Descubre la Fascinante Historia de Hacienda La Labor de Padilla: Un Viaje Único al Pasadopost-template-default single single-post postid-46 single-format-standard et_pb_button_helper_class et_fixed_nav et_show_nav et_secondary_nav_enabled et_primary_nav_dropdown_animation_fade et_secondary_nav_dropdown_animation_fade et_header_style_left et_pb_footer_columns4 et_cover_background et_pb_gutter et_pb_gutters3 et_right_sidebar et_divi_theme et-db
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Ubicada a 35 kilómetros al suroeste de la capital del Estado de Aguascalientes, la Hacienda La Labor de Padilla tiene una historia que se remonta al siglo XVII.

Orígenes y Evolución

El término de la Labor tiene su origen en el siglo XVII cuando los frailes de la orden de la Compañía de Jesús adquirieron la Hacienda de Cieneguilla. Para el año 1772, ésta figuraba entre las más importantes y extensas de la región, cuyo casco albergaba a 460 personas. 20 años más tarde sus propiedades comprendían 16 estancias dependientes (entre ellas La Labor).

En esta última se centralizaban las labores del campo y es de ahí de donde surge el nombre de LA LABOR de los padres Jesuitas.

De Hacienda a Centro Ecoturístico

Hoy en día, la Hacienda La Labor de Padilla se ha transformado en un centro ecoturístico que ofrece una variedad de actividades para niños y adultos.

Actividades Disponibles

  • Áreas de camping
  • Puente colgante
  • Renta de bicicletas
  • Renta de kayak
  • Caballos
  • Baños
  • Regaderas

Contexto Histórico de la Región

Durante la época de expansión de Lagos de Moreno, se fue poblando de diferentes estilos de familias, había entonces familias de abolengo que comenzaban a sentirse intimidadas por los Bravos de Moreno, que comenzaban a llegar al lugar, por lo que comenzaron a construir haciendas que les protegieran del peligro que pudiera amenazarles. Ahora estas haciendas son, en su mayoría hoteles, otras más son ahora rentadas para eventos sociales.

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Una de las haciendas más importantes en la época virreinal y ahora convertido en un museo que da muestra de su historia en fotos a blanco y negro, en las demás salas se puede observar algunos sombreros charros, sillas de montar, entre otros trabajos en talabartería.

Esta hacienda es ahora un hotel que aún conserva su arquitectura original, aquí se sentirá en un ambiente sumamente relajado por estar en medio del campo, cuenta con restaurante, senderos que puede recorrer a caballo, dos presas en las que se puede pescar y bellos jardines.

Explorando Lagos de Moreno

Al momento de su fundación recibió el nombre de Villa de Santa María de Lagos. A Lagos de Moreno se llega tras cruzar el famoso puente del río Lagos, el cual descansa sobre cuatro arcos de medio punto, en cuya parte superior se aprecian pilares en forma de agujas rematados con faroles.

El puente se comenzó a construir en 1741, pero se terminó e inauguró en 1860, cuando el entonces presidente de la república, general Miguel Miramón, pasara por él.

Tras caminar un poco en busca de un buen lugar para cenar, a pocos pasos del hotel se encuentra la Parroquia de la Asunción, prácticamente el símbolo de la ciudad y uno de los más notables ejemplos del barroco latinoamericano.

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Aunque tuvo su antecedente en dos modestos templos anteriores, el actual edificio data del siglo XVIII, con una estructura arquitectónica de cruz latina; en su magnífica fachada barroca sobresalen los relieves fitomorfos y los medallones, todos labrados en cantera rosa.

Dos torres de tres cuerpos exhiben medallones en el primero por sus cuatro fuentes y ambas están rematadas en un capulín con linternilla; las dos portadas laterales también son espectaculares.

Hay que comenzar temprano el día para aprovecharlo al máximo y me voy a desayunar al restaurante Los Azulejos, en la planta baja del Colonial.

La primera parada es en la Plaza Constituyentes, llamada así en honor a Mariano Torres Aranda, Albino Aranda Gómez, Jesús Anaya Hermosillo y Espiridión Moreno Torres, cuyos bustos se ubican en cada una de las esquinas del lugar.

En la contraesquina está la Rinconada de las Capuchinas, pequeña plaza rodeada de magníficos edificios, uno de ellos el templo y ex convento de Las Capuchinas.

