En el hermoso valle de Apan, conocido por su tradición pulquera en el Estado de México, se encuentra ubicada la Hacienda Real San Miguel Ometusco. Una construcción colonial del siglo XVIII, construida a principios del siglo XVIII por las familias Torres Adalid y Rivas, entre sus dueños cabe mencionar al expresidente León de la Barra.
El auge de las haciendas pulqueras en Apan
Los llanos de Apan (Hidalgo, Estado de México y Tlaxcala) fueron una región de suma importancia desde el siglo XVI, pues aquí surgieron las primeras haciendas productoras de pulque. Con el impulso del ferrocarril, se convirtió en la segunda industria del campo para finales del siglo XIX y principios del XX. La hacienda de San Antonio Ometusco, al igual que otras de la región, fue propiedad de familias adineradas de ese tiempo, y la de San Antonio Xala. Ambas formaron parte de este gran auge.
Restauración y reactivación económica
La hacienda se encontraba prácticamente en ruinas y luego de ser adquirida y restaurada, se puso al servicio del gran turismo, en donde se develaron nuevas áreas de oportunidad y contribución a la reactivación económica y cultural de la zona. Las otras haciendas que conforman la ruta mencionada son tres en el Estado de México; Soapayuca, San Miguel Ometusco y San Antonio Ometusco.
La Secretaría de Turismo Federal dio a conocer un convenio con la Federación de Haciendas, Estancias y Hoteles Históricos A.C., en el cual se tendrá por objetivo valorar la relevancia cultural, arquitectónica e histórica de las haciendas en el país, para que se logre una reconversión en espacios de alojamiento, recreación y negocios.
El proceso de restauración arquitectónica
La restauración arquitectónica de la Hacienda Zotoluca, pertenece a la iniciativa privada y estuvo a cargo del arquitecto Fernando Marín y del mismo Julio Uribe, como inversionista y propietario pero también como diseñador y paisajista de la obra. Al no existir planos originales, pues las haciendas se van transformando según las épocas, se basaron en fotografías, dibujos y los mismos vestigios aún existentes en la zona.
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El arquitecto Marín afirma “no tuvimos que inventar nada porque todos los elementos arquitectónicos actuales de la hacienda ya existían, solamente hicimos una reconstrucción y restauración”. Del área total aproximada de construcción de 6 mil metros cuadrados, un tercio estaba totalmente destrozado, sólo eran montones de tierra. El otro tercio eran sólo ruinas, pero fue de donde rescataron vestigios y el estilo de la hacienda.
La complejidad de la obra fue mayor que la de haber construido un edificio nuevo, sin embargo, se apostó por el atractivo de la estructura original, a pesar de que los costos también son elevados. Durante este tiempo se dio trabajo a casi 60 personas, que armaron sus talleres en el sitio; albañiles, canteros y carpinteros que trabajaron los techos, las vigas de madera y tableado a la usanza de entonces, con el agregado de concreto para modernizarlo.
En cuanto a materiales se utilizó madera, hierro y algo de tabique, como material complementario. La cantera fue un material que se agregó y todos los trabajos fueron hechos de modo artesanal. Sin embargo, para los aplanados o estucados, indica Marín, no usamos cal viva, porque es un procedimiento muy tardado, pero sí utilizamos arena de río con cal y agregamos cemento para hacer más duradero el estucado.
Materiales y diseño
Todos los materiales utilizados fueron adquiridos en la región, incluyendo la cantera, que se sacó de la misma mina con la que fue construida la iglesia de la Asunción y del Sagrado Corazón, en Apan, Hidalgo, hace casi 500 años. “Para Zotoluca, indica Marín, se ocuparon unas 5 mil toneladas de cantera. Julio Uribe describe que las piedras de cantera fueron llevadas en bruto al taller en la hacienda y los canteros manufacturaron sus diseños.
Cabe mencionar que la hacienda fue intervenida a principios de 1900 por el arquitecto Rivas Mercado, quien diseñó un campanario estilo neoclásico, del cual se pudo rescatar un pináculo para ser replicado con alma metálica y ensamblado pieza por pieza. De este tipo de cantera también está hecha la portada de la entrada principal, así como las columnas del patio central, que son una réplica del museo Franz Mayer de la ciudad de México.
