La Hacienda de Santa Cruz Vista Alegre, hoy conocida como Hacienda Don Francisco, encierra una rica historia que se remonta al siglo XVIII. Sus muros y terrenos han sido testigos de cambios de propietarios, innovaciones en la producción de azúcar y transformaciones sociales que marcaron la región.
Orígenes y Consolidación (Siglo XVIII)
Alrededor del año 1760, el bachiller Don Tadeo Díaz Leal, clérigo presbítero, heredó de sus padres un trapiche piloncillero denominado de Santa Cruz Vista Alegre. Con el tiempo, Díaz Leal convirtió la hacienda en una operación muy eficiente, siendo responsable de la mayoría de las construcciones que aún se conservan. La finca habitacional se terminó en 1778, fecha que se encuentra en el cerramiento de la puerta Este, del piso superior.
Tras la muerte del bachiller Díaz Leal en 1785 en el pueblo de San Ambrosio Chalmita, su universal heredera, Doña Ana Rodríguez, vendió la hacienda de Santa Cruz a la familia Pérez Palacios.
Cambios de Propietarios y Transformaciones (Siglo XIX)
En 1837, Don Francisco Pérez Palacios perdió Santa Cruz debido a una serie de malos negocios. Existe la posibilidad de que la hacienda pasara a manos de Don Ángel Pérez Palacios, el general imperialista dueño de las haciendas de Miacatlán, San Gaspar, Apanquetzalco, etc. En 1837, Don Ángel construyó la pequeña hacienda de La Nigua en terrenos de Santa Cruz. Sin embargo, también se dice que La Nigua se construyó en terrenos de la hacienda del Charco, ahora llamada del Rosario.
En 1850, Francisco de Celis, originario de Jojutla, alquiló Santa Cruz y encontró tres barriles de onzas de oro en una caballeriza. Posteriormente, la hacienda pasó a manos de José de Celis, quien la vendió a Joaquín Cortina, quien a su vez la heredó a Javier Pliego de Pérez Cortina. María de las Mercedes Cortina de Zubiaur recibió Santa Cruz de su madre Doña Javiera en la siguiente forma: una cuarta parte por cesión en pago, según escritura del seis de junio de 1917, y las otras tres cuartas partes por escritura de división y participación de los bienes que componían el acervo hereditario, según escritura del 27 de julio de 1931.
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El señor Fermín Zubiaur y Benito, por sí, y como apoderado general de su esposa la señora María Mercedes Cortina de Zubiaur vendió el 17 de junio de 1941 al Ing. León Salinas Jr., al Ing. León Salinas Sr. Por su propio derecho y como apoderado de sus hijos Miguel y Eduardo.
Producción Azucarera y Evolución de la Fábrica
El valor fiscal de Santa Cruz Vista Alegre en el año de 1870 era de $21,000.00 y su producción en ese año fue de 12,320 arrobas de azúcar y 21,000 arrobas de miel.
En una puerta aparece la fecha 1885, en el baño de las caballerizas, otra de 12 de julio de 1890. En el chacuaco se ve la fecha de 1902, todo esto indica que la fábrica de azúcar sufrió cambios ya sea de maquinaria o de aumento de producción. Tenía cuatro torreones defensivos.
Transformación en un Destino Turístico Cultural (Siglo XXI)
Actualmente, la hacienda de Santa Cruz Vista Alegre se puede visitar, ya que sus espacios fueron adaptados para vivir una experiencia de turismo cultural. Cuenta con extraordinarias habitaciones, área de campamento, alberca y bar, así como espacios para turismo de bodas o eventos sociales y culturales.
Otra parte de la hacienda se puede rentar a través de la plataforma Airbnb para hospedaje y con ello vivir una experiencia de pernoctar y caminar por una de las haciendas azucareras más emblemáticas de zona sur poniente del estado de Morelos. En la parte trasera de la hacienda aún se puede disfrutar de un paisaje del cultivo de caña de azúcar, cuenta con una hermosa capilla, así como entre sus viejos muros aún existe maquinaria, herramientas, ruedas de carreta lo que hace de este espacio un lugar lleno de magia e historia.
