Descubre Cómo Cayó el Régimen de Saddam Hussein: Análisis Impactantes y Opiniones Reveladoraspost-template-default single single-post postid-46 single-format-standard et_pb_button_helper_class et_fixed_nav et_show_nav et_secondary_nav_enabled et_primary_nav_dropdown_animation_fade et_secondary_nav_dropdown_animation_fade et_header_style_left et_pb_footer_columns4 et_cover_background et_pb_gutter et_pb_gutters3 et_right_sidebar et_divi_theme et-db
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La figura de Saddam Hussein dominó la política iraquí y de Oriente Medio durante décadas. Su régimen, caracterizado por un control férreo y una implacable represión, llegó a un abrupto final con la invasión de 2003. Sin embargo, las implicaciones y consecuencias de este derrocamiento se extienden mucho más allá de su muerte, generando un complejo panorama de inestabilidad y debate sobre el legado y el futuro de Irak.

Los Orígenes y el Ascenso al Poder de Saddam Hussein

Saddam Hussein Abd al-Majid at-Tikriti nació en el seno de una familia de campesinos sin tierras de la aldea de Al Ajwa, un mísero asentamiento de cabañas de adobe a orillas del río Tigris. Desde los diez años, Saddam quedó al amparo de su tío materno, Jairallah Tulfah, un oficial del Ejército que influyó decisivamente en su formación política. En 1955, se trasladó a Bagdad junto con su familia de adopción para proseguir su formación en el instituto de secundaria Al Jark, un foco de radicalismo estudiantil.

En 1957, tras ser rechazado en la Academia Militar, Saddam se incorporó al entonces minúsculo Partido del Renacimiento Árabe Socialista (Baaz), seducido por sus ideales laicos, nacionalistas y revolucionarios. Joven de físico intimidador, naturaleza violenta y partidario de la acción directa, los biógrafos no oficiales remontan su primer asesinato político a octubre de 1958. El 7 de octubre de 1959, el comando de Saddam ametralló en una emboscada el vehículo del primer ministro Abdel Karim Kassem.

Colocado bajo la protección del rais Gamal Abdel Nasser, en El Cairo Saddam retomó la actividad política. El 8 de febrero de 1963, Kassem fue derrocado y ejecutado en un golpe conjunto de baazistas y nasseristas dirigido por el coronel Ahmad Hassán al-Bakr, pariente de Saddam. Saddam retornó de Egipto junto con otros exiliados para ponerse al servicio de las nuevas autoridades e integrarse en las estructuras del Baaz, donde pasó a desempeñar labores de inteligencia y seguridad interna del partido. En octubre de 1964, Saddam fue arrestado, y en 1965, mientras seguía en prisión, el VIII Congreso Regional del Baaz lo eligió vicesecretario general del Mando Regional iraquí.

En julio de 1966, Saddam consiguió evadirse de la cárcel. Desde la clandestinidad, organizó una milicia baazista, el Jihaz Haneen, que jugó un papel decisivo en el golpe de Estado perpetrado por Bakr el 17 de julio de 1968. Aref fue derrocado con suma facilidad, y el Baaz retornó al poder. Luego de tomar parte activa en el asalto al poder, concretamente en la captura del palacio presidencial, Saddam recibió de Bakr el encargo de organizar el aparato de seguridad e inteligencia del nuevo régimen. Su primer cometido fue deshacerse, el 30 de julio, de dos altos mandos militares no baazistas, Abdel Razzaq Said an-Najif e Ibrahim al-Daud, quienes fueron enviados al exilio.

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La Consolidación del Poder Baazista y la Llegada de Saddam

En tanto que hombre de la máxima confianza de Bakr -presidente de la República, presidente del CMR y primer ministro-, Saddam inició un ascenso irresistible a la cúpula del poder político. Tras el llamado "golpe correccional" del 30 de julio de 1968, fue designado vicepresidente en funciones del CMR, y en noviembre de 1969, se convirtió en vicepresidente de la República. Incansable, Saddam puso su mirada en poderosos jerifaltes militares baazistas, como el general Hardán Abdel Ghafar at-Tikriti, viceprimer ministro y ministro de Defensa, que fue defenestrado en octubre de 1970 y liquidado en Kuwait en 1971. También se produjo el desplazamiento de Salih Mahdi Ammash, otro vicepresidente del CMR y ministro del Interior.

La desaparición de aquellas dos personalidades representó el triunfo de Saddam y la rama civil del Baaz sobre el estamento militar. Libre ya de potenciales rivales por la sucesión de Bakr, Saddam se erigió en el indiscutible lugarteniente del presidente y en el principal delegado de la política iraquí. Saddam jugó también un papel fundamental en la trascendental decisión del régimen, el 1 de junio de 1972, de nacionalizar la Compañía de Petróleos Irakí (IPC), operación que generó un fabuloso incremento de los ingresos petroleros.

