Descubre Hacienda del Naranjo: La Historia Secreta y el Legado Inolvidable de Esta Joya Tamaulipecapost-template-default single single-post postid-46 single-format-standard et_pb_button_helper_class et_fixed_nav et_show_nav et_secondary_nav_enabled et_primary_nav_dropdown_animation_fade et_secondary_nav_dropdown_animation_fade et_header_style_left et_pb_footer_columns4 et_cover_background et_pb_gutter et_pb_gutters3 et_right_sidebar et_divi_theme et-db
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Cuando por alguna razón recorremos la monótona planicie de la temporalera, importante zona agrícola al sur del municipio de El Mante, Tamaulipas, en realidad no esperamos encontrar nada fuera de lo común; no obstante, este trayecto nos depara algo extraordinario. Nos invade una rara sensación: el solitario y vetusto edificio parece querer atraernos hacia su interior, y como si quisiera decirnos algo susurra: «Vengan, pasen…». El castillo -con su magnífica casona, iglesia y otras edificaciones- es el casco de la exhacienda de El Naranjo y data de la época porfiriana.

Este maravilloso monumento de la historia de México se encuentra en la zona temporalera, al sur del municipio de Ciudad Mante, Tamaulipas. Al viajar por estos rumbos, antes de llegar al poblado de Nueva Apolonia, podremos ver muy a lo lejos una figura que se asemeja a una gran estructura, saliente del terreno del lugar. Si nos adentramos por los caminos de terracería, antes de llegar al río Santa Clara, llegaremos al tan distinguido Castillo de Nueva Apolonia.

Orígenes y Fundación

El Naranjo fue una hacienda que se formó a raíz de la desintegración de la antigua hacienda única se “Sitios de la Huasteca” y más tarde “San Juan Evangelista del Mezquite y Anexas”, la que ocupaba una buena porción de la Huasteca potosina y en menor medida del Sur de Tamaulipas. Estaba constituida por diversas dádivas otorgadas por los virreyes de aquella época a Domingo Hernández Prieto y por las que adquirió, ayudado por don Diego de Barrientos y Rivera, desde los años de 1570 a 1613 (después de la conquista de la Huasteca).

Esta hacienda tamaulipeca tiene su origen el año del Señor de 1613, en épocas del virrey don Diego Fernández de Córdova. Años después paso a ser propiedad de los padres Carmelitas de San Luis Potosí. Tras la consumación de la independencia la hacienda perteneció a diferentes propietarios, entre ellos el general Miguel Blanco, quien durante el gobierno de Benito Juárez se desempeñó como secretario de Guerra y Marina. Quienes vendieron sus derechos a don Cruz García Rojas el 5 de diciembre de 1885.

Fue propiedad de la familia Meade Trápaga, radicada en Tampico, con fuertes ligas con la elite económica y social del puerto jaibo y con la ciudad de San Luis Potosí. Don Ángel Saínz Trápaga, uno de los más acaudalados comerciantes de Tampico en la segunda mitad del siglo XIX, adquiere la hacienda el 26 de agosto de 1899 para su única hija: Joaquina Sáinz Trápaga de Meade; pues se da cuenta del potencial ganadero y situación estratégica de sus tierras.

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Esplendor Ganadero

En el año de 1869, el dueño de la hacienda de El Naranjo es el señor Blas Escontría, quien además compró varios terrenos colindantes. Joaquín Meade, ilustre historiador y nieto de don Ángel Saínz Trápaga, en su Monografía de la Huasteca tamaulipeca, nos dice que El Naranjo era la hacienda ganadera mejor organizada de Tamaulipas y que contaba con unas 15 mil cabezas de ganado mayor de cría y de 4 a 5 mil yeguas, por lo que su caballada y mulada fue la de más renombre en la Huasteca.

En Tantoyuquita, junto al río Tamesí, tenía magníficos potreros de engorda de zacate guineo y pará. Se habían abierto, a través del bosque, cerca de 100 km de brechas y caminos para arrear el ganado; y en su mejor época estuvo totalmente cercada con alambre.

Arquitectura y Construcción

Extravagantes y refinados en sus hábitos, los Meade construyeron el casco de la hacienda a semejanza de un antiguo castillo medieval, lo que constituyó un extraordinario contraste en la arquitectura regional. Según algunos datos, la construcción del castillo se inició en 1891, pero fue a principios del siglo XX, cuando Joaquín Meade dio al firme edificio de mampostería, forma de castillo español.

