Introducción y Contexto General
El Acta de Independencia del Imperio Mexicano es el documento mediante el cual el Imperio Mexicano declaró su independencia del Imperio español. La Independencia de México es uno de los pasajes más importantes en la historia de nuestro país y la máxima celebración de la nación. La enorme fiesta que se lleva a cabo los días 15 y 16 de septiembre no se quedan solo en México, sino que abarcan todos los rincones del mundo en el que se encuentre un mexicano.
El 28 de septiembre de 1821 se firmó el Acta de Independencia del Imperio Mexicano, mediante la cual se declaraba a la nación mexicana “libre e independiente de la antigua España”. En el Acta de Independencia firmada el 28 de septiembre de 1821, se establece que México sería reconocido como Imperio. Luego de la caída del emperador Iturbide (1823), el acta fue renovada y en lugar de decir “Imperio”, se estableció el término “República”. El 28 de septiembre de 2021 los mexicanos celebramos el bicentenario del nacimiento del Estado mexicano, independiente y soberano.
Antecedentes de la Lucha por la Independencia
La Crisis Trasatlántica y los Primeros Intentos de Autonomía
La lucha por la independencia de México abarca los años que van desde 1808 hasta 1821. En 1808, España fue invadida por Napoleón Bonaparte, quien obligó al rey Carlos IV a abdicar del trono español en su favor, lo que es conocido como “las abdicaciones de Bayona”. A partir de ese momento, el titular de la corona española sería el hermano mayor de Napoleón, José Bonaparte. Esto causó una crisis en el Imperio español de tal magnitud que es conocida como “la crisis trasatlántica”, pues a decir los contemporáneos, el rey no tenía la facultad de ceder su corona.
Diversos territorios peninsulares y de ultramar comenzaron a crear “juntas” que declaraban, no su independencia de la península, pero sí su autonomía. El primer intento de autonomía de Nueva España fue encabezado en 1808 por Francisco Primo de Verdad, Francisco Azcarate y Fray Melchor de Talamantes, quienes en agosto de ese año le señalaron a las autoridades virreinales que tras las abdicaciones de Bayona la “soberanía” regresaba al pueblo, en ausencia del rey. El 15 de septiembre de 1808 este movimiento autonomista fue reprimido violentamente por las autoridades virreinales. A esta etapa se le conoce como la de los precursores.
El Inicio de la Insurgencia: El Grito de Dolores
El periodo de nuestra historia conocido como la Guerra de Independencia empieza la madrugada del 16 de septiembre de 1810, cuando el padre Miguel Hidalgo da el llamado “Grito de Dolores”. En la madrugada del 16 de septiembre de 1810, el sacerdote novohispano Miguel Hidalgo y Costilla mandó a repicar las campanas de su parroquia, ubicada en el pueblo de Dolores, en la Intendencia de Guanajuato. Una vez reunidos sus feligreses, los incitó a iniciar una lucha en nombre de “nuestra madre Santísima de Guadalupe” y en contra “del mal gobierno”. A este acto se le conoce como “el grito de Dolores”.
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El periodo que va desde el grito de Dolores de 16 de septiembre de 1810 hasta el fusilamiento de Miguel Hidalgo y Costilla, el 30 de julio de 1811, se caracteriza por haber sido un movimiento popular poco organizado. Fue apoyado en su mayoría por sectores escasamente favorecidos del régimen virreinal. Las fuerzas armadas encabezadas por Hidalgo fueron derrotadas en la batalla de Puente de Calderón el 17 de enero de 1811, misma que daría paso a la captura de Hidalgo, Ignacio Allende, Ignacio Aldama y Mariano Abasolo el 21 de marzo de 1811. Es decir, este primer impulso solo duró cuatro meses.
La Etapa Organizada y el Liderazgo de Morelos
A partir de 1811 comenzó una etapa mucho más organizada de la lucha, encabezada por el cura José María Morelos y Pavón. En ella ya es clara la postura independentista del virreinato, incluso se formó un congreso, el de Chilpancingo, que se instauró el 13 de septiembre de 1813. El Congreso de Anáhuac, como también se le conoció, declaró la independencia de Nueva España. Morelos proclamó el Decreto Constitucional para la Libertad de la América Mexicana, el 22 de octubre de 1814, en el que señalaba que había que “quitar la máscara a la independencia” y declarar “rota para siempre jamás y disuelta la independencia del trono español”. Sin embargo, el ejército realista se reordenó y, bajo las instrucciones del Virrey Félix María Calleja, se logró derrotar a Morelos, quien fue fusilado el 22 de diciembre de 1815.