La llegada al poder de Sadam Hussein como presidente se oficializó el 16 de julio de 1979, cuando Ahmad Hassan al-Bark presentó su dimisión. Las razones de su dimisión nunca han sido aclaradas, aunque se considera que fue una dimisión forzada por el mismo al-Bark. Este hecho consolidó el poder absoluto de Saddam Hussein en Irak.

La Guerra Irak-Irán y sus Consecuencias

Un año antes de la llegada oficial de Saddam al poder, en 1979, se instaura la República Islámica de Irán, liderada por el ayatolá Jomeini. Este hecho puso fin a la presencia occidental en el país y generó una nueva dinámica de poder en la región. Irak y otros países árabes, así como la URSS, veían con preocupación la expansión de la revolución islámica de Jomeini. Con el objetivo de unir intereses para llevar a cabo una guerra contra Irán, Irak lanzó una ofensiva contra la frontera de Irán en septiembre de 1980.

Irak reclamaba la totalidad de la desembocadura del Shat el-Arab, pero en realidad se buscaba el debilitamiento del régimen de Teherán. Esta guerra, que se extendió por ocho años, tuvo un costo devastador para la economía de ambos países. El conflicto terminó con un alto el fuego en vigor el 20 de agosto de 1988, después de la Resolución 598 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. La guerra consolidó la figura de Saddam Hussein, ahora llamado Rais (presidente) combatiente.

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La Economía bajo el Régimen de Saddam

Durante los años de Saddam Hussein, la economía iraquí se caracterizó por una fuerte intervención estatal. El régimen nacionalizó la Irak Petroleom Company (IPC), lo que le dio un control significativo sobre una importante zona petrolera. En los años 70, el Estado era omnipresente, controlando el 75% de toda la producción industrial del país, incluyendo textiles, materiales para la construcción, transportes y servicios. Esto generó una hipertrofia del estado árabe, con una importante élite tecnocrática. Aunque se creyó en un momento que el sector privado no era fuerte, tanto empresas públicas como privadas fueron disueltas, y muchos empleados pasaron a ser parte de la Administración pública. La economía de Irak sufrió un progresivo deterioro, cuyas consecuencias continúan hoy en día.

Saddam Hussein de Aliado a Enemigo de Occidente: La Guerra del Golfo (1990-1991)

Después de la guerra contra Irán, la situación financiera de Irak era precaria. El país, que había contraído una enorme deuda de guerra (60.000 millones de dólares), solicitó a los países del Golfo la condonación de esta deuda. Pero Saddam Hussein fue más allá, exigiendo la ocupación de las islas Boubyan y Warba (anexionadas por Kuwait en 1961) y la anexión del territorio kuwaití si no se llevaban a cabo sus peticiones. Estas demandas, además, se producían en un contexto de precios bajos del petróleo (a 15 $ por barril), que gravaba gravemente la economía de Irak.

Las negociaciones entre Irak y Kuwait comenzaron en julio de 1990, pero fracasaron. La posición de Kuwait fue totalmente contraria a la petición de Saddam Hussein. La madrugada del 2 de agosto de 1990, Saddam decidió cumplir su amenaza e invadió el Emirato de Kuwait. La reacción internacional fue inmediata y enérgica, especialmente por parte de Naciones Unidas, que aprobó la Resolución 660. La comunidad internacional, encabezada por Estados Unidos, no imaginaba que Irak cumpliera su amenaza. Un embargo económico, implementado por la Resolución 661 del Consejo de Seguridad, afectó a Irak, que dependía en un 80% de los alimentos y casi la totalidad de los productos industriales de las importaciones. El 8 de agosto, Saddam Hussein anunció la anexión de Kuwait.

Durante los meses previos al inicio de la guerra en enero de 1991, Saddam intentó romper este aislamiento, pero todos los intentos fracasaron. La máquina de guerra de los EUA ya estaba en marcha. El 29 de noviembre de 1990, el Consejo de Seguridad aprobó la Resolución 678, que autorizaba el uso de cualquier medio para expulsar a Irak del territorio de Kuwait. La fecha límite se fijó para el 15 de enero de 1991. La madrugada del 17 de enero de 1991, caían las primeras bombas sobre Bagdad, marcando el inicio de la operación "Tormenta del Desierto".

La guerra duró seis semanas y tuvo dramáticas consecuencias para Irak y para su pueblo. Se calcula que murieron más de 100.000 iraquíes, mientras que hubo 235 bajas aliadas. La infraestructura del país quedó seriamente afectada, incluyendo el teléfono y el agua. Durante el conflicto, Irak lanzó misiles Scud contra territorio israelí. El estado hebreo no respondió, evitando una escalada aún mayor.

