Descubre la Fascinante Historia y el Impactante Legado de la Hacienda del Monte en Méxicopost-template-default single single-post postid-46 single-format-standard et_pb_button_helper_class et_fixed_nav et_show_nav et_secondary_nav_enabled et_primary_nav_dropdown_animation_fade et_secondary_nav_dropdown_animation_fade et_header_style_left et_pb_footer_columns4 et_cover_background et_pb_gutter et_pb_gutters3 et_right_sidebar et_divi_theme et-db
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La Comarca Minera hidalguense, junto con Taxco, Guanajuato y Zacatecas, ha sido una de las principales productoras de plata y oro en la historia de México. La historia de la Hacienda del Monte se entrelaza con la rica tradición minera de la región, marcada por la influencia de diversas culturas y periodos históricos.

Orígenes y Evolución de la Hacienda

Durante siglos, la Hacienda del Monte ha sido una de las más grandes y poderosas haciendas de la región. Ya en 1660, era conocida como propiedad del señor Melchor Urbano. A lo largo de los siglos, experimentó diversas transformaciones y cambios de propiedad, reflejando la evolución económica y social de la zona.

  • 1630: La hacienda fue heredada por Diego del Aguila y Rodrigo de Carvajal, hijos de Isabel de Velasco y Juan del Aguila.
  • 1693: Juan del Aguila, hijo de Gabriel, se casó con Francisca de Figueroa y tomó posesión legal de la hacienda.
  • 1727: Tras la muerte de Juan del Aguila, Francisca de Figueroa donó la Hacienda de Santa María de Miraflores a la orden religiosa de los Carmelitas Descalzos.
  • 1832: La hacienda fue arrendada a Alejandro Aldrete, residente de Etzatlán, por 5 años.
  • 1883: La viuda de Cuervo vendió la hacienda del Carmen a los hermanos Luciano y al Sr. Ramírez.
  • 1887: La propiedad pasó a manos de Carlota Gómez y del Castillo Negrete y su esposo Francisco L. Corcuera, quienes fueron sucedidos por su hijo Luis L. Corcuera.
  • 1935: Después de las distribuciones agrarias, la hacienda se redujo significativamente.
  • 1964: Pablo Serrano Estrada adquirió la hacienda como un rancho agrícola.

La Influencia Inglesa en Real del Monte

Entre 1824 y 1849, los ingleses de la Compañía de Caballeros Aventureros de las minas de Pachuca y Real del Monte se llevaron plata de la comarca. Desde el punto de vista técnico, la herencia inglesa es muy valiosa. Prácticamente ellos introdujeron la mecanización y una lógica fabril en la minería regional que antes, durante el periodo español, se basaba en gran medida en el trabajo humano y la tracción animal.

Las dos mejoras técnicas más importantes introducidas por los ingleses en Real del Monte y Pachuca fueron el método de amalgamación de barril para el beneficio de mineral refractario y de baja ley, y el desagüe por medio de máquinas de vapor en todo el sistema minero. Igualmente, los ingleses introdujeron por primera vez los sistemas de trabajo en los talleres, ya que con los nuevos métodos productivos se establecieron las maestranzas, instalaciones dedicadas a la hechura y mantenimiento de máquinas y herramientas.

En el aspecto cultural, la herencia inglesa en la región es muy importante. Ellos acostumbraban almorzar una especie de empanada de harina de trigo rellena de carne, papa y especias; que, por estar cocida al horno podía mantenerse en condiciones higiénicas por cierto tiempo. Estas deliciosas empanadas fueron introducidas por los mineros británicos en el siglo XIX y se han convertido en el sello culinario del pueblo. Las pastas originalmente se preparaban para ser consumidas por los mineros durante sus largas jornadas de trabajo, ya que su forma sellada conservaba perfectamente su contenido.

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Sin embargo, cuando en 1849 la empresa británica finiquitó sus operaciones y la mayor parte de los mineros retornan a su país de origen, cierto número de ellos decidió quedarse definitivamente en México, en virtud de haber adquirido compromisos diversos como negocios, matrimonios y/o compra de inmuebles y propiedades. De esta manera, se inició un interesante mestizaje biológico y cultural que se manifiesta actualmente en los apellidos y rasgos anatómicos de muchas familias de Pachuca, Real del Monte y otros pueblos de la región: Straffon, Oliver, Noble, Rule, Ludlow y muchos más se quedaron a trabajar como empleados de la ahora compañía mexicana.

Un elemento importante de la herencia inglesa en la región es el fútbol, que practicaban de manera informal los mineros en sus días de descanso. Es posible que los primeros partidos se realizaran a fines de la década de 1830 en los patios de las haciendas y minas (especialmente la mina de Dolores). En la arquitectura también podemos apreciar el paso de los aventureros ingleses por nuestra comarca. Muchos edificios revelan un característico aire inglés en su construcción. Algunos de los más interesantes y representativos son el panteón inglés en Real del Monte, que con sus lápidas verticales y aire nostálgico nos transportan a otra dimensión del tiempo y el espacio.