La Guerra de Guerrillas y el Resurgimiento Realista
A partir de este momento, el ejército insurgente se quedó sin un liderazgo fuerte, aunque no claudicó en su lucha, sí la tuvo que organizar bajo una guerra de guerrillas que buscaba sobre todo resistir. No hubo batallas importantes y sí una deserción importante de partidarios, no solo porque el ejército realista se volvió más eficiente en su lucha contra ellos, sino porque por la vía institucional se emitieron decretos de amnistía que permitían a quien se adhiriera a ellos obtener el perdón real, pudiendo regresar al orden institucional. No obstante, en la marginalidad, el movimiento insurgente resistió desde 1815 hasta 1820.
La Consumación de la Independencia
El Plan de Iguala y los Tratados de Córdoba
Precisamente en 1820, frente al triunfo en España de la revolución liberal encabezada por Rafael Riego, que puso fin al absolutismo de Fernando VII, dando paso a la monarquía constitucional e ilustrada, diversos sectores de novohispanos, otrora opositores a la independencia, veían en ella ahora una forma de escapar, o al menos de retardar, la modernización y pérdida de fueros y privilegios provenientes de la etapa novohispana. Así, encontraron en el militar realista Agustín de Iturbide a una figura capaz de hacer alianzas con los insurgentes que se encontraban en ese momento ocultos en las montañas, tratando de resistir al ejército oficial.
Entonces, se llevó a cabo el movimiento conocido como la “Trigarancia”. Agustín de Iturbide logró pactar con el líder de los insurgentes Vicente Guerrero, mediante un supuesto “abrazo” (el de Iguala), el Plan de la Independencia de la América Septentrional (Plan de Iguala) el 24 de febrero de 1821, que garantizaba “la independencia, la religión y la unión” (las tres garantías). Con ello, el camino de la Independencia del Virreinato había comenzado formalmente a andarse. El 24 de agosto de 1821, Iturbide firmó junto con Juan de O´Donojú, representante del gobierno español, los Tratados de Córdoba mediante los cuales se reconocía públicamente la independencia de Nueva España.
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La Entrada del Ejército Trigarante y la Declaración
El periodo de nuestra historia conocido como la Guerra de Independencia termina el 27 de septiembre de 1821 con la entrada triunfal del Ejército Trigarante, encabezado por Agustín de Iturbide y Vicente Guerrero, a una jubilosa Ciudad de México. El 27 de septiembre de 1821 el Ejército Trigarante encabezado por Agustín de Iturbide entró a la Ciudad de México, concluyendo con eso la guerra de Independencia de México. El contingente, compuesto por los soldados del General Iturbide (ya convertidos) y los insurgentes que aún quedaban, avanzó por la actual calle de Madero en el Centro Histórico de CDMX hasta alcanzar la popular plancha del Zócalo.
Lo que ocurrió el día 27 de septiembre de 1821, con todo el ceremonial -tanto cívico como religioso- que implicó, no puede dejar de considerarse un hecho político sí, pero sobre todo militar, mediante el cual se llevó a término lo dispuesto en los Tratados de Córdoba suscritos por Iturbide y Juan O’Donojú, el último capitán general de la Nueva España, el 24 de agosto anterior. Por la tarde del día 28, reunidos 35 miembros de la mencionada Junta en el Palacio Nacional, procedieron a declarar la independencia del nuevo Estado.
El Acta de Independencia del Imperio Mexicano: Redacción y Firma
El 28 de septiembre, Iturbide instaló la Suprema Junta Provisional Gubernativa, compuesta por 38 personas y presidida por Antonio Pérez Martínez y Robles, Obispo de Puebla de los Ángeles y como vocales secretarios Juan José Espinosa de los Monteros y José Rafael Suárez Pereda. La junta procedió de inmediato a elegir a los cinco integrantes de la Regencia del Imperio. La tarde del 28 de septiembre, los miembros de la Junta se reunieron en el Palacio Nacional para redactar el Acta de Independencia de la nueva nación independiente.
Los dos documentos o actas resultantes fueron entonces redactados en su forma final por Juan José Espinosa de los Monteros, el secretario vocal de la Junta. Las actas fueron firmadas por 33 de los 38 miembros de la Junta junto con Iturbide en su calidad de presidente de la Regencia.
