El paisaje es un concepto polisémico cuya composición es la combinación de elementos físicos, biológicos y antrópicos, resultado de las acciones ejercidas por el ser humano en un espacio natural específico.
El estudio de estas huellas contribuye a comprender algunos de los procesos sociales, políticos o económicos que ocurrieron en el pasado.
Así pues, las formas de organización de las sociedades y de aprovechamiento de sus entornos, los cuales cambian a lo largo del tiempo, también transforman las maneras en que se experimenta el espacio y, por consiguiente, las formas que marcan las superficies terrestres.
Por estas características, el paisaje se asocia con frecuencia a un palimpsesto, que es una tablilla de cera utilizada en la antigüedad para escribir, borrar y volver a escribir varias veces sobre el mismo soporte.
Las sociedades construyen una estructura, un acondicionamiento o atribuyen un valor a elementos aparentemente inertes en un momento dado; sin embargo, esta necesidad o significado se modifica con el tiempo y puede expresarse de distintas maneras.
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En este artículo, nos centraremos en las características materiales de los paisajes, es decir, en la parte tangible del mismo, y no en su simbolismo.
Nos proponemos analizar el espacio que ocupó la exhacienda de San José de la Huerta, ubicada en la parte suroeste de Morelia, Michoacán (México), y su evolución desde su desarticulación hasta la conformación de los actuales ejidos y asentamientos urbanos en la periferia sur de la ciudad, resultado de su fragmentación durante el periodo 1924-2020.
Orígenes y Auge de las Haciendas en Morelia
En la región de Morelia las haciendas cobraron importancia durante el periodo colonial, y hasta su disolución con el reparto agrario, gracias a su alta producción agropecuaria, destinada al mercado local y regional.
En ese entonces, contaron con un apoyo incondicional mediante la introducción de infraestructura, la obtención de préstamos y de concesiones de agua, la exención de impuestos y el establecimiento de una red ferroviaria por parte de los gobernantes.
Estos apoyos se dieron principalmente durante el periodo del gobernador Aristeo Mercado (1891-1911), fiel partidario de los ideales porfiristas.
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En los alrededores de la ciudad de Morelia se registraban cinco haciendas: la del Rincón, la de Atapaneo, la de La Soledad, la de Quinceo y la de San José de la Huerta.
Su localización y extensión impidió el crecimiento urbano de la ciudad, que quedó limitada a unas pocas manzanas por la falta de terrenos sobre los cuales expandirse.
La hacienda de San José de la Huerta fue la de mayor extensión territorial y logró mantenerla hasta 1920, cuando empezó su paulatina desarticulación.
Posteriormente, junto a la de la Cuadrilla e Ichaqueo, fue la más afectada por el reparto agrario y las expropiaciones, con 1,468 hectáreas repartidas entre los años 1921 y 1943.
Debido a las redes que los hacendados tenían dentro del ayuntamiento municipal, la Comisión Agraria decidió que la forma de repartir las tierras sería tomada por las autoridades federales y no por las locales.
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El ejido constituyó entonces una forma de propiedad de la tierra para satisfacer las necesidades productivas de la población, lo que permitió la gestión independiente de su territorio.
Durante este periodo, el ejido era considerado como una unidad esencialmente productiva y no mercantil, esto con base en el código agrario de 1934, por lo que se prohibió asignar un valor comercial a las tierras ejidales para su compraventa.
Sin embargo, en la práctica, estas habían sido vendidas, compradas, expropiadas y arrendadas ilegalmente desde su creación, principalmente con el fin de ampliar la ciudad.
En el caso de Morelia, dicho proceso tuvo lugar principalmente entre 1954 y 1992, cuando un gran número de hectáreas pertenecientes a ejidos circunvecinos se fraccionó en lotes y se agrupó en distintas colonias.
No fue hasta la reforma de la Ley Agraria en 1992, concretamente la modificación del artículo 27 de la Constitución, cuando se eliminaron las prohibiciones para comprar, vender o rentar las tierras ejidales, abriéndose así libremente al mercado de manera legal.
Fue entonces cuando los ejidatarios finalmente obtuvieron el control total de las parcelas como propiedad privada.
Como lo demuestra esta breve contextualización, el territorio se encuentra en una constante transformación y reconstrucción a lo largo del tiempo, adaptándose a las nuevas necesidades y a los intereses que la sociedad ejerce sobre este.
Posteriormente, la constante expansión urbana ejerció una presión sobre la tierra ejidal, que derivó en su expropiación y posterior repartición, pero ahora en forma de colonias urbanas.
Estas transformaciones sucesivas de la tenencia de la tierra durante el último siglo, aunado a los cambios de uso de suelo consecuentes, tuvieron un impacto mayor sobre el paisaje.
Análisis de la Transformación del Paisaje
El análisis de la transformación de las formas del paisaje durante un siglo en el que se han producido tantos cambios sociales requiere la reconstrucción de sus morfosistemas.