La magnífica casa de la hacienda se construyó con tres tipos de material: en su mayor parte se empleó piedra de la región unida con argamasa, siendo ésta la fase de construcción más antigua; posteriormente se levantaron algunos muros con ladrillo fabricado junto al casco en una ladrillera de buena producción; y finalmente, se utilizó cantera en escaleras, barandales y fachada principal de la casa. La cantera fue traída, por ferrocarril, desde la ciudad de San Luis Potosí hasta la Estación Velasco, y de ahí transportada por tierra unos 34 km hasta el castillo. Contaba también con una calera propia en la sierra donde se producía cal de excelente calidad.

Vida Social y Visitas Ilustres

Tal era su prestigio social de los Meade, que la primera piedra de la capilla de la hacienda la colocó el primer obispo de Tamaulipas, monseñor Ignacio Montes de Oca. En ese lugar eran sepultados los miembros de la familia.

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A la entrada, como sucedía con las grandes haciendas de la época, se encontraba el llamado Libro de Oro, o de visitas de los grandes personajes de la época porfirista. Allí estamparon sus firmas y pensamientos, o mensajes para los hacendados, desde el Presidente Porfirio Díaz hasta sus colaboradores y miembros del gabinete. También desfilaron Gobernadores del Estado y hombres prominentes de las artes y la ciencia.

Los visitantes que llegaban a esta hacienda «la más hermosa» como muchos la llamaron, se anotaban en un libro llamado «El Naranjo», el cual tiene registros desde 1899, entre los más distinguidos se cuentan A. Luna, quien visitó la hacienda en 1925 y compuso el himno a El Naranjo; en 1928 Charles Lindbergh, aviador norteamericano y el famoso actor Gary Cooper visitó el lugar en los años sesenta.

Decadencia y Fragmentación

Como todas las grandes haciendas porfirianas, El Naranjo tuvo su fin. Después de 1910, llegaron a la hacienda varias partidas de revolucionarios para surtirse de ganado vacuno y caballar y monturas; tal es el caso de las fuerzas de don Jesús Carranza, quienes se llevaron ganado vacuno a la frontera para cambiarlo allí por armas, o como Manuel C.

Al fallecer doña Joaquina Sáinz Trápaga viuda de Meade en el año de 1951, la gran hacienda de El Naranjo es dividida en dos partes iguales para adjudicarlas a sus dos únicos hijos: la parte Occidental, con más de 25 mil hectáreas en el municipio de El Mante, es heredada por el señor Joaquín Meade; y la parte Oriental, con una superficie de 34,684 hectáreas que abarcaban el casco de la hacienda y parte del municipio de González, le es adjudicada en 1954 a Walter Meade.

Este último, a su vez, vende al señor Robert Mallory Harris 12 150 ha en 1954, y en el año de 1956 dona a su familia la cantidad de 3 296 ha, quedándose solamente con 17 238 hectáreas. sin embargo, parte de esta superficie se les expropiada por el gobierno. Por último, Walter deja a su esposa, María de los Ángeles Sánchez Sarachaga de Meade, como única y universal heredera de las 208 Hs. Posteriormente, María de los Ángeles vende la propiedad y cede los derechos hereditarios al señor Víctor Rivero Azcárraga quien a su vez cede los derechos a Manuel A. Ravizé; en 1970 Guillermo Manuel Meade compra los derechos hereditarios y recupera el casco de la hacienda.

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Al morir en 1993, deja como herederos a su esposa, María Luisa Díaz de León de Meade y a sus hijos: Guillermo Luis, Éric, Jorge Gordon y Mariana Meade Díaz de León, representados en la actualidad por Éric Meade Díaz de León.

El proyecto contempla primero restaurar el edificio, ya algo deteriorado, y después acondicionarlo con mobiliario que vaya de acuerdo con el estilo y la época de la hacienda.

Episodios Heroicos

Asimismo, en esa época, fue importante el movimiento de pertrechos, provisiones y soldados durante la guerra de Intervención Francesa en el sur de Tamaulipas. Los terrenos de la hacienda de El Naranjo vivieron episodios heroicos cuando, el 20 de enero de 1866, Pedro José Méndez derrota a los franceses en la cuesta del Cantón, abajo de El Abra de Tanchipa (donde hoy pasa la carretera a El Mante); y pocos días después, el 23 de enero de 1866 en Tantoyuquita, Méndez casi destruye a la competente escolta francesa de 100 hombres que conducían un cargamento que valía más de 200 mil pesos a San Luis Potosí, en esta última batalla, el gran almacén de la terminal fue incendiado y saqueado, el jefe francés capitán Joaquín logró salvarse, pero desafortunadamente el joven héroe tamaulipeco, general Pedro J.

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