Los Ejemplares Originales y sus Vicisitudes Históricas
Se redactaron dos ejemplares originales del acta. Un ejemplar permaneció en el salón de sesiones de la Cámara de Diputados hasta que fue destruida en el incendio de la Cámara en 1909. Este ejemplar -conservado por décadas en la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión- se quemó en el lamentable incendio ocurrido la madrugada del 23 de marzo de 1909 en dicha Cámara; por fortuna se conservan fotografías del mismo.
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La otra copia le fue entregada a la Regencia del Imperio, la cual permaneció en Palacio Nacional y fue robada en 1830. Décadas más tarde, el acta fue adquirida por el emperador Maximiliano I, aunque se desconoce cómo y dónde la obtuvo. Mucho tiempo después, el Acta apareció en España en la biblioteca del anticuario Gabriel Sánchez. También se desconoce cómo la obtuvo, pero es un hecho que la parte trasera del acta tiene el sello de la biblioteca del anticuario español.
Tiempo después, el anticuario español Gabriel Sánchez vendió el acta al historiador Joaquín García Icazbalceta, quien la conservó y posteriormente heredó a su hijo Luis García Pimentel, quien la vendió a Florencio Gavito. Florencio Gavito Bustillo, vivió en Francia y allá fue contactado por Luis García Pimentel, quien le ofreció venderle el Acta de Independencia. Tras comprarle el Acta por 10 000 pesos, regresó a México con la intención de entregar el acta él mismo al gobierno mexicano, pero falleció de leucemia en 1958.
Gavito estipuló en su testamento que al morir se entregara el Acta al presidente Adolfo López Mateos. Antes de entregar el acta se mandaron a hacer los dictámenes de autenticidad, en los cuales la familia Gavito colaboró con la nota de compra-venta. La ceremonia de entrega del Acta de Independencia se realizó el 21 de noviembre del mismo año. En 2008, comenzaron los trabajos de restauración del acta y fue expuesta durante un mes en el Palacio de Lecumberri. En 2010 fue puesta en exposición en Palacio Nacional en el marco de la celebración del bicentenario del inicio de la independencia de México. El Acta está protegida actualmente dentro de dos guardas elaboradas con materiales libres de ácido, en la bóveda de seguridad del Archivo General de la Nación, espacio que cuenta con monitoreo climático.
Interrogantes y Detalles Históricos del Acta
Hasta el año de 2021 se pensó, y así se aceptó unánimemente por toda la historiografía mexicana y mexicanista, que el Acta que contiene la Declaración del 28 de septiembre se había firmado este mismo día en dos ejemplares manuscritos, casi idénticos, uno de los cuales sería para la Regencia y el otro para la Junta. Esta conclusión parecía confirmarse con la mera lectura del Acta que, aparentemente, está firmada el 28 de septiembre. Sin embargo, no fue así.
El texto mismo del Acta -cuyo único ejemplar hoy se conserva en el Archivo General de la Nación- presenta algunas interrogantes que simplemente no podían contestarse aceptando la fecha del 28 de septiembre como la de su firma. Una de ellas, jamás resuelta satisfactoriamente por la mencionada historiografía, consiste en la ausencia en la misma de la firma de Juan O’Donojú, quien nunca firmó ninguno de los dos ejemplares manuscritos originales.
Otra interrogante tenía que ver con el lugar de colocación de los primeros firmantes: el primero, Iturbide; el segundo, el obispo de Puebla Antonio Joaquín Pérez, y el tercero, que debía corresponder a O’Donojú. La tercera interrogante se relacionaba con el hecho de que todos, absolutamente todos los ejemplares impresos del Acta, a partir del primero publicado en octubre de 1821, sí incluyeron el nombre de O’Donojú como uno de sus tres primeros firmantes.
La Celebración de la Independencia
Cada 15 de septiembre los mexicanos celebran este acontecimiento reuniéndose en las plazas públicas de sus municipios, capitales estatales o en la Ciudad de México, esperando que el presidente municipal, el gobernador o el presidente de la república salga a dar “el grito”. De acuerdo con el protocolo, el encargado de darlo toca una campana, emulando al padre Hidalgo, y repite lo siguiente:
- “¡Mexicanos!
- ¡Vivan los héroes que nos dieron patria!
- ¡Viva Hidalgo!
- ¡Viva Morelos!
- ¡Viva Josefa Ortiz de Domínguez!
- ¡Viva Allende!
- ¡Viva Aldama!
- ¡Viva la independencia nacional!
- ¡Viva México!, ¡Viva México!, ¡Viva México!”
A grandes rasgos, este es el rito político que cada año sirve para acrecentar la nacionalidad mexicana, para encontrar un sentido de pertenencia al país llamado México y, para en términos generales, celebrar la independencia nacional.