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El convento data de 1756 y en la fachada sobresalen numerosos contrafuertes, ventanas y puertas enmarcadas en cantera rosa.

Frente a la Casa de la Cultura se localiza la Antigua Escuela de Artes y Oficios, que tuvo su origen en 1834 a iniciativa del presbítero Miguel Leandro Guerra, quien dispuso que su herencia se invirtiera en promover la educación, por lo que se instaló la Escuela de primeras letras para niñas.

El edificio posee una arquería de medio punto que circunda un patio interior.

Llegamos hasta el actual Palacio Municipal, localizado en lo que fueran las Casas consistoriales, antaño demolidas para construir el actual edificio de dos niveles con portada en esquina cubierta de cantera, frontón con el escudo nacional en altorrelieve y balcones de herrería.

A pocos pasos del Palacio Municipal, antes El parian o mercado municipal “Juan Pablo Anaya”, se localiza la Plaza IV Centenario, construida en 1963 para conmemorar el cuarto centenario de la fundación de Lagos.

Al norte de la plaza está el Santuario de Guadalupe, cuya construcción inició en 1825 y fue terminado hasta 1842.

Tanto caminar despierta el apetito, así que me dirijo hasta Mi Pueblito Grill, sobre la calle de Hidalgo, donde me deleito con el exquisito sazón que caracteriza a este restaurante.

Casi enfrente se localiza la Casa Montecristo, considerada como una de las construcciones civiles más importantes de toda la ciudad por su belleza arquitectónica.

Al salir de la Casa Montecristo tomo la calle Agustín Rivera para subir al Templo del Calvario, que llama la atención porque se ve desde el momento mismo en que se arriba a la ciudad.

El interior posee un extraordinario trabajo en las bóvedas en base de ladrillos, la cúpula octogonal tiene una linternilla y descansa sobre un tambor con ventanas con vitrales.

Llama la atención el trabajo de los confesionarios, el púlpito y el piso, todos elaborados con madera de mezquite.

Tras tan extenuante recorrido bajamos del cerro y nos vamos a la zona del río Lagos pasando por el Templo del Refugio, erigido a partir de 1833.

Cuenta una leyenda que don José María Reyes -recolector de limosnas del Convento de Guadalupe, en Zacatecas- era un fiel devoto de la Virgen del Refugio, de la que llevaba consigo una imagen pintada al óleo que un día se le extravió, de modo que prometió construirle un templo en el mismo lugar donde la encontrara.

Dice la leyenda que la imagen apareció enrollada en la rama de un mezquite en la huerta de su padre.

Después de visitar el templo camino hasta el Paseo de la Ribera para llegar a la Calzada Pedro Moreno, donde abundan los juegos mecánicos.

A pocos pasos de la calzada Pedro Moreno, hacia el norte, se llega a la quinta Rincón Gallardo, pequeña mansión que llama la atención porque sobresale sobre la acera.

Es de una sola planta con terraza limitada por una balaustrada y columnas de estilo jónico; sus ventanales y puerta tienen molduras en cantera adornadas con motivos fitomorfos y querubines.

Contigua a la quinta se encuentra la Parroquia de Nuestra Señora de la Luz, construcción iniciada en 1868 y dedicada en el año de 1913.

Su portada y torres están labradas en cantera y presentan columnas toscazas, la fachada es de tres cuerpos con un remate mistilíneo con reloj y ventanas con un dintel triangular.

En el interior las pechinas de la cúpula presentan pinturas con motivos de la vida de la Virgen de la Luz.

El altar no tiene un estilo arquitectónico definido, pero destacan sus colum-na motuladas.

Después del desayuno me dirijo hacia la jardinada Plaza de San Felipe, que reúne a uno de los barrios de mayor tradición en la ciudad.

Frente a la escultura está el templo de San Felipe de Jesús, que ha sufrido numerosas modificaciones y en la actualidad conserva un estilo gótico con una sola torre rematada en forma piramidal.

En su interior aparecen capiteles jónicos y la imagen de la Virgen del Carmen.

Para terminar la visita a esta hermosa ciudad decido visitar algunas de las haciendas de la periferia, la primera es la Hacienda Sepúlveda, construida hacia finales del siglo XVII y que debe su nombre al primero de sus dueños, don Juan de Sepúlveda, a quien la Real Audiencia de la Nueva Galicia le otorgó una encomienda de tierras de 171 ha que más tarde se transformarían en la próspera hacienda.

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