Estos pueden ser entendidos como sistemas desarrollados para dar cuenta de los patrones espaciales de las formas planimétricas (caminos, parcelario, linderos, asentamientos), en diferentes momentos del periodo de estudio.
Para llevar a cabo este ejercicio, e identificar los legados que el paisaje actual ha recibido de la organización espacial de esta antigua unidad productiva, contamos con fuentes primarias de distinta índole y procedentes de diferentes archivos.
Entre las fuentes cartográficas, se destacan dos mapas antiguos que representan el territorio de la hacienda de San José de la Huerta en 1924.
Para los periodos más recientes, se utilizaron fotografías aéreas e imágenes de satélite.
Referente a las primeras, se recopilaron documentos de cuatro periodos distintos: en primer lugar, aerofotos de 1933 y 1953 (a través de la Fundación Ingenieros Civiles Asociados [ICA]); estas imágenes no cubren toda la zona de estudio, ya que cada una de ellas se tomó en respuesta a objetivos y necesidades específicas.
Por otra parte, contamos con ortofotos del año 1995 procedentes del Instituto Nacional de Estadística y Geografía [INEGI].
Estas fuentes visuales se complementaron con documentos escritos, entre ellos, actos de compraventa, libros de Hijuelas del distrito de Morelia para el año 1907, Censos Generales de Población de los años 1985 a 2010, expedientes de dotación de ejidos y notas del Diario Oficial de la Federación [DOF].
Por último, se realizaron recorridos de campo en zonas específicas, con el fin de corroborar y precisar la información histórica.
En particular, se buscó evidenciar indicios de la infraestructura que tenía la hacienda antes, durante y después de su desarticulación, entre ellos los caminos, canales de agua y acueductos.
De esta manera, el uso de fuentes diversas y complementarias permite obtener una imagen más fiable del paisaje para cada fase cronológica.
Sin embargo, para determinar el legado de las formas antiguas en la estructura moderna de la ciudad de Morelia, fue necesario superponer los datos relativos a las diferentes épocas y de diversa naturaleza (geográficos, históricos, arquitectónicos, entre otros) en un espacio geográfico y geométrico común.
Para ello, se localizaron las informaciones planimétricas contenidas en estos documentos a partir de un fondo cartográfico contemporáneo, mediante el uso de un Sistema de Información Geográfico en su modalidad Histórica (en adelante SIG-H).
Para este fin, se georreferenciaron los documentos digitalizados y se incorporaron los datos de campo gracias a las coordenadas geográficas recogidas por GPS.
Esta etapa indispensable permite elaborar lo que Chouquer (2009) denomina un “mapa compilado”, es decir, un mapa en el que se superponen los documentos de diferentes épocas en un mismo referente geográfico.
Para presentar los resultados de manera clara, se decidió partir del enfoque adoptado por Chouquer (2009).
Esto es, identificar las huellas o formas antrópicas en los diferentes documentos visuales y clasificarlas en función de su evolución en el tiempo, basándose en los procesos que han experimentado de continuidad o permanencia, transformación y desaparición.
Como la extensión de un artículo no nos permite presentar el estudio de caso en su totalidad, nos centraremos aquí en tres ejemplos concretos y representativos de los fenómenos observados, para poder llevar a cabo nuestra reflexión.
El primero corresponde al de “permanencia e influencia sobre nuevas formas”, el segundo a “transformación morfológica e influencia sobre nuevas formas”, y por último a “desaparición y creación de nuevas formas”.
Para cada zona analizada, se rastrearon las transformaciones morfológicas observadas a través del tiempo, desde 1924 (con los mapas históricos) hasta la actualidad, utilizando las etapas cronológicas que permite la documentación histórica: 1933 y 1953 (aerofotos de la Fundación ICA), 1995 (ortoimagen de INEGI), y 2020 (imagen satelital de Google Earth).
Entre los elementos representados dentro de la cartografía histórica, existe una zona que resulta ser particularmente llamativa para el contexto que abordamos.
Esta corresponde a los parajes conocidos como Loma del Obispo, El Retajo y La Ladrillera.
Mismos que actualmente se encuentran dentro de la mancha urbana, al sur del centro histórico de la ciudad de Morelia.
A lo largo del periodo de estudio (1924-2020), se produjo una serie de adaptaciones y readaptaciones de la zona, en respuesta a las necesidades de la población.
Aunque las fuentes escritas consultadas no permiten definir con precisión su uso a principios del siglo XX, la parte baja de la hacienda reunía las características necesarias para la agricultura de temporal y de riego, tales como tierras fértiles y recursos hídricos perennes, especialmente el arroyo de las Tierras.
En ese sentido, es probable que fuera utilizado con fines agrícolas.
Según el Catálogo de frutas, raíces y tubérculos y de las producciones agrícolas de Michoacán, para el año 1892, la hacienda producía distintas variedades de duraznos, melones y pitahaya, además de ser uno de los principales proveedores de maíz y trigo a la ciudad de Morelia.
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