Estamos asistiendo a la ejecución de una política largo tiempo planeada, puesta ahora por obra a toda máquina y por doquiera. Lejos de limitarse a retraer la economía, lo que persigue ahora el neoliberalismo es alterar la trayectoria en la que ha venido moviéndose la civilización occidental en los dos últimos siglos. A lo que estamos asistiendo es a la ejecución de una política largo tiempo planeada, puesta ahora por obra a toda máquina y por doquiera. Se trata nada menos que de hacer retroceder a la seguridad social y a las pensiones de los trabajadores, a la asistencia sanitaria, a la educación y a otros servicios públicos, de desmantelar el Estado Democrático y Social de Derecho, de poner fin a los logros de la Era Progresista y aun al ideario programático del republicanismo clásico.
La naturaleza del golpe financiero
Los intereses rentistas, los intereses creados que un siglo de Era Progresista, de New Deal y de reformismo buscaron subordinar al conjunto de la economía, están contraatacando. A todas las reestructuraciones profinancieras, antisindicales y antiestatales que han venido produciéndose desde 1980 se les ha dado el inapropiado nombre de “reforma”. La idea es crear una crisis financiera artificial que venga, “salvadora”, a imponer a Europa y a la América del Norte “recortes a la griega” en la seguridad social y en las pensiones.
El ejercicio de manipular a la opinión pública para darle a entender que todo eso es bueno conoció una escalada en abril pasado con la fabricación de la crisis griega. Tal es la teoría económica basura que los lobistas financieros tratan de vender a los votantes: “La prosperidad exige austeridad”; “Un banco central independiente es el sello de la democracia”; “Los Estados son como las familias: tienen que tener un presupuesto equilibrado”; “Todo viene del envejecimiento de las poblaciones, no de los gastos de la deuda”. Es la retórica de la guerra de clases fiscal y financiera.
Mecanismos de presión y desestabilización
El bajo crecimiento crea una de las condiciones necesarias, aunque no suficientes, para que ocurra un golpe de Estado. A todo movimiento de esa envergadura le ha antecedido una crisis de legitimidad del gobierno, animada por medios de comunicación adversos y un poder judicial con la Suprema Corte activamente opuesta al gobierno. La destitución de gobiernos no se originó en “la ley”, aunque así se hizo aparecer, sino en un equilibrio de poder desfavorable al reformismo y favorable al conservadurismo, en el que el procedimiento judicial operó como la herramienta formal para resolver el conflicto político.
Los gobiernos europeos ya ni se toman el trabajo de ocultarlo: la única motivación de todas sus decisiones es darles garantías a los mercados financieros, con las agencias calificadoras en el papel de distribuidoras de puntos buenos y malos. Los mercados tienen su brazo armado: la “troica” Comisión Europea / Banco Central Europeo (BCE) / Fondo Monetario Internacional (FMI).
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Comparativa de las narrativas sobre la crisis financiera
| Enfoque | Descripción de la causa | Consecuencia propuesta |
|---|---|---|
| Perspectiva Neoliberal | Demografía y gasto público excesivo. | Austeridad y recortes sociales. |
| Realidad Económica | Rescates financieros y deuda impagable. | Servidumbre por deuda y deflación. |
Lo que realmente está causando el estrangulamiento financiero y fiscal, huelga decirlo, es el hecho de que la financiación pública resulta ahora necesaria para compensar al sector financiero de las pérdidas que tendrá año tras año, a medida que los préstamos entren en mora. Cuando los políticos permiten que el sector financiero lleve la voz cantante, la preferencia natural de éste es convertir a la economía en un saquito de todo a cien. La economía ha de ser sacrificada para subsidiar la fantasía según la cual las deudas pueden ser devueltas con sólo que los bancos puedan reponerse “por entero” y comenzar a prestar de nuevo.
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