La mina Dificultad, con su imponente nave de mampostería y su bella chimenea de base cuadrangular y cuerpo ochavado, es una transpolación directa de la arquitectura minera de Cornwall, condado minero de donde provenían la mayoría de los trabajadores. Las instalaciones del Instituto de Artes de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo se encuentran en la ex Hacienda de San Cayetano, que si bien fue propiedad de Pedro Romero de Terreros (el famoso Conde de Regla, uno de los hombres más ricos del mundo en su tiempo), pasó posteriormente a poder la Compañía Inglesa.

El Museo de Medicina Laboral

El Museo de Medicina Laboral ofrece una perspectiva diferente sobre la historia de Real del Monte, enfocándose en la salud de los trabajadores mineros. El hospital fue fundado en 1907 y atendió a los trabajadores de las minas hasta 1982. Permaneció cerrado y a su suerte varios años hasta que en 1996 se convirtió en museo y centro cultural.

Allí, si uno trae veinte pesos en los bolsillos, puede escuchar los relatos del guía, sus explicaciones y sus secretos de sapiencia minera. Todo lo que ven es original, es de puro peltre. A Real del Monte llegó uno de los primeros aparatos de rayos X, y era muy avanzado porque éste que ven además era portátil. Muy moderno, muy avanzado, mire. El aparato de rayos X se usaba para ver los huesos lesionados y para diagnosticar la silicosis. Aquí mismo se preparaban las recetas que los médicos prescribían. Los frascos aún contienen pastillas y licores que se usaban entonces: alcohol, yodo, formol, Epontol, Conmel, Neo-melubrina, Tulu soluble, Pino blanco compuesto y todo lo demás que pueden ver aquí. Las jeringas eran de vidrio.

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Aquí con esta máquina se comenzaba la rehabilitación. Aquí el paciente subía la pierna y se iba acostumbrando a tenerla en otra posición. Aquí los mineros venían a atenderse desde fracturas de dedos hasta lesiones del fémur, de las vértebras, de los omóplatos y de los pulmones. Aquí entre los mineros la enfermedad es la silicosis. Al minero se le van ennegreciendo los pulmones, les salen manchas hasta que se ponen todos negros, ya entonces la vida es corta. En la botica se combinaban medicamentos con plantas medicinales para aliviar el dolor y para evitar las infecciones.

Estos son los primeros calentadores que llegaron acá con los ingleses. Estos roperos en los que las enfermeras guardaban sábanas limpias eran de peltre, todo era de puro peltre. Aquí otro calentador, éste ya eléctrico, data de la época de los estadounidenses. Por acá un consultorio con su pequeño botiquín, una máquina de escribir y una cama de madera, todo original. D’este otro lado están las regaderas y las tinas. En las tinas las enfermeras bañaban a los que estaban más delicados. En las regaderas ya se bañaban solos los que se iban aliviando.

Las lesiones por las que venían los mineros eran causadas por falta de capacitación, por falta de seguridá, por ignorancia. Aquí el minero después de barrenar debía limpiar con agua para ver que no quedara pólvora o dinamita entre las rocas, porque luego al seguir perforando salía un chispazo y se le venían varias toneladas al perforador. Ya para sacarlo salían puros pedazos, no quedaba mucho. Todo era por falta de seguridá, por falta de capacitación. Mire, aquí en esta caricatura se ven los errores de seguridá de los mineros: “Usa las gafas, compañero; yo soy muy macho, no las necesito”, entonces se le metía algún mineral en el ojo y se le quedaba incrustado, falta de seguridá, falta de capacitación, ignorancia…

El Kiosco y la Plaza Principal

En la plaza principal del pueblo hay un kiosco octagonal. Las ocho columnas del pabellón forman una corona sobre la cual se sostiene la cúpula. La cúpula bulbosa se aprecia desde adentro como una cavidad cóncava, vista desde afuera es como la tapa de una nave alienígena imaginada en los cincuenta. A la altura de cada columna sobresale un remate de forma esférica encima del templete. Talladas en la parte superior de cada columna, debajo de la cúpula, yacen unas caras de demonios de color cobre.

Cuenta la leyenda que los mineros que construyeron el kiosco colocaron a los demonios en la parte superior de cada columna -y no en la base como sería más conveniente - porque para ellos la superficie, todo lo que está sobre las grutas de la mina, era sinónimo de pesares y desgracias. En cambio, abajo entre mineros barrenando muros de roca en busca de riquezas, la solidaridad y el compañerismo prestaban su ayuda. Al menos en las minas todos eran iguales, ningún hombre valía más que otro. Y con esa idea los mineros construyeron su kiosco con el infierno arriba y el cielo abajo.

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En el centro de la plaza hay una fuente con cuatro esculturas de tortuga, cada una apuntando hacia un punto cardinal. Las esculturas solían ser de plata hasta que un día, algún gobernante receloso de la propiedad pública se reservó el metal para sí. Junto a la plaza hay varias tiendas de platería en las que aún se encuentran los vestigios del esplendor mineral.