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El Final de la Guerra del Golfo y la Postguerra (1991-2003)

El 28 de enero de 1991, los EUA anunciaron un alto el fuego. Para suspender definitivamente las acciones militares, se exigió el retorno y liberación de todas las personas detenidas durante la guerra y la situación de los campos minados. La Resolución 687 de Naciones Unidas, del 3 de abril de 1991, estableció un régimen de sanciones y exigió el desarme de Irak, incluyendo la destrucción de armas bacteriológicas, nucleares y de destrucción masiva en general, así como de misiles balísticos con un alcance superior a los 150 km.

Esta etapa estuvo marcada por el aislamiento internacional de Irak, las estrictas sanciones económicas y las zonas de exclusión aérea impuestas por Estados Unidos y sus aliados, lo que profundizó el sufrimiento del pueblo iraquí. Los intentos de Saddam Hussein por superar este aislamiento y la tensión creciente con Estados Unidos fueron una constante hasta la siguiente intervención militar.

La Invasión de 2003 y la Caída de Saddam Hussein

El pasado 20 de marzo se cumplieron 20 años desde que la administración del entonces presidente estadounidense George W. Bush decidió intervenir en Irak. Con el fin de derrocar el gobierno de Sadam Hussein, Estados Unidos lideró una coalición que terminó ocupando el país hasta el año 2011. Saddam fue derrocado y obligado a esconderse por el Ejército de Estados Unidos, que había invadido Irak sin el aval de la ONU y con el pretexto de unas armas de destrucción masiva inexistentes.

Saddam fue capturado en diciembre siguiente. Condenado al patíbulo tres años después como reo de crímenes contra la humanidad, su juicio fue caótico con sentencia de muerte. Una ejecución en la horca grabada en video y rodeada de truculencia puso término el penúltimo día de 2006 a los 69 años de vida de Saddam Hussein, quien fuera todopoderoso presidente de Irak desde 1979 hasta abril de 2003.

Análisis y Consecuencias de la Intervención de 2003

Hoy, 20 años más tarde, podemos valorar las implicaciones y las consecuencias de estas acciones desde otro punto de vista. Entre los años 2003 y 2011, Amnistía Internacional documentó la participación de las fuerzas estadounidenses en violaciones generalizadas de derechos humanos tales como ataques indiscriminados que resultaron en la muerte y lesiones de civiles, detenciones y traslados secretos de los detenidos, desapariciones forzadas, tortura y otros tratos crueles, inhumanos o degradantes. A lo largo de los años, ex detenidos han denunciado de forma creíble un sin fin de abusos en los centros de detención.

A pesar de todo lo sucedido en estos veinte años, las víctimas siguen esperando justicia y reparación. Al contrario, lo único que ha sido común en todo este tiempo ha sido la impunidad. A pesar de que el expresidente George W. Bush y el ex secretario de Defensa Donald Rumsfeld admitieron públicamente su participación en las detenciones secretas, sigue sin aplicarse ningún tipo de consecuencias a los principales responsables.

A medida que la crisis iba avanzando la pregunta era clara: ¿Dónde estaba la libertad que se le prometió al pueblo iraquí? Cualquier esperanza que sintiera la población por la caída de Sadam Husein se perdió pronto como consecuencia de la violencia que no dejó de sacudir al país. De acuerdo con lo dicho por el proyecto Costs of War, se calcula que cientos de miles de civiles murieron y más de nueve millones de personas se convirtieron en desplazadas. La invasión duró mucho más tiempo de lo previsto y la sociedad iraquí no encontró la libertad ni la estabilidad que esperaba. La catástrofe se vio agravada por la incapacidad de planificar lo que vendría tras la invasión. El vacío de seguridad y las estrategias de Estados Unidos fomentaron el sectarismo no solo en el propio Irak, sino mucho más allá de sus fronteras y alimentaron un terrorismo cuyas consecuencias han resultado mortíferas en la región.

En 2019, la población, cansada de promesas vacías, de inseguridad y de nulos avances, se movilizó en las calles exigiendo un cambio. Estas protestas duraron meses y lo único que lograron fue que el gobierno respondiera brutalmente, dejando más de 600 civiles muertos. En octubre de 2021, tras múltiples disputas, se formó un nuevo gobierno. Sin embargo, bajo el mandato del primer ministro, Mohammed Shia’ al Sudani, la situación no ha mejorado y la estabilidad sigue siendo una ilusión en Irak. Periodistas detenidos o medios de comunicación asaltados son el ejemplo de una libertad de expresión inexistente; nulos avances en la investigación de las muertes provocadas en las protestas de 2019; habitual uso de la tortura en lugares de detención oficiales y no oficiales de todo el país; y juicios injustos.