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La maravillosa arquitectura de la hacienda de Santa Cruz Vista Alegre aún se mantiene de pie aún con los embates del paso del tiempo y los fenómenos naturales, sus altos y anchos muros, sus ojos de buey, sus detalles constructivos, su torre del campanario de la capilla, sus pasillos y arcadas, así como su altísimo chacuaco, vigila desde lo alto todo el valle de esta zona de Morelos.
Las haciendas son muy importantes porque remiten a un sistema económico, productivo y social con una muy profunda historia desde la época colonial Novo Hispana, cuando se fundó Celaya como una villa de españoles.
El director del Museo de Celaya Historia Regional, Rafael Soldara Luna, explicó que habría que reconocer que estas haciendas fueron las primeras que exploraron el territorio. De hecho, recuerda que fueron ellas las que se transformaron en centros de trabajo que originaron comunidades a su alrededor de manera satelital, como asentamientos para los trabajadores.
“Así como tenemos una especialización del trabajo en otras regiones en donde se procesó el henequén o el pulque, pues en esta región las haciendas fueron eminentemente agrícolas”, revela el director del museo.
Soldara Luna dijo que los cascos de las haciendas están representados o considerados como monumentos históricos por el INAH, aunque en ocasiones los espacios terminan siendo usados para fines diversos y más actuales.
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“Son construcciones muchas de ellas de la época Novo Hispana que se fueron trasformando en el siglo XIX, en el siglo XX y hasta la actualidad, que se les ha buscado dar, por parte de sus propietarios, otros usos”.
“Naturalmente los diferentes procesos históricos han sometido a un proceso de transformación a estos espacios que se han modificado. Quizá el cambio más contundente fue a partir del reparto agrario con el presidente Lázaro Cárdenas del Río, cuando estas fincas pierden muchas de sus enormes propiedades que fueron configurándose desde el periodo Novo Hispano y después se fortalecieron con el Porfiriato y empiezan a dividirse, a fragmentarse a distribuirse entre los trabajadores del campesinado, y todo este sistema capitalista se viene abajo, de ahí viene el estado en el que actualmente se encuentran, ya no tanto como centros de producción, sino simplemente como testigos de nuestra historia, ya son más monumentos históricos semi-abandonados”, señaló.
Ante esta situación, las haciendas ahora tienen otros usos, son habilitadas como casas de campo, salones de fiesta, restaurantes, son espacios que se arrendan, por lo que los propietarios buscan la manera de que no colapsen y se sigan conservando.
“De norte a sur podemos hablar de la antigua hacienda de Roque, que ahora es la sede del Instituto Tecnológico de Roque; la hacienda de Camargo, que tenía una extensión tan grande que incluso sus terrenos llegaban hasta el barrio de San Antonio; el Municipio les tiene que comprar a los propietarios el predio para construir el Panteón Municipal Norte que tiene más de cien años”, explicó.
La hacienda de Roque perteneció a don Genaro Raigoza, que fue consuegro del general Porfirio Díaz.
Finalmente, Soldara Luna mencionó que hay espacios muy grandes y que fueron consumidos por las mismas comunidades.
“Podemos mencionar la hacienda de San Elías, que todavía conserva por cierto la cocina muy de principios del siglo XVIII, conserva la capilla, y en el piso podemos encontrar todavía los rastros de los trazos arquitectónicos de las ‘heras’ en los asoleaderos donde trabajaban el grano. Más hacia el oriente hay varias muy antiguas que pertenecieron a personajes como Lucas Alamán, hablamos de la hacienda de Trojes, cuyos elementos arquitectónicos se atribuyen a Francisco Eduardo Tresguerras”, concluyó.