El Templo de Nuestra Señora del Rosario

Frente a la cara este del kiosco se puede apreciar el Templo de Nuestra Señora del Rosario, testigo de las diferentes etapas del pueblo. Una de sus torres fue construida por los españoles y es tan vieja como la bóveda que conduce hasta la sacristía. La otra torre de cantera blanca es más reciente. Cuando la compañía de aventureros ingleses trabajó las minas contribuyó a la causa de dios con esa torre. Junto a la iglesia se encuentra el antiguo edificio del sindicato de mineros, lugar sacado como de una postal increíble.

Gastronomía Local: Los Pastes

Abundan los restaurantes, los expendios de pastes, las tiendas de recuerdos y de ropa. Algunos negocios cuentan con espacios más grandes donde el comensal entra y degusta sus pastes sentado cómodamente. En otros establecimientos apenas hay lugar para una o dos mesas y los pastes se piden para llevar. Los sabores tradicionales son el de papa y el de frijol. Para satisfacer el paladar de los visitantes, los realmontenses han incrementado la variedad de sus pastes. Hay pastes de chocolate, de zarzamora, de cajeta, así como de chorizo, está el hawaiano, el de mole rojo, de mole verde y arroz con leche, de salchicha, de tinga, de piña y de atún, hay de guayaba y hasta de rompope.

El paste es un alimento que también trajeron los ingleses, pero al serio y solemne Cornish pasty, las esposas de los mineros agregaron ingredientes nacionales y así modificaron la receta. Además, el realmontense no podía dejar de acompañar sus pastes con pulque, porque como dijo el guía de la Mina de Acosta: “El pulque no daba fuerza pero ahhh cómo daba valor.”

El Santuario del Cristo de Zelontla

Siguiendo hacia el sur se encuentra a la derecha el Santuario del Cristo de Zelontla. La fiesta patronal del pueblo es la tercera semana de enero. Ese día, consagrado al señor de Zelontla y a la virgen del Rosario, el pueblo se llena de esplendor y no hacen falta ni el colorido ni la fiesta. Las escasas avenidas, las contadas calles y los numerosos callejones se atestan de fervientes cristianos. Los feligreses sacan en hombros a la virgen del Rosario y la encaminan hasta encontrarla con el Cristo de Zelontla.

Cuenta la tradición de Real que hace varios siglos unos hombres llevaban a cuestas un cristo. Venían de Veracruz y traían el rumbo de la Ciudad de México. Al pasar por Real del Monte se desató el temporal, y el viento furibundo en complicidad con la hospitalidad de los mineros impidió a los caminantes continuar su marcha. Una vez que hubieron reposado y recobrado el ánimo y las fuerzas, los fuereños quisieron seguir su camino. Cuando intentaron levantar al cristo del suelo, éste pesaba tanto que no hubo hombre que pudiera cargarlo. Ni siquiera los mineros, robustos a fuerza de templarse el lomo con vetas y piedras informes, pudieron mover un ápice la sacra reliquia.

Los mineros adeptos y hacendosos se encargaron de adornarlo ricamente con un sombrero minero, un cayado y una lámpara. Prestos y laboriosos erigieron una capilla en el lugar donde todo aquello tuvo lugar. Tuvieron a bien llamar al ídolo Cristo de Zelontla, buen compañero en lengua aborigen. La imagen plantó sus pies en suelo tuzo y hasta la fecha sigue allí.

El Monumento al Minero y el Mirador

Más adelante, antes de tomar una curva, a un costado está el monumento al minero y enfrente un pequeño jardín con un busto de Juárez. El monumento al minero tiene forma circular y dentro de él hay un montículo de rocas. En el centro del montículo hay un obelisco de unos doce metros de altura. Al obelisco lo atraviesa una columna negra que llega hasta la punta y la desborda con una antena.

Allí el viento, con su temperamento nublado, esculpe la cara de los visitantes y labra chapas en sus cachetes. La piel, hecha polvo a cincelazos, se esparce por la serranía. El viento del Monte no es cualquier viento; es viento de montaña, viento del lugar poblado más alto del país, viento que mineros realmontenses e inversionistas ingleses respiraron al disputar el primer partido de futbol: “El futbol en México nació en un rincón cerca del cielo”, reza la frase en una barda orgullosa. Así es el viento de Real del Monte, helado pero heraldo vivaz de la vida en pechos, pulmones y bronquios purificados.

Padrón de Habitantes de Real del Monte

A continuación, se presenta una tabla con datos sobre la población de Real del Monte en diferentes periodos:

Año Población Fuente
Siglo XVI Cerca de 1,300 personas Fuente anónima
1791 2,567 habitantes Padrón de milicias
1858 6,000 habitantes José Burkart
1864 5,310 habitantes Ramón Almaraz
1865 1,005 hombres mayores de 18 años Padrón de varones

Es importante notar que los datos varían dependiendo de la fuente y del criterio utilizado para el conteo de la población.

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