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Funcionalidad y sustentabilidad
En una restauración de este tipo, agrega el director de la obra, Fernando Marín, vale la pena destacar el concepto de la funcionalidad. “Desde que llegas disfrutas la arquitectura y además hay la oportunidad de una experiencia gastronómica y de hospedaje. A nivel de sustentabilidad se instalaron paneles solares para calentar agua, un sistema de riego que capta agua pluvial, mientras que el agua usada se envía a pozos de absorción, mientras que las aguas negras van al pozo de la propiedad, específico para ello.
La belleza arquitectónica del exterior de la hacienda recrea “otros tiempos” pero según comenta Julio Uribe, el interior es moderno y funcional. Se utilizaron colores neutros, con elementos de la región, cuadros y obras regionales. El propietario comenta que hay detalles de talavera poblana en los baños, en las regaderas, mientras que para los acabados de las habitaciones se utilizó mármol Santo Tomás martelinado de Tepeaca, Puebla. En las áreas comunes se usó mármol macheteado. En total se utilizaron cuatro versiones combinadas de este mármol; pulido, al ácido, macheteado y martelinado. En cuanto a maderas se seleccionó cedro blanco, madera parota o huanacaxtle.
En la entrada principal hay 12 rosas que significan los 12 meses del año, los 12 discípulos. Funciona igual como un reloj de sol porque por ahí sale el sol y va marcando las horas. El tinacal, de estilo mudéjar, indica Uribe, fue diseñado originalmente por el arquitecto Rivas Mercado en forma de octágono, que recostado es el símbolo del infinito. Su fachada principal tiene un águila juarista y abajo de ella el símbolo de la moneda nacional, que hace referencia a que ahí era en donde giraba el entorno económico de la hacienda. En la segunda puerta, en la clave del arco se encuentra el rostro de la diosa Mayahuel.
El concepto de hacienda
El término hacienda se entiende como un complejo socioeconómico autosuficiente formado por un núcleo poblacional denominado casco o casa grande, en la que vivía el hacendado con su familia, en tanto los cuartos más modestos se destinaban al personal de confianza, como el administrador, el mayordomo y algunos capataces. Las haciendas pulqueras tuvieron mucho auge y prosperidad, al punto que aún en nuestros días se distinguen por su inmenso poder material, como la Hacienda Real San Miguel Ometusco, en el Estado de México, una construcción del siglo XVIII enclavada entre valles y cerros, con una extensión amurallada de cuatro hectáreas y cuya arquitectura posee elementos tanto coloniales como afrancesados.
El recorrido incluye una visita a la que fuera la estación estilo francés victoriano -construida por órdenes de don Porfirio Díaz- para que los trenes pudieran llegar aquí; actualmente transita la línea ferroviaria México-Veracruz. El museo cuenta con un dotado acertvo local que incliye fotografías de construcciones civiles y religiosas de la región, muebles del siglo XVI, cédulas que explican la vida económica, política y social de Otumba, fotos de la elaboración del pulque, unas cortinas con escenas taurinas conocidas como transparencias, hechas en el siglo XIX con tela de lino, una compoleta colección de botellas para vino y alcohol de variadas formas y colores, en tanto el comedor se recrea con muebles de madera del siglo XIX.
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La Barranca de Tepeyahualco
Parte de la vasta y rica naturaleza de este prodigioso lugar es la barranca de Tepeyehualco, en el municipio de Nopaltepec, donde se ubica un majestuoso acueducto formado por 66 arcos con un km de largo y 40 m de altura, según la idea del fraile Francisco de Tembleque, quien -sin poseer conocimientos de arquitectura»- la erigió durante 17 años con la ayuda de los pobladores con la finalidad de transportar agua del cerro del Tecajete y suministrarla a la comunidad de Otumba. Hoy luce igual de sólido y firme como en 1557.
Hospedarse o sólo recorrer la hacienda San Miguel de Ometusco resulta una experiencia inolvidable debido a que desprende una enigmática energía debida quizás a la cercanía con las pirámides de Teotihuacán, lo que permite sentir la tranquilidad y serenidad del lugar.
