En 2012, el Instituto Nacional de Antropología e Historia reconoció por primera vez un edificio de la ciudad de Tijuana como patrimonio histórico. Sorpresivamente, se trató de la Catedral de Nuestra Señora de Guadalupe, cuya construcción se remonta a mediados del siglo XX.
La razón, de acuerdo con este organismo, es que, aunque el inmueble no es tan antiguo, el lugar en el que se encuentra ha albergado un recinto religioso desde el año de 1902, y que, como dice la placa conmemorativa, sus antecedentes se remontan a finales del siglo XIX, siendo tan antiguos como la ciudad misma.
Orígenes y la Capilla de Adobe
Las primeras noticias que se han encontrado sobre la presencia de la Iglesia católica en el área de Tijuana corresponden a 1886, cuando Luciano Osuna mandó construir un pequeño oratorio de adobe.
En 1886 el padre Luciano Osuna, adscrito a la diócesis de Sonora, encabezó la construcción de una capilla de adobe en el rancho de Tijuana, la cual fue destruida por la inundación de 1891. Para 1902 se inauguró un segundo recinto, pero en otro sitio. Éste era un pequeño templo de madera, al parecer proveniente de San Diego, el cual fue colocado en un terreno donado por el comerciante Alejandro Savín.
Luciano Osuna pertenecía a la arquidiócesis de Guadalajara. Se trasladó a California durante la Guerra de Reforma, cuando la mayor parte de los obispos mexicanos se encontraban exiliados en Estados Unidos. Fue ordenado sacerdote en 1863 en San Francisco por Pedro Loza, obispo de Sonora, y al año siguiente se trasladó al vicariato de Baja California como parte de la ayuda brindada por el obispo de San Francisco, José Sadoc Alemany, al vicario Juan Francisco Escalante.
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La documentación eclesiástica más antigua que menciona este recinto es un informe que Osuna presentó ante la diócesis de Sonora en 1888. Esta primera capilla guardaba notables similitudes con las que por esos años se construyeron en las comunidades indígenas de California, propias de un lugar de misión.
Sin embargo, esta capilla fue destruida, junto con las primeras edificaciones del naciente poblado, por una inundación ocurrida en 1891. No obstante, su imagen quedó plasmada en tarjetas postales sobre Tijuana, que circularon entre los turistas que visitaban el lugar durante las primeras décadas del siglo XX.
El Pequeño Templo de Madera
Tijuana pasó alrededor de una década sin un recinto de culto. Seguramente sus pobladores asistían a sus servicios religiosos al templo de la Inmaculada Concepción en San Diego, del otro lado de la frontera. No fue sino hasta 1902 cuando un grupo de vecinos se organizó para la construcción de un templo, para lo cual se realizaron diversas actividades, tales como kermeses y rifas, destacando la participación del comerciante Alejandro Savín y de su esposa, Manuela Garfias de Savín, quienes donaron un terreno ubicado en lo que actualmente son las calles 2da y Niños Héroes del centro de la ciudad.
La inauguración del templo, consagrado a Nuestra Señora de Guadalupe, ocurrió 12 de diciembre de 1902. No es mucha la información que se tiene sobre los primeros años del templo, aunque sabemos que fue atendido por dos sacerdotes provenientes de Guadalajara: Pascual Robles y Bernabé Chavarría.
Es de notar que el aspecto de esta iglesia nos recuerda más a un templo protestante estadounidense del área rural, que a uno católico de México. De acuerdo con algunos testimonios recuperados por el padre Lorenzo Joy, el templo fue comprado y traído de Estados Unidos: “la construcción no es de una iglesia tradicional. Eso dio origen a la versión que la capilla fue originalmente comprada en el área de San Diego y trasladada a Tijuana, para servir a los católicos”.
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Esta hipótesis tiene sentido, pues la práctica de comprar casas de madera en el vecino país y trasladarlas a los terrenos de la naciente ciudad de Tijuana era bastante común en esa época, y porque guarda ciertas similitudes con algunos de los templos protestantes de California en la segunda mitad del siglo XIX. Las imágenes más antiguas que se conservan del templo de madera de Tijuana muestran que, al igual que las iglesias protestantes del otro lado de la frontera, estaba compuesto únicamente por la nave central y con un techo de dos aguas.
Actividad Eclesiástica Notable
No es sino hasta la década de 1920 cuando podemos identificar una actividad eclesiástica notable en Tijuana, con la llegada del misionero Severo Alloero. Severo Alloero nació en el norte de Italia. En 1901 ingresó al seminario misional de San Pedro y San Pablo en Roma.
Se trasladó al Distrito Norte y en 1921 fue asignado a Tijuana. No se conoce la fecha exacta de su llegada, pero sabemos que en agosto de 1921 celebró algunos bautizos en Valle de las Palmas, y que en octubre del mismo año fundó la Asociación de la Vela Perpetua del Santísimo Sacramento. Este grupo, conformado por mujeres, tenía como finalidad fundamental la oración, pero en este caso específico, además de orar, se dedicarían a difundir las creencias y prácticas católicas en la naciente población, al tiempo que realizaban numerosos trabajos encaminados a la reconstrucción del templo.
En 1923 iniciaron los planes por parte del misionero italiano Severo Alloero y los fieles de Tijuana para construir un templo más grande, pero las circunstancias políticas y económicas lo impidieron, y sólo se pudo lograr su ampliación hasta 1931 por José Rosendo Núñez, primer sacerdote diocesano en arribar a la región tras la suspensión del culto durante el conflicto religioso. A finales de la década de los años cuarenta, durante un acelerado proceso de poblamiento, y como parte de la institucionalización de la Iglesia católica en la región, dirigido por los Misioneros del Espíritu Santo (MSpS), comenzó la construcción de la que sería, a partir de 1964, la catedral de la diócesis de Tijuana.
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