Descubre la Fascinante Historia de la Hacienda del Real en Mexicali y su Impacto en las Políticas de Poblaciónpost-template-default single single-post postid-46 single-format-standard et_pb_button_helper_class et_fixed_nav et_show_nav et_secondary_nav_enabled et_primary_nav_dropdown_animation_fade et_secondary_nav_dropdown_animation_fade et_header_style_left et_pb_footer_columns4 et_cover_background et_pb_gutter et_pb_gutters3 et_right_sidebar et_divi_theme et-db
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Baja California experimentó un crecimiento demográfico vertiginoso durante el siglo XX, con un promedio anual de 5.8%, el más alto a nivel nacional.

El objetivo de este artículo es analizar la influencia de la política de población del periodo cardenista y específicamente de la Ley General de Población de 1936 en el crecimiento de Baja California. El cardenismo ha sido considerado un periodo de atención a demandas agrarias y parte del proceso de estabilización de instituciones sociales y políticas que tuvo inicio desde el gobierno de Plutarco Elías Calles (Anguiano, 1984). En este periodo se normaron los aspectos poblacionales al expedirse la Ley General de Población en 1936. Esto significa que la problemática poblacional en su conjunto adquirió relevancia a nivel nacional y se regulaba a partir de la creación de esta ley.

Un ejemplo de dicha política fue Baja California, que vio acrecentar su población de manera veloz durante el siglo XX. Un promedio general anual de 5.8% en la tasa de crecimiento durante este siglo, a diferencia del total para el país que tuvo una tasa del 2%, coloca a la entidad en la cima del crecimiento poblacional en todo México. Dentro de las características del poblamiento bajacaliforniano está el incremento poblacional a partir de la migración, ya que, sin excepción, sus tasas netas migratorias fueron positivas.

Si atendemos a que el reparto agrario y la política de poblamiento fueron dos objetivos del cardenismo, es válido preguntarse si dichas líneas de acción influyeron en el poblamiento de Baja California. Hay que resaltar que tanto el carácter fronterizo de la entidad en virtud de su vecindad con California, Estados Unidos, como su distancia respecto al centro político del país, son elementos que han sido tomados en cuenta para argumentar dos posturas. La primera es abordada por Alejandro Canales (1995: 20-21), quien afirma que existe una relación de dependencia económica de Baja California hacia California que obstaculizó la influencia de las políticas del gobierno central en el crecimiento de la población y el desarrollo económico de la región. La otra postura es de Marco Antonio Samaniego (1999a: 639), quien dice que el reparto agrario sí tuvo una influencia significativa en la colonización bajacaliforniana.

La península de Baja California fue objeto de proyectos colonizadores durante el siglo XIX (Piñera, 1991). En el Porfiriato se favorecieron las inversiones de compañías extranjeras para la explotación de recursos agrícolas, ganaderos o mineros. En cuanto a la población, en 1887 se sumaron 34 668 habitantes: 21 738 en el Partido Sur, 5 891 en el Partido del Centro, y 7 039 en el Partido Norte.

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Una de las características de este periodo es que el sur de la península estaba más poblado que el norte. El crecimiento poblacional de la parte norte se vio favorecido por la prosperidad económica del sur del estado de California, Estados Unidos, así como por el decaimiento de la minería en la parte sur que llevó a muchos a emigrar hacia esta zona; asimismo los inicios de la Revolución en el centro del país influyeron en el movimiento de la población hacia la frontera norte (Lemoine, 1959: 265-267). Durante la primera mitad de ese siglo existió un crecimiento natural alto y un constante flujo migratorio en Baja California. Como se observa en la figura 1, en este periodo existieron dos décadas en las que aumentó con mayor énfasis la población, mismas que se han explicado de manera parcial en la historiografía bajacaliforniana: la que va de 1910 a 1920, con una tasa de 7.9%, y la de 1940 a 1950, con una del 10.3%.

Entre los hechos que explican el crecimiento de Baja California en la década de 1910 a 1921, de manera general se encuentran el auge de la producción algodonera en Mexicali y el fomento de la inmigración china para el trabajo agrícola; en menor medida, se debió también a que la entidad recibió a los que venían huyendo de la Revolución. La década de 1930 a 1940 tuvo una tasa de crecimiento de 5%, misma que se encuentra en medio de las tasas más altas ya mencionadas. Lo anterior nos lleva a preguntarnos sobre la forma en que se desarrolló el crecimiento bajacaliforniano durante la primera mitad del siglo, debido a que de un comportamiento de alta inmigración entre 1921 y 1930, se pasó a uno de más baja intensidad entre 1930 y 1940, para volver a dispararse en la siguiente década.