Estos son solo ejemplos de cómo, 20 años después de que las tropas estadounidenses entraran en Irak prometiendo libertades, estas están aún muy lejos de alcanzarse. Basta echar un vistazo a las noticias que llegan cada día sobre Irak para saber que a día de hoy siguen presentes las consecuencias de la invasión y no se han resuelto las violaciones de derechos humanos perpetradas por los responsables. Pero, además, en la actualidad se siguen produciendo violaciones de derechos como el de la protesta, los derechos de las mujeres y el derecho a la vida, vulnerado por la pena de muerte. Todo esto no es únicamente responsabilidad de las autoridades iraquíes. La comunidad internacional no puede mirar hacia otro lado de una catástrofe que contribuyó a crear.

La Opinión Pública Iraquí: Una Perspectiva Crítica

Como muchos iraquíes hace veinte años, una persona se preparaba para la guerra inminente, con esperanzas de evitarla que resultaron ser sueños poco realistas. La familia se trasladó a una zona más segura, el cielo sobre Bagdad se iluminó con fuegos artificiales mortales, y en solo tres semanas, la ocupación de Irak era una certeza. La aparente respuesta iraquí a esa realidad era más desconcertante; la persona se preguntaba por qué no estaba tan feliz como el resto de los iraquíes mencionados en las noticias de la radio.

Un estudio inicial realizado en Bagdad reveló una clara división de opiniones: el 49% creía que lo sucedido era bueno para ellos, y el 47% consideraba que era malo. Esta división en la opinión pública iraquí motivó una investigación más profunda. El vigésimo aniversario de la invasión impulsó a repetir las preguntas. Notablemente, el porcentaje de iraquíes que consideran que "la entrada de las fuerzas de la coalición en 2003" fue buena para ellos es hoy solo del 35%, y la mayoría de los que responden positivamente son kurdos. Entre los árabes (chiíes y suníes), solo el 29% opina que lo sucedido fue positivo.

Aún más reveladoras fueron las respuestas a la pregunta: "Considerando todo, ¿siente que las cosas están mejor ahora bajo el sistema político actual o cree que las cosas estaban mejor para usted antes, bajo el régimen anterior de Saddam Hussein?" En 2005, el 67% de los encuestados, en su mayoría kurdos y chiíes, respondieron que sus vidas en 2005 eran mejores que durante el régimen de Saddam, a pesar de la inestable situación de seguridad. Actualmente, el porcentaje de quienes afirman que sus vidas son mejores que antes ha caído al 31%, mientras que el porcentaje de quienes creen que estaban mejor bajo el régimen anterior ha saltado al 36%.

El cambio más significativo en la opinión pública no se produjo solo en una región o grupo étnico-sectario. Aunque la mayoría de quienes dicen que su situación era mejor bajo el régimen anterior son suníes (48%), el 33% de los chiíes ahora también opinan que su situación era mejor bajo Saddam, una cifra superior al porcentaje de chiíes que se sienten mejor bajo el régimen actual (29%). El 38% de los chiíes afirma que estaban igual de mal bajo el régimen anterior. Incluso entre los kurdos, las respuestas son completamente diferentes a las de 2005.

Estos resultados no reflejan necesariamente nostalgia por el antiguo régimen, sino más bien un rechazo al régimen actual y a la situación general en Irak. Como evidencia de esto, la mayoría de quienes, ya sean kurdos o chiíes, afirman que su situación era mejor durante el régimen anterior tienen menos de 30 años, es decir, no vivieron o no eran conscientes de la situación antes de 2003. Las cifras actuales indican una clara frustración y decepción de los iraquíes con el régimen y el modo de gobierno en Irak. Solo el 40% de los encuestados dice que la situación en Irak es mejor que bajo el régimen anterior, frente al 59% que dice que es peor. Estos números reflejan la actual crisis política en Irak y la necesidad de revisar todos los fracasos que han provocado que muchos iraquíes sientan nostalgia por el pasado, no por amor a lo que hubo antes, sino por desprecio al régimen actual.

Cambio en la Percepción sobre la Situación en Irak (2005 vs. Actual)
Pregunta Grupo 2005 (% Mejor) Actual (% Mejor) Actual (% Peor)
¿Está mejor su vida ahora que bajo el régimen de Saddam Hussein? General 67% 31% 36%
Chiíes   29% 33%
Suníes     48%
Kurdos      
¿La entrada de fuerzas de la coalición en 2003 fue buena para usted? General   35%  
¿La situación general en Irak es mejor que bajo el régimen anterior? General   40% 59%
Árabes (Chiíes y Suníes)   29%  

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