, y tienden a estar formadas exclusivamente por los reyes y sus hijos. En varios casos recientes hemos visto cómo cualquier escándalo o rebeldía de alguno de sus miembros supone la exclusión: la nueva regla de las familias reales es que solo pueden figurar como miembros los que trabajan para ella y llevan una vida ejemplar. La abdicación entre los reyes más ancianos es una opción cada vez más frecuente con el fin de mantener el vigor de la institución monárquica. En los últimos años han abdicado Beatriz de Holanda, Alberto de Bélgica y Juan Carlos I, aunque en este último más por asuntos personales que por motivos de salud. El caso de la reina Isabel II, que reinó hasta el último día de su larga vida, ha sido excepcional. La preparación de un heredero a la corona es cada vez más exigente, respondiendo así a la crítica de que el talento no se hereda y de que un príncipe puede heredar un trono sin mostrar capacidad para reinar. La corona debe ser un símbolo de excelencia y calidad.
Proyección Internacional y Diplomacia
Un factor clave para explicar el vigor de las monarquías y su creciente popularidad en general es la política exterior y la proyección internacional. En el siglo XXI, toda nación que se precie debe hacer un mayor esfuerzo por mantener una presencia global, con el fin de defender sus intereses, vender sus productos y mantener la imagen adecuada para el país. En este ámbito, las monarquías cuentan con muchas ventajas frente a las repúblicas.
Tienen un boato y un protocolo ceremonial que hacen que las visitas de Estado para estrechar lazos entre países adquieran una especial relevancia: una cena en Buckingham, en el Palacio Real de Madrid o en el Palacio Imperial de Tokio no es comparable a la sobriedad del protocolo de una república. La coronación del rey Carlos III de Inglaterra unos meses después del funeral de la reina Isabel II muestra una vez más toda la pompa y ceremonia de la que es, sin duda, la monarquía más famosa del mundo, aportando a Reino Unido una proyección internacional extraordinaria. Millones de espectadores de todo el mundo han sido testigos en pleno siglo XX de la grandiosidad que representa la monarquía, al reflejar ritos, tradiciones y símbolos nacionales cuidadosamente conservados desde la antigüedad.
La experiencia internacional común a casi todos los monarcas, al igual que la red de contactos, no suele ser comparable a la de un jefe de gobierno o un presidente de república que, generalmente, ocupa el cargo ocho años como máximo. Ningún jefe de Estado ha disfrutado de tanta celebridad internacional y por tanto tiempo como Isabel II. Durante décadas, el rey Juan Carlos I fue definido como el mejor embajador de España en su historia, a juzgar por los cambios en el estatus internacional del país durante su reinado.
En un mercado en el que empresas compiten por crear marcas globales, las casas reales europeas tienen una gran ventaja, pues ya son marcas internacionalmente reconocidas. En tiempos modernos, uno de los principales cometidos de la monarquía es representar lo mejor de su país: por ello, las familias reales aparecen en los actos más emblemáticos, y logran estar inexorablemente asociados a ellos: la familia real británica en las carreras de Ascot, el rey de Suecia en los premios Nobel, el rey de España en los premios Princesa de Asturias etcétera. Las familias reales están presentes en cualquier competición internacional en las que participen sus países, especialmente los Juegos Olímpicos, incluso algunos miembros, desde Harald de Noruega, el príncipe Alberto de Mónaco o el entonces príncipe de Asturias han pertenecido a equipos olímpicos. Por último, la corona otorga el sello de calidad a las principales instituciones y empresas de un país, concediendo el calificativo de Real y permitiendo usar el símbolo de la corona.
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Proyección en el Mundo Islámico y Pequeños Estados
En el mundo islámico el contraste en la proyección internacional entre las monarquías árabes y las repúblicas es notable. La imagen de riqueza y prosperidad que tienen los países del Golfo no hubiera sido posible sin la determinación de sus soberanos. El hecho de ser reyes absolutos les ha permitido, además, llevar a cabo estos procesos de transformación tan notables sin que nada interceda en su camino; son llamados reyes ejecutivos, y ellos se ven a sí mismos como presidentes de una gran empresa que debe cumplir los objetivos más ambiciosos. La familia real de Emiratos Árabes Unidos ha transformado Dubai en uno de los grandes centros de inversión del mundo y ha culminado este proceso de modernización enviando un astronauta al espacio. El actual emir de Catar fue el principal artífice de que el Mundial de Fútbol de 2022 se celebrara en su país; el rey de Arabia Saudí no solo logró que su país fuera incluido en el G20, sino que incluso ejerció la presidencia del grupo ese año. Cuando analizamos la proyección de pequeños países, sobre todo principados, el papel de sus soberanos es especialmente importante. En Brunéi, el sultán ha puesto especial empeño en que la riqueza generada por el petróleo no solo sirva para sufragar su opulento tren de vida sino que sus habitantes disfruten de una envidiable renta per cápita.
Relaciones entre Casas Reales
La relación entre las propias casas reales es generalmente buena, sobre todo entre las europeas, pues muchos de sus miembros están unidos por lazos familiares. Este factor ha contribuido a estrechar relaciones diplomáticas y económicas entre monarquías. Sin embargo, no existe una “internacional monárquica” ni nada parecido, aunque algunos lo hayan insinuado. De hecho, conviene recordar que, a pesar de que las casas reales europeas eran una gran familia a comienzos del siglo XX, esto no sirvió para impedir el estallido de la Primera Guerra Mundial, que acabó con varias de las principales monarquías europeas.
Diversidad de Monarquías en el Mundo Actual
En el mundo actual, hay monarquías de muy diversa índole. Estos cambios han tenido lugar en las monarquías europeas y también en Japón, pero no se han reproducido en el resto del mundo. En el mundo islámico, Arabia Saudí, Omán, Bahréin, Kuwait y Catar son monarquías absolutas. En África quedan pequeños reinos subnacionales en Suráfrica, Benín, Nigeria y Ghana. Su denominador común es que pueden considerarse factores clave para la modernización y el bienestar de sus países. Tienen además una personalidad especialmente útil para lograr que sus naciones brillen en las relaciones internacionales, lo que supone un gran valor en estos tiempos de desorden multilateral. Aunque, tanto hoy como ayer, como escribió William Shakespeare, la cabeza coronada nunca descansa con tranquilidad.
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