En esta última década de 1930 a 1940 se implementó la Reforma Agraria y con ella una redistribución poblacional. Sin embargo, en Baja California se experimentó un aparente descenso en contraste con las dos décadas anteriores. El comportamiento esperado, en términos demográficos, sería una congruencia en el aumento entre 1921 y 1950, aun cuando hubo eventos que influyeron en que creciera menos de lo esperado, si bien siguió en ascenso. Baja California es una entidad de exiguas pero heterogéneas municipalidades. Los poblados considerados más importantes son los que hasta este momento constituyen los municipios y ciudades con la mayor cantidad de población: Ensenada, Mexicali, Tecate y Tijuana. En el cuadro 1, por tanto, se engloba la información municipal y por localidad de estos cuatro principales centros de población de la entidad durante el siglo XX.

El municipio de Ensenada, fundado en 1882, fue la tercera cabecera política, después de Santo Tomás de la Frontera y de Real del Castillo. Ésta mantuvo en 1900 una población de 4 327 habitantes. Para este momento, sólo por localidad Ensenada registró a 1 726 habitantes, mientras que en Tecate y Tijuana la cantidad era mínima, de 127 y de 242 respectivamente. Si bien sólo se incluyó la información de las cuatro principales localidades en el cuadro, existieron para principios del siglo siete secciones municipales: Ensenada, Tijuana, Mexicali, El Álamo, Santo Tomás, El Rosario y Calmallí; además de las comisarías: Tecate, Los Algodones, Real del Castillo, San Telmo y San Quintín. Las secciones municipales apenas alcanzaban los 200 habitantes, lo cual era un requisito de esta categoría (González Félix, 2002: 13).

Mexicali y Tijuana, por su parte, eran aldeas o vecindades con alrededor de 177 y 300 habitantes en 1904 y 1905 respectivamente (Walter Meade, citado en González Félix, 2002: 15). Tijuana nació en 1889 a raíz de las visitas de extranjeros a las aguas termales que había en el poblado, lo que la ubicó como centro turístico. Mexicali, por su parte, reportó sus primeros habitantes después de 1901, en un “conjunto de viviendas improvisadas y ramadas”. Después llegaron las medidas prohibicionistas de moralistas y puritanos a California, las que influyeron para que se crearan en la zona fronteriza, es decir, en Mexicali y Tijuana, una serie de comercios de venta de licores y de servicios como el juego y la prostitución (González Félix, 2002: 13-16).

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Para observar el incremento de la población, en la figura 2 se aprecian las tasas de crecimiento anual de las localidades principales de Baja California. Durante el curso del siglo pasado el crecimiento fue acelerado: como ciudad al final del siglo (1990-2000), Tijuana mantuvo una tasa de crecimiento del 5%, mientras que su promedio anual ascendió al 8.8% durante los cien años. También resalta Mexicali con un promedio anual en el siglo de 7.7% como localidad, registrando su más alto crecimiento en la década 1910-1921 con una tasa de 24.2%, esto es, 10 años antes que Tijuana. Las únicas localidades que registraron un descenso en el periodo de la lucha armada entre 1910 y 1921 fueron Ensenada y Tijuana. Ello contrasta con el comportamiento de Mexicali en este periodo, que fue el ascenso de la tasa a 24.2%, como ya se mencionó. Por su parte, Tecate creció en 13%.

Ensenada, por su parte, registró en este periodo un crecimiento moderado de 3.2%, a diferencia del 20% de Mexicali. Por lo tanto, esta última municipalidad llevó la delantera del crecimiento poblacional en el periodo 1910-1921 al sumar 1 612 habitantes, cifra que ascendió en ese decenio a 14 599 habitantes. Mexicali contó con compañías que sembraban y exportaban el algodón, entre ellas la Colorado River Land Company, que se convirtió en una de las principales empresas que explotaron el Valle de Mexicali desde 1902. Para 1912, el paulatino crecimiento económico generó la demanda de mano de obra agrícola, para lo cual se inmigró a trabajadores chinos. La inestabilidad del país, característica del periodo revolucionario, fue subsanada a nivel regional a partir del fortalecimiento de la hacienda pública mediante la explotación del algodón, el comercio de licores y bebidas embriagantes y los ingresos derivados a propósito de la inmigración china, además de la apropiación de terrenos por parte del gobierno (González Félix, 2002: 56).

La recaudación de dinero permitió la edificación de escuelas, puentes y oficinas públicas en Mexicali, así como la elaboración de la traza de la carretera de Mexicali a Tecate y Tijuana (Bonifaz de Novelo, 1999: 490). Pero existía la disputa política entre el gobernador del Distrito y las autoridades de Mexicali y Ensenada por los ingresos que se generaban en Tijuana a raíz de los casinos, el hipódromo y los expendios de bebidas alcohólicas, ya que esta última no era municipio sino que se encontraba en calidad de delegación municipal (Samaniego, 1999d: 517). Después del periodo de gobiernos civiles en la entidad, el cual duró de 1920 a 1923, Abelardo L. Rodríguez ingresó como gobernador al Distrito Norte, en el que permaneció hasta su renuncia en 1929. Para justificar el dinamismo del desarrollo capitalista en Baja California, Rodríguez afirmó que el “Estado no combatía a la burguesía, la fomentaba, la apadrinaba y la convertía en una posibilidad de crecimiento para la economía” (Samaniego, 1999c: 593), por lo que el empresariado regional se vio acrecentado y fortalecido en ese momento. Por otro lado, a pesar de fomentar la injerencia de estadounidenses en la economía regional, el general Rodríguez enarboló como objetivo la “nacionalización” de la frontera México-Estados Unidos, considerada como una “misión patriótica” a la cual se refería con la denominada “mexicanización” de Baja California.

Asimismo, el general Rodríguez mencionaba que su propósito era “fomentar el arraigo y progreso de los agricultores mexicanos y redimir las mayores extensiones de terreno por medio de compras efectuadas a los latifundistas extranjeros, de acuerdo con las posibilidades del tesoro local”. Otra de las razones fue la existencia de un “marcado ambiente de extranjerismo”, debido a que las compañías extranjeras poseían la mayor parte de las tierras irrigables. Durante su administración se ejecutaron, entre otras cosas, dos medidas en cuanto al problema de la colonización en el Distrito: la primera fue el fomento de la repatriación de elementos nacionales, y la segunda la creación de cooperativas para el desarrollo económico de la región. Como ya se mencionó, Tijuana alcanzó su más alto índice poblacional con la tasa de 24.8% en la década de 1921 a 1930, mientras las tasas de Mexicali y Tecate descendieron y la de Ensenada aumentó de 0.03 a 4%. Para el decenio de 1930 a 1940, a pesar de aumentar casi al doble su población de 8 384 a 16 484 habitantes, Tijuana tuvo una tasa de crecimiento de 6.9%, en comparación con el 24.8% de la década anterior. En el mismo periodo, la tasa de Mexicali siguió en descenso al pasar del 9.3 a 2.4%; es decir, el aumento no fue tan significativo ya que su población pasó de 14 842 a 18 775 habitantes. Por su parte, Tecate y Ensenada aumentaron su población a nivel localidad en este periodo. La tasa de crecimiento de Tecate subió de 1.6 a 6.7%, aunque la de Ensenada sólo aumentó tres décimas, de 4 a 4.3%.

El contexto de los años treinta en Baja California se caracterizó por la llegada de la crisis económica, así como por la idea de que Estados Unidos quería apoderarse de la península, la cual se mantenía vigente en el pensamiento de los pobladores desde mediados del siglo XIX. En la década de 1940 a 1950, todas las localidades se encontraron dentro de un mismo rango de crecimiento. Tecate obtuvo una tasa de 11.9%, Ensenada de 13.4%, Tijuana de 12.6% y Mexicali de 12.1%. Ésta es la última cúspide poblacional registrada en la que todas las localidades mantuvieron un crecimiento similar y sostenido para emprender el descenso después del boom poblacional. Mientras tanto, Baja California superó por una diferencia de +148 058 habitantes de 1940 a 1950, lo que correspondía al aumento del 288% de su población al pasar de 78 907 a 226 967 habitantes. Uno de los requisitos para la conversión de territorio a estado era alcanzar la cantidad de 80 mil habitantes, según la Constitución de 1917, lo cual Baja California logró hasta 1950 (Taylor, 2002: 165), como ya se mencionó.

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Para el Estado cardenista, durante cuya administración no se había alcanzado ese número de población, era preciso que los territorios de Baja California Sur y Norte, y Quintana Roo, fortalecieran su poblamiento, quedaran “integrados” al país y salvaguardaran las fronteras territoriales. Para el análisis de la política de población en Baja California se retoma la definición de Gilberto Martínez (1987), quien afirma que se trata de la implementación de medidas tomadas por el Estado como una respuesta que obtiene consenso social y voluntad política a partir de la organización de las instituciones y la legislación a los problemas demográficos. Las políticas de población son leyes o reglamentos que tienen como propósito modificar las conductas demográficas.

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